Un balance deportivo de Colombia en el 2016

Por: David L. Quitián Roldán

En un año de Juegos Olímpicos que incluyó una Copa América excepcional (la “Centenario”), el interés nacional estuvo centrado en sus deportes hegemónicos: el fútbol y el ciclismo, que no decepcionaron por logros como la Copa Libertadores ganada por Atlético Nacional y el título de Vuelta a España de Nairo Quintana; sin embargo, la actuación de las mujeres sobrepasó todas las expectativas y tiene en las figuras de la triple saltadora Caterine Ibargüen y de la bicicrosista Mariana Pajón, ambas medallas de oro en RIO 2016, dos estupendos ejemplos para demostrarlo.  

La Selección Colombia en baja; los clubes en alza

En un año de buenas figuraciones y triunfos significativos, la selección nacional de fútbol dirigida por el argentino Néstor Pékerman fue la nota discordante: en ocho partidos apenas sumó 14 puntos (para un rendimiento del 58,3%) que la tienen por fuera de las clasificadas al Mundial de Rusia 2018.

Eso no significa que se haya resignado la posibilidad, pero si evidencia que la jubilación de líderes como Faryd Mondragón, Mario Yepes, Amaranto Perea y la no convocatoria de otros -que brillaron en las eliminatorias y en la Copa Mundo Brasil 2014- como Pablo Armero, Camilo Zúñiga, Fredy Guarín, Teófilo Gutiérrez y el mismo Falcao (que regresó sin la eficacia de antes), han sido factores determinantes en el rendimiento del equipo que no ha logrado definir un estilo de juego después del Mundial y suma lánguidas actuaciones en las dos copas América disputadas desde entonces.

A ese problema del cuerpo técnico argentino para “encontrar” el equipo base, se añade la pérdida de confianza de buena parte de la prensa especializada y de la afición que, después del ensueño brasileño, han pasado de la entrega total a los pedidos de despido en las tribunas periodísticas y a los abucheos, desde las graderías del estadio Metropolitano de Barranquilla, cuando la selección juega de local.

Por contraste, los clubes colombianos han cualificado su presencia internacional como lo demuestra el siguiente indicador: siempre hubo un equipo nacional disputando, desde el año 2014, la final de la Copa Sudamericana (Santa Fe la levantó en 2015 y Nacional perdió en 2014 por razones deportivas y cedió el título del 2016 al Club Chapecoense).

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Con la Copa Libertadores el balance es similar: desde el año 2013 se registra presencia de elencos nacionales disputando cuartos de final, semifinal o la final que –en el primer semestre de este año- coronó por segunda vez en su historia al “verde de la montaña”.

Los destacados desempeños en esos torneos significaron, además de los réditos simbólicos del prestigio, un aumento de la cotización de la liga nacional (mayor venta de futbolistas al exterior, más llegadas de extranjeros; más patrocinios y circulación de divisas) expresada en hechos como el inédito interés por transmitir la liga colombiana en otros países como aconteció este año en Brasil que la televisó a través del canal Band Sports.

Ascenso del América: regreso de rivalidades 

Mención especial merece el regreso del América de Cali a la categoría A del fútbol colombiano. Su caída de hace cinco años a la ‘B’ debe ser leída en el contexto económico y geopolítico de entonces que registraba los últimos estertores del vínculo de narcotráfico y fútbol que campeó en los ochenta y primera mitad de los años noventa.

Así, a la sanción jurídico-económica sobre “la mechita” -como la llaman sus hinchas- expresada en su ingreso a la Lista Clinton que le espantó todos sus patrocinadores y condenó al equipo a vivir como un paria financiero, se sumó la condena simbólica de su pérdida de categoría en la primera división. Y lo peor, al fracaso reiterado de posibilidades de ascenso por causa de la magra organización que sobrevivió a la purga.

Eso explica las pancartas de algunas de sus hinchadas en las que sumariamente se reiteraba el mismo mensaje: “tranquilos: el diablo les pagó la cuenta” refiriéndose a su condición de chivo expiatorio de una culpa general que nadie más asumió. Más allá de esa valoración, el descenso prolongado del América logró vigorizar (y visibilizar) la categoría B que prácticamente no existía: este torneo se empezó a televisar y se convirtió en agenda informativa de los medios que acompañaban el drama del “grande caído en desgracia”.

Su ascenso también trae consecuencias: el regreso del clásico local con el Deportivo Cali y la reedición de duelos regionales con Millonarios y Nacional; últimos dos rivales con los que comparte la condición de ser equipo nacional (con hinchas por todo el país) y con los que mantiene una disputa por el mayor número de títulos ganados en la que el verde de Medellín, ante la ausencia del rojo de Cali y la aridez deportiva del azul de Bogotá, sacó una luz importante en el último lustro.

 Los escarabajos siempre en el podio

De enero a diciembre el ciclismo no cesó de arrojar buenos resultados: en carreteras de los cinco continentes “los nuestros” agregaron a la imagen de ser oriundos de una nación de escaladores, la mejora de habilidades en todos los terrenos, como lo demuestran los 12 triunfos en competencias del circuito internacional World Tour.

Cosecha que, en el mundo de hoy, diluye cualquier intento de seguir explicando nuestro ciclismo a través de la tesis de la “generación espontánea”. Es más plausible comprender esos nuevos y buenos tiempos a partir de la decisión del ciclismo nacional por globalizarse sin perder su impronta local: el ejemplo de Nairo Quintana (y Rigoberto Urán) preparándose en las montañas colombianas con la ciencia, tecnología e infraestructura de sus equipos extranjeros, ilustra ese exitoso modus operandi.

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El cuarto lugar por naciones y la ubicación de Nairo y Esteban Chávez entre los 10 primeros del ranquin general del año 2016 de la Unión Ciclística Internacional, UCI, nos muestra con claridad el panorama en el que Colombia es el único país latinoamericano con representación y disputa por los sitiales de honor.

Sin embargo, fueron los tres podios en las tres grandes de Europa (Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España) las que concitaron mayor expectativa y seguimiento de las audiencias colombianas. El momento cumbre fue la victoria de Quintana sobre el británico Christopher Froome, en la ronda ibérica,  que significó el título y la prueba de que el espigado corredor del Team Sky no era imbatible. Escenario que anticipa un apasionante Tour (del 2017) que esperamos salde una materia pendiente del ciclismo nacional.

Además de los resonados triunfos de Nairo (Tour de Romandía, Ruta del Sur y vueltas a Cataluña y España), el “Chavito” (podio de Giro y Vuelta; campeón de Giros de Emilia y Lombardía) y Rigo (podio en  Lombardía), otros nombres dignos de ser mencionados por sus triunfos son: Dáyer Quintana (Tour de San Luis), Egan Bernal (Tour de Bihor), Walter Vargas (Panamericano de Ruta), Fernando Gaviria (Primus Classic Impanis), Miguel Ángel “Superman” López (Clásica Milano-Torino y Vuelta a Suiza) y Sergio Luis Henao, Járlinson Pantano y Darwin Atapuma (gregarios destacados de Sky, IAM Cycling y BMC, respectivamente).

Ya en el plano nacional, en lo que respecta a la Vuelta a Colombia, vale mencionar que luego de tres años de dominio extranjero, en específico del español Óscar Sevilla, la ronda nacional volvió a ser ganada por un compatriota: Mauricio Ortega, con subcampeonato de Sevilla.

 La gloria olímpica

Capítulo especial merece la gesta olímpica. Ocho medallas, igualando el número de Londres 2012, pero mejorando el color de ellas: tres de oro, 2 de plata y tres de bronce, que ubicaron al país en el puesto 23 del medallero general y como tercero en América Latina, apenas por detrás del anfitrión Brasil y del tradicional poderío cubano.

La cosecha demuestra que hay planificación y estrategia en el Comité Olímpico Colombiano (COC) que, en su mayor porcentaje con presupuesto oficial, viene desarrollando un plan de acción que permite pensar que la mejoría seguirá su curso a juzgar por el número de diplomas olímpicos (distinciones del 4° al 8° lugar) ganados por atletas colombianos en Rio 2016: 14 en total.

La fórmula del COC ha sido combinada: de un lado apuesta por deportes histórica y culturalmente consolidados en el país como el boxeo y el ciclismo (al que incluyó el BMX) y del otro estimula disciplinas con menor tradición, pero estratégicas en la suma de medallas, como el levantamiento de pesas y los deportes de contacto (especialmente la lucha y el judo).

La crítica, la única posible, es que las medallas no pueden ser objetivo aislado: al usar recursos públicos, estos deben priorizar el beneficio mayor que no solamente se atiende con el orgullo patrio por los campeones. Algo más: al priorizar deportes individuales disminuyen gastos (lo cual es, sin duda, una medida inteligente para luchar con las potencias económicas en el reñido ámbito del alto rendimiento); no obstante, eso deja por fuera el de por sí magro desarrollo de deportes de conjunto en el país.

Poder y conquistas femeninas

Este balance no puede cerrarse sin reconocer el protagonismo de la mujer colombiana del último tiempo y del 2016 en particular. Papel destacado que es doblemente meritorio al inscribirse en un campo social que hasta hace poco tiempo era territorio absolutamente masculino: el deporte. En esa perspectiva, es una conquista social de las mujeres.

China Athletics Worlds

Logro expresado en hechos como la fuerza incontenible del fútbol femenino que empujó a que la Dimayor diera vía libre a la liga profesional de fútbol femenino en 2017 y en la decisión de los directivos de la Federación de ciclismo de realizar la primera Vuelta a Colombia femenina en 2016 que, desde el año entrante, tendrá reconocimiento de la UCI

¿Quieren más razones? La invencibilidad y carisma de Caterine Ibargüen y Mariana Pajón, premiadas recientemente como las mejores de Colombia, en un año de por sí lleno de campeones, es prueba irrefutable.

@quitiman

 

 

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