Un balance deportivo de Colombia en el 2016

26/12/2016

Por: David L. Quitián Roldán

En un año de Juegos Olímpicos que incluyó una Copa América excepcional (la “Centenario”), el interés nacional estuvo centrado en sus deportes hegemónicos: el fútbol y el ciclismo, que no decepcionaron por logros como la Copa Libertadores ganada por Atlético Nacional y el título de Vuelta a España de Nairo Quintana; sin embargo, la actuación de las mujeres sobrepasó todas las expectativas y tiene en las figuras de la triple saltadora Caterine Ibargüen y de la bicicrosista Mariana Pajón, ambas medallas de oro en RIO 2016, dos estupendos ejemplos para demostrarlo.  

La Selección Colombia en baja; los clubes en alza

En un año de buenas figuraciones y triunfos significativos, la selección nacional de fútbol dirigida por el argentino Néstor Pékerman fue la nota discordante: en ocho partidos apenas sumó 14 puntos (para un rendimiento del 58,3%) que la tienen por fuera de las clasificadas al Mundial de Rusia 2018.

Eso no significa que se haya resignado la posibilidad, pero si evidencia que la jubilación de líderes como Faryd Mondragón, Mario Yepes, Amaranto Perea y la no convocatoria de otros -que brillaron en las eliminatorias y en la Copa Mundo Brasil 2014- como Pablo Armero, Camilo Zúñiga, Fredy Guarín, Teófilo Gutiérrez y el mismo Falcao (que regresó sin la eficacia de antes), han sido factores determinantes en el rendimiento del equipo que no ha logrado definir un estilo de juego después del Mundial y suma lánguidas actuaciones en las dos copas América disputadas desde entonces.

A ese problema del cuerpo técnico argentino para “encontrar” el equipo base, se añade la pérdida de confianza de buena parte de la prensa especializada y de la afición que, después del ensueño brasileño, han pasado de la entrega total a los pedidos de despido en las tribunas periodísticas y a los abucheos, desde las graderías del estadio Metropolitano de Barranquilla, cuando la selección juega de local.

Por contraste, los clubes colombianos han cualificado su presencia internacional como lo demuestra el siguiente indicador: siempre hubo un equipo nacional disputando, desde el año 2014, la final de la Copa Sudamericana (Santa Fe la levantó en 2015 y Nacional perdió en 2014 por razones deportivas y cedió el título del 2016 al Club Chapecoense).

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Con la Copa Libertadores el balance es similar: desde el año 2013 se registra presencia de elencos nacionales disputando cuartos de final, semifinal o la final que –en el primer semestre de este año- coronó por segunda vez en su historia al “verde de la montaña”.

Los destacados desempeños en esos torneos significaron, además de los réditos simbólicos del prestigio, un aumento de la cotización de la liga nacional (mayor venta de futbolistas al exterior, más llegadas de extranjeros; más patrocinios y circulación de divisas) expresada en hechos como el inédito interés por transmitir la liga colombiana en otros países como aconteció este año en Brasil que la televisó a través del canal Band Sports.

Ascenso del América: regreso de rivalidades 

Mención especial merece el regreso del América de Cali a la categoría A del fútbol colombiano. Su caída de hace cinco años a la ‘B’ debe ser leída en el contexto económico y geopolítico de entonces que registraba los últimos estertores del vínculo de narcotráfico y fútbol que campeó en los ochenta y primera mitad de los años noventa.

Así, a la sanción jurídico-económica sobre “la mechita” -como la llaman sus hinchas- expresada en su ingreso a la Lista Clinton que le espantó todos sus patrocinadores y condenó al equipo a vivir como un paria financiero, se sumó la condena simbólica de su pérdida de categoría en la primera división. Y lo peor, al fracaso reiterado de posibilidades de ascenso por causa de la magra organización que sobrevivió a la purga.

Eso explica las pancartas de algunas de sus hinchadas en las que sumariamente se reiteraba el mismo mensaje: “tranquilos: el diablo les pagó la cuenta” refiriéndose a su condición de chivo expiatorio de una culpa general que nadie más asumió. Más allá de esa valoración, el descenso prolongado del América logró vigorizar (y visibilizar) la categoría B que prácticamente no existía: este torneo se empezó a televisar y se convirtió en agenda informativa de los medios que acompañaban el drama del “grande caído en desgracia”.

Su ascenso también trae consecuencias: el regreso del clásico local con el Deportivo Cali y la reedición de duelos regionales con Millonarios y Nacional; últimos dos rivales con los que comparte la condición de ser equipo nacional (con hinchas por todo el país) y con los que mantiene una disputa por el mayor número de títulos ganados en la que el verde de Medellín, ante la ausencia del rojo de Cali y la aridez deportiva del azul de Bogotá, sacó una luz importante en el último lustro.

 Los escarabajos siempre en el podio

De enero a diciembre el ciclismo no cesó de arrojar buenos resultados: en carreteras de los cinco continentes “los nuestros” agregaron a la imagen de ser oriundos de una nación de escaladores, la mejora de habilidades en todos los terrenos, como lo demuestran los 12 triunfos en competencias del circuito internacional World Tour.

Cosecha que, en el mundo de hoy, diluye cualquier intento de seguir explicando nuestro ciclismo a través de la tesis de la “generación espontánea”. Es más plausible comprender esos nuevos y buenos tiempos a partir de la decisión del ciclismo nacional por globalizarse sin perder su impronta local: el ejemplo de Nairo Quintana (y Rigoberto Urán) preparándose en las montañas colombianas con la ciencia, tecnología e infraestructura de sus equipos extranjeros, ilustra ese exitoso modus operandi.

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El cuarto lugar por naciones y la ubicación de Nairo y Esteban Chávez entre los 10 primeros del ranquin general del año 2016 de la Unión Ciclística Internacional, UCI, nos muestra con claridad el panorama en el que Colombia es el único país latinoamericano con representación y disputa por los sitiales de honor.

Sin embargo, fueron los tres podios en las tres grandes de Europa (Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España) las que concitaron mayor expectativa y seguimiento de las audiencias colombianas. El momento cumbre fue la victoria de Quintana sobre el británico Christopher Froome, en la ronda ibérica,  que significó el título y la prueba de que el espigado corredor del Team Sky no era imbatible. Escenario que anticipa un apasionante Tour (del 2017) que esperamos salde una materia pendiente del ciclismo nacional.

Además de los resonados triunfos de Nairo (Tour de Romandía, Ruta del Sur y vueltas a Cataluña y España), el “Chavito” (podio de Giro y Vuelta; campeón de Giros de Emilia y Lombardía) y Rigo (podio en  Lombardía), otros nombres dignos de ser mencionados por sus triunfos son: Dáyer Quintana (Tour de San Luis), Egan Bernal (Tour de Bihor), Walter Vargas (Panamericano de Ruta), Fernando Gaviria (Primus Classic Impanis), Miguel Ángel “Superman” López (Clásica Milano-Torino y Vuelta a Suiza) y Sergio Luis Henao, Járlinson Pantano y Darwin Atapuma (gregarios destacados de Sky, IAM Cycling y BMC, respectivamente).

Ya en el plano nacional, en lo que respecta a la Vuelta a Colombia, vale mencionar que luego de tres años de dominio extranjero, en específico del español Óscar Sevilla, la ronda nacional volvió a ser ganada por un compatriota: Mauricio Ortega, con subcampeonato de Sevilla.

 La gloria olímpica

Capítulo especial merece la gesta olímpica. Ocho medallas, igualando el número de Londres 2012, pero mejorando el color de ellas: tres de oro, 2 de plata y tres de bronce, que ubicaron al país en el puesto 23 del medallero general y como tercero en América Latina, apenas por detrás del anfitrión Brasil y del tradicional poderío cubano.

La cosecha demuestra que hay planificación y estrategia en el Comité Olímpico Colombiano (COC) que, en su mayor porcentaje con presupuesto oficial, viene desarrollando un plan de acción que permite pensar que la mejoría seguirá su curso a juzgar por el número de diplomas olímpicos (distinciones del 4° al 8° lugar) ganados por atletas colombianos en Rio 2016: 14 en total.

La fórmula del COC ha sido combinada: de un lado apuesta por deportes histórica y culturalmente consolidados en el país como el boxeo y el ciclismo (al que incluyó el BMX) y del otro estimula disciplinas con menor tradición, pero estratégicas en la suma de medallas, como el levantamiento de pesas y los deportes de contacto (especialmente la lucha y el judo).

La crítica, la única posible, es que las medallas no pueden ser objetivo aislado: al usar recursos públicos, estos deben priorizar el beneficio mayor que no solamente se atiende con el orgullo patrio por los campeones. Algo más: al priorizar deportes individuales disminuyen gastos (lo cual es, sin duda, una medida inteligente para luchar con las potencias económicas en el reñido ámbito del alto rendimiento); no obstante, eso deja por fuera el de por sí magro desarrollo de deportes de conjunto en el país.

Poder y conquistas femeninas

Este balance no puede cerrarse sin reconocer el protagonismo de la mujer colombiana del último tiempo y del 2016 en particular. Papel destacado que es doblemente meritorio al inscribirse en un campo social que hasta hace poco tiempo era territorio absolutamente masculino: el deporte. En esa perspectiva, es una conquista social de las mujeres.

China Athletics Worlds

Logro expresado en hechos como la fuerza incontenible del fútbol femenino que empujó a que la Dimayor diera vía libre a la liga profesional de fútbol femenino en 2017 y en la decisión de los directivos de la Federación de ciclismo de realizar la primera Vuelta a Colombia femenina en 2016 que, desde el año entrante, tendrá reconocimiento de la UCI

¿Quieren más razones? La invencibilidad y carisma de Caterine Ibargüen y Mariana Pajón, premiadas recientemente como las mejores de Colombia, en un año de por sí lleno de campeones, es prueba irrefutable.

@quitiman

 

 


3, 2, 1… Colombia en los Juegos Olímpicos

01/08/2016

Por:
David Quitián

Esta semana empieza la trigésimo primera edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna. Los “Juegos Olímpicos de verano” –como también se les conoce- se realizarán en la estación de invierno del hemisferio sur; detalle nominal que delata la eugenesia del evento inventado por el Barón Pierre Fredy de Coubertin (1863-1937).

Es la primera vez que las justas realizadas por el Comité Olímpico Internacional, COI, se escenifican en una nación lusófona y en suelo sudamericano. De esa forma Brasil comparte con México una doble coincidencia: ser los únicos países de América Latina que fueron sede y que –además- asumieron el doble reto de organizar también una Copa Mundo de fútbol en un lapso de dos años (México lo hizo a la inversa: Olímpicos en 1968 y Mundial en 1970).

Jorge Perry fue el primer colombiano en Olímpicos (el desmayo en su debut contribuyó a su leyenda).

              Jorge Perry Villate fue el primer colombiano en Juegos Olímpicos (el desmayo en su debut contribuyó a su leyenda).

Colombia inició su historia olímpica antes de constituir una entidad filial del COI: fue en Los Ángeles 1932 y desde entonces, con la excepción de Helsinki 1952, nunca dejó de participar en el programa atlético que tributa a la diosa griega Nike. Esa primera participación se dio con un boyacense de ascendencia inglesa y española que logró ser admitido para la prueba del maratón: Jorge Perry Villate apenas correría 10 kilómetros de la competencia, pero ganó medalla al mérito de la organización y pasó a la historia como el primer atleta olímpico del país.

Esa participación brindó el empujón que faltaba para que el Comité Olímpico Colombiano, COC, fuese creado el 03 de julio de 1936, días antes del siguiente programa olímpico en Berlín en el que competirían 5 atletas en representación del pabellón patrio. La fecha de creación de la entidad olímpica nacional fue motivo de celebración hace pocas semanas cuando se recordó la octogésima efeméride: en la fundación del COC –hace 80 años- estuvieron representantes del tenis, basquetbol, fútbol y atletismo; con la veeduría de periodistas de El Tiempo, El Espectador y El Mundo al Día.

Son en total 19 participaciones, para un total de 826 deportistas, de ellos 228 mujeres. La primera participación femenina fue en las justas de México a las que acudieron cinco atletas; pero fue desde los primeros juegos del milenio, en Sidney 2000, cuando la presencia de ellas alcanzó tal vigor al punto de superar la representación masculina en Londres 2012 (46 hombres y 58 mujeres) y estar igualada para el torneo en suelo carioca: al momento de publicar este post se han clasificado 73 mujeres y 75 hombres.

María Isabel Urrutia levantó en arranque 110 y en envión 135 kgs para ganar el oro en Sidney 2000

María Isabel Urrutia levantó en arranque 110 y en envión 135 kgs para ganar el oro en Sidney 2000

Sin embargo la eficacia femenina es superior: de las 19 medallas cosechadas en la historia de los juegos, nueve han sido conquistadas por ellas. Una razón más para el orgullo femenino es que los dos únicos oros fueron ganados por mujeres: María Isabel Urrutia en la prueba de levantamiento de pesas (75 kgs) en Sidney 2000 y Mariana Pajón en bicicrós hace cuatro años.

