El México profundo de la lucha libre

Por David Quitián

Tuve la fortuna de pisar suelo mexicano por cuarta vez en mi vida: participé en el reciente congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología, celebrado en la segunda semana de octubre del presente año. Como siempre acontece, recorrer el Distrito Federal es un viaje a mi infancia y un recorderis permanente de que soy latinoamericano. Sin embargo, una práctica sociocultural atrajo toda mi atención en este viaje: la lucha libre… la mejor mixtura entre deporte y espectáculo que haya sido inventada. Tan prendado quedé, que no resistir escribir estas líneas para nuestro blog del Laboratório de História do Esporte y do Lazer, Sport. Aquí unas atropelladas consideraciones:    

México es una marca poderosa. Su mención evoca magnética música popular, incandescentes comidas y bebidas, omnipresencia indígena y un panteón de héroes locales que lograron alcance regional gracias al potencial globalizador de la mass media.

Las mercaderías rodean la Arena México

El mercado popular hace parte de la industria cultural de la lucha libre mexicana: máscaras, camisetas, muñecos alusivos a los luchadores y demás souvenires integran la parafernalia ofertada en las afueras de la Arena México

Por las ondas hertzianas, primera en onda corta y luego en AM (amplitud modulada), supimos de la música ranchera y de sus icónicos ejecutantes: los mariachis, que luego de la Revolución de 1910, fueron progresivamente aceptados como símbolo del país. Nombres como José Alfredo Jiménez, Antonio Aguilar y Vicente Fernández se erigieron en ídolos latinoamericanos en virtud de la popularización de la radio y el espectro de su señal.

La industria cinematográfica mexicana, especialmente en su “Época de oro” (1936- 1959), también construyó su propia mitología: Pedro Infante, Dolores del Río, Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, Tin Tan, “la doña” María Félix. Capítulo aparte merece Cantinflas: principal representante del idioma plebeyo- ladino con su lema “cuando digo una cosa, digo otra”.

La TV no se quedó atrás: optimizó el prodigio de las radionovelas con las telenovelas, que elevaron a la categoría de divas a actrices como Verónica Castro; pero que encontró en otro humorista su punto más alto: Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, que ya hace parte del patrimonio popular latinoamericano con sus magníficos personajes, particularmente el Chavo del 8 (Chaves en portugués) y El Chapulín Colorado.

De la misma forma, el comic tuvo un desarrollo importante en la patria del tequila y el mezcal: Arandú, Kalimán, Memín y el enmascarado de Plata, mejor conocido como “El Santo” son los héroes de historieta más celebres, no solo a lo largo y ancho de esa nación, sino en toda la América de habla hispana. Eso con una salvedad: El Santo no fue una mera invención de tira cómica, él era la expresión animada (en fotomontajes color sepia) de un héroe de carne y hueso, que protagonizó 52 películas, ostentó varios cinturones de campeón de lucha y realizó más de 5000 combates reales en su vida.

El Santo, como Huracán Ramírez y Blue Demon hacen parte del grupo pionero de luchadores que forjaron lo que hoy día es la lucha libre mexicana: una escuela, un estilo y –una vez más- un operador de nacionalidad de lo que el antropólogo Bonfil Batalla llamó México profundo.

Si presenciar una velada de lucha libre mexicana resulta una experiencia única, sumergirse en su generosa oferta -especialmente en el Distrito Federal- puede ser una de esas aventuras singulares en las que se pasa de la incredulidad, a la admiración y de ahí al asombro.

Sin duda la lucha mexicana contiene un atractivo poderoso: desafía el escepticismo de sus hinchas renuentes con la temeridad de sus practicantes y condimenta la insipidez de lo atlético con la teatralidad de sus combates. A continuación, trataré algunos interrogantes sobre la lucha. Lo hago más como un intento por comprenderla, que como un dictamen de un experto. Es también una provocación. Los invito a subirse conmigo al ring.

La máscara es parte esencial de la lucha. Otros optan por las largas cabelleras. Unas y otras son puestas en juego en combates decisivos.

La máscara es parte esencial de la lucha. Otros optan por las largas cabelleras. Unas y otras son puestas en juego en combates decisivos.

