Puerto Rico entre huracanes y colonialismo: lecciones del deporte

Dr. Antonio Sotomayor
Profesor y Bibliotecario en la Universidad de Illinois y autor de The Sovereign Colony: Olympic Sport, National Identity, and International Politics in Puerto Rico
.

Han pasado más de cinco semanas desde que el huracán María azotara catastróficamente a la isla de Puerto Rico. La situación crítica y la respuesta inadecuada de las autoridades federales han llamado la atención de la comunidad internacional. Ante la crisis humanitaria en Puerto Rico tras el paso del huracán, han sido muchas las personas que han indicado que los afectados son “americanos.” ¿Son los puertorriqueños americanos o puertorriqueños? Para muchos, esta pregunta sería fácil de contestar: son puertorriqueños. Y la más clara evidencia de ello es su equipo olímpico nacional. Para otros, la respuesta podría comenzar con un “depende,” debido a que Puerto Rico es un territorio no incorporado de los EEUU y que los puertorriqueños han sido ciudadanos de los EEUU desde 1917. Esta aparente ambigüedad en definir a los puertorriqueños como americanos o no es una pieza clave en la respuesta de la administración Trump ante el paso del huracán María por la isla.

Puerto Rico y sus habitantes continúan en una crisis humanitaria, a más de un mes del paso del huracán María, el cual azotó esta isla caribeña el 20 de septiembre con vientos sostenidos de hasta 155 millas por hora y dejando en algunos lugares casi 40 pulgadas de lluvia. El huracán provocó billones de dólares en daños, los cuales se suman a los 74 billones de deuda que ya cargaba el territorio antes de María. Ante esta calamitosa imagen, el llamado a EEUU para que ayude a Puerto Rico ha sido bajo la premisa de que los puertorriqueños son “americanos” y, por ende, deben recibir ayuda completa, inmediata y sin condiciones. Ciertamente, algunos puertorriqueños se sienten tan americanos como cualquiera en los 50 estados de la Unión. Pero, muchos otros no dirían que primero son americanos, sino que son puertorriqueños con ciudadanía estadounidense. En este sentido, y como se ha dicho en otros espacios, la puertorriqueñidad es nacional y la ciudadanía estadounidense es un tecnicismo de acceso conveniente. La diferencia en estos dos puntos es importante y creo que va al centro de la pobre respuesta de la actual administración Trump. O sea, los estadounidenses ven, no erróneamente, a los puertorriqueños como un pueblo diferente de los EEUU, otra nacionalidad, y por ende no los ven como ciudadanos estadounidenses. Como veremos, el deporte provee una buena ventana para observar la intersección entre identidad, los esfuerzos de reconstrucción después de María y la administración de Donald Trump.

Por lo general, los puertorriqueños rechazaron la campaña de americanización de los Estados Unidos durante el principio del siglo XX luego de la invasión de 1898, la cual buscaba substituir la cultura hispana por la anglo-sajona y así acercarlos a una posible admisión como un estado de la Unión. Paralelamente y desde entonces, los puertorriqueños han defendido su hispanidad como pueblo iberoamericano, lo cual ha sido suficiente para crear la idea de que Puerto Rico es oficialmente un país soberano. Que más de la mitad de los estadounidenses ignoren que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses no debería ser sorpresa. Durante esos años de la negociación al plan de americanización, los puertorriqueños sí adoptaron los deportes (e.g. beisbol, baloncesto, volibol) como una práctica cultural progresista y los añadieron a su repertorio de elementos de identidad puertorriqueña.

