III Encontro Nacional de Historiadores do Esporte (2022)

22/01/2022

Trabalhos

PRAZOS PRORROGADOS

A submissão de resumos ocorre até o dia 10 de fevereiro de 2022.

Esta edição contemplará duas possibilidades de apresentação: 1) Pesquisadores (profissionais já graduados); 2) alunos de graduação.

No caso da categoria PESQUISADOR, podem submeter propostas de comunicação apenas aqueles que se enquadrarem em ao menos UMA das situações abaixo:

  • Ser filiado à Associação Nacional de História (ANPUH).
  • Ter apresentado trabalho em simpósio temático no âmbito do Simpósio Nacional e/ou Regional da ANPUH.

No caso da categoria ALUNOS DE GRADUÇÃO, não se aplicam as regras acima citadas. Neste caso, serão selecionados até 8 (oito) trabalhos para serem apresentados em formato de comunicações livres. Será avaliada a pertinência na área da História do Esporte.

Observação importante: Ressaltamos que o Encontro Nacional de Historiadores não tem vinculação com a Anpuh ou chancela da entidade. Trata-se apenas de uma exigência que tem por objetivo delinear o público-alvo que apresentará trabalhos.

A inscrição só será confirmada mediante o envio, para o e-mail encontrohistoriaesporte2022@gmail.com, até o prazo final de inscrição, da declaração atualizada de filiação à ANPUH, que pode ser retirada na área do associado, na página da entidade, ou do certificado de apresentação de comunicação em simpósio temático de encontro da ANPUH em nível nacional ou regional.

Trabalhos submetidos por autores que não se enquadrem em qualquer das situações exigidas não serão avaliados/aceitos. Caso exista dúvida, a comissão organizadora solicitará informações ao/aos autores.

ATENÇÃO: Cada autor ou coautor poderá inscrever apenas um trabalho.

A submissão pode ser feita em arquivo com extensão .doc ou .docx.  Cada submissão deve conter:

– Título do trabalho

– Nome do autor, e-mail e vínculo institucional

– Resumo contendo entre 300 e 500 palavras

– Palavras-chave separadas por ponto e vírgula

Trabalhos em coautoria devem conter as informações completas de cada autor(a).

Os resumos aceitos serão reunidos em um caderno a ser publicado no site do evento.

É imprescindível o uso do template, que pode ser encontrado em:

https://docs.google.com/document/d/1Waitb1nZEiowdk3JBJ6jjVa8bxamE7Jw/edit

PROTOCOLO PRESENCIAL
Exigência do cumprimento de todos os protocolos sanitários em vigor e uso de máscara em todas as dependências da Universidade.
COMPROVAÇÃO DE VACINAÇÃO COMPLETA
VAGAS LIMITADAS
Em cumprimento aos protocolos de retomada das atividades presenciais, a quantidade de pessoas nos espaços é limitada.

Dúvidas ou informações pelo e-mail: encontrohistoriaesporte2022@gnail.com

Comissão Organizadora


Actividades taurinas en Montevideo: la primera plaza de toros (1776)

18/01/2022

por Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)

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El espacio geográfico y la fundación de Montevideo

El territorio denominado “Banda Oriental” o “de los charrúas”, si bien no estaba claramente delimitado, ocupaba una extensión mucho mayor de lo que hoy llamamos Uruguay. La Banda Oriental comprendía también territorios que pertenecen hoy a Brasil (en los actuales estados de Rio Grande del Sur y parte de Santa Catarina y Paraná). Geográficamente se trata de un territorio caracterizado por ser una llanura levemente ondulada. Su clima es templado y posee abundancia de recursos de agua y pasto.  En ese ecosistema, el ganado se multiplicó en progresión geométrica. La introducción del ganado vacuno en el territorio de la Banda Oriental en 1611 y 1617, creó el incentivo económico que motivó la colonización y población del territorio.

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Banda Oriental. Imagen tomada de: http://www.josegervasioartigas.com/ban.html

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En el siglo XVII, los portugueses lograron establecerse en el territorio de la Banda Oriental. El gobernador de Rio de Janeiro, Manuel Lobo, realizó expediciones al Rio de la Plata y fundó en 1680 una población en su margen izquierda, denominada Colonia del Sacramento. Los portugueses siempre habían aspirado a ocupar estos territorios, debido a que eran ricos en pasturas y ganado, poseían buenos puertos naturales y ríos navegables que les permitían penetrar al centro de América donde se encontraban enormes riquezas.

La presencia de los portugueses en la Banda Oriental alarmó a las autoridades españolas en Buenos Aires. La única forma de impedir el avance portugués era fundando un fuerte que defendiera el territorio en nombre de España. Por otro lado, el gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, tuvo noticias de que los portugueses intentaban ocupar la bahía de Montevideo en noviembre de 1723, a raíz del desembarco de soldados y civiles portugueses. En enero de 1724, retirados los portugueses, comienza el proceso fundacional de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo. Bruno Mauricio de Zabala acampó en Montevideo y aprovechando la obra de los portugueses, dio cumplimiento a las reiteradas órdenes de su Rey para fortificar y poblar Montevideo.

Con familias procedentes de Buenos Aires y las Islas Canarias se construyó el núcleo de población de la ciudad. El proceso fundacional terminó en 1730 cuando se estableció el Cabildo de Montevideo. En 1749 fue declarada plaza fuerte a cargo de un gobernador militar. De esta manera se afianzó la dominación española en el territorio, pero todavía no se había podido desalojar a los portugueses de la Colonia, ganada varias veces por las armas de los españoles y perdida otras tantas por tratados diplomáticos que obtenía la habilidad portuguesa. La continuación de ese problema fue uno de los motivos que llevaron a la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, con el objetivo de frenar el expansionismo lusitano.

El Montevideo colonial y las actividades físicas y recreativas

La época colonial fue breve en comparación con la de otros territorios americanos como México y Perú. En esos territorios se implantó fuertes tradiciones políticas, económicas y religiosas en la naciente sociedad. En Montevideo el proceso no tuvo esas características, aunque la vida colonial dejó su legado en ciertos aspectos.

Los primeros fundadores de Montevideo fueron seis familias compuestas por treinta y cuatro personas traídas de Buenos Aires. Zabala trató de atraer por medio de franquicias, nuevos elementos a Montevideo, declarando a los pobladores y de sus legítimos descendientes “hijosdalgos de solar conocido”; asegurándoles el pasaje gratuito de sus personas y bienes, prometiendo a la repartición de privilegios y beneficios. Como obligación para obtener privilegios y donaciones de tierras, Zabala exigía una vecindad de cinco años consecutivos en Montevideo, al cabo de los cuales cada poblador sería propietario.

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Instaladas las primeras seis familias pobladoras en agosto de 1726, en noviembre del mismo año el Rey de España envió veinte familias canarias que sumaban noventa y seis personas, para aumentar la escasa población. A inicios de 1727 Montevideo contaba con algo más de cien personas. En marzo de 1729 arribó al puerto de Montevideo desde España Francisco de Alzáibar con tres barcos y treinta familias más. El 20 de diciembre de 1729 Zabala declara que “esta nueva población sea ciudad”.

Montevideo tuvo un escaso crecimiento poblacional, de acuerdo al padrón de 1805 levantado por Nicolás de Vedia, arrojaba un total de 9.359 habitantes para el casco de la ciudad.

Las casas montevideanas estaban en la época construidas de ladrillo con recubrimiento exterior de mortero, y blanqueadas; gruesos enrejados de hierro cubrían enteramente las ventanas, y prácticamente en cada calle había una pulpería. Los suburbios de extramuros estaban ya salpicados de numerosas viviendas. (Barrios Pintos, A., 1971, p. 6).

Como señala Gerardo Pérez (2020), “Montevideo nace como una ciudad para proteger la zona y, por tanto, va a ser parte de un circuito defensivo de las posesiones españolas” (p. 43). Por este motivo muchas de sus construcciones principales fueron pensadas y ejecutadas con el ese objetivo: defender. Esto explica también porque Montevideo fue una ciudad fortificada.

La vida cotidiana del Montevideo colonial se caracterizó por ser “una sociedad naciente en la que se convivía con la esclavitud, la amenaza permanente de ser invadidos o una coyuntura política que daba incertidumbre constante, así como varias oportunidades de ser algo distinto que una simple colonia” (Pérez, G., 2020, p. 47).

En el rubro del entretenimiento, podemos mencionar a los bailes del Recinto, en donde los domingos, los esclavos realizaban bailes que entretenían al resto de la sociedad. Ahí estará el origen del candombe y el término tango.

Otra de las actividades de entretenimiento se relaciona al nacimiento y actividad de la Casa de Comedias (1793), tratándose del primer teatro de la ciudad y que a cada tanto traía alguna obra de Buenos Aires.

Por otra parte, desde la fundación de Montevideo, los españoles residentes concurrían en el verano a las costas a bañarse. Luego del proceso independentista (1825-1830), los baños se institucionalizaron y pasaron a llamarse “Baños de los Padres”, existiendo, por un lado, zonas de baño exclusivo para mujeres y por otro lado para hombres (Gomensoro, A., 2015).

Desde el punto de vista de las actividades físicas y recreativas, en el Montevideo colonial existieron juegos o diversión pública. En el centro de la Ciudadela había canchas de bolos y un frontón, como expresión de un antiguo juego español. De acuerdo a Buzzetti y Gutiérrez Cortinas (1965), en el padrón de Montevideo de 1835, se señala la presencia de dos canchas de pelota con frontón en Montevideo, cuya presencia se registraba en el interior, junto a las pulperías y boliches, con sus clásicas canchas de bochas, que ya se conocían por 1780 o del juego de bolos, que se practicaba en baldíos, calles y plazas, donde entretenían sus ocios los jóvenes y los desocupados.

También se realizaban carreras de sortijas, carreras de embolsados, de antorchas, de velocidad dentro de alguna efeméride religiosa y como expresión colectiva la cinchada.

Por otro lado, parte de la diversión de la época colonial, se daba a partir de actividades como las corridas de toros. Por ejemplo, en el año que nació José Gervasio Artigas (1764), en celebración de Carlos III se realizaron corridas de Toros en la plaza Mayor (hoy plaza Zabala), adecuadamente envallada. Antes de la independencia del Uruguay se crearon plazas de toros en la Ciudad Vieja. Luego pasaron al Cordón y finalmente se construyó la llamada “Plaza de Toros de la Unión” en 1855.

La plaza de toros de 1776

Para reconstruir el cuadro de la ciudad y el diario vivir de sus habitantes, tomaremos como referencia al escritor, historiador, periodista, político y pedagogo uruguayo, Isidoro de María (1815-1906), quien en sus crónicas recogidas en Montevideo Antiguo nos pinta parte de esa realidad y notables descripciones de las corridas de toros.

La primera plaza de toros en Montevideo se construyó en el año 1776. Los españoles eran muy aficionados a los toros y se quiso utilizar ese divertimiento en beneficio de la compostura de las calles que carecían completamente de empedrado.

Con ese fin, en el año 1776 se construyó una Plaza de Toros en el gran despoblado que existía al oeste de la Ciudad entre el cuartel de Dragones y las casas conocidas por de Juan Soldado, a espaldas del que, 12 años después, fue el primitivo hospital de Caridad. (De María, I., 1957, p. 41).

Se dieron dos corridas, destinando su producto a la compostura de las calles intransitables. Los toros se introducían a la ciudad por el Portón del sur y el despoblado de esa parte. (De María, I., 1957, p. 41).

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Esa primera plaza de toros estaba ubicada en las actuales calles: Maciel (ex Santo Tomás), Sarandí (ex San Carlos), Guaraní (ex San José) y Washington, a la altura de la escollera Sarandí. El constructor fue un don Sancho, español, que hizo de picador en la cuadrilla de aficionados, y un Cosme de banderillero.

Los toros se lidiaban embolados, como para salvar el bulto de las astas. Cuatro capeadores, dos banderilleros y el picador componían la cuadrilla. Nada de primer y segundo espada. Era artículo que no había en plaza. El circo se llenaba de espectadores. Hombres y señoras concurrían con gran contento a la lidia. Las señoras usaban entonces vestido corto y medias de seda azul con cuchillas de plata a los lados, las pudientes, que por lo regular gustaban lucir, y allá iban con ellas a tomar asiento en las gradas de la Plaza de Toros. (De María, I., 1957, p. 41-42).

En su detallada crónica, Isidoro de María agrega que

Los banderilleros brindaban a los principales, y les llovían onzas de oro, o pesos fuertes, en cada suerte, de que participaban los compañeros. Una vez, uno de los banderilleros, que era un pardo, brindóle la suerte a una de las damas, pero como esta se hallase desprovista de dinero para corresponderle, se sacó una sortija y se la arrojó con gracia al picaruelo, lo que le valió un palmoteo, y que un galante que se hallaba a su inmediación la secundase en desprendimiento arrojando al afortunado lidiador algunas onzas de oro. (De María, I., 1957, p. 42).

En esta primera plaza de toros de 1776 se realizaron corridas durante cuatro años. También se dieron otras dos corridas de toros, a beneficio del Hospital de San José y la Caridad, destinando el dinero para el pago del terreno comprado. Las obras para la construcción del hospital se iniciaron en el año 1781 y finalizaron en 1788. La iniciativa del hospital fue de Mateo Vidal y la obra fue financiada en parte por Francisco Maciel, quienes pertenecían a la Hermandad de San José y la Caridad, que había sido fundada en 1775 por Vidal y por el rector de la Iglesia Matriz, Felipe Ortega y Esquivel, junto con otros vecinos. Según Isidoro de María, la función de toros alcanzó el monto de 236 pesos (p. 128).

Este citado escenario, construido totalmente en madera y de forma octogonal, subsistió hasta 1780. En 1789 se levantó otro recinto en la Plaza Matriz que duró hasta 1790. Más tarde en un circo levantado en la calle mercado se llegaron a celebrar hasta 122 espectáculos.

Referencias:

  • BARRIOS PINTOS, Aníbal (1971). Los barrios (I). Montevideo: Nuestra Tierra.
  • BRACCO, Diego (2006). Apuntes para la historia de la tauromaquia en Uruguay. En: Revista de Estudios taurinos; v. 1 (n° 22), Murcia (pp. 203-247).
  • BUZZETTI, José y GUTIÉRREZ CORTINAS, Eduardo (1965). Historia del deporte en el Uruguay (1830-1900). Montevideo: Ed. De los autores.
  • DE MARÍA, Isidoro (1957). Montevideo Antiguo. Tomo I. Montevideo: Biblioteca Artigas.
  • GOMENSORO, Arnaldo (2015). Historia del Deporte, la Recreación y la Educación Física en Uruguay. Crónicas y relatos. Montevideo: IUACJ.
  • PÉREZ, Gerardo (2020). Un barrio, mil historias. Montevideo en el pasado, presente y futuro. Montevideo: Aguilar.

Entre revistas de minha mãe e memórias pessoais: bancas de revista, cotidiano, juventude e história do lazer (1976-1985)

10/01/2022

Por Rafael Fortes

Na letra de Faroeste Caboclo, do grupo Legião Urbana, um “senhor de alta classe com dinheiro na mão” faz uma “proposta indecorosa” para João de Santo Cristo, protagonista da história. Este a recusa: “Não boto bomba em banca de jornal nem em colégio de criança / Isso eu não faço, não / E não protejo general de dez estrelas / que fica atrás da mesa com o cu na mão”. A música foi composta na virada dos anos 1970 para os 1980, durante o período de abertura política, dentro da década final da ditadura civil-militar. Lançada em disco em 1987, “chegou a ter a execussão proibida nas rádios“.

A colocação de bombas em alvos civis foi uma das iniciativas escolhidas por servidores públicos militares e civis que discordavam do processo de abertura e desejavam manter intactas as estruturas de repressão, de forma que pudessem continuar com a mão na massa: prendendo, torturando, assassinando, estuprando, ameaçando, ocultando cadáveres, sequestrando etc. Em suma, encontrar os meios que fossem para prosseguir com o terrorismo de Estado. Afinal, o que é colocar bombas em alvos civis, senão terrorismo, não é mesmo? Cometer crimes desde o Estado é uma forma historicamente eficaz de jamais ter tal atos caracterizados como crimes e de ficar livre de toda e qualquer possibilidade de responsabilização (cível, penal etc.). Em especial, quando se vive no Brasil, onde todos os presidentes civis desde 1985 fizeram o possível para manter tal situação. Ao contrário do Chile, do Uruguai, da Argentina e do Paraguai, não houve juízos sequer dos que ocuparam a Presidência durante as ditaduras. Em alguns desses países, como Argentina e Chile, os processos contra centenas de acusados vêm tramitando há décadas, sem que a alternância de partidos na presidência da República interfira (nem mesmo presidentes de direita como Mauricio Macri e Sebastián Piñera). Memória, verdade e justiça tornaram-se política de Estado. Por aqui, livres e desembaraçados de qualquer tipo de preocupação, um conjunto de militares da ativa e da reserva ligados de diversas formas ao aparelho repressivo que mencionei no parágrafo anterior reuniu-se na candidatura a presidente em 2018 de quem todos eles sabiam ter sido um péssimo oficial do Exército Brasileiro: Jair Bolsonaro. Deu no que deu.

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Há quem se refira ao mesmo equipamento urbano que coloquei em itálico na letra da música como banca de revistas. Tal é o caso de Maria Celeste Mira (2001), na obra fundamental O leitor e a banca de revistas: a segmentação da cultura no século XX.

Nasci em 1978 e passei a maior parte da infância e adolescência em Icaraí, bairro de classe média e média-alta de Niterói. Eu era fascinado por banca de revista. Acredito que outros da minha idade fossem, também. Morei fora apenas por um período de dois anos na Vila Naval de Inema, um oásis murado para famílias de oficiais da Marinha à margem da Baía de Todos os Santos e situado em um paupérrimo distrito de Salvador chamado São Tomé de Paripe. Fazia falta uma banca de revistas por lá.

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Ao longo dos anos, dezenas de pessoas me perguntaram por que pesquiso revistas de surfe. Sobre isso, lembro de uma frase da professora Marialva Barbosa, que coordenava o Programa de Pós-Graduação em Comunicação da Universidade Federal Fluminense quando eu fazia doutorado lá. Ela disse mais ou menos assim: “A gente pesquisa aquilo que fala sobre a gente” (ou “aquilo que toca a gente”, algo por aí…).

O corpus da minha dissertação de mestrado foi formado pelas revistas Istoé e Veja publicadas ao longo do Plano Cruzado (março a novembro de 1986). No doutorado, mergulhei nas edições de Fluir entre 1983 e 1988.

Mudei-me para o Rio de Janeiro em 2006. Em dezembro de 2009, numa ida a Icaraí para visitar a família, um encontro com o jornaleiro cuja banca frequentei durante a infância e adolescência me levou a escrever um texto em meu blogue pessoal.

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“Tem muita coisa misturada nesse texto, Rafael. Lembrança de infância, referência bibliográfia, objeto empírico, objeto de estudo e crítica generalizante à pusilanimilidade dos governos civis pós-ditadura”, poderia dizer um leitor – e estaria coberto de razão. Vou avançar, prometo, mas vai ser tudo junto e misturado mesmo.

As imagens que se seguem são de revistas que pertenciam à minha mãe, falecida em janeiro deste ano. São 44 imagens feitas por mim a partir de oito periódicos. Faço referência à maioria delas no texto, mas as fotos de algumas páginas internas só são para fins ilustrativos.

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Trata-se de uma revista de ponto de cruz chamada Fada do Lar. Na parte superior da capa (imagem 1) estão anotados em caneta azul o nome (ainda de casada) da minha mãe, Rosane Soares, e a provável data de compra: “jun/84”. Ela tinha o hábito de anotar nome e data (dia/mês/ano, mês/ano ou ano) também em livros, guias e panfletos religiosos etc. A capa tem a expressão “ponto de cruz” escrita em diferentes idiomas. Em português, além do título, informações como: “Revista trimestral de ponto de cruz n. 6” e “Preço 37$50”, indicando tratar-se do valor cobrado em Portugal, em escudos. Na contracapa (imegem 4), estão reproduzidas as capas dos números anteriores (1 a 5) e informa-se que o valor para envio pelo correio é de 50$00 cada. Sobre a imagem do número inaugural há uma etiqueta adesiva de preço com o valor 1600 escrito à mão em caneta azul. Trata-se do provável valor de venda em banca no Rio de Janeiro em 1984. Apenas para efeito de referência, o preço de Fluir, lançada em 1983, variou de 900 e 4.500 cruzeiros entre o número 1 e o 7, quando completou um ano (Fortes, 2009, p. 35). Há também uma marca de carimbo com tinta azul (outra forma comum de indicar preços nas mercadorias na primeira metade da década de 1980) na parte superior da contracapa. O valor que aparecia no carimbo está rabiscado por tinta preta, sendo visíveis apenas os dois últimos zeros. Indício quase certo de remarcação de preço por aumento da inflação, embora não se possa desprezar a variação cambial como um possível fator conexo.

O expediente (imagem 2), lista o nome dos trabalhadores que fizeram a tradução para quatro idiomas (espanhol, italiano, inglês e japonês), da firma distribuidora para o território português e de oito outros distribuidores (sete correspondendo a um país cada; e o mexicano cobrindo mais seis nações da América Central e Caribe). Já o distribuidor na Itália e o preço em liras (1.000), diferentemente, aparecem no lado direito da capa, abaixo do nome, o que me permite inferir que o país era o principal destino de exportação do periódico.

A título de curiosidade, incluí uma página (imagem 3) onde se lê “Homenagem a Walt Disney” com Pato Donald, Bâmbis e um Mickey que, quiçá, aparece fazendo uma arminha com a mão. Como observou um amigo que viu a imagem, o revólver no centro da página possivelmente pertence ao personagem de faroeste do canto superior esquerdo.

Meus conhecimentos próximos de zero em relação aos idiomas dos países do leste da Ásia limitam o alcance da descrição. Arrisco dizer que é uma revista de crochê publicada no Japão. Na capa, novamente, nome da minha mãe e o ano, 1980. Na página 3 (imagem 6), uma datação distinta (“Maio/79”) e um carimbo de J.M. Chedid – Livros, Jornais e Revistas, com endereço e telefone da loja, localizada na Rua do Ouvidor, no Centro do Rio de Janeiro. A contracapa (imagem 12, azul) traz duas marcas de carimbo um tanto apagadas, sendo possível ver que os três últimos algarismos são zeros (o valor parece ser 7000). Há um pequeno logotipo vermelho da empresa Mitsubishi na parte inferior da página e estão escritos, em inglês, a indicação de “Impresso no Japão”, a atribuição de copyright a T. Seto e o ano, 1976.

As imagens 10 e 11 correspondem aos dois lados de um cartão-resposta que poderia ser destacado pelo leitor (aproveitando a linha serrilhada que o une à revista), preeenchido e enviado pelo correio. Era comum as editoras usarem esta ferramenta para oferecer o serviço de assinatura. Facilitava-se tanto o preenchimento quanto o envio: era possível eliminar a necessidade de providenciar envelope (e de preenchê-lo e fechá-lo com cola) e/ou de selo (caso a despesa ficasse a cargo da própria editora). O desenho em vermelho mostra uma menina depositando um envelope numa caixa de correio.

As imagens 12 e 13 correspondem à frente e ao verso de duas folhas que estavam soltas dentro da revista. Provavelmente tratou-se de ação promocional da marca Fios Santista, de fios de tricô e crochê, pegando carona num impresso voltado para o assunto. No pé da página, o endereço do Depto. Tricô e Crochê da Moinho Santista Indústrias Gerais. As folhas são apresentadas como “um presente” da marca: uma com dedicatória e assinatura da atriz Tônia Carreiro e a outra de Estela (provavelmente a atriz Maria Estela Rivera). Os dizeres “A moda é ser pão-dura” sugerem que a onda do momento era fazer a própria roupa, em vez de comprá-la. (In)viabilidade financeira de pagar pelo suéter e casaco prontos, numa loja? Escolha “livre” e descolada? Ou algum grau de combinação de ambas?

3. Revista de Supercrochet – Imagens 15 a 19

Publicada em Barcelona (Espanha) e vendida por 250 pesetas. No carimbo retangular azul da contracapa lê-se: “Publicações Castro Ltda.”, endereço, telefones e o valor de 1600. Provavelmente o mesmo valor da Fada do Lar, mas, como inexiste indicação de mês e ano neste exemplar, é impossível afirmar. As Publicações Castro reaparecerem adiante neste texto. A empresa provavelmente atuava como importadora, editora e/ou distribuidora.

Revista de ponto de cruz italiana, preço de capa 600 liras. Na imagem 21 há anotações de algarismos feitas por minha mãe. Localicadas nas margens, imagino que correspondam ao número de quadrados de cada desenho (perdão, leitor, não tive paciência nem tenho vista para contar).

A contracapa (imagem 23) traz imagens de cães e um carimbo circular azul apagado onde é possível ler “Castro Ltda.”, provavelmente a empresa já citada. No meio do carimbo, há uma etiqueta colada com o valor de 12000. É possível que ela esteja precisamente cobrindo um preço (anterior e mais baixo) indicado no carimbo. A se notar, também, que os algarismos são impressos. Provavelmente a tarefa foi realizada com uma pistola de marcação de preços, utensílio usado em larga escala no comércio brasileiro ao longo de toda a década de 1980, por facilitar o trabalho em série de remarcação de preços em meio às altas inflacionárias. Tal tarefa foi aliviada na década seguinte com a disseminação dos códigos de barra e a gradual conversão da identificação e leitura dos preços, na maioria dos estabelecimentos, de sistemas manuais (etiquetas coladas) para os digitalizados.

Revista de tricô e crochê publicada em 1976 em Offenburg, Alemanha Ocidental. “Printed in Westgermany”, informa em inglês a capa (imagem 24). Há indicação de preços que parecem ser 43 xelins austríacos e 5,60 francos suíços. (Parece-me estranho o principal número, E 365, ser o valor em marcos. Talvez 3,65…). No canto superior direito da contracapa (que não fotografei), há um carimbo retangular onde é possível ler “Castro Ltda.” e o valor de $40,00.

Um aviso impresso na capa informa que há um “suplemento em português”. Ele contém 24 páginas e a primeira delas, onde se lê “Tradução portuguesa”, aparece na imagem 26.

Objetos para além de ler, folhear, copiar, usar de referência

Dentro deste exemplar encontrei dois recortes de colunas do escritor Carlos Eduardo Novaes publicadas em domingos consecutivos (11 e 18/7/1976) no Caderno B do Jornal do Brasil. O primeiro texto (imagem 27) aborda o sucesso do paranormal israelense Uri Geller na televisão brasileira e as fortes impressões e expectativas que gerava em muitas pessoas. Há menções à “nossa realidade” e à fome. A moral da história ao final segue a linha da máxima não há almoço grátis. O segundo (imagem 29) alude à prisão dos músicos Gilberto Gil e Chiquinho por porte de drogas em Florianópolis (SC). Tal como na coluna anterior, humor, nonsense e uma mistura entre situações cotidianas plausíveis e outras inteiramente absurdas ou impossíveis são utilizados para abordar a repressão policial em busca de drogas. No verso das folhas, respectivamente (imagens 28 e 30), é possível ver o topo de uma seção intitulada “LAZER” que ocupava ao menos o terço superior da página 11 do caderno naqueles domingos. Os assuntos abordados parecem bastante diversos entre si. Meus pais assinavam o Jornal do Brasil entre o final dos anos 1980 e o início dos 1990. Lembro de meu pai como um leitor entusiasmado – e peguei um pouco desse hábito, com interesse principal na cobertura de esporte e, em segundo lugar, no Caderno B. Um militar leitor do jornal queridinho – até hoje – de boa parte da esquerda e dos professores universitários fluminenses (os de Humanas, ao menos). E, pelo visto, pelo menos um dos membros do casal andou lendo em 1976. Nos anos 1980, lembro de minha mãe não gostar de ler jornal, mas pode ter havido uma mudança de hábito em relação a anos anteriores.

Pude escrever os três parágrafos acima graças, principalmente, ao fato de alguém (provavelmente minha mãe) ter recortado aquelas duas colunas, colocado dentro de uma revista e nunca mais tê-las tirado dali (nem a revista ter sido jogada fora por um motivo qualquer; ou nossa casa nunca ter pegado fogo ou ter sido destruída nas centenas de enchentes e desabamentos que atingiram de famílias fluminenses desde então etc.). Revistas são, portanto, também lugares onde alguém pode enfiar folhas soltas: para lembrar depois; para guardar; para tirar da vista; para esquecer; para alguém achar, um dia (a própria pessoa? Uma outra pessoa específica? Qualquer pessoa?).