Las 19 medallas sumadas por las delegaciones colombianas a lo largo de los juegos (una en promedio por cada edición), se distribuyen así: 11 de bronce, 6 de plata y 2 de oro. Todas obtenidas en deportes individuales, en ocho disciplinas distintas, que incluyen pódiums de dos de los deportes nacionales: el ciclismo y el boxeo. La estadística es esta:

• Halterofilia: 4 (1 oro, 2 plata, 1 bronce)
• Ciclismo: 4 (1 oro, 1 plata, 2 bronce)
• Tiro deportivo: 2 (2 plata)
• Atletismo: 2 (1 plata, 1 bronce)
• Boxeo: 3 (3 bronces)
• Lucha: 2 (2 bronces)
• Judo: 1 (1 bronce)
• Taekwondo: 1 (1 bronce)

Esas cifras permiten plantear algunas generalidades que merecen mayor desarrollo en otro espacio académico:

• Las mujeres son más eficaces y su progreso es más notorio (9 medallas en 11 juegos)
• Los atletas afrocolombianos han ganado más del 50% de las medallas (10 de las 19)
• Antioquia (7 medallas, una de oro), Valle del Cauca (4 medallas, una de oro) ratifican internacionalmente su supremacía en el ámbito colombiano.
• Medellín es la ciudad de más campeones olímpicos (4), seguida por Barranquilla (2)
• La costa atlántica, como región, es la otra gran aportante de atletas y medallas olímpicas (5 preseas)
• El boxeo en Colombia es caribeño: casi la totalidad de los clasificados por ese deporte son costeños y los tres bronces cosechados hasta el momento son de pugilistas de esa región.
• Las medallas de halterofilia y boxeo han sido cosechadas por afrocolombianos; las de ciclismo por andinos (todos de Antioquia).
• Los logros en ciclismo demuestran que este es el deporte nacional por excelencia: 2 hombres y 2 mujeres (ambas han sido abanderadas) han colectado medallas en tres de las cuatro pruebas olímpicas del ciclismo: la ruta, la pista y el BMX.

Mariana Pajón es llamada la "reina de las pistas" del bicicrós. Medalla de oro del BMX en Londres 2012

Mariana Pajón es llamada la “reina de las pistas” del bicicrós. Medalla de oro del BMX en Londres 2012 y con posibilidades de repetir en Rio. 

Se viene el encendido de la pira olímpica, la cuenta regresiva ya es de un dígito. En breve comenzará a escribirse el libreto de unos juegos que –a juzgar por el cubrimiento de los medios nacionales- puede parecerse en emoción a lo vivido en el Mundial de Brasil 2014: habrá más periodistas colombianos que nunca (especialmente de pequeños medios regionales) y puede darse la llegada de un número de aficionados que se acerque a los 120 mil que vinieron hace dos años.

Por ahora la sensación es que son unos juegos “casi en casa” (de hecho, la Selección femenina de fútbol juega cerca de la frontera, en Manaos) y eso puede estimular una faena parecida a la histórica cifra de ocho medallas conseguidas en Londres 2012.

Llegan estos juegos en medio de un clima de efervescencia por el reciente título de Atletico Nacional en Copa Libetadores y de los podiums de los ciclistas (los “escarabajos”) en el Giro de Italia y el Tour de France.

Se da la largada para RIO 2016 y los que podemos estar en la “cidade maravilhosa” agradecemos la feliz oportunidad.

Twitter: @quitiman


El Dorado: un bocado internacional con sabor rioplatense

07/03/2016

Por:
Texto: David Quitián
Diseño gráfico: Omar Franco

Antes que las ligas italiana, inglesa y española internacionalizan sus nóminas -con futbolistas de diferentes países y continentes- hubo un torneo nacional que reunió jugadores y entrenadores de 18 naciones distintas y tuvo árbitros oriundos de seis patrias diferentes. Ese fue el campeonato de balompié colombiano, uno de los últimos en profesionalizarse en Sudamérica (año 1948), que tuvo otras singularidades como el sorprendente número de ciudades que integró desde sus inicios (seis en su primera edición) y su desarrollo en medio de la violencia política que asolaba a Colombia.

Otra particularidad fue el contexto en el que se generó: en medio de la agitación popular por causa del magnicidio de la principal figura del populismo colombiano, Jorge Eliécer Gaitán, asesinado en Bogotá en 1948. “El 9 de abril” –como sería conocido por el pueblo- o “El bogotazo” como lo bautizaron las élites atizó, a escala de todo el país, la contienda entre liberales y conservadores. Cuatro meses después, se inaugura el torneo nacional con algunas contrataciones de extranjeros que ya rondaban por las canchas y equipos semi-profesionales de Bogotá, Cali, Medellín, Manizales, Barranquilla y Pereira, que fueron las villas anfitrionas del puntapié inaugural.

Pero sería desde junio de 1949, aprovechando la huelga de jugadores de Argentina (que afectaba a jugadores uruguayos, paraguayos y peruanos), la informalidad tributaria de Colombia -sumada a su desconocimiento de la normatividad internacional de transferencias clubísticas- y la relativa fortaleza del peso de entonces (2,25 por dólar), cuando empezaron a desembarcar en el país las figuras del exterior, emblematizadas en los argentinos Adolfo Pedernera y Alfredo Di Stéfano que lucieron el uniforme albiazul de Millonarios.

Sin embargo, esas características no duraron más de cinco años: 10 de junio de 1949 a octubre de 1954. Ese fue el periodo delimitado por varios agentes: los jerarcas del fútbol (Conmebol, Fifa, afuera; Adefutbol, Dimayor, adentro) en el Pacto de Lima de 1951 (1), el periodismo nacional y los estudiosos del fútbol que acogieron, para denominar ese lapso, el potente título que circulaba desde entonces para describir el prodigio que estaba aconteciendo: El Dorado.

Una firma consultora, contratada en la dictadura de Rojas Pinilla (1953-1957), confirmó que la marca nacional más conocida en el exterior, para distinguir a Colombia, era “El Dorado”. Por ello el golpista bautizó con ese nombre al aeropuerto internacional que construyó por la misma época. Surge el interrogante ¿quién inventó ese nombre para el torneo de entonces? El locutor Carlos Arturo Rueda (1918-1995) aparece como el principal sospechoso: él es considerado el padre del periodismo deportivo colombiano y el creador del estilo pletórico, desgarrado y agónico del relato radial (Quitián, 2015). Su ingenio para bautizar con apodos a los futbolistas y con motes a las ciudades, en la Vuelta a Colombia, son legendarios.

Una de las hipótesis levantadas en la investigación doctoral “Seleção colombiana de futebol, rádio e nação: os discursos da mídia oral na invenção da pátria no período do Frente Nacional (1958-1974)” (2) es que ese caso –el del nombre de El Dorado- cumple el proceso de “máscara y espejo” al que aludía el antropólogo argentino Eduardo Archetti (2003): en la que se recibe del espejo la proyección artificiosa que se ha emanado. La prensa argentina de la época usaba expresiones como “Pedernera… Di Stéfano al Dorado del fútbol colombiano” (3) en claro eco de lo originado en Colombia. La máscara creada por Carlos Arturo Rueda se nos devolvía con acento tanguero.

Ilustración tomada de la tesis del autor, Programa PPGA, Universidade Federal Fluminense

Registros documentales, consultados como parte de la tesis doctoral, revelan la existencia de equipos completos integrados por deportistas extranjeros; es más, varios de ellos con futbolistas de la misma nacionalidad (como el Cúcuta de 1950 y 1951) o por grupos de jugadores que fueron sonsacados de otros clubes para conformar uno nuevo en Colombia, como el Quindío de 1951, hecho con toda la plantilla del Wanderes argentino (un club aficionado que visitaba el país por entonces), más el Samarios y el Junior del 51 y 52 que se repartieron por mitad al Hungarian que vino de gira desde la patria de los magiares.

La estadística levantada dentro de la investigación revela que 8 de cada 10 futbolistas que participaron en los torneos comprendidos entre 1949 y 1954 fueron foráneos; dándose además un hecho único: la construcción de tradiciones futbolísticas por nacionalidades, según las ciudades; así en Pereira jugaban sólo paraguayos, en Cúcuta solamente uruguayos, los peruanos se dividían entre Cali y Medellín, los argentinos se establecieron en Armenia y Bogotá y los brasileros; quizá porque sólo llegaban futbolistas de Rio de Janeiro, preferían Barranquilla.

Esas tradiciones también fueron cultivadas por algunos clubes: en la capital, el equipo de la Universidad Nacional se especializó en contratar costarricenses y Santa Fe se la jugó por los ingleses; en Cali el Boca Juniors también prefirió a los paraguayos, el Deportivo Cali a los peruanos y el Atlético Nacional (inicialmente llamado Atlético Municipal) fue el único de ese periodo que le apostó a los “puros criollos”.

Eso produjo la mención constante, en la esfera pública, de marcas identitarias nacionales tales como “gauchos”, “guaraníes”, “charrúas”, “La danza del sol”, “magiares” y “cariocas” para referirse, respectivamente, a los argentinos, paraguayo, uruguayos, peruanos, húngaros y brasileros. Otros grupos nacionales que destacaron en ese lustro futbolístico fueron los yugoeslavos, italianos, españoles, ingleses, bolivianos, chilenos y ecuatorianos. Como dato anecdótico se cuenta la presencia de un austriaco y un lituano.

Sin embargo, la mayor presencia forastera se concentra en los tres países que conforman la principal escuela futbolística del cono sur americano: la nación del Rio de la Plata, integrada por Argentina, Paraguay y Uruguay que, en ese orden, abastecieron de artistas del balón y entrenadores al balompié de entonces y desde ahí nunca se fueron de Colombia (4). En la ilustración gráfica que acompaña este texto se puede ver cómo un poco más de la mitad del total de jugadores son albicelestes y una cuarta parte es compuesta por albirrojos y celestes.

Una prueba más de la demografía rioplatense fue ese inédito torneo de selecciones del año 1951, no avalado por Conmebol que calificaba de pirata a la liga colombiana, en el que se enfrentaron cuatro selecciones en un remedo de Copa América. Los cuatro equipos fueron integrados por los futbolistas de Argentina, Paraguay, Uruguay y Colombia que actuaban en el campeonato local.

En cierta medida, ese cuadrangular fue una respuesta criolla a los años de sanción (9 en total) que pagó la Selección Colombia por sanciones de El Dorado y de sus líos internos entre la corriente defensora del amateurismo (descentrada de la capital) y la centralista del profesionalismo. Tensión en la que la lucha por el control local, que era un correlato de la violencia política que caracterizó al país en tres cuartas partes del siglo pasado, retardó el reconocimiento de la jerarquía internacional y la asunción de su normatividad.

Así, la plata abasteció el oro: el Rio de la Plata tributó al Dorado cuyos destellos alcanzaron para que un equipo del torneo nacional, pero en el que sólo alineaba un colombiano, Millonarios de Bogotá, fuese declarado “el mejor club del mundo” al vencer –en España- al Real Madrid en sus bodas de oro (en 1952) y al año siguiente se coronase soberano de la Pequeña Copa del Mundo de clubes celebrada en Caracas. Ahí tenemos dos mitos de cuño colonizador (el de la ciudad de oro sumergida y el de la nación bañada en plata), conjugado con el más contemporáneo –de mayor participación popular- de la riqueza de los pies de obra y de la filigrana de la gambeta.

Después vendrían años difíciles en virtud de la desbandada de extranjeros que estimuló el abandono de los hinchas de los estadios. La liga pasó de tener 18 equipos en 1951 a 10 en 1954 y como estrategia para retener a los futbolistas del exterior se apeló a la nacionalización; sin embargo no alcanzó y el balompié colombiano entraría en un periodo de languidez del que despertó en un segundo Dorado: el del auge del narcotráfico de mediados de los 80’s hasta la mitad de los 90’s, que robusteció su economía con tácticas y consecuencias parecidas: mucho dinero, informalidad tributaria, decenas de estrellas foráneas y al final el escape por la ruptura del modelo.

Y así aterrizamos en la actualidad, con una Selección Colombia que volvió a revivir la euforia popular de los años noventa (el equipo de Maturana, Higuita, Valderrama, Rincón, Asprilla); después de su notable participación en la Copa Brasil 2014 (cuadro de Pékerman, Ospina, Yepes, Cuadrado, James y Falcao) y con el entusiasmo de la afición especializada por el regreso de clubes nacionales a disputar (con Atlético Nacional) copas internacionales y a ganarlas como sucedió con Santa Fe el año pasado en la Copa Sudamericana.

¿Cómo leer la actualidad desde El Dorado? Ese será tema de otros post.

Notas:
1. Acuerdo pactado en un congreso extraordinario de la Conmebol, en 1951, en la ciudad de Lima, en el que los directivos del fútbol colombiano se comprometían a devolver a los jugadores foráneos a sus clubes de origen, sin pagar indemnización, a más tardar en octubre de 1954. Durante ese tiempo Colombia sería desafiliada e impedida de participar en torneos Conmebol y Fifa.
2. Tesis del autor de este post, candidato a doctor en antropología por la Universidad Federal Fluminense, elaborada gracias al apoyo del “Programa Estudiantes- Convênio de Pós -Graduação – PEC-PG, da CAPES/CNPq – Brasil”.
3. Testimonio recogido de la entrevista al periodista radial colombiano, Antonio Pardo García, en la ciudad de Bogotá el día 23/01/2016.
4. De hecho, en un país bajamente integrado con el vecindario, como fue Colombia en el siglo pasado, hubo pocas inmigraciones extranjeras al territorio nacional; destacándose por su poder simbólico la de futbolistas que se radicaron y tuvieron descendencia (Gallo, 2011).

Bibliografía
Quitián, David (2015) “Selección colombiana de fútbol, radio y nación. Apuntes antropológicos”, ponencia presentada en el IV Congreso Latinoamericano de Antropología. Simposio: “Antropología de los deportes en Latinoamérica”, celebrado en Ciudad de México del 07 al 10 de octubre de 2015. Disponible en:

Clique para acessar o 8.%20Selecci%C3%B3n%20colombiana%20de%20futbol.%20David%20Leonardo%20Quiti%C3%A1n%20R..pdf


Archetti, Eduardo (2003). Fútbol, Polo y Tango en Argentina. Buenos Aires: Antropofagia.
Gallo, Álvaro (2011). Inmigrantes a Colombia. Personajes extranjeros llegados a Colombia. Bogotá: impresor Álvaro Gallo.


El México profundo de la lucha libre

26/10/2015

Por David Quitián

Tuve la fortuna de pisar suelo mexicano por cuarta vez en mi vida: participé en el reciente congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología, celebrado en la segunda semana de octubre del presente año. Como siempre acontece, recorrer el Distrito Federal es un viaje a mi infancia y un recorderis permanente de que soy latinoamericano. Sin embargo, una práctica sociocultural atrajo toda mi atención en este viaje: la lucha libre… la mejor mixtura entre deporte y espectáculo que haya sido inventada. Tan prendado quedé, que no resistir escribir estas líneas para nuestro blog del Laboratório de História do Esporte y do Lazer, Sport. Aquí unas atropelladas consideraciones:    

México es una marca poderosa. Su mención evoca magnética música popular, incandescentes comidas y bebidas, omnipresencia indígena y un panteón de héroes locales que lograron alcance regional gracias al potencial globalizador de la mass media.

Las mercaderías rodean la Arena México

El mercado popular hace parte de la industria cultural de la lucha libre mexicana: máscaras, camisetas, muñecos alusivos a los luchadores y demás souvenires integran la parafernalia ofertada en las afueras de la Arena México

Por las ondas hertzianas, primera en onda corta y luego en AM (amplitud modulada), supimos de la música ranchera y de sus icónicos ejecutantes: los mariachis, que luego de la Revolución de 1910, fueron progresivamente aceptados como símbolo del país. Nombres como José Alfredo Jiménez, Antonio Aguilar y Vicente Fernández se erigieron en ídolos latinoamericanos en virtud de la popularización de la radio y el espectro de su señal.

La industria cinematográfica mexicana, especialmente en su “Época de oro” (1936- 1959), también construyó su propia mitología: Pedro Infante, Dolores del Río, Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, Tin Tan, “la doña” María Félix. Capítulo aparte merece Cantinflas: principal representante del idioma plebeyo- ladino con su lema “cuando digo una cosa, digo otra”.

La TV no se quedó atrás: optimizó el prodigio de las radionovelas con las telenovelas, que elevaron a la categoría de divas a actrices como Verónica Castro; pero que encontró en otro humorista su punto más alto: Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, que ya hace parte del patrimonio popular latinoamericano con sus magníficos personajes, particularmente el Chavo del 8 (Chaves en portugués) y El Chapulín Colorado.

De la misma forma, el comic tuvo un desarrollo importante en la patria del tequila y el mezcal: Arandú, Kalimán, Memín y el enmascarado de Plata, mejor conocido como “El Santo” son los héroes de historieta más celebres, no solo a lo largo y ancho de esa nación, sino en toda la América de habla hispana. Eso con una salvedad: El Santo no fue una mera invención de tira cómica, él era la expresión animada (en fotomontajes color sepia) de un héroe de carne y hueso, que protagonizó 52 películas, ostentó varios cinturones de campeón de lucha y realizó más de 5000 combates reales en su vida.

El Santo, como Huracán Ramírez y Blue Demon hacen parte del grupo pionero de luchadores que forjaron lo que hoy día es la lucha libre mexicana: una escuela, un estilo y –una vez más- un operador de nacionalidad de lo que el antropólogo Bonfil Batalla llamó México profundo.

Si presenciar una velada de lucha libre mexicana resulta una experiencia única, sumergirse en su generosa oferta -especialmente en el Distrito Federal- puede ser una de esas aventuras singulares en las que se pasa de la incredulidad, a la admiración y de ahí al asombro.

Sin duda la lucha mexicana contiene un atractivo poderoso: desafía el escepticismo de sus hinchas renuentes con la temeridad de sus practicantes y condimenta la insipidez de lo atlético con la teatralidad de sus combates. A continuación, trataré algunos interrogantes sobre la lucha. Lo hago más como un intento por comprenderla, que como un dictamen de un experto. Es también una provocación. Los invito a subirse conmigo al ring.

La máscara es parte esencial de la lucha. Otros optan por las largas cabelleras. Unas y otras son puestas en juego en combates decisivos.

La máscara es parte esencial de la lucha. Otros optan por las largas cabelleras. Unas y otras son puestas en juego en combates decisivos.

¿Es de mentiras o de verdad? ¿Se pegan en serio o es una farsa?
No existe, ni en México ni en el mundo, un golpe de mentiras. Un golpe es un golpe, una patada es una patada, una plancha es una plancha. Lo que acontece es que los luchadores son profesionales y amortiguan sus golpes (los que dan y los que reciben). Las fracturas y lesiones son gajes del oficio de esta práctica atlético-dramática en la que siempre se expone el pellejo y la sensación de muerte ronda cada “caída” de los luchadores.

¿Por qué usan máscaras? ¿Por qué se disfrazan?
La pregunta remite a un enigma mayor: la fascinación del México ancestral por los antifaces y las pinturas faciales y corporales. La teatralización de su vida a través de la comedia (ya hablamos de su vocación por los humoristas), pero también de la tragedia expresada en su culto a la muerte que tiene en el día de los difuntos (02 de noviembre) su culmen. Irse a la chingada es el lema de esta veneración. Por eso desde el maquillaje guerrero de los aztecas, hasta el pasamontañas del Sub comandante Marcos, podemos trazar una genealogía de las máscaras en la patria de Pancho Villa y Emiliano Zapata.

¿Cuál es la diferencia de la lucha libre mexicana con otras “luchas”?
Sin duda su espectacularidad. Su acrobacia. La levedad y ligereza de sus gladiadores. Por definición la lucha libre es una performance: una puesta en escena; sólo que los mexicanos llevaron más lejos ese concepto al inventar maniobras aéreas e incluirle el dualismo de rudos y técnicos. Usando las cuerdas y postes del cuadrilátero y valiéndose de técnicas a la vez gimnásticas y de equilibrismo circense, los luchadores mexicanos parecen estar siempre en el aire y el gusto de los aficionados ha ido privilegiando la técnica de lances voladores que la fortaleza de las sumisiones de la escuela estadounidense.

¿Qué es eso de rudos y técnicos?
Es una estrategia dramática mexicana que apela al maniqueísmo, pero que se complejiza con el propio ritmo de los combates y el favor del público. En otras palabras: no es estrictamente un asunto de “caballería vs apaches”, de héroes y villanos; es más bien la tensión entre dos estilos que representan una visión polarizada del mundo. De un lado la técnica, en un principio asimilada al respeto de las normas, la simpatía y la estética del movimiento; del otro la rudeza, expresada en el descontrol, la maledicencia y violencia. Sólo que no todo técnico es héroe y no siempre gana el bueno: el público ha elegido adorar rudos y muchas veces son los malos los que se imponen en las luchas, pese a la opinión contraria del público.

Un entrenamiento en un coliseo de barrio: la Arena Azteca Budokan

Un entrenamiento en un coliseo de barrio: la Arena Azteca Budokan

¿Dónde se lucha en México?
En cualquier parte. Puede ser un punto en la celebración de un matrimonio e incluso un sketch con fines publicitarios en un centro comercial. Ha habido presentaciones en aeropuertos, salones comunales, escuelas, iglesias, parques, calles céntricas y de barrio y –las más convencionales- en las decenas de coliseos (llamados “arenas”) de la conurbación de Ciudad de México y de otras ciudades del país; así como en los dos principales centros de este arte en el DF: la arena México (llamada la catedral de la lucha libre), abierta para la lucha en 1956 y en la arena Coliseo (construida en 1934) de corte más popular.

Mejor conocida como la Catedral de la lucha libre: la arena México

Mejor conocida como la Catedral de la lucha libre: la arena México

¿Cuál es el ente que regula esta práctica?
En México es el Consejo Mundial de Lucha Libre, CMLL.

Se quedan interrogantes sin resolver, pero así es México, un país con la potencia enigmática de las serpientes emplumadas y el poder de invención de la ola de las graderías en México 70. Un pueblo donde Moctezuma sigue vivo y se venga diariamente con el picante (el chile) de sus tacos, tortillas y enchiladas. Un país que vio coronarse a Pelé y Maradona… un pueblo de formidables murales, pirámides… de toreo y corridos. Un país de máscaras que siempre está de fiesta y en el que sus luchadores vuelan más para asombrar que para vencer.

Luchadores en acción en el ring de la arena México

Luchadores en acción en el ring de la arena México


Güelcon sudacas: Copa América

15/06/2015

El título de este post es copiado de un pendón de una calle de Santiago de Chile. Escribo desde el país donde se desarrolla la Copa América 2015, a pocas horas de la derrota de Colombia ante Venezuela.

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A continuación quiero compartirles varias impresiones desde mi llegada anoche y el momento de escribir este texto:
1. América Latina es tan diversa como homogénea: el español se reinventa en acentos y significados. Chile no habla español, habla chileno. En el vuelo mis compañeros de silla eran brasileros y sus breves diálogos con las azafatas fue un homenaje a la confusión.
2. Las cifras de turistas para la Copa tiene un podio: Brasil, Argentina y Colombia. Los dos primeros, como sus títulos, van muy adelante. Los brasileros se notan más: por el idioma y porque marchan en grandes grupos. Los argentinos, además de su tradición hinchista, han aprovechado la cercanía de los dos últimos eventos futbolísticos de naciones: el Mundial en Brasil y ahora la Copa América, en ambos están desbordando.
3. ¿Y los colombianos? En Brasil 2014, fue el sexto grupo nacional en cantidad de boletas compradas y ahora -en Chile- al número de turistas que llegamos a acompañar al equipo de Pékerman, se suma la importante cifra de colombianos con visa de trabajo y sin ella instalados en este suelo. Su presencia, en estos momentos de fervor patriótico por la competencia deportiva, salta a la vista: en mí recorrido por el centro histórico y el Patio de Bellavista conté quince empleados entre labores de cocina y atención en restaurantes o bares (meseros). No fue difícil identificarlos: vestían la camiseta amarilla de Adidas y hablaban en dos acentos: el paisa y el del pacífico.
4. El taxista que nos llevó del aeropuerto al hostal nos daba una pista: “hace 10 años no habían colombianos en Chile, desde ahí fueron llegando y ahora los ves por todas partes, sobre todo en Antofagasta”. ¿Cómo podemos explicar esa situación? La popularización del transporte aéreo y su respectiva baja en el precio, complementada con el aumento de la base social consumidora -especialmente clase media- y la fórmula exitosa de venta de estos grandes eventos deportivos (agenciada por los medios de comunicación y las federaciones deportivas, con el patrocinio de los gobiernos) son algunas razones a considerar.

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5. Entonces tenemos como factores externos la internacionalización de la economía (que incluye una invasiva penetración del sistema financiero a través de la bancarización –dinero plástico- y las transacciones virtuales) que ha ensanchado la escena económica. Una prueba de ello es que ya en las casas de cambio se pueden trocar varias monedas nacionales entre sí, sin tener que mediar el dólar. Otros factores son la revolución de los transportes y las comunicaciones (especialmente las virtuales y digitales) y la globalización del fútbol como deporte y como entretenimiento. Esto último comprende el surgimiento de un nuevo modelo de negocio: el gran evento y el mega-evento deportivo.
6. Entre las razones internas, para el caso colombiano, está el ensanchamiento de la clase media producto –principalmente- del capital escolar derivado de la graduación posgradual de las dos primeras generaciones masivas de estudiantes de maestría formados en el país (resultado de la inserción del sistema educativo colombiano al patrón internacional de créditos entre otras) y el desplazamiento de compatriotas por causas políticas (del conflicto interno) y económicas (en busca de nuevas oportunidades y de mejora de nivel de vida). Por ello un porcentaje importante de quienes fueron al mundial de Brasil fueron estudiantes de posgrado en ejercicio, además de los comerciantes e hinchas militantes de barras organizadas.
7. Ya en lo deportivo, la Copa América no decepciona: ratifica la tendencia del juego al equilibrio, sobre todo cuando –por la globalización y también por la tradición sudamericana de exportación de futbolistas a Europa- todas las selecciones tienen atletas que compiten regularmente entre sí en torneos de América y Europa. Venezuela, Bolivia y Paraguay, las tres ausentes de la pasada Copa Mundo, obtuvieron resultados importantes ante rivales en teoría superiores y Perú casi logra lo mismo ante Brasil.
8. Colombia repitió su sino: los favoritismos siempre le juegan en contra, encima de ello, Venezuela se juega el partido de su vida ante “los nuestros”; definitivamente el “otro” construido por los de la vinotinto son los colombianos que ya es hora de que dejen de ver con desdén a los culpables de salida de dos técnicos nacionales: el ‘Chiqui’ García y Leonel Álvarez.
Hasta ahí las apreciaciones de mis primeras 24 horas en Santiago. Espero publicar para este blog un nuevo texto en la clausura del certamen. Hasta entonces.


Deporte y negocios en Colombia: relato de un fracaso

03/02/2015

Por: David Quitián

Es lo más cercano a la perfección. Lo tiene todo: clientes cautivos, popularidad, renovación de estímulos por temporadas, compatibilidad con viejas y nuevas tecnologías, favor gubernamental, accesibilidad universal. Es tan buen negocio que él mismo es metáfora de cómo hacer negocios: del deporte surgió la expresión coaching que indica acompañar, instruir y entrenar para crear u optimizar empresas.

Las cifras del deporte quitan el aliento: según reporte de Naciones Unidas del año 2010, el deporte pesa el 3% de la economía global y equivale al 1,5% de la economía de la Unión Europea (datos de la Comisión Europea). La Consultora Deloitte ubica al fútbol como la economía 17 del planeta por su Producto Interno Bruto (PIB) de 500 mil millones: es 13 veces el PIB del Ecuador, cuatro veces el chileno; casi dos veces y medio el de Colombia y Argentina. Solo 25 países del mundo producen anualmente una renta mayor a la que genera este deporte.

Patrocinadores Colombia

Números que evidencian lo irrefutable: el deporte como negocio supo adaptarse al modelo económico hegemónico, el neoliberal, capitalizando las bondades de su propia naturaleza, ser un show de masas en la primavera de la sociedad de espectáculo de la que nos habla Debord. El deporte como industria del entretenimiento y como show business para hablar de temas estrictamente monetarios, porque otras características acrecientan su efecto de Rey Midas: oficiar como vehículo y mensaje mismo de ideologías (como aconteció en el Mundial de Italia 1934 y en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936); su actual estatuto de ser asunto de Estado y su espíritu funcional con la lógica del neoconservadurismo económico ejemplificada en el apagón del Estado (que cedió su gobierno a los intereses de multinacionales como la Fifa) por la celebración de megaeventos deportivos como recién pasó con la Copa Mundo en Brasil.

Factores que hacen del deporte un negocio especial, en muchos casos ideal y que invitan a tomar una postura crítica de muchos de los relatos, valores e imaginarios que pregona. El romanticismo de lo atlético, su lirismo, la épica de las hazañas que entraña hacen parte del capital simbólico, después traducido en capital económico, que es una de las mejores estrategias comerciales desde la aparición del librecambismo.

Eso en el nivel orbital ¿acontece lo mismo en Colombia? A priori podemos contestar que no: tal como pasa con la macroeconomía nacional, la política y la cultura, nuestro país ha volteado sus espaldas al exterior concentrando su mirada en el interior, particularmente en el ombligo andino. Ese aislamiento y parroquialismo del que nos habla David Bushnell ha blindado los efectos globales de la economía, produciendo imaginarios internacionales como el de “ser la economía más estable de América Latina” cuando podría decirse que hasta el previo de los TLC fue la más endógena.

Ese “ethos nacional” tuvo una consecuencia inmediata: el episódico intercambio de experiencias, ciencia y tecnología con el exterior. Así, se forjó un campo deportivo que en un principio –inicios del Siglo XX- obedeció al discurso civilizador e higienista proveniente de Inglaterra. Era el sport (deporte) que atendía el pregón de mejorar la raza y combatir el atraso cultural. Corpus retórico y práctico rotulado como modernidad, siendo su objetivo mayor la consolidación de un Estado Nación.

Poco a poco esa estrategia modernizante, eugenésica y de distinción de clase (en los términos de Bourdieu) fue diluyéndose con la popularización de prácticas deportivas como el fútbol, el ciclismo y el atletismo; amén de otras de arraigo idiosincrático e histórico como el tejo. También con la integración entre ciudades y regiones con eventos como los Juegos Nacionales, iniciados en Cali en 1928.

Con la masificación y aparición de entidades que promovían el deporte: clubes deportivos como el Polo (1896) y el Country (1917) y de leyes que expresamente lo regulaban como la “Ley 80 sobre educación física y deportes” de 1925, este emprendió un tránsito entre el amateurismo y el profesionalismo. El primero defendía el espíritu caballeresco, noble, de sus practicantes: los sportsman que competían “por deporte”, es decir, sin esperar siempre la victoria y sin buscar réditos económicos. Lo contrario del profesionalismo que obedecía a un mundo más urbano e industrializado, a una cosmogonía de esfuerzo- costo- beneficio. De trabajo remunerado en dónde el atleta era asimilable a un obrero/ operario asalariado.

Esa tensión se empezó a aliviar con el amateurismo marrón que fue la bisagra que fundió el lirismo con la lógica de mercado. Periodo que fue el antecedente inmediato de la época de mayor esplendor del balompié criollo: El Dorado (1949- 1954). Lustro que escenificó una copiosa migración de futbolistas extranjeros que vinieron a jugar en los equipos fundadores del rentado profesional. Fueron tantos que los colombianos eran los suplentes y se dio el caso, pionero en el mundo y antes de la era de la globalización, de que los 11 titulares fueran de diferentes nacionalidades.

La paga de ellos era jugosa. Las fuentes salariales eran privadas (de empresarios y comerciantes) y el aporte del Estado se expresaba en construcción de estadios y en la logística y seguridad de los eventos deportivos. Hubo colonias de futbolistas internacionales por ciudades: en Bogotá y Medellín se focalizaron los argentinos, en Cali los peruanos, en Barranquilla los brasileros, en Pereira los paraguayos y en Cúcuta los uruguayos.

No obstante El Dorado fue un hecho excepcional y la consolidación del deporte en general y del fútbol en particular como un modelo económico sostenible marchó al mismo ritmo del país: los clubes futboleros pervirtieron el modelo inglés y se convirtieron en feudos familiares que después serían seducidos por narcotraficantes y paramilitares. Los demás deportes, exceptuando el ciclismo que encontró en la fuerza idiosincrática una potencia excluyente, apenas si existieron en el alto rendimiento.

El atletismo, dada la simpleza de su aparataje y al ser una práctica individual (dato importante que describe nuestra sociedad a la que le cuesta trabajar en equipo) tuvo éxitos notables en la región con nombres como los de Álvaro Mejía, Domingo Tibaduiza y Víctor Mora que triunfaron en pruebas regionales y en la prestigiosa Maratón de San Silvestre.

Por su origen el deporte inicialmente estuvo vinculado a la educación (física) y por ello regentado por el Ministerio de Educación. A partir de 1997 su regulación pasó a la cartera ministerial de Cultura. De igual manera, un ajuste constitucional lo ubicó como un derecho ciudadano cuya oferta estatal se entiende como un gasto público (Art 52 CPN). Por esa razón, es obligación del Estado fomentar su práctica y financiar planes, programas y proyectos en cabeza de Coldeportes, los institutos departamentales y municipales.

Esa oferta pública no alcanza a ser un “deporte para todos”, pero garantiza lo mínimo: educación física en la escuela y programas de recreación y deporte para el grueso de la población. La pretensión de la política pública en la materia (Ley 181 de 1995) es de propiciar al sistema del deporte un acceso democrático y en la práctica su enfoque ha sido dirigido a poblaciones vulnerables. Las fallas y el grado de ineficacia que ha tenido el sistema se debe a un cáncer persistente: la corrupción que afecta con sevicia el presupuesto de cultura y deporte en los entes locales y departamentales.

Equipo de ciclismo 1987

Ya en el nivel del deporte de élite la estrategia colombiana ha fusionado el patrocinio público con el privado. El torneo profesional de fútbol durante mucho tiempo fue auspiciado por una empresa de cigarrillos (Mustang), luego por una industria de refrescos (Postobón) y ahora el monopolio es total con la entrada como sponsor de la principal cervecera del país (Bavaria- Aguila) que es también mecenas principal de la Selección Colombia desde los años noventa. Un rápido escáner a los anunciantes de las camisetas de los equipos de fútbol local tendrá (en el pasado y hoy) presencia de tabacaleras y licoreras: empresas públicas departamentales que –promoviendo el deporte con la renta de sustancias estimulantes- pecan, rezan y empatan.

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Con el ciclismo pasa lo mismo. En nuestro recuerdo todavía están registrados los triunfos de los escarabajos en montañas europeas con dos team, uno privado y otro público: el Pilas Varta y el Café de Colombia. El boxeo ha sido más marginal: el ‘Kid’ Pambelé y Happy Lora más que apoyo obtuvieron premios del Estado (y concesiones de cuño clientelista como la llegada de agua y luz eléctrica al Palenque de San Basilio que el presidente Misael Pastrana llevó al pueblo de Pambelé).

Por lo cual podemos concluir que si bien en el último tiempo ha habido una mayor integración con el campo del deporte planetario (que produjo que nuestros deportistas se adapten mejor a las exigencias internacionales), que propició que expertos extranjeros vinieran al país y que compatriotas se formen y aprendan de experiencias del exterior. Eso además del propio desarrollo nacional con el surgimiento de programas de administración deportiva y de deporte y negocios en universidades del país. Sin embargo, la gerencia de nuestro deporte todavía obedece al principio de aparición espontánea de campeones y estímulo a los trofeos y medallas: solo tienen casa los que suben al podio.

El marketing brilla por su ausencia o existe pero con miras inmediatistas, un buen ejemplo de ello es la reciente decisión de la Dimayor de ampliar a 20 el número de equipos de primera división. Iniciativa que busca remediar un error con uno nuevo: repartir la torta de beneficios con más bocas, después de haber hecho todo para que protagonistas del espectáculo estuvieran al borde de la hambruna.


O ciclismo na Colômbia. Metáfora do nacional?

14/09/2014

El ciclismo en Colombia ¿Metáfora de lo nacional?

Os últimos triunfos internacionais fazem pensar que “o ciclismo voltou”. No entanto, ele nunca foi embora. No nível aficionado os colombianos são os senhores (e as senhoras) de América Latina: na pista e na estrada sempre ficam no pódio. No profissionalismo as grandes esquadras do mundo têm nacionais em suas filas. Olhe as classificações das grandes provas do mundo e sempre vai ver “besouros” (escarabajos) no top tem. Ontem terminou a “Vuelta a España” que não teve colombianos entre os 10 primeiros por uma situação inédita: os dois melhores candidatos (Nairo Quintana e Rigoberto Urán) abandonaram. O primeiro sendo líder (saiu por uma queda) e o segundo por doença. A continuação às razões para o sucesso na alta competição deste esporte.

Nota: você vai ter a possibilidade de ler no idioma original este post (espanhol), mas também ele fica disponível em português (isso é o que eu acho) no seguinte paragrafo. Esta ideia é uma tentativa de escritura.

O ciclismo na Colômbia. Metáfora do nacional?

Difícil no conmoverse. Su cuerpo salió por los aires dando un giro de 180 grados que solo frenó el pavimento, haciendo jirones su uniforme. La bicicleta se destruyó y cuando los de su equipo llegaron para auxiliarlo, el ciclista Nairo Quintana se volteó y quedó inmóvil. El narrador de Señal Colombia clamó la ayuda de Dios, mientras nuestra mente se devolvía 29 años para recordar otra caída: la de Lucho Herrera en el Tour de Francia de 1985.

Difícil não se comover. Seu corpo saiu voando pelo ar. Ele deu um giro de 180 graus que só parou o pavimento: quebrou seu uniforme em todos os lugares. A bicicleta foi destruída e quando sua equipe chegou para ajudá-lo, o ciclista Nairo Quintana virou-se e congelou. O narrador da televisão pública (Señal Colombia) chorou a ajuda de Deus, enquanto a nossa mente foi devolvido 29 anos para se lembrar de outra queda: a de Lucho Herrera em 1985, no Tour de France.

Sólo que esa vez el “Jardinerito de Fusagasugá” pudo pararse y con su cara bañada en sangre pasó primero en la raya de sentencia de la etapa Autrans – Saint Étienne. Ambas escenas condensan el espíritu del ciclismo: dolor, esfuerzo, riesgo y drama. El deporte de bielas y tubulares jamás permite que lo sigamos sin estremecernos: cada vez que algún ciclista levanta los brazos en señal de triunfo, no dejamos de aplaudirlo por la convicción de que su actuación tiene rasgos de heroísmo.

Só que desta vez o “Jardinerito de Fusagasugá” poderia se levantar e continuar competindo com o rosto coberto de sangue. Ele conseguiu passar primeiro pela faixa de julgamento na etapa Autrans – Saint Etienne. Ambas as cenas condensar o espírito de ciclismo: dor, esforço, risco e drama. Esporte das manivelas e dos tubulares jamais dá licença para segui-lo sem nos estremecer: cada vez que um ciclista levanta os braços em triunfo, não paramos de aplaudir pela convicção de que o seu desempenho tem traços de heroísmo.

Nairo campeón del Giro 2014

En eso el ciclismo se diferencia de casi todos los deportes: pocos mortales pueden resistir la violencia de 21 días devorando kilómetros en jornadas de hasta seis horas. Menos aún, si la mitad de esas fracciones imponen el desafío de subidas infartantes, vientos lacerantes y temperaturas inhumanas. Ni siquiera todos los practicantes profesionales de esa disciplina pueden soportar pruebas de tres semanas. Sólo la crema de la élite afronta el reto anual en las tres grandes del mundo: el Giro de Italia, el Tour de France y la Vuelta a España.

