Los primeros momentos del turf en Montevideo: el Hipódromo Nacional de Maroñas (1888)

Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)

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Hipódromo Nacional de Maroñas, Enrique Moneda, 1900. Imagen tomada de: http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy:8080/jspui/bitstream/123456789/18588/3/postal_D11070.jpg

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Montevideo en los últimos años del siglo XIX

¿Cómo pensar un abordaje de la historia del turf en Montevideo? Partimos de los aportes que ha realizado Victor Andrade de Melo, quien cuenta con numerosos trabajos sobre historia del deporte para el caso de Brasil y específicamente en Río de Janeiro. El autor nos sugiere, que es necesario considerar a la historia del deporte como una historia de las prácticas del entretenimiento (Melo, 2015). Melo analiza la conformación del Deporte carioca como una diversión en Rio de Janeiro en el siglo XIX.

Por otro lado, Victor Andrade de Melo también asevera que la práctica deportiva de la población brasileña puede ser muy útil para la comprensión histórica de la estructura socio-cultural de una época (Melo, 2004). Esta segunda línea interpretativa también guiará este trabajo, tratando de comprender el caso montevideano. El espíritu del trabajo es aproximarnos a los sentidos y significados para las clases sociales que tiene el deporte, en este caso, el turf.

Debemos comenzar por las características de la sociedad montevideana en los últimos años del siglo XIX. En 1889 se realizó un censo en Montevideo y en 1900 se hizo uno de todo el país. Para 1889 se estima que Montevideo tenía unas 215.000 personas, mientras que el resto del país 711.000 habitantes.  Por otro lado, se calcula que el 18% de la población total del país eran extranjeros, lo que nos indica que era un número alto. Pero si se mira solamente Montevideo, la presencia extranjera a fines del siglo XIX rondaba los niveles del 40%.

La estructura social era muy estratificada, con forma piramidal de base ancha en donde se ubicaban las llamadas “clases y etnias dominadas”, un sector de capas medias que creció con la inmigración y el ascenso social de los extranjeros y un pequeño sector compuesto por las élites dominantes (Duffau y Pollero, 2016, p. 199). En esa sociedad de tipo rígida, existían algunos casos de movilidad social. Como indican Duffau y Pollero “la posibilidad de ascender económicamente conformó un sector intermedio que incluyó a artesanos, comerciantes de ciudades y pueblos, funcionarios burocráticos, militares con grado, así como personas que se dedicaron al ejercicio de profesiones, caso del derecho o la medicina” (2016, p. 200).

En la parte superior de la pirámide se encontraba la “oligarquía mercantil agraria” (prósperos empresarios y terratenientes –muchos extranjeros-, denominad patriciado local). Esta clase constituyó la clase política dirigente del período colonial y la primera mitad del siglo XIX. En las familias del patriciado era común tener muchos hijos como estrategia de reproducción social y consolidad su posición social.

Luego, entre los sectores económicos ascendentes se encontraban los inmigrantes que se habían dedicado a actividades agropecuarias y comerciales. Este sector a mediados del siglo XIX se incorporó a las elites a través de enlaces matrimoniales que se convirtieron en base del patrimonio y el prestigio.

De acuerdo al historiador Henry Finch (2014), los orígenes de la clase media urbana está en el último cuarto del siglo XIX. Coincide con una época de inserción de Uruguay en un sistema económico global dirigido por Londres y los inmigrantes europeos. El proceso económico uruguayo del último cuarto del siglo XIX implicó la fuerte presencia británica en la región lo que provocó el debilitamiento del patriciado producto de la pérdida de sus intereses en la tierra, el comercio y los saladeros, a manos de los europeos.

La clase dirigente urbana estaba vinculada fundamentalmente al comercio y a las finanzas. En la década de 1880 los inmigrantes de épocas anteriores que pasaron a ocupar posiciones relevantes dentro de la elite económica fueron reforzados por la ola de recién llegados del sur de Europa. El efecto fue el “rápido crecimiento de la capital, crearon un mercado doméstico “masivo” por vez primera, e introdujeron la capacidad empresarial para explotarlo (…). Algunos inmigrantes se enriquecieron a través de la industria, pero la estructura económica de fin de siglo estaba firmemente asentada sobre el comercio y la ganadería” (H. Finch, 2014, p. 54).

La historiadora Alba Mariani (2013) investiga los negocios británicos en el Río de la Plata, analizando diferentes personajes británicos del círculo comercial y financiero. Existen varios casos y personajes que son objeto de estudio en sus investigaciones, pero hay uno que nos interesa debido al vínculo con nuestro tema: Tomas Tomkinson (1804-1879). Su padre arribó al Río de la Plata en 1806 con las invasiones ingleses, integrando los batallones de rifleros reales  Tomas Tomkinson nació en Endon, Reino Unido pero desembarcó en Montevideo en 1828 a los 24 años como representante e intermediario de la casa importadora “Stanley, Black and Co.”, firma que con posterioridad se transformó y giró bajo la razón social “Tomkinson ando Co.”.

Tomas Tomkinson incursionó en la principal industria del país: el saladero. Fue propietario del saladero Casa Blanca en el Cerro con gran actividad anual, se sacrificaban entre 35 a 40 mil cabezas de ganado vacuno al año. También fue parte del directorio del Ferrocarril Central; uno de los fundadores del Banco Comercial (1858) y uno de los fundadores de la ARU en 1871 (Asociación Rural del Uruguay). Además, tenía gran atracción por los caballos, lo que explica porque en 1875 fue el promotor de una Sociedad Hípica e Hipódromo. Comenzaría así el proyecto para el hipódromo de Maroñas.

Los inicios del turf en Montevideo

La fuerte presencia inglesa en el Río de la Plata supuso la implantación de los deportes modernos. En el Uruguay, la práctica de los deportes modernos surgió naturalmente en la colectividad británica. La última década del siglo XIX inauguró una etapa de cambio en el deporte uruguayo: a-surgieron numerosos clubes; b- se registró el desarrollo intensivo del fútbol; c- iniciación del proceso de integración masiva del criollo en el deporte.

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Plano de Montevideo, 1905. Imagen tomada de: https://www.pinterest.com/pin/527413806337159844/

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La influencia británica se aprecia en el turf, por ejemplo, en las primeras carreras de caballos en Montevideo. En enero de 1855 se iniciaron las carreras extranjeras llamadas también inglesas en las inmediaciones del saladero de Legrís.

Arnaldo Gomensoro (2015) señala que las carreras “a la inglesa” tenían como escenario los hipódromos. El primero de ellos se construyó en Punta Carretas en 1861, donde hoy se ubica el centro comercial (shopping) de esa zona.

En la década del 70 del siglo XIX, más allá de la Plaza de Toros de la Unión funcionaba otro hipódromo inaugurado en 1867 para “Carreras Nacionales”, ubicado en las proximidades de Maroñas a impulso de la “Sociedad Hípica” presidida por el Gral. Francisco Caraballo. Como indica Aníbal Barrios Pintos (1971), hay registros de que en enero de 1872 corrían caballos de José Pedro Ramírez y del Gral. Caraballo y la prensa daba la cifra de $40.000 apostada a los caballos favoritos.

En 1875 Tomas Tomkinson y un grupo de ingleses estableció un hipódromo en Maroñas con la denominación de “Carreras de los ingleses”, que rápidamente dio animación a la zona. Este hipódromo fue construido en 1874 por la comunidad inglesa. El nombre que recibió el escenario fue “Nuevo Circo Pueblo Ituzaingó”, pero era conocido como el “Circo de Maroñas” en referencia al antiguo propietario de las tierras donde se instaló y donde está emplazado actualmente. Esos terrenos pertenecieron a Juan Maroñas, un importante pulpero de la zona.

El nombre originario del Hipódromo está vinculado al lugar donde nació. Del 19 de octubre de 1874 datan los planos del Pueblo Ituzaingó realizados por Demetrio Isola. En el siglo XX se transformó en uno de los barrios de Montevideo. Originariamente las calles llevaban nombres tales como Victoria, 18 de Julio, Cerrito, Sociedad Hípica. El barrio se trazó en torno a una capilla que había mandado erigir el ciudadano José Pedro Ramírez alrededor de un cuarto de siglo antes, por 1850. Dicha capilla es hoy la iglesia parroquial de Santa Rita y además santuario nacional de dicha santa católica.

Hoy las denominaciones del barrio hacen referencia principalmente a destacados miembros históricos del turf nacional, dado que en el lugar se halla el conocido Hipódromo Nacional de Maroñas, popularmente conocido como “el circo hípico de Ituzaingó”.

La pista original tenía una extensión de 1750 metros y, en sus primeros años, la organización de las carreras corría por parte de comisiones de propietarios y aficionados, hasta que el 14 de agosto de 1877 el gobierno nacional dictó el primer Reglamento de Carreras.

Diez años más tarde, en 1887 José Pedro Ramírez asumió la presidencia de la Comisión de Organización de las Carreras Nacionales y se convirtió en uno de los propietarios del Hipódromo junto a Gonzalo Ramírez y Juan y Alejandro Victorica.

El 15 de noviembre de 1888 se fundó el “Jockey Club” de Montevideo. Este hecho fue fundamental en la historia del Hipódromo de Maroñas, debido a que poco tiempo después el escenario fue adquirido por el Jockey Club de Montevideo, organizando las primeras Carreras Nacionales. El hipódromo fue inaugurado oficialmente el domingo 3 de febrero de 1889 la institución inició sus actividades organizando su primera reunión hípica. La primera carrera contó con una numerosa concurrencia, con la asistencia del entonces presidente de la República, general Máximo Tajes, quien fue uno de los representantes de los poderes públicos, dirigentes y socios del “Jockey Club” y miembros de la sociedad montevideana. El club tuvo como primer Presidente a Pedro Piñeyrúa y como vicepresidente a José Pedro Ramírez; Horacio Areco su tesorero y Carlos Sánez de Zumarán como secretario.

El primer Palco de Socios, hecho de tablones y chapa, había sido traído del paraje denominado Azotea de Lima, en la zona de Piedras Blancas, donde se corrieron las primeras carreras, pero el mismo fue sustituido en 1888 por una tribuna más amplia, realizada por el constructor italiano Ángel Battaglia, siendo el primer palco construido para Maroñas.

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Hipódromo Nacional de Maroñas. Al fondo: Palco de socios. Año 1895. (Foto: 0564FMHB.CDF.IMO.UY – Autor: Sin datos/IMO). El Palco de socios, fue proyectado y construido, probablemente, por el arquitecto Ángel Battaglia, socio fundador del Jockey Club de Montevideo. Imagen tomada de: https://cdf.montevideo.gub.uy/system/files/imagecache/Foto_destacada_645_430/fotos/564b.jpg

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El turf en Montevideo surgió entre las elites locales y sectores dominantes, como repasamos al inicio del texto. Cuando se analiza la lista de los socios fundadores “Jockey Club” de Montevideo se aprecia la fuerte presencia de hombres vinculados a la clase dirigente urbana: Enrique Aguiar; Horacio Areco (uno de los vecinos fundadores del Pueblo Ituzaingó y primer tesorero del club); Adolfo Artagaveytia (abogado, propietario del haras “las Acacias”); Alberto Calamet; Juan Carrara (también fundador del Pueblo Ituzaingó); Bernardino Dualde (también fundador del Pueblo Ituzaingó); Francisco Echagoyen (otro fundador del Pueblo Ituzaingó); Mariano Estapé (hombre de negocios español, vinculado a clubes sociales como Club Uruguay y Club Español, fue un destacado “turfman” y fundador del Pueblo Ituzaingó), José María Guerra (destacado “turfman”); Gerónimo Picioli (artista lírico italiano, realizo giras por Europa contratado por famosos empresarios ingleses y miembro fundador del Pueblo Ituzaingó); Pedro Piñeyrúa (primer presidente del Jockey Club -1888 a 1898- y fundador de Pueblo Ituzaingó); José Pedro Ramírez (abogado, nieto del saladerista José Ramírez Pérez, también fundador del Ateneo de Montevideo y docente); Gonzalo Ramírez (nacido en Río Grande del Sur, abogado, diplomático y nieto del saladerista José Ramírez Pérez); Francisco Sainz Rosas (también fundador del Pueblo Ituzaingó); Antonio Serratosa (médico español, también fue uno de los fundadores de la Sociedad de Medicina de Montevideo y del Hospital – sanatorio Español); José Shaw (hombre de negocios argentino); Juan Victorica (hombre de negocios uruguayo, fundador del Pueblo Ituzaingó y siempre vinculado como uno de los “turfman” de su tiempo)

El principal clásico del hipódromo es el Gran Premio José Pedro Ramírez que se disputa desde el 1° de enero de 1889, se corrió en su primera versión con el nombre de Gran Premio Internacional, el cual se mantuvo hasta 1914, adoptando su actual denominación un año más tarde. Actualmente se corre todos los 6 de enero, junto con otros premios de alto nivel (Gran Premio Maroñas, Gran Premio Ciudad de Montevideo y Gran Premio Pedro Piñeyrúa), siendo la jornada más importante de la agenda del Hipódromo. También se corre el Gran Premio Nacional desde 1888, actualmente esta carrera se celebra anualmente la primera o segunda semana de noviembre.

La actividad hípica tuvo un desarrollo rápido en Montevideo a fines del siglo XIX y se convirtió en un espectáculo de entretenimiento. Incluso, tenía mayor popularidad en la prensa escrita que el fútbol. Basta recorrer los periódicos de la época y se aprecia el lugar que se le otorgaba en la opinión pública.

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Hipódromo de Maroñas en la actualidad. Imagen tomada de: https://www.gustavomirabal.es/wp-content/uploads/2018/12/Hipodromo-de-Maronas.jpg

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Referencias:

  • BARRIOS PINTOS, Aníbal (1971). Los barrios (II). Montevideo: Nuestra Tierra.
  • BUZZETTI, José y GUTIÉRREZ CORTINAS, Eduardo (1965). Historia del deporte en el Uruguay (1830-1900). Montevideo: Ed. De los autores.
  • DUFFAU, Nicolás y POLLERO, Raquel (2016). Población y sociedad. En: G. Caetano (Dir.) y A. Frega (Coord.), Revolución, Independencia y construcción del Estado (pp. 175-222). Montevideo: Planeta.
  • FINCH, Henry (2014). La economía política del Uruguay contemporáneo 1870-2000. Montevideo: Banda Oriental.
  • GOMENSORO, Arnaldo (2015). Historia del Deporte, la Recreación y la Educación Física en Uruguay. Crónicas y relatos. Montevideo: IUACJ.
  • MARIANI, Alba (2013). Los negocios británicos en el Río de la Plata. Tomás Tomkinson (1825-1875). Páginas. Revista digital de la escuela de historia; n° 9, Rosario (pp. 164-178)
  • MELO, Victor Andrade de (2004). Los primeros tiempos del deporte en la ciudad de Rio de Janeiro. Brasil. En: Cultura, ciencia y deporte; v. 1 (n° 1), Murcia (pp. 7-13).
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