Por lo tanto, los deportes, especialmente el Movimiento Olímpico, nos pueden ayudar a entender mejor la complejidad de la identidad puertorriqueña. Los puertorriqueños tienen su propia delegación olímpica desde 1930 como nación caribeña y latinoamericana, pero participan en el ciclo Olímpico ostentando su ciudadanía estadounidense. Los puertorriqueños valoran su delegación olímpica, pues ven en ella la única forma de tener una visible presencia internacional, una voz como nación dentro del concierto de naciones. Al hacer esto con su ciudadanía estadounidense, la cual valoran como medio de acceso fácil a los Estados Unidos y, por ende, como una protección económica y social, perciben que tienen lo mejor de dos mundos: nación y orgullo cultural + estabilidad económica y política. Este orgullo nacional quedó claro cuando Mónica Puig ganó la medalla de oro en tenis durante los Juegos Olímpicos de Rio en 2016 y cuando el equipo de beisbol llegó invicto al juego final del Clásico Mundial de Beisbol (CMB) en marzo de este año.

Si bien para los puertorriqueños los triunfos en las Olimpiadas y el CMB fueron extraordinarios, los mismos ocasionaron confusión de parte de algunos en Estados Unidos, quienes no entendían la relación compleja entre la política y la cultura de los puertorriqueños. Algunos no entendían por qué Puig, recibida en la isla como heroína, ganó una medalla para PR cuando al Puerto Rico ser un territorio de los EEUU la medalla debería ser otorgada a los EEUU. Similarmente, la recepción como héroes del equipo nacional de beisbol luego de su actuación en el CMB fue vista por algunos en EEUU como incomprensible. Estos ignoraron la capacidad del deporte para proyectar a Puerto Rico como nación, el nivel de unidad que los deportes internacionales logran entre los puertorriqueños e ignoraron también que a veces perder una medalla de oro, sino quedarse con la de plata, no es sinónimo de fracaso. Al ganar su medalla de oro, Mónica Puig dijo en entrevista que había unido a una nación. Similarmente, Yadier Molina, en entrevista previa al juego final del CMB, declaró que “Esto es por nuestro país. Te envuelve la emoción cuando juegas por tu país.”

Una voz de defensa y reclamo constante durante la actual crisis ha sido la de la alcaldesa de San Juan Carmen Yulín Cruz Soto. La alcaldesa, perteneciente a la ala soberanista del tradicional Partido Popular Democrático, se ha dado a conocer internacionalmente por retar a la administración federal para que responda adecuadamente a su responsabilidad de proteger a los puertorriqueños de esta crisis humanitaria. Durante su juventud, Carmen Yulín fue capitana del equipo de atletismo en la Escuela Superior de la Universidad de Puerto Rico, donde aún ostenta un record en la carrera de los 400 metros lisos. Cuando Mónica Puig gana la primera medalla de oro para Puerto Rico, Carmen Yulín rápidamente la halagó por ser una “¡Mujer valiante, Boricua en palabra y acción!” Igualmente, ante un tuit del Comité Olímpico Internacional diciendo que Puig había ganado la medalla “para su equipo,” Yulín los corrigió diciendo que lo había hecho “¡por su país!”

Debemos notar que el centro de mando de Yulín en el Coliseo Roberto Clemente (nombrado en honor al héroe deportivo nacional puertorriqueño por excelencia) exhibe en su entrada principal una gigantesca bandera puertorriqueña.

.

Esta bandera muestra el color azul cielo asociada con el sector independentista y soberanista. Este color azul cielo también ha sido usado por el Comité Olímpico de Puerto Rico. Disponible en: https://www.telesurtv.net/english/news/Puerto-Rico-Mayor-Says-Trumps-Comments-Were-Insulting-20171004-0017.html

.

A su vez, el color contrasta con el azul marino asociado con la bandera de EEUU y con el movimiento anexionista, al cual pertenece el gobernador Ricardo Rosselló. Disponible en: http://www.fortaleza.pr.gov/content/el-pa-s-recibe-sus-embajadores-ol-mpic

.

.

Si bien el deporte internacional envía un mensaje claro de que Puerto Rico es una nación, sus ciudadanos tienen la ciudadanía estadounidense. Y como tales, tienen derecho a recibir ayuda inmediata y completa del gobierno federal ante la crisis. La actitud de reclamo de la alcaldesa Cruz Soto ante la responsabilidad del gobierno federal de proveer esa ayuda fue más que una razón para que el presidente Trump la atacara, llamándole, entre otras cosas, “nasty.” Después de esto y durante la visita de Trump a Puerto Rico el 3 de octubre, los deportes volvieron a servir de ventana especial para ver la relación política entre Puerto Rico y EEUU. Vimos al Presidente Trump lanzando papel toalla, con técnica baloncelista, a un pequeño público de simpatizantes.