O ciclismo é diferente da maioria dos esportes: poucos mortais podem resistir à violência de 21 dias devorando quilómetros em frações até seis horas. Muito menos se metade dessas etapas impõem subidas de parar o coração, ventos dilacerantes e temperaturas abrasadoras. Também não todos os praticantes profissionais dessa disciplina esportiva podem suportar testes de três semanas. Só a nata da elite enfrenta o desafio anual de pedalar nas três maiores do mundo: o Giro d’Italia, o Tour de France e Volta da Espanha.

En las tres competencias Colombia tiene historia. Bueno, la verdad es que nuestro país fabrica campeones de la bicicleta desde antes de la década dorada del ciclismo: los gloriosos ochentas que nos dejaron el recuerdo de nombres como Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez, “Condorito” Corredor, “Tomatico” Agudelo, “Rafico” Acevedo, Martin Ramírez, Samuel Cabrera, “Pacho” Rodríguez y esa dupla que se resiste a borrarse del corazón: Luis Herrera y Fabio Parra.

Nas três competências a Colômbia tem uma rica história. A verdade é que o nosso país faz campeões da bicicleta antes da década de ouro do ciclismo: os gloriosos anos oitenta nos deixou lembrar nomes como Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez, “Condorito” Corredor, “Tomatico” Agudelo, “Rafico” Acevedo, Martin Ramírez, Samuel Cabrera, “Pacho” Rodríguez e o duo que se resiste apagar-se do coração: Luis Herrera e Fabio Parra.

Antes del inolvidable Tour de 1984 ya teníamos figuras de talla internacional: El ‘Zipa’ Forero y Ramón Hoyos fueron los amos y señores –en la década del 50- ganando cuanta carrera se programase en América Latina. Luego aparecería otro grande: Martin Emilio “Cochise” Rodríguez, el primer campeón mundial profesional que tuvimos. Él fue recordman de la hora en 1970 y medalla de oro de los 4000 metros persecución individual en 1971.

Antes do inesquecível Tour de France de 1984 já tínhamos figuras de estatura internacional: o ‘Zipa’ Forero e Ramón Hoyos foram os amos e senhores, na década dos 50, ganhando todas as carreiras programadas na América Latina. Depois chegaria outro grande: Martin Emilio “Cochise” Rodríguez, o primeiro campeão mundial profissional que o país tinha. Ele foi o homem- recorde da hora em 1970 e medalha de ouro na prova de 4000 metros persecução individual em 1971.

Este pedalista antioqueño tiene otro mérito: junto al portero Efraín “Caimán” Sánchez fueron los compatriotas pioneros en fichar con clubes de exterior. “Cochise” Rodríguez militó en el Bianchi-Campagnolo, siendo compañero del histórico Felice Gimoni, ganando dos etapas en los Giros de 1973 y 1975. Fue el ciclismo el primer deporte en el que nuestra bandera flameó en el podio al lado de los blasones de naciones económicamente desarrolladas.

Este esportista da bicicleta de Antioquia tem outro mérito: ao lado do goleiro Efraín “Caimán” Sánchez foram os colombianos pioneiros em assinar com outros clubes estrangeiros. “Cochise” Rodríguez agiu para o Bianchi-Campagnolo. Ele foi companheiro do famoso Felice Gimoni. Alí, na Italia, ganhou duas etapas nos Giros de 1973 e 1975. Foi o ciclismo o primeiro esporte em que a nossa bandeira voou no pódio ao lado dos casacos de nações economicamente mais desenvolvidas.

http://www.elespectador.com/noticias/infografia/de-vuelta-colombia-articulo-508836

¿Por qué la cicla entrega tantas satisfacciones deportivas? La respuesta debe buscarse en la idiosincrasia, no nacional, sino regional: la bici tiene pasaporte andino, montañoso, por eso Boyacá, Antioquia y Cundinamarca, en ese orden, son los departamentos más pródigos en ases del pedal. En estas zonas del país la “burra”, como cariñosamente se le dice a la bicicleta, es más que un medio de transporte: es un miembro más de la familia, hace parte de la impronta individual; los padres la entregan a sus hijos no como regalo navideño, sino como herramienta para la vida. Ser dueño de una es como tener nombre, sacar tarjeta de identidad o recibir la primera comunión.

Por que a bicicleta entrega tantas satisfações esportivas? A resposta deve procurar-se na idiossincrasia regional: a “bici” tem passaporte andino, montanhoso, por isso Boyacá, Antioquia e Cundinamarca, nessa ordem, são os estados mais generosos em “caras do pedal”. Nessas regiões do país a bicicleta é chamada carinhosamente de “burra”. Ali ela é mais do que um meio do transporte: é um membro mais da família, faz parte da marca pessoal; os pais entregam-lhe para seus filhos não apenas como um presente do natal, mas sem como uma ferramenta para a vida. Ser dono de uma é como ter nome, tirar carteirinha de identidade ou receber a primeira comunhão na igreja católica.   

La bicicleta es uno de los grandes inventos de la humanidad. Conjugó ingenio, revolución industrial y libertades individuales. Con razón, una organización feminista le rindió homenaje, hace algunos años en París: ella vehiculó –literalmente- la autonomía de las mujeres desde la misma popularización de su práctica. El velocípedo (bautizada así en sus inicios) nunca significó una distinción de clase ni de género: nació plebeyo y unisex; así en nuestro país haya tenido éxito el tipo llamado “monareta” de mayoritario uso femenino.

A bicicleta é uma das maiores invenções da humanidade. Ele combinava esperteza, a revolução industrial e as liberdades individuais. Não é de admirar, uma organização feminista homenageou alguns anos atrás, em Paris: ela produziu autonomia das mulheres desde a mesma popularização da prática. O velocípede (nomeado desse jeito nos inicios) nunca significou uma distinção de crase nem de gênero: nasceu plebeu e Unissex; bem nossa pátria tinha tido sucesso o tipo nomeado “monareta” de ampla utilização feminina.

Esa democracia del “caballito de acero” es la clave de su acogida. No obstante, para la cultura rural colombiana, especialmente de la región andina, ese sencillo y versátil aparato de locomoción forma parte de su inventario identitario. Es difícil imaginar los pueblos, caseríos y veredas de la sabana cundiboyacense, del viejo Caldas y de buena parte de suelo antioqueño, sin personas pedaleando por trochas, caminos y calles. Ya hace parte del paisaje de esas zonas ver ciclistas llevando y trayendo razones; cargando atados de cebolla, cajas de mercado, bebés en el travesaño del marco, mascotas que suben y bajan con el movimiento de las piernas y hasta ramos de flores como los que entregaba Lucho Herrera (el “jardinerito”) en su trabajo.

A democracia do “cavalo de aço” é a chave para sua aceitação popular. No entanto, a cultura colombiana rural, especialmente na região andina, este aparelho de locomoção simples e versátil é parte de seu inventário de identidade. É difícil imaginar os povos, aldeias e zonas de camponeses do plain cundiboyacense, do viejo Caldas e solo antioqueño, sem pessoal pedalando por trilhas, caminhos e ruas. Faz parte da paisagem dessas regiões ver ciclistas levando e trazendo mensagens; carregando cebola amarrada, caixas de mercado, bebês sentados no bar do quadro da bicicleta, filhotes no vaivém das pernas do ciclista e até mesmo bouquets como Lucho Herrera (o jardinerito) entregar seu trabalho.

Niños, jóvenes, adultos, ancianos se entrenan para balancear equilibradamente sus cuerpos, a golpe de pedal, casi al mismo tiempo que aprenden a caminar. Montar en bici es un escenario fundamental de socialización. Es mucho más importante que aprender a bailar y eso es mucho decir en la cultura colombiana. La bicicleta nos lleva a la escuela, como fue el caso de Nairo Quintana (campeón del Giro de Italia 2014), nos sirve para salvar del hambre a nuestros hermanos, como aconteció con Rigoberto Urán (medalla de plata en ruta en los JJOO “Londres 2012”); es útil para conseguir empleo, como pasó con “Cochise” (que atendió un clasificado de “se busca mensajero con cicla”) y hasta sirve para encontrar el amor como le ocurrió al campeón del mundo contrarreloj –año 2002- Santiago Botero.

Crianças, jovens, adultos, idosos são treinados para equilibrar seus corpos ao ritmo do pedal quase ao mesmo tempo em que eles aprendem andar. Ir de bicicleta é uma fase fundamental de socialização. Essa habilidade é muito mais importante que aprender a dançar e isso e muito dizer na cultura colombiana. A “bici” nos leva para a escola, como foi o caso de Nairo Quintana (campeão do Giro de Itália 2014), serve nos para salvar da fome a nossos irmãos, como foi o caso do Rigoberto Urán (medalha de prata da prova de estrada dos jogos Olímpicos 2012); é útil para conseguir emprego, como passou com “Cochise” (que atendeu um anuncio classificado de “se procura mensageiro com bicicleta”) e até serve para encontrar o amor como aconteceu com o campeão do mundo da prova contrarrelógio do ano 2002: o Santiago Botero.    

El ciclismo, para decirlo sin rodeos, le ha servido a un porcentaje significativo de la población nacional, para salir de sus pueblos, comunicarse, ganarse la vida y tener la visibilidad –con el deporte- que jamás hubieran obtenido por otras vías. Los números no mienten: sólo el boxeo le disputa la supremacía de títulos. Otra coincidencia con el deporte de las narices chatas es su mapa cultural: ambos tienen potencial en regiones específicas de la geografía nacional. El boxeo es de costa y el ciclismo de montaña.

Andar de bicicleta, para ser franco, serviu para uma percentagem significativa da população nacional a deixar as suas aldeias, se comunicar, ganhar-se a vida e ter a visibilidade, com o esporte, que nunca houveram obtido de outras formas. Números não mentem: apenas o boxe vai disputar a supremacia de títulos. Outra coincidência com o esporte de narizes achatados é o mapa cultural: ambos têm potencial em regiões específicas do território nacional. O boxe é do litoral e o ciclismo da montanha.

Eso no significa que darse una vueltica en bicicleta, llevando gente “en tornillos”,  no sea una indeclinable moda colombiana. Así sólo una disciplina, el tejo, haya sido declarada “deporte nacional” por el congreso de la República (en una decisión más formal que de beneficio real), la bicicleta como práctica y como símbolo de identidad tiene poderosos elementos metonímicos. Para la muestra un botón: más fuerte que el remoquete de “cafeteros” para los futbolistas colombianos, es el de “escarabajos” de nuestros ciclistas en el concierto internacional.

Isso não significa que dar um pequeno passeio em bicicleta e ir de carona “em parafusos” não seja uma moda de todo o território colombiano. Assim, apenas uma disciplina, o “tejo”, fosse declarada “esporte nacional” pelo Congresso da República (em uma decisão formal com zero benefício real para esse jogo), a bicicleta como prática e como um símbolo de identidade tem poderosos elementos metonímicos. Um exemplo: mais forte do que o apelido de “cafeteros” para os futebolistas colombianos é “besouros” (escarabajos em espanhol) dos nossos pilotos do pedal no cenário internacional.

Ciclista colombiano que se respete sube bien. Es escalador. Trepa sin dificultad. No es gratis que las camisetas de montaña, de carreras del exterior, parezcan escrituradas para los nuestros ¿cuál es la razón? El mito del país de geografía inaccesible (de una cordillera unificada que explota en el sur y se trifurca en tres caprichosos ramales) se hace realidad cuando debes recorrerlo sobre una cross, una turismera, una de ciclo-montañismo o una cicla profesional de cambios.

Um autêntico ciclista colombiano sabe escalar bem. É quase um alpinista. Sobe facilmente. Não é por acaso que as camisas que distinguem ao campeão da montanha parecem reservadas para “os nossos”. Qual é a razão?  O mito da geografia inacessível do país (de uma cordilheira que ingressa pelo sul e explode caprichosa, em três ramos) é verdadeiro quando você deve atravessá-lo em uma BMX, sobre uma “turismera”, em um ciclo de escalada ou ciclos profissionais de variados pinhões.

Imagen de lo nacional en el exterior que recrea la metáfora de nuestra sociedad: un pueblo de alma rural, así se haya urbanizado en su infraestructura. Una nación que se negó a construir un ferrocarril decente y prefirió la enjalma de la mula, el ritmo cansino de la tractomula y la simpleza bucólica de la bicicleta. Un país que se integró, se interconectó, gracias al prodigio de esta última: las etapas de las primeras Vueltas a Colombia pavimentaron en el imaginario nacional las trochas existentes entre pueblos, ciudades intermedias y capitales departamentales.

A imagem nacional no exterior que recria a metáfora da nossa sociedade: uma aldeia rural na alma, assim fosse urbanizada em sua infraestrutura. Uma nação que se recusou construir um trilho decente e preferiu a albarda de mula, o ritmo lento do trator-reboque e a simplicidade bucólica da bicicleta. Um país que foi integrado e interligado, graças ao milagre deste último: as etapas das primeiras “Vueltas a Colômbia” pavimentaram no imaginário nacional as trilhas entre as aldeias, cidades médias e capitais provinciais de então.

Ese fue otro milagro de nuestros campeones del manubrio y el pedal: que cimentaron la idea de nación, de un solo pueblo, una sociedad; entonces poco consolidada. Con la Vuelta a Colombia (que hace poco cerró su edición No. 64) el nombre de “Colombia” empezó a tener más sentido para las mayorías campesinas de mediados del siglo pasado. Con el ciclismo, otro relator potente de la patria se desarrolló: la radio. La tecnología para trasmitir las incidencias de las carreras en las que triunfaban el “Pajarito” Buitrago o Cristóbal Pérez, impulsaron la compra de equipos, la sofisticación de las emisoras y el ingenio de técnicos, productores y periodistas.

Este foi mais um milagre de nossos campeões do guidão e pedal: que eles consolidaram a idéia de nação, de “um só povo”, uma sociedade; então não consolidada. Com a “Vuelta a Colômbia” (que recentemente fechou sua edição n º 64) o nome de “Colômbia” começou a fazer mais sentido para a maioria da população (sociedade camponesa) no meio do século passado. Com o ciclismo se desenvolveu outro relator potente da pátria: o rádio. A tecnologia para as transmissões das competências nas que triunfaram o “Pajarito” Buitrago ou Cristóbal Pérez, promoveu a compra de equipamentos, estações de sofisticação e criatividade de técnicos, produtores e jornalistas.

Razones para celebrar una y otra vez este hermoso deporte. Contexto que explica porque Lucho Herrera fue elegido –por los lectores del Diario El Tiempo- uno de los mejores deportistas del Siglo XX en Colombia y que ilustra el porqué, además del patinaje sobre ruedas, nuestro país sea considerado como potencia mundial. Decir Colombia en ciclismo es como decir Brasil en fútbol. Decir montaña en ciclismo equivale a expresar “ojo con los colombianos”.

Razões para celebrar mais uma vez este belíssimo esporte. Contexto que explica por que ‘Lucho’ Herrera foi eleito (segundo os leitores do jornal “El Tiempo”) um dos melhores atletas do século XX na Colômbia e ilustra por que, além de patinação, o nosso país é considerado uma potência mundial. Dizer “a Colômbia” no campo do ciclismo é como dizer “o Brasil” no futebol. Dizer a prova tem etapas de montanha é igual que dizer “atenção com os colombianos”.

Pero no sólo se tiene prestigio en la ruta; también en la pista y en el BMX dónde las mujeres mandan con ventaja: María Luisa Calle y Mariana Pajón son dos figuras excluyentes por su palmarés y excelencia. Resultados que se evidencian en el ranking de la Unión Ciclística Internacional (UCI) en el que nuestro país y deportistas no salen de los 10 primeros.

Mas não só tem prestígio na rota; também na pista e no BMX, onde mulheres dominam com autoridade: María Luisa Calle e Mariana Pajón são duas figuras excelsas pela quantidade y qualidade de seus títulos. Os resultados são evidentes no ranking da União Ciclista Internacional (UCI) em que os atletas de nosso país não deixam o top 10.

Por eso no es de extrañar que los triunfos sigan llegando. Por eso no es raro que ahora le disputemos de tú a tú los lideratos y trofeos de campeones a europeos, norteamericanos, rusos y australianos. Estamos en la élite porque se dio la estupenda mixtura entre talento, cultura y –ahora- gruesos patrocinios. Actualmente los nuestros son capos de escuadras internacionales, con toda la ciencia y tecnología a su disposición. Ya los tiempos de la panela en la espalda (como energizante criollo) son cosas del pasado.

Portanto, não é surpreendente que as vitórias continuam chegando. Portanto, não é incomum agora disputemos frente a frente às lideranças, troféus e campeonatos com os europeus, americanos, russos e australianos. Estamos na elite pela mistura de talento, cultura (idiossincrasia) e agora grossos patrocínios. Atualmente nossos ciclistas são os senhores dos esquadrões internacionais, com toda a ciência e tecnologia à sua disposição. Já os tempos da rapadura guardada no bolso das costas (como energizante crioulo) são coisas do passado.

Preparémonos para la suculenta cosecha que viene. Senda marcada por los primeros escaladores, por los equipos Varta, Café de Colombia, Manzana Postobón y por la imagen más potente de lo que significa el ciclismo para la patria: ver al presidente Virgilio Barco, en el balcón del Palacio de Nariño, vistiendo con la emoción de un niño, la camiseta de campeón que Luchito acababa de ganar en la Vuelta a España de 1987.

A gente na Colombia esta se preparando para a suculenta colheita que vem. Caminho marcado pelos primeiros escaladores, para equipes como Varta, Café de Colômbia, Manzana Postobón e pela imagem mais potente do que significa o ciclismo para a pátria: ver ao presidente Virgilio Barco, no balcão do Palacio de Nariño, vestindo com a emoção de uma criança, a camisa de campeão que “Luchito” tinha acabado de ganhar na “Vuelta a España” de 1987.


Identidades, nacionalismos y fútbol en América Latina: táctica y estrategia de una tradición dentro de una novedad

11/05/2014

“La patria es la selección”

Albert Camus

Na companhia de mais três pesquisadores colombianos (Efraín Serna, Guillermo Montoya y Alejandro Villanueva), nós publicamos pela editorial Kinesis o livro: “Naciones en campo: fútbol, identidades y nacionalismos en América Latina” que contem contribuições de académicos de nove nações da região latino-americana: México, Costa Rica, Equador, Venezuela, Argentina, Uruguai, Chile, Brasil y Colômbia. Como um presente para os leitores desde blog, eu compartilho uma versão da introdução da obra de minha autoria. 

La nación imaginada en clave de gol. La cultura sintetizada en 90 minutos y en ese “tercer tiempo” que es la reposición que ata el pitazo final de un juego con el primer minuto del próximo. Metáfora y metonimia y quizá también hipérbole y pleonasmo. El fútbol no sólo encarnó con relativo éxito la modernidad de los grandes relatos; para este caso el del mito fundacional de la patria, sino que se convirtió en su propia criptonita: no existe nada más volátil, efímero, fugaz, que la narrativa futbolera (Carrión, 2006; Quitián 2009). Un club se reinventa –en las redacciones de los periódicos, en los muros de Facebook, en las conversaciones de bar – fecha tras fecha de la liga local.

Capa do livro: "Naciones en campo: fútbol, identidades y nacionalismos en América Latina"

Capa do livro: “Naciones en campo: fútbol, identidades y nacionalismos en América Latina”

Pero ¿Es posible que él resuma la nación? El periodismo escrito –desde el ecuador del siglo XIX- fue el primero en coquetearle a esta idea, desde que se dio cuenta de su susceptibilidad para ser narrado. Claro que esa cualidad aplicaba para casi todos los deportes; sólo que ninguno se difundió tan rápido y se hizo tan popular como el soccer que partió aguas con el rugby que no proscribió el uso de las manos. Otro detalle incidió en su asimilación con villas, pueblos y naciones: era práctica colectiva, implicaba la conformación de equipos. La sumatoria de personalidades que conformaban una entidad superior denominada club y más adelante, también, selección nacional.

Esa creación de un súper-yo deportivus –el club- excedía en mucho la mimesis que suponía el boxeo o el ciclismo, por citar dos deportes clásicos y populares del siglo de oro de los deportes que va desde la mitad de la centuria del 19 a la del 20. Por los cuadriláteros la nación apenas se asoma: la historia se puede acabar por vía del nocaut y está condenada al olvido con el declive o el retiro del pugilista. Igual pasa con el ciclismo: difícil es construir un relato grupal a partir de valores individuales. Una etapa, clásica o vuelta depende, para su inmortalidad, del oxígeno nemotécnico de una leyenda a prueba de amnesia(1). Casos ha habido (Pambelé y los “escarabajos” encabezados por Lucho Herrera en Colombia), pero son contadas excepciones que validan la regla (Quitián, 2010).

Quizás ayude a entender mejor el porqué de su capacidad para fungir como sucedáneo de la patria, el que consideremos su naturaleza original: el fútbol, como todos los deportes, es expresión estamental. En otras palabras, surgió como producto de una identidad gremial, de una clase social, de un “habitus” singular de una franja poblacional específica. Su cuna es eugenésica, noble y cortesana. De rebote su asunción, su práctica, es factor de distinción. Jugarlo implicaba marcar una diferencia entre el caballero y el plebeyo. Entre el sportmen y el burgués. Entre el gentleman y el villano. Entre el que se jactaba de cultivar su cuerpo y quienes estaban obligados a cultivar la tierra. Junto a Pierre Bourdieu (2004), Marcel Mauss explica con mayor lucidez este escenario de variedad cultural, en su ensayo sobre las técnicas corporales (1979).

Al contener valores de clase, al ser piel que circunscribe un corpus cosmogónico que –para sus inicios- oponía el fair play feudal al librecambismo de la burguesía y la hidalguía de la Corte al paganismo rural, el football asume también un carácter civilizador que ya no solamente pretende diferenciar las gentes de la metrópoli, sino también los pueblos obligados a jurar lealtad bajo la divisa de la Union Jack. Ese proceso, detallado por Norbert Elias (1996), que atribuye al deporte la aparición del parlamento y que sofistica la idea de Clausewitz (2008) de considerar la guerra como “la política por otros medios” y la transforma en “el deporte es la política (o la guerra) por otras vías” (Elias, 1996: 49), tiene como co-relatos la introducción del sport (el deporte) en los territorios que después se erigirían como repúblicas modernas en representación de antiguos pueblos.

Este proceso ha sido ampliamente detallado por periodistas, historiadores y otros cientistas sociales que recrean cómo los discursos higienistas, civilizatorios y de mejora de la raza –del fin del diecinueve y la primera mitad del veinte- vinieron empaquetados en las narrativas del deporte. Ya el sport no solamente contenía el genoma cultural de una clase social que debía alcanzar el sueño de Emerson de que todo “británico fuese un potencial embajador de la Corona”, sino que era el elemento sine qua non imaginado para esa otra gran invención: la civilización Occidental. Por supuesto que esta retórica responde a una ideología de época, régimen y clase; no obstante sus expresiones discursivas (y prácticas), sus desarrollos y alcances fueron desiguales y hasta contradictorios según sea el lugar donde pretendió implementarse con variados niveles de violencia real y simbólica.

Así las cosas, el sport (después se españolizó como deporte y se brasilerizó esporte) entrañaba no sólo una magnífica metáfora de la sociedad del epílogo del siglo XIX: por un lado de la fraternidad estamental de sires y lores; por otro de la distribución de tareas y la asunción de responsabilidades (propias de la transición de la factoría a la industria); así como de la abnegación por el trabajo de la ética protestante y –en general- de la concepción funcional (orgánica) de la sociedad que recompensaba el trabajo en equipo.  Pero al mismo tiempo, respondía a una estrategia de gobierno imperial y de política de Estado: expresaba un ideal civilizatorio escenificado en las personas que disponían de tiempo suficiente para cultivar destrezas mentales y corporales, las que superaban los límites del espíritu forzando las fronteras físicas, pregonando siempre una actitud nobiliaria: la del juego limpio, con la que se despreciaba tanto el triunfo como la derrota en pro del respeto al estatus quo del reglamento que equivalía a la armonía del orden social.

Símil de sociedad y táctica biopolítica. Pero también corpus identitario y según los estudiosos del tema de su difusión en Argentina y Brasil, elemento narrativo de las propias naciones ¿Cómo fue posible ello? ¿Cómo la nación puede relatarse al ritmo de la gambeta, la pared y el gol? Para el caso reciente, conviene darle el crédito a la argentina Beatriz Sarló (1988, 1998) quien se preguntó por el peso político del fútbol en las representaciones colectivas de sus compatriotas. Trabajando esa línea, Pablo Alabarces (2008) concluyó que ante la ausencia de discursos políticos envolventes de lo nacional (o ante su agotamiento), es el fútbol quien mejor sustituyó los mensajes de unidad nacional. Claro que una y otro fueron claros al señalar que el fútbol (y la selección) no son la patria, entre otras porque los estados de ánimo que sus triunfos y derrotas generan, impiden la estabilidad narrativa que supone todo mito fundacional (Alabarces, 1998).

Ya Eduardo Archetti había anticipado esa perspectiva en su ensayo “Fútbol y ethos” (1984), maximizando las posibilidades de análisis con su obra sobre las masculinidades a partir del examen idiosincrático del polo, el fútbol y el tango (1999). Su tesis, que aplicaría de manera más o menos homogénea para toda América Latina (siendo México, con su inquebrantable leyenda de virilidad, la mayor excepción), es que en contravía de los relatos que prescriben lo que significaba ser macho, definido en el libro “El gaucho Martín Fierro” de José Hernández (1983), era el fútbol la única área libre dónde para ser hombre se debía ser niño (pibe). Todo por una razón elemental: para vencer a los ingleses había que engañarlos, burlarlos, confundirlos; no confrontarlos cuerpo a cuerpo porque así ellos ganaban (1995).

Roberto Da Matta y una generación de antropólogos- sociólogos brasileros: Simoni Lahud Guedes, Arno Vogel, Marcos Alves de Souza, Bernardo Buarque de Hollanda, Ronaldo Helal palpitaron con similar sensibilidad intelectual: sofisticaron la idea del estilo nacional de juego (identidad lúdica), describiendo a profundidad la personalidad arquetípica del malandro (a malandragem) en tensión con el otario (el engañado/ el europeo por extensión) que refuerzan el estereotipo social de la “malicia indígena” (desde Bolivia, hasta México) y de la “viveza criolla” o la picardía del potrero para la región del Rio de la Plata. En “Universo do futebol” (1982), se habla del “jeitinho carioca”, entendido como un ethos, una cosmogonía, una forma de ser que asume el fútbol en consonancia con el desparpajo propio del carnaval: con la frescura de la playa y la temperatura del trópico. Eso genera el “jogo bonito” que es también baile (samba) y engaño (capoeira) y se complementa con el mito mestizo de brasileridad expresado en textos como “O negro no futebol brasilero” de Mario Filho y “Casa- Grande & Senzala” de Gilberto Freyre .

Descubrimos así una veta analítica que no sospechábamos cuando nos iniciamos como aficionados del fútbol (y aquí habría que incluir también las adscripciones clubísticas que genera el balompié, que es otro factor de constituciones identitarias parciales y totales): la de sus posibilidades de narrarnos como comunidad imaginada, como nación, en los términos de Benedict Anderson (2007). Otro que lo había advertido era Eduardo Galeano (1995), ciudadano de ese pequeño-gran país que es el Uruguay que puede ser –sin temor a equivocarnos- el verdadero país del fútbol, a juzgar por su pequeña demografía (son casi tres millones de personas) y su rica historia de triunfos en el deporte de los guayos. Imposible –dice Galeano- no definirse en términos de “la celeste” en la República Oriental que fue casa de la primera Copa Mundo de la Fifa.

Para ilustrar la singularidad a este respecto- en la región, conviene leer los textos (además de los ya citados de Argentina y Brasil) de Fernando Carrión en Ecuador (2006), Aldo Panfichi en Perú (1994), Sergio Villena en Costa Rica (2003), Samuel Martínez en México (2010) y los “Cuadernos de nación: belleza, fútbol y religiosidad popular” en Colombia (2001), especialmente el artículo “La nación bajo un uniforme” de Andrés Dávila Ladrón de Guevara y Catalina Londoño (2001). Está por aparecer, nos consta que así es, una producción considerable y respetable en Venezuela, Chile y Uruguay. Los textos que aparecen en este libro, de Alessandro D’amico, Rodrigo Soto & Carlos Vergara y Cristián Maneiro son una prueba de lo que está por venir. 

Para el caso de Colombia existen dos desafíos: examinar con el escrúpulo que ya tuvieron nuestros pares del cono sur sudamericano, las narrativas de nación desde la arena del fútbol, teniendo como fuente primaria la prensa general y la especializada. Es cierto que aquí el balompié profesional fue de los más tardíos en profesionalizarse en la región(2) y que, quizá por ello, la reseña descriptiva y los textos que lo trataban con análisis en páginas editoriales, de variedades o de cuando se crearon las secciones de deportes es magra hasta empezada la segunda mitad del siglo pasado. Recordemos: enseguida de “El bogotazo” se inaugura a las volandas el torneo nacional. Un reto subsidiario de este primer punto es establecer con mayor rigurosidad la relación entre el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán, que recrudeció la guerra civil conocida como “La Violencia” (1946- 1966) y  el debut de la liga que, como todos los cronistas coinciden, aconteció con gran suceso tal como lo evidencia el nombre con el que fue bautizada esa época de esplendor futbolístico: “El Dorado” (1949- 1954).

Paradójico que ante la magnificencia de un fútbol incipiente en historia y desarrollo, pero pletórico en estrellas extranjeras (principalmente argentinos, uruguayos, paraguayos y brasileros) (3), el país se debatiera en una lucha bipartidista, de sectarismos políticos que desangró un porcentaje importante de la población nacional e impidió que el proceso de unidad nacional se consolidara (Quitián, 2011). Importante es sopesar hasta qué punto el fútbol fue un elemento pacificador –desde la perspectiva elisiana- según se presenta en el original estudio de Alberto Mayor Mora para el caso del Valle del Cauca y Antioquia (1985).

El segundo desafío es comprender cómo se pudo gestar el encantamiento oral de un pueblo campesino, que creyó el relato de una sola nación a partir del prodigio de la radio y del libreto narrativo del ciclismo, el boxeo y el fútbol. Para 1938 (fecha de la primera participación internacional en fútbol) (4) la mayor parte de la población residía en el campo, tenía vocación agropecuaria y llegaba al 80% de analfabetismo. El país no llegaba a los 10 millones de personas y tenía baja movilidad en términos de desplazamientos internos (los viajes al exterior eran una rareza por la baja oferta y el alto costo) (5) e integración. El mundo era la vereda, el pueblo o máxime la región.

Ante ese panorama, la radio jugó un papel central no sólo como vehículo de comunicación interna, sino como factor de integración de regiones y provincias con el centro del país. Pero no sólo para comunicar lo que acontecía en Bogotá en términos informativos, sino para transmitir los valores que las élites querían socializar, imponer y desarrollar en su propósito de hacer del país una nación con características modernas. Sopesar hasta qué punto esta triada de deportes: el ciclismo, el box y el fútbol consiguió confeccionar la fantasía de la nación y persuadir su historia en la masa de oyentes, mediante el relato épico de los héroes deportivos, es la tarea que se anticipa en la agenda programática propuesta en el presente artículo.

Hasta donde las figuras deportivas, los blasones, divisas, himnos y relatos del deporte sustituyeron con eficacia (como ocurrió parcialmente en Argentina) el discurso de “lo nacional”. Qué tanto la política y la historia oficial aprendida en la escuela cedió o se complementó con la transmisión vía ondas hertzianas de los deportes, particularmente del fútbol, en la que se daba cuenta de la representación de atletas que encarnaban al país en competencias entre naciones, disputadas en el extranjero.

Si aceptamos que lo nacional es un consenso negociado, en tensión entre lo tradicional y lo novedoso y que la mitología que lo soporta incluye un relato fundacional y la presencia de figuras legendarias que enfrentaron con valentía, coraje e ingenio adversarios que impedían la existencia propia, tenemos un ámbito en el que el deporte tiene serios chances de obrar como sustituto narrativo. Una forma de abordar analíticamente este aspecto es parafraseando a la ya mentada Simoni Lahud Guedes (1977); ella nos habla de “a instituição zero” (institución cero) que es la versatilidad del fútbol (y por extensión del deporte) para fungir como estructura comodín de ideologías de disímil característica. Basta ver cómo el gobierno del presidente Juan Manuel Santos lo ha instrumentalizado discursivamente en los diálogos de paz en la Habana y como su contraparte, los negociadores de la guerrilla de las Farc, han aprovechado la aparente neutralidad del fútbol para proponer un duelo simbólico en Cuba y Santa Marta (6). Con ello podríamos concluir que el fútbol sirve para todo, incluso para refundar naciones…

Como corolario de esos desafíos está uno más contemporáneo y es el de la observación profunda de la relación del fútbol con la massmedia; tópico al que todavía le debemos tiempo: su escrutinio como industria cultural. Pero viene más a cuento de este libro, su vínculo último con la publicidad. Sobre todo por la inevitable sospecha que sentimos de estar ante dos estupendos canales de comunicación. Fútbol y publicidad (7) aseguran eficacia del mensaje, garantizan ganancia del negocio (Quitián, 2013a) y tienen la coincidencia de ser potentes cajas de resonancia de lo nacional.

¿Ante la desaparición de figuras políticas que renueven la identidad nacional será la publicidad quien asuma las narrativas de nación? Ya la magnanimidad Bolívar parece perder brillo y los apellidos Valderrama y Falcao dan la sensación de ser más aglutinantes. Ni qué decir de comparar el orgullo por la batalla de Boyacá frente al 1 x 1 con Alemania en “Italia 90” o el 5 x 0 a los argentinos del 5 de septiembre de 1993 ¿Seguirá siendo el fútbol un emplasto de la patria? Por lo menos si es importante para el 95% de los colombianos, como lo certifica la última encuesta nacional del centro Nacional de Consultoría (2014). Todavía no está dicha la última palabra y el Mundial de Brasil 2014 promete ser un laboratorio social (por las seguras protestas que habrá y porque trae de nuevo a la palestra la visión neomarxista de que es el “opio del pueblo”) que propicie nuevos escenarios ciudadanos y estimule más discusiones sobre el particular.

Como hecho social total que es, no hay duda que con la Copa reeditaremos esa sensación de asistir a una guerra simbólica e internacional de repúblicas, donde estarán en juego cosas importantes como el orgullo y el prestigio nacional y otras más banales y triviales –a decir de Catherine Palmer (1998)- como el demostrar fervor por la selección y dar a conocer al mundo cosas propias de nuestra idiosincrasia. Las naciones entran en campo y con ello las historias de nuestra patria están expuestas a reescritura.

Notas

  1. Interesante observar como en nuestro país la Vuelta a Colombia fue la artífice de la integración real de localidades de la región central- andina (entre ellas: Bogotá, Ibagué, Tunja, Manizales, Pereira, Armenia, Medellín, Cúcuta y Bucaramanga) y de esta zona con sectores interandinos (especialmente Cali y Neiva) y con la costa caribe (Santa Marta, Barranquilla y Cartagena). La programación de etapas entre estos municipios impulsó la red de carreteras, modernizó la transmisión radial y permitió pensar en términos de nación, por encima de región.
  1. En Argentina el primer torneo profesional data de 1931, en Uruguay en 1932 y en Chile en 1933. Brasil, dada la extensión nacional de su territorio tuvo un proceso desigual, pero el paso del amateurismo al profesionalismo se empezó a gestar con los torneos inter-estaduales entre Rio de Janeiro y Sao Paulo, promediando la década del 30.
  1. La colombiana, antes que la italiana, inglesa, española y británica, fue la primera liga en la que las nóminas titulares estaba integradas en su totalidad por extranjeros. Los nacionales eran suplentes. Ver Guillermo Ruiz Bonilla (2008).
  2. El 15 de febrero de 1938, en Panamá, en el marco de los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe.
  1. De hecho Colombia sigue siendo un país de poco tráfico de nacionales al exterior. Hasta 1990, según una encuesta de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) el 80% de los colombianos no había salido ni pensaba viajar fuera del país. Probablemente esa situación esté cambiando en virtud de la mayor oferta de aerolíneas (baja de tarifas) y el crecimiento de la clase media en el país.
  1. Originalmente la oferta, aupada por el gobierno, surgió de labios de Carlos “El Pibe” Valderrama y de Mauricio “Chicho” Serna que le propusieron a los representantes de las Farc que “cambiaran los tiros de fusil por tiros al arco de una cancha de fútbol”. Iván Márquez (jefe de los negociadores de la guerrilla) contrapropuso un duelo de ida y vuelta en La Habana y la cancha de ‘Pescaito’ (Santa Marta) dónde surgió el Pibe como futbolista.
  2. El matrimonio afortunado del fútbol con la publicidad ilustra muy bien el carácter del primero en su expresión de alta competencia. Para algunos investigadores (Simoni Guedes, Ronaldo Helal, Victor Melo, etc., etc.) el fútbol es tan singular que ya no puede ser considerado un deporte: es más un espectáculo televisivo, un show multimedial que –por ello mismo- no obliga a sus atletas a los sacrificios, abnegación y confinamientos de otros deportes. Recuerden como varias vedettes del balón (Romario, Asprilla, Cuauthemoc) pasaban la noche en discotecas y al día siguiente eran figuras de sus equipos.

Bibliografía

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Copa Brasil 2014: um contra-ataque na estratégia de integração sul-americana

05/01/2014

Primeiro, uma confissão: é com verdadeira emoção que eu escrevo neste palco acadêmico. Ter a certeza de fazê-lo para uma galera tão qualificada (alem de ter a segurança de ser lido!) é uma mais-valia poucas vezes encontrada. Alem disso, experimento a felicidade por compartilhar minhas impressões com outros leitores da blogosfera, dos muitos que de maneira acrescentada ingressam neste site procurando a credibilidade dos autores que assinam nesta palestra interativa.

Também eu peço desculpas pelo ruim de meu português: aceito que minha construção gramatical tem muitos erros e que uso palavras inexatas em quase todos os parágrafos. É muito difícil apreender o uso do monte de acentuações, das contrações e do gênero para as palavras nesta língua! Espero que resistam até o final do texto. A coisa é que depois de muito pensar decidi (tentar) escrever na língua do país que abriu as portas para mim, acolhendo-me como bolsista de doutorado em antropología pela CAPES, na Universidade Federal Fluminense. Acredito, então, como um dever o esforço que vibra na mesma frequência da tese deste post: o desejável de uma verdadeira integração da região da América Latina (AL); objetivo que inicia com a aprendizagem de nossos códigos linguísticos que são a expressão imediata do jeito cultural que o contém.

O grupo de trabalho nucleado ao redor do Sport: Laboratório de História do Esporte e do Lazer tem demonstrado pela sua produção (eventos, publicações, oferta de cursos, mobilidade internacional e quantidade de pesquisadores;) que é uma das equipes com maior sucesso da AL: não existe outro coletivo com essa envergadura de reunir pesquisadores (mestres e doutores) de varias universidades trabalhando de jeito tão articulado; também não temos noticia de nenhum outro do nível de interlocução com Europa e África, convertendo-o num grupo de olhar amplo e diferenciado e -por isso mesmo- de riqueza polifônica.

