La Villa del Cerro y sus clubes de fútbol: Rampla Jrs. y Cerro.

por Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)
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Presentación teórica

El fútbol como fenómeno social, genera manifestaciones en otros espacios sociales. Es una de las prácticas sociales de identificación colectica más importantes, en tanto es un fenómeno que trasciende las expresiones características propias de fútbol como práctica y se convierte en algo total (cultural, político y económico).

Se convierte en una actividad global desde que rompe con las fronteras de su origen. En este sentido, Jean-Marie Brohm (1993) indica que el deporte surgió en el siglo XIX como práctica de clase, adquiriendo significaciones diferentes según las clases sociales. En los inicios, la burguesía concebía al deporte como ocio, como una forma de pasatiempo. Con el correr del tiempo se fue popularizando y adquiriendo nuevos significados, entre ellos la identificación colectiva.

“En esta dinámica incluyente del fútbol –de totalidad y globalidad- la sociedad se retrata y representa, pero también se cohesiona para dar sedimento al sentido nacional (Dávila, 2003). El fútbol es un sistema de relaciones y representaciones, que produce una integración simbólica de la población alrededor de los múltiples componentes que tiene, produce o atrae; sea a partir de la práctica deportiva como de las esferas que lo rodean directa o indirectamente”. (Carrión, F., s/f).

Es necesario pensar el deporte desde nuevos abordajes teóricos y metodológicos. Para ello, Patricia Falco Gonevez (1998) entiende que para abrir esta posibilidad de análisis, podemos pensar al deporte como un objeto de la Historia social o de la Historia cultural. Desde esta perspectiva, las investigaciones deben pensarse a partir de las ventajas formativas que brinda la Historia social y cultural, y también de la necesidad de incorporar nuevas fuentes en el análisis histórico.

Es fundamental utilizar el deporte como objeto relevante para entender la sociedad. El deporte permite explicar las relaciones sociales, puesto que el deporte, en tanto fenómeno social, se relaciona con otras esferas de la vida cotidiana como la sociedad y la política. En esta línea, la problemática de la identidad como distinguibilidad (Giménez, G., 1997) recobra vital importancia e interés, ya que el fútbol como práctica supone un espacio de identificación colectiva y de construcción de identidad.

En consecuencia, una posible aproximación es el tema de la identidad (social) en el fútbol. Como señala Luis Antezana (2003) “(…) podría ser considerado como parte del debate entre las identidades culturales vs. las metaidentidades –o identidades universales. Hoy en día, ese debate supone una suerte de axioma: es necesario afirmar –es decir, no negar- las diversas identidades culturales existentes.” (p. 91).

El objeto de estudio: la Villa del Cerro y sus clubes de fútbol

Los espacios están profundamente signados por dispositivos que exceden su propio contexto histórico y político. Los clubes de fútbol no escapan a ello. En este texto, tomo como punto de partida un barrio particular de Montevideo, la Villa del Cerro y sus clubes de fútbol profesionales: Rampla Jrs. y Cerro.

El objetivo de esta escritura, que no surge de una investigación,  es poner como tema de debate la cuestión de las identidades sociales, en relación al club social como espacio de interacción y de formación/consolidación de vínculos.

La “Villa del Cerro”, popularmente denominado barrio “Cerro”, fue fundada en 1834 bajo el nombre de “Villa Cosmópolis”. Es uno de los sesenta y dos barrios de Montevideo, se ubica en la zona oeste de la ciudad a unos quince kilómetros del centro. Su nombre se debe a la elevación de 136 mts. de altura que está en la zona. Cuenta con una población de 35.498 habitantes (según el Censo Nacional de 2004 del INE), en una ciudad de 1.4000.000 habitantes. Los límites del barrio son: al sur la rambla Suiza; al este la rambla Egipto; al oeste Camino Cibils y al norte la calle Carlos María Ramírez.

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Foto: La estampa del Cerro con su fortaleza a orillas del río. (Francisco Flores). Fuente: https://www.elpais.com.uy/informacion/juntan-firmas-cerro-independizarse-montevideo.html

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Los elementos de identidad que lo caracterizan son variados y gozan de una contundente y precisa definición. Se trata de un barrio constituido en su mayoría por inmigrantes de variadas procedencias en el siglo XIX, que creció en torno a polos industriales como los saladeros. Selecciono el barrio Cerro por una cuestión personal: soy profesor de Historia y toda mi actividad docente hasta ahora ha sido en el Liceo 11, “Bruno Mauricio de Zabala”, ubicado en el barrio Cerro de Montevideo. El liceo 11 tiene toda una identidad institucional que se fue gestando con el tiempo de la mano de docentes y fundamentalmente de la comunidad cerrense. En efecto, estar presente en esa institución, posibilita el acercamiento a la identidad del barrio y genera deseo de conocer su historia.

Desde el punto de vista futbolístico, se trata de un barrio en el cual casi exclusivamente los habitantes son de Rampla Jrs. o Cerro, por eso los enfrentamientos entre ambos equipos generan una atmosfera muy especial, denominado “El clásico de la Villa”. A su vez, ambos equipos poseen un fuerte arraigo en gran parte de la zona oeste de Montevideo, sobre todo en barrios vecinos como Casabó, Paso de la Arena, Pajas Blancas, Santa Catalina.

Trabajar con el Cerro implica trabajar con una identidad urbana y barrial particular. Esto supone, analizar el espacio geográfico del Cerro, en función de sus instituciones formales, los vínculos sociales que la crean y recrean, así como las subjetividades que la dotan de sentido. El espacio es un hecho eminentemente social, es una mirada donde la sociedad es constructora y destructora y donde existen movimientos dependientes y dominantes en que los seres humanos están inmersos. Por lo tanto el espacio es una realidad y una categoría de comprensión de la realidad.

El espacio es una construcción social que llevó un proceso, por lo cual está signada a continuar cambiando, construyéndose y reconstruyéndose. La selección de tales espacios se debe a que los clubes sociales se instauraron desde su fundación como espacios barriales y comunitarios, creando sólidos vínculos vecinales.

El Cerro: barrio con identidad y tradición futbolera

El Cerro es un barrio con historia. Se trata de una zona de tradición y formación cultural proveniente del flujo migratorio europeo de los siglos XIX y XX. Los últimos contingentes vinieron del este de Europa: Yugoslavia, Polonia, Lituania, entre otros, junto a españoles, italianos, griegos y armenios; acabaron por darle a la Villa del Cerro un perfil culturalmente plural.

Allí se formó un barrio tradicional de inmigrantes laboriosos que con el tiempo ha venido a constituirse también en interesante enclave turístico, con la histórica fortaleza militar, la rambla y la misteriosa Casa de la Pólvora, una construcción de fines de siglo XVIII que sirvió de polvorín militar.

El Cerro es un barrio con una tradición de trabajo y lucha, defendiendo derechos de inmigrantes y obreros. Esta tradición organizada, se forjó a raíz de la industria de la carne. La intensa actividad industrial, acelerada a partir de la segunda mitad del siglo XIX fue impulsada por los saladeros que producían básicamente charque, generando unos tres mil puestos de trabajo hacia el 1900. Los saladeros fueron ubicados en la zona del Cerro, sobre ambas márgenes del arroyo Pantanoso, puesto que en el año 1836 el Poder Ejecutivo mediante decreto estableció que los establecimientos que se dedicaran a la salazón de carne tendrían que estar lejos de la ciudad.

A inicios del siglo XX, como consecuencia de la Revolución Industrial y del desarrollo de moderna tecnología, los saladeros fueron desplazados por un nuevo tipo de industria, los frigoríficos. Un grupo de capitalistas uruguayos fundaron en los predios de tres saladeros el primer frigorífico uruguayo para la explotación de nuevos sistemas en la conservación de carnes, a través del enfriamiento y la congelación. Se denominó “La Frigorífica Uruguaya”, y en diciembre de 1904 comenzaron las faenas en dicha empresa, logrando su primera exportación a Londres en marzo de 1905. En 1911 pasó a manos de una compañía anglo-argentina llamada “Sansinena & Cia”, que en 1929 arrendará sus instalaciones al Frigorífico Nacional, creado en 1928 y que funcionaría como ente testigo para controlar la industria cárnica del Uruguay.

En 1911 fue fundado en Punta Lobos el “Frigorífico Montevideo”; pero en 1913 adoptó el nombre de “Frigorífico Swift”, ya que fue adquirido por la compañía Swift, perteneciente a un consorcio norteamericano. Otro de los frigoríficos importantes fue el “Frigorífico Artigas”, que empezó a faenar en octubre de 1917. Se trató de una sociedad anónima conformada por estancieros uruguayos, quienes vendieron el frigorífico años después a la empresa de Chicago “Armour”.

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La industria frigorífica supuso la principal fuente de ingresos para el Uruguay y empleó calificada mano de obra barrial. En términos de identidad barrial, la época de los frigoríficos, constituyó el núcleo central de la historia de base que permitió ordenar valores que siguen visualizándose como característicos del lugar. El trabajo, la solidaridad y el mutuo conocimiento, es decir, la convivencia sin desconfianza ni violencia. En este sentido, están relacionados estos valores con un pasado en que las condiciones materiales y laborales permitían consolidar un comportamiento territorial con énfasis autóctono, dentro de un complejo urbano. También contribuyó la intensa actividad sindical que construía lazos de unión entre la población de obreros y sus familias. Al respecto, el historiador Aníbal Barrios Pintos se refería al Cerro de la siguiente manera:

La Villa del Cerro tiene una enorme trascendencia en el desarrollo económico de la república. La industria saladera y frigorífica la eligió como máxima sede, dándole una fisonomía intransferible. Insufrible vaho de sangre y carroñas; fábricas de labor sin pausa, que convierten la riqueza semoviente en divisas de comercio de carnes; calles pobladas de gente humilde, laboriosa, con una decidida conciencia obrerista: todo eso ha sido el Cerro, de bravías tradiciones, de gente sufrida, de familias muy unidas, que han coreado el nombre del país en horas de alegría y atrapado la atención del Uruguay entero, en horas de hoscas huelgas casi revolucionarias. (Barrios Pintos, A., 1971, p. 42).

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Desde el punto de vista deportivo, el fútbol llegó a Montevideo hacia fines del siglo XIX, cuando los ingleses lo introdujeron en el Río de la Plata y en otras partes del mundo, de la mano del ferrocarril, intercambios con la marinería y de la acción de los colegios ingleses. En ese contexto, Uruguay asistía a la conformación del Estado y de la nacionalidad. Tal como ocurrió en Buenos Aires, el fútbol se popularizó rápidamente en Montevideo durante la primera década del siglo XX, con la fundación de una gran cantidades de clubes.

En la primera década del siglo XX el fútbol se expandió por los barrios de Montevideo, llegando también a la Villa del Cerro. Existieron varios clubes en el Cerro que llevaban el mismo nombre de la Villa Cosmópolis, incluso afiliados a la AUF, como el Club Atlético Cerro que participó en la Tercera Extra de 1917.

En 1919 se mudó a la Villa del Cerro el club Rampla Juniors Football Club, equipo que militaba en la segunda división de la asociación y que se había fundado el 7 de enero de 1914 en la zona de la Aduana, generando muchas resistencias por parte de los más localistas de la barriada.

El origen histórico de Rampla fue en el café y bar “Trocadero” en la rambla portuaria de Montevideo, en la calle Rampla y Solís. Como señala Miguel Aguirre Bayley,

de ese histórico rincón aduanero, Rampla se dirigió al “Café de Güelfi” en la proa de las calles Juncal, Piedras y 25 de Agosto y poco después se trasladó a la Aguada. En esos años fue local en Camino Mendoza y Piedras Blancas y luego en cancha ubicada en la avenida Burgues. Pero su destino será la Villa del Cerro donde llegó en 1919 para radicarse definitivamente en 1921, año de su consagración como Campeón de la División Intermedia. En ese período Rampla fue locatario en los campos de Braga y del Swift (Aguirre, 2009, p. 12).

Rampla Jrs. había surgido en otra zona de la ciudad, pero prontamente consiguió adeptos en la villa del Cerro, pero hubo otros que apegados a un sentimiento localista resistieron y se mantuvieron fieles a las humildes instituciones del barrio. El 1 de diciembre de 1922, se fundó el Club Atlético Cerro. El origen histórico de Cerro fue

en el “Café de Panizza”, en la esquina de las calles Grecia y China. A esos efectos, se habían realizado previamente reuniones en la confitería “Americana” y en la farmacia de Angel Constantini, quien sería su primer presidente. En su fundación participaron también dirigentes y asociados del Club Oriental. Precisamente Cerro adoptó como oficiales los colores albicelestes a rayas verticales que eran de los del club Oriental (Aguirre, 2009, p. 14).

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Imagen: escudos de Rampla Jrs. y Cerro. Fuente: https://i.ytimg.com/vi/7DtxRk0aq6M/hqdefault.jpg

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Identidades por oposición: Rampla Juniors Football Club y Club Atlético Cerro

La identidad de los colectivos, según Gilberto Giménez, en tanto “unidad distinguible”, supone la posibilidad de distinguirse de los demás, pero también tiene que ser reconocida por los demás en contextos de interacción y de comunicación, lo que requiere una “intersubjetividad lingüística”.

De acuerdo a Fernando Carrión, las identidades colectivas se construyen a partir de una doble situación: por un lado, la condición de pertenencia (expresa la adscripción al territorio, género, clase, generación o familia); y por otro, la cualidad funcional (que lo asume desde el rol de hincha, jugador, dirigente o empresario). Estos dos orígenes identitarios pueden, en ciertas condiciones, ser excluyentes, contradictorios o funcionales, dependiendo del momento y del lugar, dada la condición histórica que tienen.

Siguiendo a Luis Antezana, en el fútbol podemos distinguir tanto identidades culturales particulares como metaidentidades. Las identidades por clubes, entendidas como identidades culturales particulares, (llamadas “tifosi” por Antezana, ya que el término italiano implica un contagio febril), son irreconciliables y se producen en una misma zona o localidad.

Sobre estos casos podemos citar: rivalidad por oposición social (Universitario de Deportes vs. Alianza Lima -Perú-; Nacional vs. Peñarol -Uruguay-; Fluminense vs. Flamengo -Brasil-) rivalidad de una región con otra (Real Madrid vs. Barcelona -España-; Chivas vs. América -México-; Liga vs. Barcelona -Ecuador-).

Desde una mirada de identificación colectiva a partir de identidad por oposición, resulta un hecho claro: se trata de que en la confrontación está la esencia del fútbol y la base de las identidades. El “clásico” es la expresión máxima de la disputa simbólica.

En los casos anteriores, la confrontación o el encuentro entre los distintos es lo que le da razón de existencia al fútbol y a cada uno de los rivales.  Como señala F. Carrión “el contrincante es la base fundamental de la existencia del fútbol, de allí que sea un espacio proclive de alteridad” (s/n).

Actualmente en el barrio Cerro encontramos una rivalidad entre dos instituciones que están cerca de cumplir 100 años de presencia en la comunidad. Los encuentros de fútbol entre Rampla Juniors y Cerro, hoy son  reconocidos como “El clásico de la Villa”. Se ha transformado en el partido más atrayente del Uruguay y numeroso en convocatoria después de Nacional vs. Peñarol.

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Imagen: Mauricio Felipe, Jorge Rodríguez y Nicolás Rocha en el clásico de la Villa. Rampla vs. Cerro en el Olímpico (02/12/2017). (Foto: Marcelo Bonjour). Fuente: https://www.ovaciondigital.com.uy/futbol/cerro-llevo-clasico-ilusiona-copa-libertadores.html

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Imagen: último clásico de la Villa, Cerro 1 – Rampla 0 (02/12/2017). (Foto: L. Carreño). Fuente: https://www.referi.uy/pellejero-nos-mereciamos-cerrar-el-ano-asi-n1147981

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El primer partido entre ambas instituciones se jugó el 24 de abril de 1927, en el marco del Campeonato Uruguayo de Fútbol de 1927, en el “Parque Santa Rosa” (escenario en el cual era local Cerro por aquel entonces). El resultado fue de victoria para Rampla Jrs. por 2 tantos contra 0. En esa temporada, se consagró campeón del certamen el conjunto Ramplense, otorgándole así su único título de Primera División, aunque en la época no se había instaurado el profesionalismo.

Hoy cada partido es vivido con gran entusiasmo por la barriada y las familias, en donde un barrio entero queda paralizado para vivenciar lo que se denomina “la fiesta del barrio”. Pero también cada partido es vivido con intensidad por los problemas de violencia en el deporte, en donde ya ha habido heridos de armas de fuego. Lamentablemente, cada partido Cerro-Rampla es considerado de “alto riesgo”, lo que implica un fuerte operativo policial para su desarrollo.

La tarea queda planteada: indagar acerca del origen de la rivalidad, esto supone, investigar sobre aquellos aspectos identitarios que evolucionaron en el siglo XX para que hoy se transforme en un “clásico”. Hay un gran poder simbólico en torno al “clásico de la Villa”, que permite que la población barrial se identifique de manera simultánea y múltiple alrededor de su disputa. En este sentido,

se convierte en un elemento importante de atracción social que lee lleva a ser un espacio de encuentro y confluencia de voluntades, pasiones e intereses diversos y contradictorios. Por eso, un partido de fútbol se define a sí mismo como encuentro; lugar donde las adhesiones sociales terminan siendo distintas pero no excluyentes. (Carrión, Fernando, s/d).

Referencias:

  • Aguirre Bayley, Miguel (2009). El Clásico Rampla-Cerro. Montevideo: Grifelman S.A.
  • Antezana, Luis (2003). Fútbol: espectáculo e identidad. En: Alabarces, P. Futbologías: fútbol, identidad y violencia en América Latina. Bs. As.: CLACSO. (pp. 85-98).
  • Barrios Pintos, Aníbal (1971). Los barrios (I). Montevideo: Nuestra Tierra.
  • Brohm, Jean-Marie (1993). 20 Tesis sobre el deporte. En: aavv. Materiales de sociología del deporte. Madrid: Ediciones de La Piqueta. (pp. 39-46).
  • Carrión, Fernando (s/f). El fútbol como práctica de identificación colectiva. (Material sin más referencias).
  • Falco Genovez, Patricia (1998). El desafío de Clío: el deporte como objeto de estudio de la historia. En: Lecturas: Educación Física y Deportes, Revista Digital, Buenos Aires, año 3, nº 9, marzo. Disponible en: http://www.efdeportes.com/efd9/clio1e.htm
  • Giménez, Gilberto (1997). Materiales para una teoría de las identidades sociales. En: Frontera Norte; vol. 9, n° 18, julio-diciembre. (pp. 9-28).
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