Nas revistas 2 e 4, mencionei anotações do próprio nome, de datas e de números. Estas e outras marcas de interações entre o leitor e o objeto físico revista foram observadas com frequência por mim ao longo das pesquisas em acervos públicos e privados. Nas revistas de surfe, é comum haver páginas inteiras arrancadas ou pedaços de páginas recortados (faltando). Em geral, o que se extraía era uma fotografia considerada boa, que ia parar em distintos lugares: capa de caderno da escola, parte interna da porta de armário, parede do quarto. Eu mesmo fazia isso com revistas de surfe, Placar, jornais diários que comprava (ou pegava depois de meu pai ter lido, situação em que ficavam liberados para serem recortados) nos anos 1980. Cheguei a montar uma pasta com centenas de recortes relacionados ao Flamengo.

6. Ondori – Imagens 31-3 e 44

Graças a uma palavrinha grafada no alfabeto latino, Ondori, pude pesquisar no Google, que exibiu nos resultados exemplares da década de 80 oferecidos atualmente por vendedores online localizados em diferentes cidades brasileiras. Mais um indício da forte circulação de revistas importadas no período. Uns anúncios dizem que é “revista japonesa de tricô”, outros que é “revista japonesa de crochê”.

Nome e data completa (07/3/85) anotados por minha mãe em caneta azul na capa (imagem 31). No índice (imagem 32), ao pé da página, há uma datação com o símbolo de copyright e ano: ’74. Haveria um intervalo de 11 anos entre a fabricação do produto, no Japão, e a aquisição por minha mãe? Na contracapa (imagem 33), ela anotou a lápis o seguinte: “(071) 243-1472 – Centro Gratuito para Viciados em Drogas”. Mudamo-nos para Aratu no início de 1986. Como o número de discagem direta à distância (DDD) é 071, de Salvador, desconfio que o exemplar foi para a Bahia no caminhão de mudança, e que essa anotação foi feita do intervalo de dois anos até o início de 1988, quando retornamos ao RJ.

O exemplar contém itens que não fotografei: um marcador de páginas (com escritos em japonês e em algarismos arábicos) que deve ter vindo encartado de brinde da própria revista e um encarte grande (folha bem maior que o tamanho da revista, tanto que precisou ser dobrada três vezes para caber nela). Na margem inferior da página 88 (imagem 44), abaixo de um desenho de tricô, há uma anotação da minha mãe: “p/ costas sofá – 156 trancinhas”.

Diferentemente dos demais, este exemplar tem folhas manchadas e enrugadas: indícios de que algum líquido foi derramado sobre ele (ou que apanhou chuva).

Publicada na Alemanha, com redação sediada em Hamburgo. A anotação de data na capa (imagem 34), “março/98”, extrapola em mais de uma década o recorte temporal que estabeleci.

Está aqui por motivos especulativos… Entre 1992 e 1996, aproximadamente, diferentes motivos fizeram com que minha mãe pedisse mais de uma licença do trabalho. Acredito que os períodos de licença tenham contribuído para que ela viesse a ser demitida (o que se deu entre os meses finais de 1996, provavelmente). Houve uma redução no consumo de revistas? Se houve, em que medida isto poderia ter a ver com fatores econômicos (minha mãe nunca mais trabalhou fora e recebeu salário) ou também a mudanças gerais na vida de alguém que trabalhara desde a adolescência e, então, passou a ser uma dona de casa em tempo integral? Perda de interesse por antigos hábitos? Novos interesses? Não ir mais ao Centro do Rio de segunda a sexta e passar obrigatoriamente na frente da Banca do Franco para entrar no prédio onde trabalhava?

Mas a data de 1998 pode também estar errada, inclusive porque a etiqueta de preço na capa, das “Publ. Castro”, estampa o valor de 120 00, que certamente não correponde a R$ 120, moeda em vigor naquele momento. Tal como o exemplar japonês anterior, muitas coisas podem ter acontecido, inclusive a passagem de um intervalo de anos entre o exemplar ser impresso na gráfica e minha mãe parado para escrever uma data na capa dele (inclusive o ato dela de anotar uma data na capa da revista não corresponder sempre e necessariamente à mesma situação de contato inicial – compra – daquele objeto). Escrevi o parágrafo especulativo anterior antes de avançar à imagem 36. Nela, há um encarte interno com referência explícita ao ano de 1984. Isso derruba completamente as ilações que fiz? Em que medida vale manter um parágrafo assim, intacto, neste texto? Questões para pensar o papel do historiador e os meandros do nosso trato com as fontes e como aquilo que pensamos termina se materializando em textos.

Este exemplar é uma cópia reprográfica (via máquina de copiar, vulgo xerox). As folhas estão presas por um grampo trilho, muito usado em processos de papel do serviço público fluminense. Isto, claro, haver, em algumas das revistas anteriores, menções a leis proibindo a reprodução não autorizada – uma forte evidência de que havia reproduções não autorizadas.

Este exemplar contém diversas intervenções de minha mãe. Há anotações em várias páginas (por exemplo, em caneta vermelha, imagem 42). No verso de algumas estão colados desenhos coloridos por ela em papel quadriculado (imagens 41 e 43). Uma das vantagens da cópia, quando se reproduz apenas uma página por folha, é ter o verso livre para colar, escrever, anotar e desenhar, sem, para isso, sobrepor o conteúdo da publicação. Duas folhas soltas (imagens 39 e 40) foram preparadas com a palavra “Guilhermina”, nome daquela que era, à época, talvez a melhor amiga de minha mãe.

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Por muitos anos, minha mãe adorou fazer crochê, ponto de cruz e tricô (este, creio, um pouco menos). E comprou, leu, consumiu, usou e guardou muito bem guardadas revistas importadas e nacionais, bem como cópias xerox, dedicadas a estes assuntos. Várias das peças que resultavam dessas atividades decoravam a casa ou ficavam guardadas para ocasiões especiais (toalhas de banho ou de mesa com bordados ou barras de crochê, por exemplo). Hábitos de uma mulher nascida em 1950, em Niterói, que fez curso normal, mas seguiu rumos laborais que não o de professora. Há algo, ali, de minha avó materna Dirce, dona-de-casa que costurava para fora para pagar as contas? Há algo da madrasta da minha mãe, minha avó Myria, que adorava bordar? Há algo ali de meu avô paterno, Jorge, que também era chegado em revistas (National Geographic, por exemplo) e em fazer anotações em tudo que era canto (livros, dicionários, gramáticas etc.), inclusive devido ao trabalho extra que fazia como tradutor?

Parece-me plausível dizer que comprar, ler, manipular, reler, consultar, escrever, guardar, contar, entre outras, eram ações comuns da minha mãe com aquelas e naquelas revistas. Elas permitem pensar neste objeto e em seu consumo (cultural, social, cotidiano, econômico) para além de um simples mediador ou da busca de informações sobre determinados interesses ou atividades que podem ser classificados de múltiplas formas (hobby, lazer, diversão, atividade manual, artesanato etc.), dependendo das circunstâncias. Que papel, nisso tudo, desempenham as questões econômica e de acesso? Recursos para adquirir revistas importadas e também os materiais necessários às atividades (agulhas, linhas etc.). E o acesso a ambos: residir numa cidade de porte médio e circular diariamente pelo Centro dela e do Rio de Janeiro representavam proximidade de lojas de departamento e armarinhos, bem como de bancas de revista enormes, repletas de periódicos de dezenas de países. Como era o caso da banca do Franco, da qual minha mãe era freguesa, localizada em frente ao edifício em que ela trabalhava, na Rua Nilo Peçanha, 50. É, lembro de cabeça o nome dos jornaleiros que atenderam por anos a mim (perto de casa) e, 30 ou 35 anos atrás, à minha mãe (perto do trabalho dela). Eu ficava maravilhado ao olhar tantas revistas dentro das bancas – principalmente essas enormes, do Centro do Rio -, mas também esses lugares eram especiais também porque nelas havia tanta coisa legal, como figurinhas para os álbuns (geralmente de futebol) e jornais esportivos.

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As imagens acima são de revistas adquiridas para uso prioritariamente doméstico e individual. Cenários bastante distintos, contudo, poderiam ocorrer, dependendo de quem comprava e de qual(is) o(s) tema(s) principal da revista importada em questão. Bancas de revista eram também um local de encontro. Desconhecidos poderiam desenvolver conversas e, às vezes, vínculos a partir de interesses em comum. No período histórico em questão, o Centro do Rio e adjacências eram também áreas de circulação de muitos adolescentes e jovens, que se agregavam de forma relativamente solta em grupos. As bancas de jornal eram uma referência para a busca de informações, para saber que novidades havia, que revistas haviam chegado ou se esperava que chegassem (e quando). Um exemplar de revista importada comprado por alguém podia, no mesmo dia, passar de mão em mão por várias pessoas. Folheado com avidez por muitos, depois lido com calma pelo comprador, e então emprestado para amigos. Não era incomum jovens se reunirem na casa de alguém ao saberem que a pessoa tinha comprado ou tinha conseguido emprestada, com um amigo, uma dessas publicações muito raras, caras e/ou desejadas.

Em livros como os de Janice Caiafa (1985) e a biografia da banda Planet Hemp escrita por Pedro de Luna (2018), é possível encontrar narrativas sobre a circulação de grupos de jovens pelo bairro no período aproximado de 1976-1985. Trechos extraídos do último e situados por volta de 1981:

“Além do povo da praça Mahatma Gandhi, tinha também a galera do skate, que ouvia o mesmo tipo de som. Os skatistas costumavam andar de madrugada pelo centro, na ladeira ao lado do Museu da Imagem e do Som, na praça XV, e no monumento a Estácio de Sá, no Aterro. Quem estivesse perto, e com um skate, ia junto. Naquela época, as turmas eram bem misturadas: playboys da Urca, galera do Méier; alguns de Niterói e muitos do Centro, da Lapa, da Glória, do Flamengo. (…) No entanto, havia bastante intolerância. Quando os dois [Skunk e Miltão] começaram a usar camisetas de bandas new wave, foram hostilizados. Camisetas rosas ou vermelhas nem pensar, no máximo uma multicolorida do Devo. (…) Assim como o Skunk, [Miltão] também fuçava as revistas importadas no edifício Central e nas bancas de importados do Centro. Corria atrás da informação para editar fanzines ou escrever letras de música (Luna, 2018, p. 14-5).”

E este, “por volta de 1984″:

“Curioso e interessado, Skunk vivia metido nas bancas de jornal da avenida Rio Branco, folheando as revistas de música importadas, mesmo sem entender quase nada de inglês. Ele queria mesmo é assimilar o visual, antecipar as tendências (p. 15).”

Folhear revista era um hábito de várias pessoas, talvez mais comum entre as que não tinham dinheiro para comprá-las. Ou que só tinham para comprar uma – logo, era preciso folhear bastante para escolher bem.

Descendo a Avenida Rio Branco no sentido da Praça Mauá para o Aterro do Flamengo, o edifício Avenida Central é o seguinte, do lado direito, quando se passa o edifício Rodolfo de Paoli, onde minha mãe trabalhava na Confederação Nacional da Indústria. Todos os dias úteis ela chegava ao Centro e saía dele pela Praça XV. Circulava pela mesma área dessa garotada.

Como um dos trechos evidencia, não se tratava de um passado em que tudo eram flores graças à congregação da garotada e a circulação pelos mesmos espaços. Preconceitos, marcadores sociais e problemas estruturais estavam lá operando, firmes e fortes. Fundador do Planet Hemp, Skunk era negro, bissexual e foi vítimas da AIDS nos anos 1980 (tema/período sobre o qual, sempre que posso, recomendo o documentário Cartas para além dos muros).

Estilo de vida, identidade, música, esporte, lazer, fruição, frustração, amores, amizades, ódios, brigas, crocodilagens, drogas, pertencimento, repressão da “sociedade”. Tudo isso fazia parte da vida destes adolescentes e jovens, como de tantos outros. O punk, o skate, o rap/hip-hop, o rock, e/ou o surfe, entre outros, funcionaram como colas que uniram várias dessas pessoas e ajudaram, às vezes, a dar um sentido, temporário que fosse, a suas vidas. Frequentemente significaram menos que isso: apenas ajudaram a se situarem e terem algumas referências, além de uma galera com quem andar.

Por estes e outros motivos, dentro do recorte temporal estabelecido neste texto, revistas importadas eram itens muito valiosos no cotidiano e na vida de crianças, adolescentes e jovens, fossem skatistas de Pelotas (RS), surfistas de Fortaleza (CE) ou punks da Região Metropolitana do Rio de Janeiro, conforme, respectivamente as pesquisas de Rocha (2021), Franco (2013) e Caiafa (1985). Tais relações entre revistas importadas de surfe e juventude aparecem em textos meus; e de Leonardo Brandão, que priorizam a história do skate, mas também afirmam, entre outras preciosidades, que as revistas californianas Surfer e Surfing “eram vendidas em São Paulo nas bancas da Praça da República” por volta de 1974 (Brandão, 2014, p. 52).

* * *

Bancas essas escolhidas como um dos alvos preferenciais de terrorismo de Estado por setores da repressão. Há quem diga que, em certos casos, isto se deu por venderem e darem destaque a periódicos de oposição. Estou entre os que consideram que a repressão pode atingir – e muitas vezes atinge, de fato – as pessoas e alvos de forma desigual. Contudo, é pouco producente ficar procurando o que cada um supostamente fez para, então, justificar ou explicar o que lhe aconteceu. Todas as vítimas de terrorismo de Estado são vítimas de terrorismo de Estado. Ponto.

[Texto originalmente publicado no BELA – Blog Estudos do Lazer. Fiz apenas pequenos ajustes, inclusive no título.]

Referências bibliográficas

BRANDÃO, Leonardo. Para além do esporte: uma história do skate no Brasil. Blumenau: Edifurb, 2014.

CAIAFA, Janice. Movimento punk na cidade: a invasão dos bandos sub. Rio de Janeiro: Jorge Zahar, 1985.

FORTES, Rafael. O surfe nas ondas da mídia: um estudo de Fluir nos anos 1980.  Tese (Doutorado em Comunicação) – Universidade Federal Fluminense, Niterói, 2009.

FRANCO, Bruna Demes Gonçalves. O surfe como prática: cidade, corpo e técnica numa relação entre cultura e natureza em Fortaleza (1972-1986). Dissertação (Mestrado em História) – Universidade do Estado do Ceará, Fortaleza, 2013.

LUNA, Pedro de. Planet Hemp: mantenha o respeito. Caxias do Sul: Belas Letras, 2018.

MIRA, Maria Celeste. O leitor e a banca de revistas: a segmentação da cultura no século XX.  São Paulo: Olho d’Água/Fapesp, 2001.

ROCHA, Manoel José Fonseca. Juventude, lazer e desenvolvimento: o processo de territorialização do skate no município de Pelotas/RS (1975-2005). Tese (Doutorado em Desenvolvimento Regional) – Universidade Regional de Blumenau, Blumenau, 2021.


III Encontro Nacional de Historiadores do Esporte

07/01/2022

Contando com o controle da crise sanitária e o retorno seguro das atividades presenciais, o III Encontro Nacional de Historiadores do Esporte acontecerá em Salvador/BA entre os dias 03 e 05 de agosto de 2022, na Faculdade de Educação (FACED), da Universidade Federal da Bahia (UFBA). Nesta edição, o ENHE é organizado pelo Grupo CORPO.

O Encontro Nacional de Historiadores do Esporte foi criado com o objetivo de reunir, em anos pares, os pesquisadores que frequentam bienalmente, nos anos ímpares, o Simpósio Temático História do Esporte e das Práticas Corporais, no âmbito do Simpósio Nacional de História. A iniciativa tem duas motivações. Primeiro, uma avaliação positiva das atividades do ST História do Esporte/ANPUH, que vem se reunindo a cada dois anos desde 2003. Tais encontros têm sido cada vez mais interessantes e ricos; avaliamos que a qualidade média dos trabalhos também tem crescido. Em segundo lugar, atender a demanda de uma nova possibilidade de encontro dos pesquisadores e discussão de suas investigações, de forma que, após o encontro realizado em anos ímpares, não esperemos dois anos para nos reunirmos novamente.

Que possamos novamente nos reunir com segurança e alegria, neste evento de significativa representação para área. Participem!

Trabalhos

A submissão de resumos ocorre entre 09 de novembro de 2021 e 23 de janeiro de 2022.

Esta edição contemplará duas possibilidades de apresentação: 1) Pesquisadores (profissionais já graduados); 2) alunos de graduação.

No caso da categoria PESQUISADOR, podem submeter propostas de comunicação apenas aqueles que se enquadrarem em ao menos UMA das situações abaixo:

  • Ser filiado à Associação Nacional de História (Anpuh).
  • Ter apresentado trabalho em simpósio temático no âmbito do Simpósio Nacional e/ou Regional da Anpuh.

No caso da categoria ALUNOS DE GRADUÇÃO, não se aplicam as regras acima citadas. Neste caso, serão selecionados até 8 (oito) trabalhos para serem apresentados em formato de comunicações livres. Será avaliada a pertinência na área da História do Esporte.

Observação importante: Ressaltamos que o Encontro Nacional de Historiadores não tem vinculação com a Anpuh ou chancela da entidade. Trata-se apenas de uma exigência que tem por objetivo delinear o público-alvo que apresentará trabalhos.

A inscrição só será confirmada mediante o envio, para o e-mail encontrohistoriaesporte2022@gmail.com, até o prazo final de inscrição, da declaração atualizada de filiação à ANPUH, que pode ser retirada na área do associado, na página da entidade, ou do certificado de apresentação de comunicação em simpósio temático de encontro da ANPUH em nível nacional ou regional.

Trabalhos submetidos por autores que não se enquadrem em qualquer das situações exigidas não serão avaliados/aceitos. Caso exista dúvida, a comissão organizadora solicitará informações ao/aos autores.

ATENÇÃO: Cada autor ou coautor poderá inscrever apenas um trabalho.

A submissão pode ser feita em arquivo com extensão .doc ou .docx.  Cada submissão deve conter:

– Título do trabalho

– Nome do autor, e-mail e vínculo institucional

– Resumo contendo entre 300 e 500 palavras

– Palavras-chave separadas por ponto e vírgula

Trabalhos em coautoria devem conter as informações completas de cada autor(a).

Os resumos aceitos serão reunidos em um caderno a ser publicado no site do evento.

Dúvidas ou informações pelo e-mail: encontrohistoriaesporte2022@gmail.com

É imprescindível o uso do template, que pode ser encontrado em:

https://docs.google.com/document/d/1Waitb1nZEiowdk3JBJ6jjVa8bxamE7Jw/edit

PROTOCOLO PRESENCIAL
Exigência do cumprimento de todos os protocolos sanitários em vigor e uso de máscara em todas as dependências da Universidade.
COMPROVAÇÃO DE VACINAÇÃO COMPLETA
VAGAS LIMITADAS
Em cumprimento aos protocolos de retomada das atividades presenciais, a quantidade de pessoas nos espaços é limitada.

Comissão Organizadora


Meu nome é Joe (Ken Loach, 1998)

04/01/2022

Joe      – É realmente importante. Podem nos tirar do campeonato. É grave!

Sara (agente comunitária) – Isso não é grave!

Joe  –  Sim, isso é grave! Não leve para o lado pessoal, mas sabia que o sol brilha para além do seu rabo? Eu sei que é só futebol. Mas é importante para nós!

Ken Loach assinou a direção de mais de 50 títulos, entre produções cinematográficas e para a TV. É um cineasta reconhecido. Ganhou diversos prêmios, incluindo a Palma de Ouro de Canes, em duas ocasiões (2006 e 2016) e um Leão de Ouro por sua contribuição ao cinema, em 1994. Nascido em 1936, o cineasta inglês conta 86 anos e continua nos apresentando produções recentes e impactantes, como os ótimos Você não estava aqui (2019) e Eu, Daniel Blake (2016: estes dois disponíveis para quem tem acesso ao Telecine), além de clássicos como Terra e Liberdade (1995), Kes (1969) e muitos outros (Ken Loach Biografia. Disponível em: https://www.imdb.com/name/nm0516360/).

Meu nome é Joe (1998) é um belo filme de Loach, que retoma temas e ambiências comuns do cineasta. Trata-se de um lado menos explorado (cinematograficamente) do Reino Unido: do drama e dificuldades estruturais da parte menos favorecida da população. Joe Kavanagh, interpretado por Peter Mullan (melhor ator em Canes por conta dessa performance) é um alcoólatra que se encontra sem beber há dez meses. Sem fonte de renda, vive do seguro-desemprego. Ademais, treina um time de futebol amador, e esse é o link com o tema do esporte.

Como de costume, o futebol, aqui, não é apenas um jogo, mas um (raro) canal de confraternização e ludicidade. O principal da película não é a relação com o desporto, diga-se prontamente, mas sim as desventuras e os enredamentos sucessivos e dilacerantes em condições de desemprego, tráfico e consumo de drogas e poucas alternativas. A história se passa em um bairro pobre de Glasgow. Além de Joe e seus amigos, logo passamos a contar com a presença de Sara Downie, vivida por Louise Goodall, uma espécie de agente comunitária. A sensação de que seu trabalho expressa um constante enxugar de gelo é nítida e incômoda. De qualquer forma, a personagem é descrita por Joe como uma mulher que tem emprego e até um carro: alguém, portanto, muito acima dos padrões do protagonista. Não obstante, um romance acontece e constitui (a conturbada relação de Joe e Sara) parte importante do desenvolvimento narrativo.

Evidentemente as coisas não terminam bem. Conflitos com a seguridade social, dificuldades comezinhas e o envolvimento com o traficante/bandido local geram uma espiral de inter-compometimentos que conduzem à tragédia. É uma pancada, mas é ótimo cinema. Voltemos ao futebol.

Não sendo um elemento fulcral, o futebol, mesmo assim, ocupa um papel significativo na dura vida de Joe e seus pupilos (como o trecho em epígrafe deixa explícito). O time de Joe faz sua primeira aparição, logo no início da película, em um uniforme da Alemanha, imundo, quase irreconhecível. Na primeira partida enfrentam um adversário, fora de casa, trajando vestimenta idêntica (porém limpíssima). Como são visitantes, mesmo sob protestos, têm que iniciar o jogo sem camisa. E começam levando um gol. Devem ter sido derrotados, não temos como saber. Aliás, nenhum resultado nos é dado a conhecer: sabemos apenas que os jogos acontecem e são “importantes”, como Joe deixou claro.

O esporte (futebol) funciona como claro contraponto. Paralelamente ao afunilamento das tensões temos uma sequência de pura molecagem. Sem o conhecimento de Joe (que também faz as vezes de motorista de van), os quase-atletas orientam um trajeto até a frente de uma loja esportiva que está a receber mercadorias. Em uma ação de incrível e coordenada maestria, conseguem furtar algumas caixas (para inicial desespero de Joe). O conteúdo desses packs nós vemos no plano seguinte: tratava-se de uma equipagem completa com jogo de camisas do Brasil de 1970. Em uma alegria de meninos, vemos um “Pelé” branco e careca e um “Rivelino” que entrega um aparelho dentário (?) ao treinador. Dada a discrepância entre aquele escrete e os craques de 70, alguém vaticina:

– Isso é um sacrilégio!

Pode ser, mas também é o segmento mais divertido e jocoso dessa película. E é importante propor que, aqui, se foge a qualquer princípio de verossimilhança. Em uma obra cujo teor é fundamentalmente realista, roubar camisas em uma loja esportiva da cidade, em plena luz do dia, usando a própria van que era o meio de deslocamento rotineiro da equipe e à vista dos entregadores seria um convite ao duro enlace da Lei. Daí o papel/função do futebol como contraponto. Nesse sub-universo fílmico, não vale a mesma crueza da denúncia social. Na parte cinematograficamente dedicada ao futebol, à brincadeira, cabe uma outra lógica. E o jogo entre a gravidade da situação social e a gravidade (seriedade) da necessária e correlata brincadeira constitui parte importante desse grande filme.  

Um abraço, boas férias e um 2022 necessariamente melhor do que isso que vimos passando.

Referências:

Ken Loach – biografia (1936, Inglaterra…). Disponível em: https://www.imdb.com/name/nm0516360/bio?ref_=nm_ov_bio_sm. Consultado em 03/01/2022.

KEN LOACH – Filmografia (55). Disponível em:  https://www.imdb.com/name/nm0516360/. Consultado em 03/01/2022.

COUTO, José Geraldo. “Meu Nome É Joe”: Filme é drama ético em terra devastada. Disponível em: https://www1.folha.uol.com.br/folha/ilustrada/ult90u1378.shtml?origin=folha. Consultado em 03/01/2022.

VALENTE, Eduardo. Meu Nome É Joe,
de Ken Loach. Disponível em: http://www.contracampo.com.br/criticas/meunomeejoe.htm. Consultado em: 03/01/2022.


A busca incessante por uma história social do esporte

27/12/2021

Por Victor Andrade de Melo (victor.a.melo@uol.com.br)

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Chegamos a mais um fim de ano. Tenho a felicidade e honra de escrever o último post de 2021 de nosso blog História(s) do Sport. Estamos no ar desde meados de 2012, há quase 10 anos, portanto. Nesse tempo, foram mais de 680 publicações, tratando dos assuntos mais diversos, escritas por mais de 35 autores, colegas que merecem toda gratidão, sem os quais não teríamos alcançado esse belo resultado. Já recebemos mais de 580.000 acessos, oriundos de 155 países. Uma alegria!

Em geral, meus posts são oriundos dos projetos de pesquisa que estou desenvolvendo. Neste, contudo, sem me descolar totalmente desse procedimento, preferi fazer uma reflexão sobre um assunto que me encanta: a constituição de uma história social do esporte. Não tem a pretensão de ser um artigo ou algo muito aprofundado. Trata-se de um breve olhar.

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João Havelange, Maria Lenk e Abrahão Saliture – duas gerações de nadadores brasileiros. Gênero, etarismo e imigração (os três eram oriundos de famílias de estrangeiros) são assuntos possíveis de serem abordados a partir da História Social. Imagens disponíveis em O Jornal, 3 abr. 1936, p. 15 e A Noite, 6 abr. 1936, p. 16.

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A História do Esporte – um campo de investigação, uma subdisciplina da História – é filha da História Cultural. Foi a ênfase nas práticas e representações que estimulou e em certa medida legitimou uma atenção mais denotada dedicada ás diversas práticas corporais institucionalizadas que se conformaram no decorrer do tempo.

São inegáveis as contribuições dessa proposta metodológica para a História do Esporte. Nunca me pareceu, contudo, prudente ficarmos apenas nesse terreno, algo que, ainda que não exclusivamente, no meu ponto de vista, tem levado a uma repetição de olhares e conclusões, mesmo que os temas variem.

Os olhares da História Social podem ser alvissareiros para pensarmos a sequência do processo de consolidação da História do Esporte. Do que se trataria tal método? Para resumir um debate profícuo no âmbito da Historiografia, vou ter em conta um artigo que gosto muito, escrito por meu estimado colega José Assunção (“A História Social: seus significados e seus caminhos”, acesse ele aqui), que lembra as notáveis influências tanto das Escola dos Annales quanto dos marxistas na definição dos rumos e delineamento das propostas da História Social.

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À esquerda, imagem de 1914, Clube de Regatas Jardinense, formado por operários ligados à Fábrica Corcovado. À direita, imagem de 1896, Clube de Regatas do Flamengo, formado por gente de estratos médios e altos. Classe social e industrialização são também assuntos que podem ser abordados a partir da História Social do Esporte. Imagens disponíveis em Careta, 24 já. 1914, p. 35 e https://pt.wikipedia.org/wiki/Hist%C3%B3ria_do_Clube_de_Regatas_do_Flamengo

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Podemos usar o termo para fazer referência a uma abordagem específica que procura dar conta da materialidade das mais distintas relações sociais. Assim, há que se atentar ao que tange tanto às tensões e alianças entre grupos quanto à articulação dessa movimentação com os aspectos econômicos. Obviamente que, como estamos tratando de conflitos e disputas, as questões políticas também merecem atenção. Até mesmo por essa amplitude, uma segunda acepção do termo é a que considera a História Social como uma abordagem que engloba e articula todas as outras, uma espécie de projeto de história total.

Para o colega Assunção, se tivermos em conta a ideia de que a História Social é uma abordagem específica, os objetos mais evidentes são: “os modos e mecanismos de organização social, as classes sociais e outros tipos de argumentos, as relações sociais (entre esses grupos e entre indivíduos no seu interior) e por fim os processos de transformação da sociedade”. Perceba-se como isso nos aproxima ainda mais do tema “esporte”, especialmente em função do associativismo ser uma marca central na estruturação do campo.

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À esquerda, Luiz Simões Villas-Boas, presidente do Ciclo Suburbano Clube, agremiação ciclística de Madureira que nos jornais, entre outras coisas, era reconhecida por ter atletas “coloureds”. À direita, imagem da equipe em 1938. As questões raciais são outro tema de grande importância que pode ser abordado a partir da História Social. Imagens disponíveis em Jornal do Brasil, 16 jun. 1934, p. 22 e Sport Ilustrado, 5 out. 1938, p. 28.

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Além disso, aproximaria o tema da História Social sua articulação com os mais diversos processos, como infere o colega Assunção uma noção que se refere à industrialização, modernização, urbanização, colonização, entre outras. Poder-se-ia argumentar que muitos são os assuntos que se articulam com essas ocorrências. É verdade. Mas também o é a importância desempenhada nesses cenários pelo esporte, por ser tão relevante e presente na construção do ideário, imaginário e experiências da modernidade, no forjar desse mundo que começa a se delinear no século XVIII e segue em constituição até os dias atuais.

Tenho sempre argumentado que o esporte é um excelente fenômeno para discutirmos os mais diversos temas num certo tempo e espaço. Ao seu redor, podemos ver os mais diversos grupos sociais em movimento – desvendando as dinâmicas inter e intra grupos, acessando-os em seu cotidiano, percebendo como no dia a dia se manifestam as questões econômicas, políticas e culturais. Percebamos a peculiaridade – enquanto abordagem específica o que desejamos com a História Social é discutir como esses aspectos incidem na vida concreta e materializada dos mais diversos coletivos, interferem na sua composição, nos seus conflitos, nas suas alianças.

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Selos portugueses representando o cricket e o golfe, duas modalidades esportivas importantes em uma de suas colônias/províncias ultramarinas, Cabo Verde. A História Social também pode nos permitir lançar olhares para os processos de colonização. Série Postal “Modalidades Desportivas” (1962).

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Ao mesmo tempo em que deveríamos seguir na busca por uma história social do esporte a partir dessa ideia de abordagem específica, por que abrir mão de pensar uma história social do esporte que busque de forma mais ambiciosa uma visão mais total, mais sintética de todas as abordagens? Aqui gostaria de chamar a atenção para as potencialidades de estabelecimento de diálogos disciplinares.

Trata-se de algo que particularmente aprecio e que tem me permitido lançar olhares distintos para o tema. Recentemente, tem me parecido muito produtivo dialogar com a Arqueologia, ressaltando a importância da cultura material, e notadamente com a Geografia, com a qual tenho transitado mais amiúde, atento à relevância nem sempre suficientemente abordada da espacialidade na conformação do fenômeno e do campo esportivo.

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Time de voleibol que disputou torneio promovido pelo Atlàntico Club (de Copacabana). Recentemente, o mundo do voleibol brasileiro foi sacudido por diversos conflitos e debates relacionados à orientação sexual de atletas, outro tema relevante que pode ser abordado a partir da História Social. Imagem disponível em Beira-Mar, 22 jan. 1927, p. 2.

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Por fim, recupero mais um debate entabulado pelo colega Assunção, a ideia de que nem toda história é necessariamente social. Como ele escreveu: “Se é possível elaborar uma História Social das Ideias ou uma História Social da Arte, é também possível elaborar uma História das Ideias ou uma História da Arte que se restrinjam a discutir obras do pensamento ou da criação artística sem reestruturá-las dentro de seu ambiente social mais amplo”.

Aqui recupero um debate que já entabulei algumas vezes, o que chamo de “duplo compromisso da história do esporte”: aquele que tem em conta suas potenciais contribuições para o entendimento da prática em si e aquele que encara o fenômeno como indicador de determinados temas a serem discutidos no tempo e no espaço. As duas abordagens são relevantes e merecem nossos esforços de investigação, inclusive porque podem ser mais ou menos úteis para os interesses distintos dos envolvidos com o campo.

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À esquerda, sede do Fluminense Yacht Club, atual Iate Clube do Rio de Janeiro, início dos anos 1940. À direita, sede do Carioca Iate Clube, 1946. Um dos clubes se encontra numa praia da Zona Sul que foi aterrada e pela agremiação ocupada e fechada para o acesso do grande público. O outro se instalou na Praia de Ramos, subúrbio do Rio de Janeiro, quando ainda era um lugar bucólico. A urbanização é um dos assuntos mais importantes que podemos tratar a partir da abordagem da História Social.

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Para além disso, obviamente que não foi intuito desta breve reflexão desautorizar ou desestimular esforços ligados à História Cultural, Política ou Econômica do Esporte (notadamente dessa última que ainda parece nossa maior deficiência). Trata-se apenas de chamar a atenção para as possibilidades de aprofundamento dos diálogos e utilização da História Social nas suas duas acepções.

A meu ver, deve continuar sendo incessante a busca por uma história social do esporte.

Um 2022 muito supimpa para todos nós! Mais do que nunca, que seja um ano marcado pela retomada do sonho, da esperança, da utopia.

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A primeira edição do maior clássico do mundo e, também, do Rio Grande do Sul: o Grenal!

18/12/2021

Cleber Eduardo Karls (cleber_hist@yahoo.com.br)

Quem nasce nos pagos do sul do Brasil já vem ao mundo com uma marca vitalícia, perpétua, tatuada na alma! Azul ou vermelho, tricolor ou colorado, Grêmio ou Inter. Gaúcho que se preze não tem meio termo. E se algum desgarrado, por acaso, acabar torcendo para algum time de fora do estado é excomungado para sempre e sua entrada na fronteira entre o Rio Grande do Sul e o Brasil fica impedida para sempre. Algumas exceções são possíveis. É permitido ter um segundo time, desde que seja do próprio Rio Grande do Sul. Avenida, Juventude e Brasil de Pelotas são os preferidos. Brincadeiras a parte (ou nem tanto), o Grenal é um clássico conhecido mundialmente. Há quem diga que mais importante que levantar taças, é ganhar do rival no Grenal. Essa tradição vem de longe, do início do século XX.

O futebol em Porto Alegre tem sua história marcada pela exibição do Sport-Club Rio Grande, o primeiro clube dedicado ao futebol no Brasil. Fundado em 1900, a “apresentação” promovida pela agremiação aconteceu em um campo improvisado no Parque da Redenção (Farroupilha), palco de tantos espetáculos da capital do Rio Grande do Sul. Todos os dirigentes de clubes esportivos da capital foram convidados a fim de presenciarem a novidade. A admiração frente ao novo esporte rendeu, dias após, a fundação dos dois primeiros clubes de futebol de Porto Alegre, realizados no dia quinze de setembro de 1903: o Fuss-Ball Club Porto Alegre e o Grêmio Foot-Ball Porto-Alegrense. O primeiro, fundado por sócios do clube de ciclismo Blitz, de origem reconhecidamente germânica, tendo na sede do referido clube seu primeiro local de jogos. Já o Grêmio empossou sua primeira diretoria no dia sete de outubro de 1903, composta pelo presidente: Carlos L. Bohrer; vice-presidente: Joaquim F. Ribeiro; primeiro secretário: Alberto L. Siebel; segundo secretário: Guilherme Kaelfels; tesoureiro: Pedro Schuck. Estas duas equipes polarizariam por alguns anos as principais disputas de futebol da cidade. Se o campo do Fuss-Ball Club Porto Alegre funcionava junto a Blitz, na Rua Voluntários da Pátria, o Grêmio fazia seus matchs no bairro Moinhos de Vento, na sede da Sociedade de Atiradores.

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Grêmio tricampeão do Wanderpreis (1904, 1905, 1906)

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É correto afirmar que o Grêmio Foot-Ball Porto-Alegrense já se destacava frente as demais equipes da cidade em relação ao desempenho. Até mesmo na disputa do clássico da cidade, contra a equipe do Fuss-Ball, a superioridade técnica da equipe do Moinhos de Vento era visível. Ao Grêmio era creditado a prosperidade e o gosto generalizado pelo sport, assim como a introdução do nobre ideal da educação física, que era descrita como “único e principal fator na conquista da atividade humana”. No entanto, foi no final da primeira década do século XX que surgiria o seu eterno rival, o Sport Club Internacional, fundado em 4 de abril de 1909 e que abriria caminho para o surgimento e engrandecimento da maior rivalidade do Rio Grande do Sul e uma das maiores do Brasil, o clássico Grenal.

Importante destacar que a palavra “internacional” era um termo recorrente e já bastante utilizado entre associações esportivas porto-alegrenses daquela época. Acontece que em muitas agremiações eram aceitas somente pessoas de determinadas procedências étnicas. Porto Alegre, no caso, tinha os seus dois principais clubes de futebol ligados à comunidade teuto-brasileira, o que limitava o acesso de muitos foot-ballers ao esporte nestes clubes. Esta seria a proposta, portanto. Este clube nasceria com a missão de atender as mais diversas nacionalidades e descendências, ele seria “internacional”.

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Fundadores do S.C. Internacional. Da esquerda para a direita:Valdemar Fachel, Antenor Lemos, Luiz Madeira Poppe, Helderberto Mendonça, Adroaldo Fachel, Bejamim Vignoles, Rodolfo Vignoles, Horácio Carvalho, Joaquim Carvalho, José Poppe, Henrique Poppe Leão e João Leopoldo Seferin (presidente)

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A dedicação e a empolgação do internacional era tamanha, talvez até por necessidade de afirmação enquanto clube de futebol, que no mês de junho de 1909 já estava combinado o primeiro de centenas de matchs que aconteceriam entre o S.C. Internacional e o Grêmio F.B.P.A. Os jornais apontaram o desafio como uma consagração brilhante e digna do futebol, num match importante e renhidíssimo. O primeiro Grenal da história foi disputado no campo do Grêmio, no bairro Moinhos de Vento no dia 18 de julho de 1909 e anotou a maior goleada de todos os tempos, com 10 tentos a 0 para o Grêmio.

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Programa do primeiro Gre-nal.

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A crônica jornalística registrou o evento como de proporções de um verdadeiro acontecimento no mundo esportivo da capital. Desde cedo a cidade se movimentou, com seus carros e bondes em direção ao Moinhos de Vento para prestigiar o desafio. O Grêmio era colocado como um poderoso team, composto de jogadores experimentados e que tantos aplausos tem colhido, tanto nos seus jogos quanto nos seus treinos. O Internacional era uma promissora nova equipe de amantes do esporte bretão.

E o que aconteceu foi justamente a supremacia de uma equipe experiente sobre uma novata, em um largo placar de 10 a 0 na primeira disputa de centenas que viriam a acontecer até hoje. No entanto, o clima de cordialidade prevaleceu. Um baile foi promovido para celebrar o acontecimento, com brindes, danças, discursos e agradecimentos de ambos os lados.

A prática do futebol em Porto Alegre com o desenvolvimento do século XX ganhou cada vez mais adeptos e era comum verificar a existência de muitas disputas concomitantes na cidade. Eram matchs internos (jogos envolvendo somente os jogadores do próprio clube), matchs externos (desafios entre clubes) sendo realizados em muitos locais da cidade em um mesmo dia. Enfim, se Porto Alegre já era uma cidade adepta das diversões e dos esportes em geral, se rendeu ao enorme sucesso que galgou o jogo bretão.

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Time do S.C. Internacional de 1912.

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O futebol era um sucesso. Os seus clubes e campos eram cada vez mais numerosos. Neste mesmo sentido, acompanhando as outras atividades corporais, os outros esportes, para além das razões pessoais havia ainda a sua legitimação através de um discurso científico. Era considerado útil e saudável, além de emocionante.

Todavia, o maior de todos os clássicos, que continuou mobilizando milhões de torcedores durante décadas, continuou sendo o Grenal. Esse match continua sendo atemporal e impulsona os sentimentos dos aficionados pelos dois mais importantes clubes do Rio Grande do Sul. Sem exagerar, faz parte da identidade gaúcha, extravasa as mais distintas emoções, amor, ódio… Só quem conhece o Rio Grande do Sul pode testemunhar o que envolve o maior clássico do mundo e, certamente, do estado!


Historias Australianas: cultura, educação e esporte no outro lado do mundo

06/12/2021

Por Jorge Knijnik

Mais um livro !!! Auto-promoção! Olha, na verdade fiquei em duvida sobre publicar uma ‘auto-resenha’ sobre o meu ultimo livro. Entretanto, desde que assumi o posto avançado de correspondente na Oceania do Historia(s) do Sport, eu escrevi um bocado sobre este assunto aqui… o que acabou me fornecendo uma inspiração danada de boa para escrever o “Historias Australianas”. Assim, fica aqui a introdução do livro, com um convite para a leitura do mesmo – ou pelo menos, a ultima parte, onde trato apenas de esporte e esporte – ou de algumas maluquices que aqui na Oceania sao chamadas de esporte!

Austrália: modos de usar e de viver

Este livro é um recurso essencial para todo e qualquer brasileiro e brasileira que pretenda imigrar para a Austrália, quando as fronteiras se abrirem após a pandemia do novo Coronavírus. Neste novo contexto, tanto os empreendedores quanto os diversos níveis do governo Australiano (estaduais e federais) estarão buscando pessoas qualificadas, que conheçam a cultura do país para o qual pretendem imigrar, seja temporária ou permanentemente. Assim, escrevi o livro  tendo em mente os diversos brasileiros e brasileiras que irão  se aventurar por este maravilhoso país-continente nos próximos anos: do estudante que pretende passar uma temporada por aqui para aprimorar o seu inglês, passando por aquela jovem que deseja se aperfeiçoar na sua profissão, por meio de um estágio profissional ou de um curso de especialização ou pós-graduação; e também pelo turista que gostaria de conhecer mais profundamente a cultura Australiana, até chegar naquele casal que pretende construir uma vida no exterior e considera a Austrália um lugar ideal para criar a sua família. Cada capítulo do livro irá ajudar os leitores a entender, de modo aprofundado, diversos aspectos da vida cotidiana aqui, observados por alguém que trabalha e cria a família na Austrália há mais de uma década, viveu todas as transformações do país neste período e entende tanto o ‘jeitão Australiano’ quanto a ‘cabeça’ brasileira. 

Eu moro na Austrália desde 2009, trabalhando na Faculdade de Educação da Western Sydney University. Mesmo após todo este tempo, não há semana em que eu não receba várias mensagens de antigos alunos e colegas brasileiros, com questões especificas sobre as universidades, e também perguntas gerais sobre a vida Australiana. Impressionados pelas imagens e pequenas informações que recebem da Austrália, pelo ‘clima tropical’, pelas praias Australianas, pelo sucesso no esporte que as campanhas olímpicas Australianas inspiram, meus amigos querem vir para cá. Afinal, quem não deseja se aventurar ‘do outro lado do mundo’? Ainda mais na Austrália, um país que segue atraindo muitos brasileiros ultimamente, devido a sua fama de ter uma juventude bonita, descolada, com grandes festas …. Uma natureza linda, com muito esporte de praia. ‘O Brasil que deu certo’ muitos pensam… Um país que conseguiu controlar a COVID-19. Se todo estudante ou profissional brasileiros desejam e necessitam aprender e aperfeiçoar seu inglês, um contingente cada vez maior prefere vir a um lugar com um clima tropical ao invés de ‘congelar’ na América do Norte ou na Europa.

Design da capa: Alex Knijnik (meu filho!)

Parece que os brasileiros pensam que irão ‘se dar bem’ por aqui, e que a adaptação será tranquila. Mas isso está longe de refletir a realidade. O processo de adaptação é complicado, as diferenças culturais são enormes, e entende-las com ‘cabeça de brasileiro’ é difícil. 

Esta é a razão deste livro. Em suas crônicas, eu procuro traduzir, de um modo bem didático, a realidade cotidiana do mundo aqui ‘do outro lado’. Tento explicar para o graduado brasileiro o significado de tentar fazer um ‘masters’ em uma faculdade aqui – pois muita gente vem, achando que vai cursar um ‘mestrado’, e somente depois percebe que comprou gato por lebre, se frustrando muito, além de perder dinheiro, tempo e energia. 

O livro está dividido em três partes –cultura, educação e esporte – as quais são extremamente relevantes aos brasileiros que se interessem em realmente conhecer a Austrália e seu povo. Estes tópicos fazem com que os leitores se aprofundem na vida australiana, proporcionando uma compreensão que sai da superfície daqueles que passam por aqui, mas se mantem apenas na ‘beira da praia’, sem tentar melhorar seu entendimento sobre este continente. Conhecer a história cultural do país, ao mesmo tempo que se informar sobre os sistemas educacionais e as tradições esportivas australianas, com certeza fornecem ao viajante e ao imigrante recém-chegados várias vantagens adicionais. O aprofundamento cultural ajuda e muito a entender a vida que levamos hoje em dia na Austrália, facilitando a integração dos ‘novatos’ nos diversos grupos sociais e profissionais. Entender o esporte aperfeiçoa e enriquece o inglês das pessoas, enquanto as ajuda a fazer novas amizades. Saber como funcionam os diversos sistemas educacionais, da escola primaria a pós-graduação, facilita as famílias e também quem pretende adquirir novos conhecimentos nas universidades daqui.

As crônicas deste livro vão além de meros relatos de pontos turísticos, e possibilitam com que os leitores possam realmente entender como as pessoas e as várias comunidades australianas pensam e agem em seu dia a dia.  Morar no ‘outro lado do mundo’ é um grande desafio. A cultura, a formação, o jeito que encaram a atividade esportiva, a relação com a natureza, com o espaço público …. As escolas, a educação universitária, tudo é muito diferente por aqui. O ‘outro lado do mundo’ oferece suas vantagens, mas cobra um preço: compreender as atitudes e os valores em jogo favorece uma maior integração social, auxilia seu bem-estar mental e ajuda inclusive em nível profissional.  

Desta forma, neste livro, eu narro as coisas essenciais da vida em sociedade na Austrália, inclusive como é viver em um país que possui diversos tipos de ‘futebóis’ – e no qual nem sempre o ‘nosso’ é o principal assunto das capas de jornal – tampouco das páginas centrais ou periféricas destes.  

A minha história com a Austrália começou de forma acadêmica. Em 2007 eu me inscrevi em um Congresso de História do Esporte que aconteceria em Canberra, a capital Australiana. Confesso que na época eu não conhecia quase nada sobre este país. O Congresso me pareceu interessante, com bons palestrantes, e eu mandei um resumo de um trabalho sobre futebol e mulheres no Brasil, o qual foi aprovado para apresentação, após algumas idas e vindas e conversas amigáveis com os avaliadores do trabalho.

Curiosamente, antes de fazer minhas malas, comecei a fazer amigos aqui. O presidente daquele Congresso, interessado no meu trabalho, me convidou para um estágio de professor visitante na universidade dele. Ao mesmo tempo, na lista de e-mails que circulava nas semanas anteriores ao evento, com os últimos informes sobre o mesmo, descobri uma pessoa que queria dividir um quarto no hotel do congresso. Após algumas mensagens muito amigáveis – afinal, aquele senhor, Bill Murray, era um dos mais famosos historiadores de futebol do mundo, e quando soube que eu era brasileiro, já começou a falar sobre o assunto e decidimos dividir o quarto no hotel, e começamos uma amizade que perdura até hoje em dia. 

A minha participação no congresso foi peculiar. Não era um evento muito grande, a maioria dos presentes era australiano mesmo, e meu trabalho atraiu uma boa audiência. Nos intervalos consegui conversar com algumas pessoas bacanas, fiz mais amigos, entre eles um pianista que conhecia muita música brasileira, sobretudo bossa nova. Conversamos bastante, trocamos impressões sobre música, e cantarolamos juntos.

Qual não foi minha surpresa quando, na noite do jantar oficial do Congresso, em meio a umas brincadeiras e gincanas que os organizadores faziam sobre a história do esporte local – confesso que não sabia nada, eu era uma nulidade na minha mesa – o mestre de cerimonias anunciou: “e agora, diretamente do Brasil, ‘George’ vai cantar ‘A Garota de Ipanema’! Sentado ao piano, no centro de um lindo salão da Universidade de Canberra, o tal pianista com quem eu conversara na hora do cafezinho me aguardava, com um sorriso maroto…. Empurrado pelas circunstancias, fui obrigado a  cantar…Sucesso internacional imediato!

Depois daquele dia, fiquei muito ‘famoso’ entre os membros daquela sociedade que realizava o congresso. Após voltar para o Brasil, continuei me correspondendo com alguns deles, até que, cerca de um ano depois, uma mensagem de um daqueles amigos insistia para que eu fosse para a Austrália, para morar. Ele queria que eu imigrasse! O rapaz me dava a dica de me inscrever em um concurso para docente na University of Western Sydney – que depois mudou de nome para Western Sydney University.  

Meio incrédulo me inscrevi na última hora no processo seletivo, ao final de agosto de 2008. Mandei curriculum, e escrevi uma carta respondendo às perguntas que estavam no site que o meu amigo enviou. Em meio a correria paulistana, ministrando dezenas de aulas durante três períodos em três universidades diferentes, me esqueci daquela história. 

Ao final de novembro de 2008, fui chamado para uma entrevista naquela universidade. No Natal do mesmo ano, o diretor me telefona. Estava me oferecendo uma vaga – com todo o suporte para me mudar com minha família. Em junho de 2009, empacotamos tudo, dissemos adeus ao Brasil, e rumamos para a nossa aventura imigratória.

Viver do outro lado do mundo não é o fim do mundo! Entretanto, eu garanto que este livro aqui vai lhe preparar bem melhor para entender como é a vida por aqui – e ter informações para poder aproveitar muito mais tudo aquilo que a Austrália oferece.  Me manda um zap quando chegar!


Adhemar Ferreira da Silva: representações de um herói olímpico (parte 3)

29/11/2021

Fabio Peres e Victor Melo*

DO GALEÃO ATÉ O OBELISCO. Ademar Ferreira da Silva Aclamado Ontem Por Toda a População Carioca. Regresso Triunfal do Maior Atleta Brasileiro de Todos os Tempos - O Povo, Emocionado, Viu e Ovacionou o Herói [...] (Última Hora, 14/12/1956, p.8)  

O retorno de Adhemar ao Brasil, após a conquista da medalha de ouro nos Jogos Olímpicos de Melbourne, foi cercado por um misto de expectativa e exaltação. Os periódicos refletiam e, ao mesmo tempo, fomentavam uma certa inquietação em torno do “herói” que “mais uma vez, soube fazer tremular a bandeira do Brasil no mastro olímpico maior”[i].

Desde a vitória e, principalmente, nos dias que antecederam a sua chegada, os jornais anunciaram cada vez com maior comoção e destaque o seu regresso. O Diário Carioca até mesmo noticiou na primeira página da edição de 13 de dezembro a programação completa do cerimonial de sua recepção no Rio de Janeiro. O feito de Adhemar foi considerado tão memorável que a TV Tupi fez uma cobertura ao vivo[ii], algo bastante incomum à época.

A solenidade começou ainda no Aeroporto com a entrega de um galhardete bordado em ouro pelo presidente do Departamento de Imprensa Esportiva da Associação Brasileira de Imprensa. Altas autoridades do país estavam presentes, entre os quais o ministro da educação e cultura (Clóvis Salgado) e o prefeito do Distrito Federal (Negrão de Lima)[iii]. Um cortejo de automóveis, que passou pela Av. Rio Branco, uma das principais da cidade, conduziu o atleta para ser recebido pelo presidente da República, Juscelino Kubitschek.

Nos jornais, foram publicadas fotografias da recepção no Palácio do Catete (sede do poder executivo), nas quais Adhemar aparecia ao lado do presidente da República. As legendas que as acompanhavam são emblemáticas das representações que se buscava construir em torno do atleta, nas quais se mesclavam as ideias de povo, Estado e nação. O leitor era informado que Adhemar recebeu uma “consagradora recepção […] do povo carioca”, bem como ouviu do governante máximo da nação “palavras de estímulo e agradecimento pela extraordinária projeção que deu ao Brasil através da sua magnífica vitória […]”[iv].

Última Hora (14/12/1956, p.1) e Diário Carioca (14/12/1956, p.1)                 

A despeito dessa exaltação, novos tempos vivia o Brasil. O governo Vargas, imerso em denúncias e escândalos, acabou de forma trágica, com o suicídio do líder histórico. O governo de transição foi marcado por grande tensão, assim como a eleição de Juscelino Kubitschek, que assumiu e governou sempre sob muitas críticas e conflitos. Sua administração (1856-1961) seria marcada pela aceleração do processo de industrialização e crescimento econômico, mas também pelo aumento da dívida pública e inflação. Houve grande projeção do país no cenário internacional, especialmente por fatos do âmbito cultural, como a bossa nova, a arquitetura moderna e as conquistas esportivas (entre as quais o título máximo do futebol, na Copa do Mundo da Suécia, em 1958)[v].

Dessa vez, a vitória de Adhemar não foi unanimemente celebrada. Ainda que as contestações não recaíssem sobre a imagem de Adhemar, a ausência de outros bons resultados nos Jogos Olímpicos chamou a atenção e foi motivo de debate. Considerava-se tal ocorrido como sinal da fragilidade do Estado brasileiro, críticas que se dirigiam à atuação do novo presidente da República. Wilson Brasil foi bem explícito:

FRACASSO! Papelão! O Brasil novamente fracassa redondamente nas Olimpíadas. E que fracasso! Não conseguimos nada, senão o título de Adhemar Ferreira da Silva. Felizmente, ainda temos essa exceção. Aliás, esporte em nosso país é isso: Adhemar e futebol. Além disso, nada mais há[vi].

Se antes a vitória de Adhemar era considerada como grande triunfo da nação, fato que projetaria uma boa imagem do Brasil no exterior, a nova conquista foi por alguns encarada como bálsamo não suficiente para esconder os problemas enfrentados pelo país. Como sugeriu um cronista:

Estamos sempre por baixo de países insignificantes, que nenhuma importância tem no concerto mundial. Se não fosse Adhemar Ferreira da Silva, teríamos ficado atrás de paisinhos que quase não aparecem no mapa […]. Está positivado que nos encontramos ainda muito distantes da maturidade. Precisamos enxergar a realidade como ela é e nos convencermos de nossa insignificância […] a fim de conseguirmos alguma coisa no futuro[vii].

Essa compreensão estava se delineando desde os Jogos Pan-Americanos de 1955 (Cidade do México), quando a delegação brasileira não teve bom desempenho, explicitando para alguns “a nossa inferioridade esportiva”[viii]. Ainda assim, a conquista, de Adhemar (medalha de ouro e quebra de recorde mundial[ix]) ganhou grande repercussão. O Globo fez questão de não apenas publicar uma matéria especial, de página inteira, como também organizou uma homenagem no estádio do Maracanã, o grande palco do esporte nacional[x].

O Globo, 19/03/1955, segunda seção, p.1.

As competições internacionais continuavam sendo valorizadas como forma de projeção nacional, contudo com menor ufanismo ao seu redor. Aliás, poucos dias após a notícia da vitória de Adhemar, chamou-se a atenção para a apropriação política em torno da exaltação exagerada da nação. Numa coluna em que eram apresentados os piores e melhores fatos da semana, a “pior coisa” escolhida foi a posição de “urubus e demagogos”, “abutres” que tratavam a conquista do atleta com “frases ocas, enfeitadas, demagógicas, estarrecedoras, falando em bandeiras, patriotadas etc.”[xi].

Em todo caso, ainda prevaleceu um tom festivo e celebratório ao herói. Afinal, a vitória em Melbourne correspondeu à expectativa construída nos meses anteriores às Olimpíadas, mesmo que o atleta tenha enfrentado certas dificuldades para conseguir o índice de classificação.

Uma ampla matéria sobre as chances dos atletas brasileiros em Melbourne destacou – ainda que ponderando sobre as dificuldades que Adhemar teve para treinar durante o ano – que ele era a principal esperança da delegação nacional obter alguma medalha de ouro[xii]. A expectativa ganhou também contornos continentais. O Jornal do Brasil chamou atenção ao fato de que foi o único latino-americano com possibilidade de vitória nas provas de atletismo indicado por cronistas esportivos europeus “mais destacados”[xiii]. Já Jesse Owens, o “Homem das Quatro Medalhas de Ouro em Berlim”, havia declarado poucos dias antes do Jogos que Adhemar era “sem dúvida alguma um dos maiores atletas mundiais do momento”[xiv].

Última Hora, 9/11/1956, p.16.

No próprio dia das provas do salto triplo, o Diário Carioca chegou a informar, logo na capa, aumentando a expectativa do leitor, que Adhemar se classificara “reservando energias” para a final que ocorreria à tarde[xv]. O Globo e o Última Hora se colocavam como testemunhas privilegiadas e, de modo indireto, também como partícipes e caudatários da conquista[xvi].

A popularidade e o prestígio de Adhemar, não é demais assinalar, se tornaram bastante expressivos no intervalo entre as duas Olímpiadas. Seu nome era frequentemente citado como o maior esportista do Brasil, inclusive por atletas de outras modalidades, como o futebol[xvii]. Matérias e colunas de jornais dedicadas à vida de “famosos”[xviii] e “personalidades”[xix], para além do campo esportivo, se referiam a ele como uma celebridade. A pista de atletismo de Belo Horizonte (MG) foi batizada com seu nome[xx].

O sentimento de nacionalismo, caro à participação de atletas brasileiros em contendas internacionais desde o começo do século XX[xxi], ganhou novos contornos na segunda conquista olímpica de Adhemar. A exaltação do atleta como símbolo do êxito da nação foi conciliada a certas qualidades individuais do bicampeão olímpico, algo que aparecera menos intensamente na vitória de 1952.

Negro, culto e portador de “virtudes” tanto atléticas como psicológicas, intelectuais e morais – as representações sobre Adhemar incorporavam a autoimagem de uma nação que seguia buscando consolidar, interna e externamente, uma narrativa identitária mestiça – entendida como sinal positivo da formação social brasileira.

Não foram poucos os traços apreciados, às vezes de maneira difusa, nos jornais. Eles abarcam desde questões como a facilidade de Adhemar se expressar publicamente (inclusive em outros idiomas como o inglês, francês e espanhol), passando por sua ampla formação e trajetória educacional formal, chegando a seu jeito pessoal, suas relações familiares, a vocação para o trabalho e seu posicionamento no mundo do esporte.

Um dia após a conquista da medalha em Melbourne, o Última Hora buscava sintetizar todas essas qualidades em uma coluna que homenageava Adhemar. Tratava-se de – como salientava o periódico em letras garrafais – de um “embaixador” que “honra todo o Brasil”[xxii]:

O leitor entenderá perfeitamente que se preste nestas colunas uma homenagem particularmente vibrante e comovida ao atleta excepcional que fez com que o mundo inteiro, ontem, pronunciasse com admiração o nome do Brasil. Pois as qualidades do coração e do espírito de Adhemar estão à altura do valor excepcional dos seus músculos. E em qualquer ponto do globo em que o grande campeão do salto triplo vai exibir-se, torna-se, com efeito, um magnífico embaixador esportivo.

Parte do reconhecimento passava, assim, pela ideia de representatividade positiva do Brasil em terras estrangeiras, pela capacidade de figurar como símbolo de uma nação. Adhemar seria, nesses termos, um arauto de uma certa “brasilianiedade” laudatória: 

Bom filho, bom esposo, bom pai, Adhemar é um homem inteligente, estudioso, mais culto do que a média dos atletas, que sempre pensa em deixar a melhor impressão em todo país que vai visitar, e em fazer a mais benéfica propaganda das coisas e da gente do Brasil.

Não era incomum que a afetividade das relações familiares e seu papel na índole do triplista estivessem frequentemente presentes nos periódicos. O Última Hora, assim que recebeu o telegrama de Melbourne anunciando a conquista, se incumbiu de transmitir “em primeira mão” a notícia do feito aos pais do atleta em São Paulo. No dia seguinte (28/11/1956), o jornal carioca publicou com exclusividade a reportagem intitulada “O Campeão Cumpriu com a Palavra: Antes de Seguir Para Melbourne Adhemar Prometeu à Esposa uma Nova Conquista Para o Brasil” em que, não apenas noticiava a felicidade dos “genitores” com a vitória do filho, como também reproduzia a emoção de sua esposa:

Confesso que não dormi direito essa noite, pois esperava aflita pelo resultado da prova”, disse, inicialmente, dona Elza […] E, olhando para Adiel, a filhinha do casal, concluiu: “Papai cumpriu o que nos havia prometido! Quando foi para Helsinki prometeu uma medalha para Adiel. Agora, prometeu uma medalha para o nosso segundo filho. E cumpriu a palavra”, finalizou (Última Hora, 28/11/1956, p.8).

Os laços familiares voltariam a figurar nos periódicos nas comemorações de seu retorno ao Brasil. O Globo publicou na capa da edição do dia 14/12/1956 uma fotografia de Adhemar, cercado por fãs no desembarque do aeroporto, sorrindo com a sua filha no colo. Adicionalmente no caderno interno da edição, além da fotografia em que Adhemar recebia os cumprimentos do presidente da república, a matéria continha uma terceira fotografia em que o atleta beijava sua filha: “assim que desembarcou […] Adhemar foi cercado pelos presentes, tendo sempre ao colo a sua filhinha Adiel, que com sua esposa e seus pais chegara na véspera de São Paulo para recebe-lo”[xxiii], destacava o periódico. No mesmo dia, o Última Hora, por sua vez, publicou não apenas três fotografias de Adhemar com a sua família – entre tantas outras que compunham a cobertura de sua chegada ao Rio – como também fez questão de publicar uma pequena seção cujo título era a “Emoção dos Pais” em que o periódico assinalava “o agradecimento sincero dos que o querem de coração”; seus pais, esposa e filha “estavam lá, emocionados e comovidos (mais do que nós)”[xxiv].

Última Hora, 14/12/1956, p.16 e Última Hora, 14/12/1956, Tabloide, p.1

Algumas vezes os laços familiares figuravam associados à origem “humilde” e, apesar disso, à educação tanto formal como informal do atleta. A edição especial dos Dia das Mães da revista O Cruzeiro em maio daquele ano, por exemplo, publicou uma matéria “Mães do Brasil”. Com o subtítulo “Os filhos são famosos. Delas foi o sacrifício”, a fotografia da mãe de Adhemar pendurando roupas no varal aparecia entre fotografias de mães de outras personalidades como de César Lattes, célebre físico e pesquisador brasileiro, e de Vinícius de Moraes, já na época diplomata, dramaturgo e compositor. A legenda que acompanhava a foto destacava “O filho, Adhemar Ferreira da Silva, é campeão olímpico. Lavando roupa, D. Augusta educou-o. Antes de bater recordes na Europa, ele estudou escultura”[xxv]. Essa, na realidade, era uma outra dimensão ressaltada nos jornais. A coluna-homenagem do Última Hora mencionada anteriormente, prossegue apresentando características do atleta:  

Falando corretamente francês e inglês, nunca sai para o estrangeiro sem aprender os elementos da língua da nação em que vai competir. Sabia expressar-se (e cantar) em alemão quando foi a Dortmund para os Campeonatos Mundiais Universitários, e em finlandês quando foi conquistar sua primeira medalha de ouro em Helsinque. E até quando foi saltar em Tóquio, surpreendeu felizmente a todos quando, no centro do gramado do estádio principal da capital japonesa, apresentado ao antigo campeão olímpico e “recordman” mundial de salto triplo Tamura, em vez de usar o aperto de mão internacional, cumprimentou o veterano a moda do país, usando os gestos tradicionais e a língua nipônica. O estádio inteiro irrompeu em ovações frenéticas e todo um povo achou que brasileiro era realmente gente amável e cortes, gostando de agradar a todos.

A formação cultural e o caráter “diplomático” de Adhemar eram recorrentemente salientados nos jornais. Por ocasião de uma excursão pelos Estados Unidos, patrocinada pelo programa estudantil do Departamento de Estado do país, para “tomar parte em provas atléticas e conhecer o país – se apresentava “sob o braço” com o livro Abraham Lincoln, do biografo Emil Ludwing, escrito em “inglês, idioma que fala fluentemente”[xxvi]. Na mesma língua saudou os que o esperavam, bem como deu uma entrevista em espanhol ao correspondente da United Press, demonstrando seu contentamento por estar nos Estados Unidos e, especialmente, ressaltando que a viagem tinha menos a ver com vitórias e recordes: “participarei […] animado de um espírito esportivo fraternal. Naturalmente, procurarei vencer […] porém o principal será competir e intercambiar com os atletas norte-americanos”.

Em 1956, já formado em artes, era aluno da Escola de Educação Física de São Paulo, escultor, jornalista, radialista, além de atleta amador[xxvii]. Quando perguntado sobre o que gostava de ler, foi categórico: Érico Veríssimo, um dos principais escritores brasileiros do século XX. De forma humilde e generosa disse que, na sua opinião, os atletas brasileiros mais completos eram seus companheiros de atletismo José Telles da Conceição (salto triplo, salto em altura e provas de velocidade) e Ary Façanha de Sá (salto em distância)[xxviii].

O atleta sabia construir sua imagem pública. Ao voltar de Melbourne, “fez questão de endereçar” uma carta de próprio punho para agradecer o “povo brasileiro”, publicada na íntegra, no Última Hora, juntamente com uma fotografia[xxix]. Até mesmo por isso, foi ampliando suas redes sociais.

Última Hora, 14/12/1956, p.8.

Em 1956, foi convidado para atuar numa peça de teatro que posteriormente se tornou célebre, “Orfeu da Conceição”, escrita por Vinícius de Moraes, com trilha sonora composta por Tom Jobim e cenário por Oscar Niemeyer[xxx]. Ainda que tenha desempenhado um papel secundário, fora lembrado para integrar o até então considerado “maior elenco negro” da dramaturgia brasileira[xxxi].

Diário de Notícias, 23/09/1956, Suplemento Especial, p.5 e Última Hora, 22/09/1956, p.8.

A admiração por Adhemar chegou até mesmo às camadas mais restritas da sociedade. Poucos dias antes da viagem para Melbourne, por ocasião de um jantar promovido pela Sociedade de Teatro e Arte, um grupo de sócios do exclusivo Rio de Janeiro Country Club, agremiação da alta elite da cidade, o homenageou com um escudo e flâmula[xxxii].

Correio da Manhã, 4/11/1956, 2º Caderno, p.4

O célebre jornalista e dramaturgo Nelson Rodrigues dedicou uma coluna para fazer um “retrato” de Adhemar em que destacou que o atleta, apesar das adversidades, tinha antes de tudo “estado de alma”[xxxiii]. O jornalista Marc Gauldichau, em reportagem especial direto de Melbourne, sugeriu que o “escultural atleta negro” era um autêntico Deus em um “recital”[xxxiv].

Para os jornais, as qualidades de Adhemar eram intermináveis, como o Última Hora em sua coluna-homenagem queria destacar:

Mas a lista seria muito longa se quiséssemos contar aqui todos esses pequenos fatos que, de qualquer modo, nos levariam à mesma conclusão: Adhemar sabe sempre agir em qualquer ocasião, como um “sportman” de verdade, um “gentleman” que respeita o espírito esportivo do “fair play”, granjeando simpatias unânimes em favor do Brasil. Eis por que, todos nós de ULTIMA HORA, desde Samuel Wainer até o mais humilde dos colaboradores deste jornal, que estamos em contato diário com esse homem de verdade, simples e sorridente, trabalhador e talentoso nas suas atividades de jornalista esportivo, responsável pela nossa seção de atletismo e esportes amadoristas, como o é nas pistas de competição, nos orgulhamos hoje com o triunfo magnífico do nosso amigo, bicampeão olímpico, “recordman” olímpico e “recordman” do mundo, que mais uma vez fez tremular a bandeira do Brasil no mastro maior do Estádio Olímpico, em Melbourne. Muito bem, querido Adhemar, o muito obrigado de TODOS NÓS[xxxv].

O “espírito esportivo” de Adhemar se estendia para além das caixas de areia. A preocupação com as condições da prática esportiva, bem como a solidariedade com os atletas e técnicos, podem ser vistas em diversas matérias tanto escritas pelo próprio esportista como por outros jornalistas. Ele denunciava constantemente a precariedade da estrutura do atletismo, bem como das instituições responsáveis pela sua organização[xxxvi].   

De fato, esse sentimento de “classe” ou de “corporação” esteve presente em vários momentos de sua carreira. Nas primeiras entrevistas publicadas após a vitória em Melbourne, o Última Hora chamou atenção para a frase “Dedico minha vitória a todos os desportistas do Brasil”. Além disso, declarou: “tenho sobretudo que confessar que devo minha vitória aos meus técnicos”[xxxvii]. Esse traço do atleta chamou atenção do jornalista Marques Rebelo:

Chegou Adhemar! Compridão, modesto, delicado, biolímpico, o melhor dos camaradas, e decente, tão decente que nunca se esquece depois dos seus êxitos espetaculares de falar no seu velho treinador e de repartir com ele o mérito das suas conquistas. Chegou Adhemar, o homem do ano! Não desembarcou com as medalhas de ouro no peito; o que no peito trouxe foi o coração de ouro mais nobre […][xxxviii].

Quando foi recebido no Palácio do Catete, ao retornar ao país, fugiu do protocolo de apenas ouvir os agradecimentos do presidente da República e fez um apelo para que continuasse “olhando e amparando a infância e os desportos”[xxxix]. Demonstrava, assim, sua preocupação com o futuro do país, com uma vida melhor para os mais populares, o estrato social do qual emergiu e nunca negou.

Adhemar, em síntese, era representado como uma imagem daquilo que o Brasil gostaria de fazer prevalecer internamente, mas, sobretudo, para o mundo como forma de autoafirmação. Adhemar seria “sem dúvida alguma […] uma das raríssimas instituições do Brasil, que não decepcionam nem se contentam com vices…”[xl]. Mais do que isso, Adhemar – no olhar dos periódicos – seria o portador de um elemento cultural identitário brasileiro original e virtuoso:

Assim é o brasileiro. Quando põe a funcionar o sentimento, ninguém o contém, ninguém o segura, ninguém o amarra. Amigos, permitam-me um esgar de patriotismo, à maneira do Olavo Bilac dos reservistas: – Com sua vitória olímpica. Adhemar Ferreira da Silva esfregou na cara do mundo a alma de todos nós e cada um de nós, o que equivale dizei: — a alma do Brasil[xli].

 Adhemar era a materialização de um grande projeto para o Brasil. A esperança pouco precisa de ser algo que, lamentavelmente, o país ainda não é e deve seguir perseguindo ser, não somente nas construções idealizadas ao redor de um grande atleta, mas como realidade concreta para sua população.


* Texto publicado originalmente em PERES, Fabio de Faria; MELO, Victor Andrade de. Adhemar Ferreira da Silva: Representations of the Brazilian Olympic Hero. In: Antonio Sotomayor; Cesar R Torres. (Org.). Olimpismo: The Olympic Movement in the Making of Latin America and the Caribbean. Fayetteville: University of Arkansas Press, 2020, p. 95-110.

[i] Última Hora, 14 dez. 1956, Tabloide, p. 1.

[ii] Diário Carioca, 19 dez, 1956, p. 6.

[iii] Diário da Noite, 10 dez. 1956, 2ª Seção, p. 6.

[iv] Última Hora, 14 dez. 1956, p. 1. Logo após a conquista da medalha, Juscelino e o vice-presidente João Goulart já haviam telegrafado ao atleta congratulando-o pela conquista (Diário Carioca, 2 dez. 1956, 3ª Seção, Suplemento Dominical, p. 2).

[v] Para mais informações sobre o período, ver: FERREIRA, Jorge, DELGADO, Lucilia de Almeida N. (org.). O Brasil Republicano – O tempo da experiência democrática. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2003.

[vi] Mundo Esportivo, 14 dez. 1956, p. 6.

[vii] Mundo Esportivo, 14 dez. 1956, p. 6.

[viii] Última Hora, 22 nov. 1956, p. 16.

[ix] O recorde mundial de Adhemar só foi definitivamente homologado na reunião da Federação Internacional de Atletismo em Melbourne, durante os Jogos Olímpicos.

[x] O Globo, 19 mar. 1955, segunda seção, p. 1.

[xi] Mundo Esportivo, 30 dez. 1956, p. 13

[xii] Última Hora, 9 nov. 1956, p. 16.

[xiii] Jornal do Brasil, 25 out. 1956, p. 13.

[xiv] Última Hora, 20 nov. 1956, p.8. De acordo com o jornal, Jesse Owens estava em Melbourne como um dos representantes do presidente norte-americano Eisenhower.

[xv] Diário Carioca, 27 nov. 1956, p. 1 e 9.

[xvi] O Globo, 27 nov. 1956, p. 1; Última Hora, 27 nov. 1956, p. 1.

[xvii] Por exemplo, no Mundo Esportivo, na coluna Perguntas e Respostas – dedicada a entrevistar personalidades esportivas, em sua maioria do futebol – comumente perguntava-se “qual é a maior expressão esportiva do Brasil?”. Com frequência os atletas escolhiam o nome de Adhemar, às vezes seguido de termos como “indiscutivelmente” (ver edições de 23 mar. 1956, p. 2; 27 abr. 1956, p. 2; 11 mai. 1956, p. 2; 25 mai. 1956, p. 15; 15 jun. 1956, p. 3).

[xviii] O Cruzeiro, 12 mai. 1956, p. 118.

[xix] A Noite, 31 ago. 1956, 2º Caderno, p. 2.

[xx] Última Hora, 28 ago. 1956, p. 8.

[xxi] Para mais informações, ver: MELO, Victor Andrade; PERES, Fabio de Faria. Primeiros ventos olímpicos em terras tupiniquins. Revista USP, São Paulo, n. 108, p. 39-48, 2016.

[xxii] Última Hora, 28 nov. 1956, p. 16

[xxiii] O Globo, 14/12/1956, p.18.

[xxiv] Última Hora, 14/12/1956, p.8.

[xxv] O Cruzeiro, 12/05/1956, p.118.

[xxvi] O Globo, 26 abr. 1955, p. 12.

[xxvii] Nos anos 1960, Adhemar atuaria também como adido cultural na Embaixada da Nigéria.

[xxviii] A Noite, 31 ago. 1956, p. 3.

[xxix] Última Hora, 14 dez. 1956, p. 8.

[xxx] Correio da Manhã, 22 set. 1956, p. 13.

[xxxi] Correio da Manhã, 22 set. 1956, p. 13.

[xxxii] Correio da Manhã, 4 nov. 1956, 2º Caderno, p. 4.

[xxxiii] Última Hora, 28 nov. 1956, p. 24.

[xxxiv] Última Hora, 28 nov. 1956, p. 8.

[xxxv] Última Hora, 28 nov. 1956, p. 16

[xxxvi] Exemplos das colunas de Adhemar podem ser vistas nas edições do Última Hora de 5 jun. 1956, p. 8, 6 jun. 1956, p. 8, 21 ago. 1956, p. 8 e 29 ago. 1956, p. 8.

[xxxvii] Última Hora, 27 nov. 1956, p.6.

[xxxviii] Última Hora, 18 nov. 1956, p.1

[xxxix] Última Hora, 25 nov. 1956, p.6.

[xl] Última Hora, 14 dez. 1956, p. 6.

[xli] Última Hora, 14 dez. 1956, p. 6.


REMEMORANDO A MEMÓRIA: o futebol como motivo

08/11/2021

Por Edônio Alves

Já afirmei em outro texto meu, aqui no BLOG, que ao estudar bastante a presença do futebol na literatura brasileira em suas mais diferentes formas, pude comprovar, ao menos analiticamente, uma alvissareira constatação: a clara impressão de que, talvez motivada pela centralidade do tema do futebol na nossa cultura, a literatura brasileira já elaborou um conjunto de operações modelizantes, através da contribuição conjunta, sucessiva e pessoal dos seus mais distintos escritores, com as quais construiu um tipo específico de peça literária: o conto brasileiro de futebol.

Nesse contexto, um dos assuntos mais pautados pelos escritores brasileiros que escreveram sobre futebol no gênero conto está a derrota do Brasil para o Uruguai na final da Copa do Mundo de 1950 em pleno estádio do Maracanã, no Rio de Janeiro. Pelo trauma que o fato causou na memória emocional brasileira, o chamado “maracanazzo” tem mobilizado a inteligência narrativa de vários de nossos escritores tornando-se, assim, um assunto típico do conto futebolístico brasileiro.

Nessa rubrica, se inscreve, por exemplo, esse conto que segue aí analisado, composto pelo escritor Hélio Pólvora, a comprovar uma dimensão – e certa tradição – da literatura brasileira que se debruça sobre nossa memória cultural com suas tragédias, glórias e fracassos, incluindo-se aí, o futebol como tema.

O gol de Gighia

Hélio Pólvora

Esse conto que narra as impressões subjetivas de uma criança respingando na sua memória de adulto sobre um fato datado e especialmente trágico para o inconsciente emocional brasileiro: 16 de junho de 1950, dia da derrota para o Uruguai no Maracanã, na Copa de 50, momento em que, contra todas as evidências de sua superioridade técnica, a Seleção Brasileira deixa escapar a oportunidade objetiva de ganhar o seu primeiro título mundial de futebol. E bem na cara da gente, à frente do nosso nariz, sob o testemunho ocular de mais de duzentos mil brasileiros presentes ao jogo final.

Talvez justamente por isso, por glosar ficcionalmente um fato de repercussão traumática para alma individual do personagem-narrador, mas também coletiva do brasileiro em geral, amante ou simplesmente admirador do futebol, esse texto seja carregado de um certo travo de fundo psicológico que convoca o leitor a experimentar aquele clima de ressaca típico das situações concretas de perda material ou simbólica.

Esse intento de efeito dramático é buscado logo no início da estória quando o narrador explora uma atmosfera onírica em que seu personagem acorda de um sonho colorido e alvissareiro em plena manhã da final da Copa, depois de observar que há tempos não tinha um sonho assim. “Afinal, um sonho feliz. Leve ele se sente, e diáfano, naquele 16 de junho”. A estratégia narrativa segue com a descrição adequadamente poética daquele ainda promissor dia do mês de junho: “Dia bonito, aquele, com sol bem brasileiro: forte, claro, luminoso. Um facho, um farol, um fanal”. Afinal, para continuar a melodia marcadamente rítmica desse trecho do texto, nas palavras do próprio narrador, “o feio e o bonito, a salvação e as trevas dos infernos, o brilho e o opaco dependem muito do grau de delírio de cada um. Assim é, se nos parece, e como parece”.

Como no Brasil o futebol também encerra uma espécie de delírio coletivo, o trecho acima, o leitor já terá percebido, é claro e direto na sua meta de ir criando um clima de transição entre o otimismo das expectativas mais profundas do subjetivismo onírico do personagem que “se não o prendem ao chão, seguramente sobe aos espaços, adentra gramados interestelares para, quem sabe?, trocar passes com o príncipe Danilo”, etc..etc..etc;  e os dados da realidade concreta do jogo, que o narrador faz ir surgindo aos poucos, em meio a múltiplas digressões de caráter intimista sobre o seu personagem; bem como da realidade exterior que o cerca naquele certo dia.

Entretecendo tudo isso, é bom que se note, um fato textual bastante eficaz para dar suporte ao objetivo do escritor Hélio Pólvora, neste conto da bola, de articular as instâncias do imaginário e do real na captação das emoções hauridas do universo do futebol, principalmente num momento tão capital como esse de uma final de Copa do Mundo: a presença fundamental do rádio como veículo-ponte entre a realidade (reduto da razão) e a imaginação (reduto da emoção) do personagem.

“Sem a sintonia do rádio, a sintonia do espírito poderá esvair-se como sangue de veias abertas. (…) Fixa-se no rádio sobre a cristaleira. Concentrados estariam, com os pensamentos voltados para o triunfo acachapante, por goleada, os príncipes negros, mulatos e brancos, que arrastariam no gramado do Maracanã o manto de veludo e arminho de sua magia com a bola nos pés. Brasil, campeão do mundo”.

Observe-se que a representação do rádio nesta narrativa vai além do exigido pela sua representatividade reconhecida dentro da própria história do futebol da qual este veículo faz parte como um elemento estruturador e estruturante. Ele tem aqui uma fundamental importância funcional na própria caracterização do modo de ser do personagem principal, na sua transição existencial de menino para adulto. Veja-se esse exemplo:

“Palavras e músicas transmitidas pelo velho rádio, em sussurros e cicios, davam um sentido, ainda que tênue e vago, ao desespero de dias e noites vazias, de infância que se esvai, mas reluta em entrar na vida adulta porque pressente que se vai enlamear”.

Ou este outro, que liga o mundo subjetivo do personagem, o seu mundo interior de cuja formulação já participou, ao mundo real e presente daquele dia 16 de junho: “Difícil acreditar que mecanismos minúsculos nele embutidos filtrem música, teatro ligeiro, canto e, naquele domingo, a narração de Oduvaldo Cozzi ou, se preferir, a gaita de Ari Barroso. Difícil crer que tão simples e banal aparelho, atacado certos dias por uma cascata de pigarros, tosse convulsiva e estalidos, seja o seu portal para o estádio do Maracanã superlotado”.

O rádio era mesmo esse relatado portal na década de cinqüenta. Por ele é que se enxergava mesmo o mundo real através da sua dimensão imaginária. Por isso é que o personagem-narrador tem nele o instrumento condutor de suas angústias daquele dia. Armado dele é que vai enfrentar a ansiedade dolorosa que aqueles acontecimentos tornam inevitáveis: “(…) Come pouco, a mãe estranha. Ora, quem vai entrar em campo para enfrentar o Uruguai de Obdulio Varela, El gran captán, o Uruguai de Máspoli e Mathias Gonzáles, de Schiaffino, Julio Perez e Gighia, pede refeição leve. Está em jogo a Copa Jules Rimet, o cetro máximo do futebol mundial. A felicidade enganadora das ruas”, diz o narrador, misturando seu personagem ficcional aos personagens reais daquela narrativa futebolística de caráter ainda épico e depois, dramático, que se desenrolaria daí a pouco.

Aqui, o personagem-narrador literalmente entra em campo para “enfrentar o Uruguai” e o resto da narrativa segue por conta do rádio, através do “bordado literário de Oduvaldo Cozzi” que “esgarça-se na chiadeira de panela de pressão”.

Numa atitude narrativa de invenção e perspicácia, o narrador do texto cede a palavra ao narrador do rádio para que seu personagem continue sua estória tecida pelos fios da lembrança. Lembrança dramática e dolorida porque àquela altura do campeonato a partida estava empatada e só o que ouve são os ecos insistentes daquela frase famosa:  “- No passarán!”, proferidos pelos uruguaios, na voz profética de La Pasionaria”.

O jogo de futebol e o da narrativa descem ao seu final em ritmo de uma agonia que a memória sofregamente recupera para o leitor:

“A tarde suspensa estagnada aguarda o berro do desempate. Bigode, Bigode, eu te reconheço. Quem te mandou esquecer os carrinhos de half-back da várzea? Foi o técnicos Flávio Costa? Ficas a ciscar na lateral esquerda, em torno de Gighia, olha que o tempo passa, Gighia é rápido, vai levando, avança pelo flanco direito, abre-se ali um corredor, de repente Gighia finge que vai cruzar para Schiaffino ou Miguez, ou então passar a redonda a Julio Perez, mas resolve chutar, o chute sai rasteiro, aflorando o gramado, entra no canto esquerdo de Barbosa, Uruguai 2 a 1.”

Pronto: a hybris dos gregos se instalou aí nesse fato comum de um jogo de futebol, o gol. Entretanto, devido às circunstâncias em volta, a situação de cúmulo da expectativa dos brasileiros em ganhar a partida, coisa tão óbvia que o destino, relapso, esqueceu de consignar, a coisa se inverte e o que se deu… o que se deu… o que se deu… só a memória mítica do futebol brasileiro sabe.

Pela força da magia da comunicação estética, aqui representada pela boa linguagem literária, esta narrativa de Hélio Pólvora é uma oportuna maneira de se experimentar tudo, outra vez! Ou de se exorcizar tudo outra vez. Talvez!

SOBRE O AUTOR:

Hélio Pólvora de Almeida nasceu numa fazenda de cacau, no município de Itabuna, Bahia, em 2 de outubro de 1928. Passou 32 anos no Rio de Janeiro e reside em Salvador desde 1990. Atuou em vários veículos importantes de comunicação, entre eles, Jornal do Brasil, Correio da Manhã, Diário de Notícias, Diário Carioca, Correio Braziliense e revista Veja. É contista, crítico literário, cronista e tradutor. Sua estréia literária deu-se em 1958, com Os Galos da Aurora, publicado com o selo da Civilização Brasileira; seguiram-se, a partir daí, cerca de 25 títulos. Conquistou importantes prêmios literários, entre os quais os da Bienal Nestlé de Literatura, anos 1982 e 1986, primeiro lugar, gênero conto, e mais os prêmios da Fundação Castro Maya, para o livro Estranhos e Assustados, e Jornal do Commercio, para Os Galos da Aurora. A história curta, O gol de Gighia, está publicado na coletânea, Contos brasileiros de futebol, organizada em 2005 por Cyro de Matos, sob os auspícios da Editora LGE, de Brasília.