Grupo não isolado e que descreve muito bem o potencial nacional em o campo chamado de “estudos socioculturais do esporte”, fazendo especial atenção na historia dele e suas conexões com outras dimensões sociais e do mundo da vida. Realizar um escâner do estado da arte desse campo de estudos –ainda novo na ortodoxia acadêmico/disciplinar- já é uma tarefa difícil: o incremento do exame desse tema é direitamente proporcional ao tamanho da academia (e da pesquisa) e ao sucesso do esporte de alto rendimento no Brasil. Na medida em que o esporte aumenta sua aparição nas telas da mídia, também cresce o interesse da universidade e os pesquisadores por tratar tópicos gerados nele, muitos deles cenários privilegiados das mudanças sociais próprias da pósmodernidade e do chamado póshumanismo.

Este ponto é importante (e tive que descobri-lo morando aqui): o povo brasileiro não somente se apaixona pelo futebol, também é maluco por outras de suas variantes (futebol de salão e praia; masculino e feminino) e segue outras práticas esportivas como vôlei, basquetebol e o “valetudo” (UFC), sem contar esportes como o atletismo e variantes da luta (alem do paralimpismo) onde é protagonista mundial. Esta característica é diferenciada da região, onde os estudos são principalmente do “esporte rei” e sua expressão mais sensível para opinião pública: as torcidas organizadas (barras bravas).

Por isso fazer um balance no Brasil equivale a realizar, pelo menos, um do tamanho da AL. Um dado é altamente eloqüente: numa palestra sobre a Copa das Confederações, feito na UFF no mês de março de 2013, eu ouvi de um pesquisador nordestino esta cifra: existem 67 trabalhos de doutorado sobre o campo no Brasil. Pablo Alabarces, investigador argentino, falou de sete na Argentina, César Federico Macías disse que México não tem mais de dez e eu falei que na Colômbia –meu país- só temos três. Outro indicador estatístico é o tamanho da participação dos brasileiros nos eventos acadêmicos da região (e até nos cargos diretivos nos organismos acadêmicos latino-americanos): no passado congresso da Associação Latino-americana de Sociologia- ALAS (realizado no Santiago de Chile em outubro de 2013) a quantidade de pesquisadores ‘verdeamarelos’ foi desbordante. Mais parecia um congresso federal: no grupo onde eu participei (o GT-23: deporte, ócio y recreación), de 50 trabalhos, 29 foram “del país del penta” que foi a sacanagem de moda na mesa. Os números não mentem!
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Potente desenvolvimento que obedece a uma marca identitaria do Brasil: sua exuberância, sua riqueza, sua democracia racial (ao menos, como imaginário) e seu tamanho continental: é comum a piada na AL de fala espanhola que diz que todo o que vem do Brasil é “o maior do mundo”: como o Maracanã. Esses valores da nação foram veiculados –antes do governo do Lula da Silva- somente no futebol e quase exclusivamente na Seleção. O futebol de clubes era visto inferior ao argentino (basta lembrar como até faz uma década os times brasileiros tinham participação ruim na taça Libertadores) e todos morríamos ante as dificuldades de compreender o complexo sistema de campeonatos estaduais, regionais, Copa do Brasil, Brasileirão; alem do vigor das categorias A, B, C e D. Esso é droga pura!

O paradoxo, é que a fala com a América de língua espanhola é mais fraca do que deviera: é possível que pelas mesmas razões históricas do afastamento do Brasil de seus vizinhos: pela barreira da natureza nas fronteiras com os demais países da região, pelo abraço da monarquia em contraste com o caminho independentista da Corona das outras nações e por a língua. Essa contradição parece repetir a distancia ancestral entre a Espanha e o Portugal: tão pertos e tão distantes. Tão amigos como rivais. Como o idioma mesmo: espanhol e português são línguas irmãs (provem do Latim), mas sua proximidade ainda não consegue derrotar o pouco interes das populações envolvidas e até o temor ao desconhecido (minha deficiente escritura do português é mais uma prova de “essa distância”).

Porem essa distância esta se reduzindo com a integração “da cima para baixo”, executada com acerto por os dois últimos governos brasileiros. Agora, alem dos acordos econômicos, existe uma forte presença cultural, tecnológica e política do Brasil no resto de Sul America. Essa presencia esta “desfutbolizando” (para dize-lho em espanhol) o imaginário que nós temos fora do que significa o país do lema “Ordem e Progresso”. Dizer “nós temos” é uma generalização; contudo vou empregar como exercício acadêmico essa expressão para me referir aos discursos da imprensa (da mídia), das elites políticas e o que chamamos “a fala popular” para configurar (construir) esse “outro” em que se converteu Brasil para o resto de Sul-america. Uma advertência tem que ser feita: estas impressões são ainda um rascunho e estão escritas com ar descontraído. Varias foram faladas, em botecos e praças, com a galera de sul-americanos que fazem pós-graduação no Rio de Janeiro e Niterói.

Quando eu digo “sul-americanos” estou marcando uma primeira distinção: é assim como eu ouvi que os amigos brasileiros nos chamam ao resto de pessoas de outros países. A primeira vez que eu escutei “sul-americanos”, como uma etiqueta para exotizar aos outros (como dizer `japonês’ ou ‘gringo’) foi no estádio Engenhão no Rio, da boca de um amigo carioca que quis se referir ao jeito argentino de torcer (com guarda-chuvas e globos; saltando nas arquibancadas em tanto cantavam canções com ritmo de “cumbia villera”) que já imitam algumas torcidas organizadas nas tribunas do país.

Essa construção do “outro” foi particular: em tanto que -segundo autores como Eduardo Archetti e Pablo Alabarces (1995, 2008)- o grande rival da Argentina, no futebol, foi Uruguai e a nível político Chile (pela rivalidade das ditaduras de Pinochet e a Junta Militar na cabeça de Videla) e logo Inglaterra pela “Guerra de las Malvinas”. Brasil somente foi considerado rival (para os argentinos) a partir da popularização da internet na AL (ver Ronaldo Helal et AL, 2001) e aconteceu como uma resposta, depois que a mídia bonaerense comprovou que eles (a ‘albiceleste’) já eram os “outros”, os rivais declarados pelos brasileiros. Assim começa a lenda dos catimbeiros Vs. os macacos.

Mas o mito do Brasil como rival somente funciona com a Argentina. O “maracanazo” não conseguiu uma verdadeira rivalidade com Uruguai. Poderíamos dizer que –atualmente- é mais um destaque da mídia inspirado num fato real que contribuiu ao desenvolvimento do futebol nos dois países, que o inicio de uma rivalidade esportiva consistente. Isso é irreal, tanto pelo tamanho da população, das economias, como pelos valores em jogo que não são adversários. O único cenário onde essa rivalidade tem possibilidades –alem da lembrança histórica- é na publicidade, como aconteceu no comercial do fantasma azul de recente aparição.

Lembro agora a frase do jornalista de Buenos Aires, Jorge Barraza, ele dizia: “quando Brasil joga a Terra toda quere que ganhe; quando Argentina entra no campo, a Terra sempre torce na sua contra”. Que quer dizer isso? Que o cartão postal do Brasil: praias, carnaval, futebol –que são atributos cariocas- não são objeto de rivalidade. Quem quer ser rival da alegria? Quem se atreve vencê-la? Ninguém quer ser o vilão! Brasil sempre representou o triunfo da miscigenação, vitoria da magia; a supremacia do talento natural: de geração espontânea, de areia e sol, de pelada. Por essa razão, todos na AL “hispana” chamávamos aos brasileiros “brazucas” antes que a FIFA escolhera esse nome para o balão oficial da Copa. Era a vindicação do jeito carioca, da maneira estereotipada de viver no Rio der Janeiro, que tão bem intelectualizou o Roberto Da Matta.

Em tanto que a Argentina, no resto da América Latina se foi o “outro” de sucesso. Ela foi pai, mãe e rival ao mesmo tempo. Assim em todos os países tinham um Charles Miller vindo da Inglaterra, foram os jogadores do Rio de La Plata os encarregados do desenvolvimento desse esporte país por país. No caso da Colômbia, tivemos uma época espetacular, conhecida como “El Dorado” (1949- 1954) que aproveitou uma greve de futebolistas no solo argentino que migraram para meu país, inaugurando a liga e constituindo um jeito de olhar, sentir e viver o futebol que hoje tem sempre como referente o que acontece no sul de América. Situações parecidas viveram as outras nações integrantes da Confederação Sul-americana de futebol (Conmebol): o espírito imigrante –propriedade da população rioplatense- deu licença para as muitas aventuras de jogadores argentinos (e uruguaios) que colonizaram torneios de futebol na America do Sul, diferentes do Brasil que tinha seu próprio potencial e que não se ocupou dos vizinhos por ter um cenário (um “mercado”) tão maior que não dava tempo para exportar, com a exceção das primeiras incursões na Europa, no correr da primeira metade do século passado.

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E como Argentina se teve diferencias étnicas, o mito prosperou em terra fértil. Em tanto Brasil –na caneta de Mario Filho e Gilberto Freire- falava do sucesso do mito das três raças (europeia, africana e indígena) e do ingresso dos negros à sociedade pelo caminho do futebol, na Argentina o cantante popular Facundo Cabral dizia: os mexicanos provêm dos astecas, os peruanos dos incas e os argentinos dos barcos. Essa marca europeia (depositaria da famosa arrogância) e o fato de ser eles os impulsores do futebol aos que deveríamos ganhar-lhes (completando o complexo do Édipo) se queríamos ter a maioria de idade, foi o que fiz dos compatriotas do Maradona nossos mais redomados rivais.

Por isso a goleada de 5 x 0 de Colômbia sobre Argentina, lá no Monumental de Núñez, em Buenos Aires (eu falo deste, como recitando uma passagem da historia pátria) foi tomada como o parricídio. Como o ingresso a maturidade do futebol nacional que, no discurso da imprensa, “agora se podia aspirar a ganhar a Copa do Mundo”. Melhor não aprofundar no que passou depois: a Seleção foi eliminada cedo da Copa USA 94 –depois de ser declarada favorita- e a defensa Andrés Escobar foi assassinado pela máfia quando voltou ao país.

Então, o Brasil sempre foi outro. Mas outro mais ausente que presente. Nunca rival. O melhor exemplo é o contraste do Maradona e Pelé que é o mesmo que a diferença entre o irmão problemático e o irmão simpático. Do irreverente e o politicamente correto. Do mestre da dramatização e a tragédia (o menino da pelada que vira herói da pátria) e o gênio do talento incomensurável. Do Beethoven e Mozart. Com o ‘Pelusa’ pode acontecer que as pessoas adorem seu jogo e aborreçam sua personalidade (concepções duais), em tanto que sempre “O rei” foi idolatrado por sua correção dentro e fora do campo.

E esse jeito que potenciou o clichê do carioca. Esse imaginário que fiz pensar a América Latina de fala espanhola (e provavelmente ao mundo) que os brasileiros eram negros como sua Seleção e doces como a bossa nova e alegre como o samba, esta mudando gradualmente com a apresentação dos megaventos (Copa 2014 e Jogos 2016) inseridos no marco de uma nação que, alem do tamanho territorial e da população, agora é “cabeça de grupo” (para dize-lho em chave futebolística) da economia do mundo e da política internacional: no G-7, G- 20, ONU, Unasul, alem de ser o líder da Mercosul.

Que Lula da Silva seja capa da revista Time e que seja chamado “o cara” por O bama e que agora Dilma Rousseff seja uma das personalidades mais influentes do planeta, complementa outros cenários onde Brasil esta exibindo seu poderio. Eu mesmo faço parte de essa ofensiva diplomática: estou morando neste país (até o ano 2016) graças às bolsas de estudo que este país oferece aos cidadãos dos países em desenvolvimento que são estratégicos para a política internacional no conceito do Palácio da Alvorada. Bolsas que superam em quantidade e qualidade as existentes em toda a região e que se acrescentaram desde o segundo exercício ministerial do Celso Amorim na carteira das relações exteriores.

Nesse cenário chega a Copa do Mundo. Aproxima-se num clima especial e diferenciado daquela outra Copa, do ano 50: quando ainda Brasil ficava muito longe do resto do mundo. Agora sua presença é variada e transcende o futebol- arte e a simpatia. Nos tempos atuais no somente é Rio de Janeiro, também é o industrializado São Paulo, a beleza arquitetônica de Brasília e a exuberância amazônica, nordestina e da região sul. Hoje é a sexta potencia da Terra e promete fazer uma copa inolvidável, com jeito próprio: o primeiro com 12 sedes e oito campeões. Uma espécie de Copa “à brasileira” que é um ditado que mistura o jeitinho carioca e a certeza dos protestos do ano passado que disse “o gigante acordou”.

Vai conseguir aproveitar o Mundial para dar o passo final no processo de integração sul-americana? Acho que sim, especialmente se o campeão é um sul-americano. O Brasil? Outra vez Uruguai? Vai ser a Argentina? O tempo dirá!

Referências bibliográficas
ALABARCES, P. (2008) Fútbol y patria. El fútbol y las narrativas de la nación argentina. Buenos Aires: Prometeo libros.
ARCHETTI, E. (1995). Estilo y virtudes masculinas en EL Gráfico: la creación del imaginario del fútbol argentino. Desarrollo económico, vol. 35, no 139. Buenos Aires: IDES, octubre- diciembre, 1995.
HELAL, Ronaldo; Soares, Antonio Jorge & Lovisolo, Hugo (2001). A invenção do país do futebol. Mídia, Raça e Idolatría. Mauad: Rio de Janeiro.