¿Es de mentiras o de verdad? ¿Se pegan en serio o es una farsa?
No existe, ni en México ni en el mundo, un golpe de mentiras. Un golpe es un golpe, una patada es una patada, una plancha es una plancha. Lo que acontece es que los luchadores son profesionales y amortiguan sus golpes (los que dan y los que reciben). Las fracturas y lesiones son gajes del oficio de esta práctica atlético-dramática en la que siempre se expone el pellejo y la sensación de muerte ronda cada “caída” de los luchadores.

¿Por qué usan máscaras? ¿Por qué se disfrazan?
La pregunta remite a un enigma mayor: la fascinación del México ancestral por los antifaces y las pinturas faciales y corporales. La teatralización de su vida a través de la comedia (ya hablamos de su vocación por los humoristas), pero también de la tragedia expresada en su culto a la muerte que tiene en el día de los difuntos (02 de noviembre) su culmen. Irse a la chingada es el lema de esta veneración. Por eso desde el maquillaje guerrero de los aztecas, hasta el pasamontañas del Sub comandante Marcos, podemos trazar una genealogía de las máscaras en la patria de Pancho Villa y Emiliano Zapata.

¿Cuál es la diferencia de la lucha libre mexicana con otras “luchas”?
Sin duda su espectacularidad. Su acrobacia. La levedad y ligereza de sus gladiadores. Por definición la lucha libre es una performance: una puesta en escena; sólo que los mexicanos llevaron más lejos ese concepto al inventar maniobras aéreas e incluirle el dualismo de rudos y técnicos. Usando las cuerdas y postes del cuadrilátero y valiéndose de técnicas a la vez gimnásticas y de equilibrismo circense, los luchadores mexicanos parecen estar siempre en el aire y el gusto de los aficionados ha ido privilegiando la técnica de lances voladores que la fortaleza de las sumisiones de la escuela estadounidense.

¿Qué es eso de rudos y técnicos?
Es una estrategia dramática mexicana que apela al maniqueísmo, pero que se complejiza con el propio ritmo de los combates y el favor del público. En otras palabras: no es estrictamente un asunto de “caballería vs apaches”, de héroes y villanos; es más bien la tensión entre dos estilos que representan una visión polarizada del mundo. De un lado la técnica, en un principio asimilada al respeto de las normas, la simpatía y la estética del movimiento; del otro la rudeza, expresada en el descontrol, la maledicencia y violencia. Sólo que no todo técnico es héroe y no siempre gana el bueno: el público ha elegido adorar rudos y muchas veces son los malos los que se imponen en las luchas, pese a la opinión contraria del público.

Un entrenamiento en un coliseo de barrio: la Arena Azteca Budokan

Un entrenamiento en un coliseo de barrio: la Arena Azteca Budokan

¿Dónde se lucha en México?
En cualquier parte. Puede ser un punto en la celebración de un matrimonio e incluso un sketch con fines publicitarios en un centro comercial. Ha habido presentaciones en aeropuertos, salones comunales, escuelas, iglesias, parques, calles céntricas y de barrio y –las más convencionales- en las decenas de coliseos (llamados “arenas”) de la conurbación de Ciudad de México y de otras ciudades del país; así como en los dos principales centros de este arte en el DF: la arena México (llamada la catedral de la lucha libre), abierta para la lucha en 1956 y en la arena Coliseo (construida en 1934) de corte más popular.

Mejor conocida como la Catedral de la lucha libre: la arena México

Mejor conocida como la Catedral de la lucha libre: la arena México

¿Cuál es el ente que regula esta práctica?
En México es el Consejo Mundial de Lucha Libre, CMLL.

Se quedan interrogantes sin resolver, pero así es México, un país con la potencia enigmática de las serpientes emplumadas y el poder de invención de la ola de las graderías en México 70. Un pueblo donde Moctezuma sigue vivo y se venga diariamente con el picante (el chile) de sus tacos, tortillas y enchiladas. Un país que vio coronarse a Pelé y Maradona… un pueblo de formidables murales, pirámides… de toreo y corridos. Un país de máscaras que siempre está de fiesta y en el que sus luchadores vuelan más para asombrar que para vencer.

Luchadores en acción en el ring de la arena México

Luchadores en acción en el ring de la arena México

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