.

.

Para los puertorriqueños, el acto fue muy bien interpretado, pues el baloncesto es uno de sus deportes favoritos. Y no nos olvidemos de que la selección nacional puertorriqueña de baloncesto le propinó al llamado Dream Team de EEUU su peor derrota en el baloncesto olímpico. El mismo fue otro episodio significativo de nacionalismo deportivo puertorriqueño. El mensaje del 3 de octubre, enviado en lenguaje deportivo, fue más que revelador de un presidente enajenado de todo tipo de empatía moral. El acto refleja, en perfecta metáfora deportiva, el rol de los EEUU con sus súbditos coloniales: el apoyo federal para los puertorriqueños equivale a que se les arrojen meras migajas. Y estas migajas, tal cual la ciudadanía estadounidense, no equivale a lo que los puertorriqueños necesitan: desarrollo de una economía autosuficiente.

A pesar del fracaso de la economía colonial en Puerto Rico, los Estados Unidos no han asumido una postura razonable ante la crisis fiscal y social en la isla. Por el contrario, bajo la firma del presidente Obama, el Congreso envió en el 2016 una Junta de Control Fiscal que, en vez de proveer un desarrollo realista de la economía, lo que ha hecho es proponer medidas de austeridad extrema. Las acciones, o inacciones, del gobierno estadounidense han provocado nuevas olas de alarma y llamados para reformas de envergadura.

El 3 de octubre, los puertorriqueños no necesitaban papel toalla; necesitaban el anuncio y estrategia de implementación de un plan de asistencia comprensivo y adecuado a la urgencia de una crisis humanitaria.

Creo que el hecho de que los puertorriqueños sean un pueblo netamente iberoamericano es la razón por la cual esta actual administración en los EEUU, la cual se ha decantado por una política de odio, dedica tan pocos recursos e interés en aliviar la crisis. No veo cómo bajo la probada relación entre Trump y las posturas que defienden el nacionalismo blanco, esta administración se volcaría para ayudar sin restricciones a un territorio que es mayoritariamente mulato, que habla español y que hasta se considera una nación Caribeña y Latinoamericana distinta a los Estados Unidos.

Los puertorriqueños no son americanos, son puertorriqueños. Llamarles americanos e igualarlos a cualquier estadounidense en cualquiera de los 50 estados, sería una gran tergiversación y hasta un atentado contra el derecho a una nación a existir. Llamarlos americanos sin estar conscientes de su sentido de pueblo soberano atenta contra un proceso histórico sobresaliente donde los puertorriqueños en vista de un poderoso proceso de americanización optaron por mantener su cultura latinoamericana ante la presión de asimilación de la potencia cultural más poderosa de todos los tiempos.

Los puertorriqueños también son ciudadanos estadounidenses, por imposición desde 1917. Como tal, los puertorriqueños tienen una obligación de registrarse a los 18 años para participar en guerras de EEUU y muchos han servido desde la Primera Guerra Mundial. Esta situación entre identidad y ciudadanía de los puertorriqueños no debe ser complicada de entender, si tomamos en cuenta que la relación entre EEUU y Puerto Rico es una colonial. Y como colonia, los puertorriqueños son vistos como externos a EEUU, y por lo tanto no se “merecen” la misma asistencia y atención que los estados fidedignos. El “olimpismo colonial” de Puerto Rico nos deja ver que existe una nación vigorosa y orgullosa, pero a la misma vez atada por las camisas de fuerzas de la subordinación colonial. Aunque el olimpismo colonial puede ser un fantástico tema de investigación académica, en tiempos de crisis como el que vive Puerto Rico hoy, el juego entre nación y colonialismo puede ser uno, literalmente, de vida o muerte.

.

Anúncios

Comentários encerrados.

%d blogueiros gostam disto: