Origen de los clubes deportivos en Montevideo (1842-1874)

10/07/2017

por Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)
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Cuestiones preliminares: el origen del Deporte Moderno

En las últimas décadas, la producción académica sobre la Historia del Deporte como campo profesional, aumentó enormemente. Los trabajos que han surgido, provienen de diversas áreas y contribuyen a pensar el objeto de estudio desde otro lugar, aproximándonos a debates teóricos y metodológicos de la disciplina. Uno de los puntos de debate versa en torno a la historia conceptual del término deporte. Aquí estamos ante un problema, ¿qué entendemos por deporte? ¿Cuál es su origen? ¿Cuándo se empieza a utilizar el concepto? ¿Cuál es el alcance del término? ¿Qué fenómenos describe?

Son grandes las líneas de abordaje a la problemática, pero aquí esbozaremos algunas líneas preliminares, partiendo de la teoría socio-crítica acerca del origen del deporte. Este grupo de autores se opone a la tesis de que el deporte surge en los albores de la civilización humana. Como señala Roberto Velazquez Buendía (2001), lo que hoy se conoce como deporte tuvo su origen en Inglaterra, a partir del siglo XVIII, mediante un proceso de transformación de juegos y pasatiempos tradicionales iniciado por las elites sociales y en el que tuvieron un papel clave las “publics schools” y los “clubs” ingleses.

Para esta teoría, el deporte es un fenómeno social y un símbolo cultural, característico de las sociedades contemporáneas urbanas e industriales. Siguiendo a Jean-Marie Brohm (1993), desde su óptica marxista, el deporte como institución es producto de una ruptura histórica, apareció en Inglaterra, en la época industrial moderna, espacio clásico del modo de producción capitalista. Los cambios provocados por la revolución industrial en cuanto a la organización social, implicaron una clara diferenciación entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio (en términos de compensación y que debió ser conquistado por los sectores sociales que no lo usufructuaban). En tal sentido, de entrada el deporte no es una institución homogénea, sino una práctica de clase, como refiere Brohm (1993). El tiempo de ocio actuaría como factor desalienante y de ese tiempo el deporte ocupa en la sociedad actual un espacio significativo (Arias y Reisch; 2004).

La humanidad siempre realizó ejercicio físico con diferentes finalidades (lúdicas, competitivas, militares, religiosas). No podemos considerar deporte a aquellas actividades previas al siglo XIX, ya que se trataba de juegos y competiciones rituales cuya función social era bien distinta en cada una de esas sociedades, y bien diferentes a las que corresponde al deporte moderno y de nuestra época.

El deporte moderno es propio de Inglaterra y se caracteriza por: una actividad física e intelectual humana; de naturaleza lúdico/competitiva; institucionalizada que permite el reconocimiento, el control, el desarrollo y la implantación de reglamentos; regidas por reglas que definen las características de la actividad y de su desarrollo; con parámetros organizativos; multiplicidad de roles nítidos y sin significación religiosa.

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El club: una institución inglesa

Una de las instituciones fundamentales del deporte moderno es el club. El club, entendido como asociación de individuos que se agrupan por tener los mismos intereses nace en Inglaterra antes del siglo XIX. Los primeros clubes deportivos que surgieron fueron fundados con carácter restrictivo por los aristócratas ingleses: el Royal and Ancient Golf Club en 1754 y el Marylebone Cricket Club en 1787.

La consolidación del deporte moderno es un fenómeno paralelo a la consolidación del imperialismo del siglo XIX. El imperio británico exportó sus prácticas deportivas a los cinco continentes, junto con sus mercancías. De esta manera, se difundió la cultura británica y el fenómeno deportivo, teniendo en algunos territorios mayor receptividad que en otros.

En el Uruguay, la práctica de los deportes modernos surgió naturalmente en la colectividad británica. El deporte llegó a Montevideo en el siglo XIX, cuando los ingleses lo introdujeron en el Río de la Plata y en otras partes del mundo, de la mano del ferrocarril, intercambios con la marinería y de la acción de los colegios ingleses.

Como señala J. C. Luzuriaga (2009), su difusión en la sociedad uruguaya siguió la misma lógica que en Gran Bretaña y en otros países, pasando de las elites al resto de la población en forma de cascada.

Si bien existió en nuestro país la experiencia del Victoria Cricket Club, entidad creada en 1842, hubo que esperar hasta la década del sesenta del siglo XIX para ver el surgimiento de los primeros clubes deportivos estables.

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Antecedentes: el Victoria Cricket Club (1842)

Entre 1830 y 1855 se encuentran las bases del desarrollo deportivo en el Uruguay. Lo más importante en este período, fue la fundación del primer club: el Victoria Cricket Club, fundando por los ingleses, que llevaban el espíritu del deporte, en octubre de 1842. La institución tuvo entre sus concurrentes asociados a la zona de su creación, Pueblo Victoria (próximo al Paso Molino), próximo al saladero del inglés Samuel Lafone, quien fue uno de los impulsores del club. El nombre fue en honor a la reina de Inglaterra, aunque algunas versiones plantean que se debe a la localidad donde realizaban la actividad.

Los concurrentes realizaban todos los jueves los “Días de Sport” a través de prácticas y partidos de Cricket, deporte más popular en Inglaterra en esa época. Allí estuvo el primer campo de deportes del Uruguay, por esto es que se considera que fueron los ingleses quienes introdujeron el deporte en el Uruguay. Mientras tanto, en Argentina, comienza un proceso similar al Uruguay, caracterizado por la fundación inglesa de clubes a lo largo del siglo XIX.

El club tuvo una breve historia, ya que desapareció como consecuencia del sitio a Montevideo establecido por las fuerzas del Partido Blanco (con apoyo argentino) encabezadas por el Brigadier Oribe y que se prolongó durante toda la Guerra Grande, hasta 1851. Esto implicó, que los ingleses no pudieran salir más de los muros de la ciudad.

La fundación del Victoria Cricket Club constituye el antecedente directo del Montevideo Cricket Club.

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Primera institución deportiva organizada en el Uruguay: Montevideo C. C. (1861)

Diez años después de la paz del 8 de octubre de 1851 y de la mano de los residentes ingleses, influyentes hombres de negocios, comercio, actividades agropecuarias y de empresas como ferrocarriles, tranvías, aguas corrientes; se consolidará el deporte moderno e institucionalizado en Montevideo. La fecha que da nacimiento al deporte continuado en el Uruguay, fue el 18 de julio de 1861, cuando en coincidencia con una fecha patria, se fundó el Montevideo Cricket Club.

Con la paz tras la Guerra Grande (1839-1851), se inicia la recuperación de nuestro país. La situación del Uruguay en los años 60 del siglo XIX, se caracterizó por un empuje del sector económico: notorio progreso en la agricultura y en la ganadería, las tierras se valorizaron. Otro aspecto destacado, fue la Revolución del Lanar (entre 1852 y 1868), pasando de 800.000 lanares en el país en 1852 a 17 millones en 1868. Síntoma del crecimiento económico del Uruguay, se fundaron los primeros bancos: el de Mauá y el Comercial, incrementándose la edificación de Montevideo e instalándose nuevas empresas.

Por otro lado, la población del país aumentó a 200 mil habitantes y Montevideo a 60 mil. Al fenómeno natural de aumento de la tasa de natalidad, el proceso de recuperación de la población se vio acompañado con la inmigración europea. Esos inmigrantes llegaron con una mentalidad capitalista, iniciativa en el medio rural y el comercio. Hacia fines de la década del 60 la población extranjera en Montevideo era de un 60% aproximadamente.

Es en este contexto, que algunos autores encuentran un paralelismo entre el desarrollo deportivo y la expansión económica del Uruguay, iniciándose así un período de relativo florecimiento en el deporte montevideano alrededor de 1860. En este cuadro se inscribe el desarrollo de nuestro primer movimiento deportivo y se inserta la fundación del Montevideo Cricket Club, el 18 de julio de 1861, club aún existente en el 2017, computando hasta la fecha 156 años de existencia.

Cuando se conmemoraron 31 años de la Jura de la primera Constitución del Uruguay, se fundó el Montevideo Cricket Club en una reunión celebrada en la Confitería Oriental (donde hoy está ubicado el Edificio Central del Banco República), sitio de reuniones de la alta sociedad y de hombres de empresa y negocios. Sus fundadores y primeros integrantes fueron ingleses, que provenían de diferentes áreas, entre ellos se destacan los pioneros del Victoria Cricket Club: J. Pickering, H. Hughes, R. Mac Lean. Junto a ellos participaron hombres vinculados al Banco de Londres y del Río de la Plata y Comercial (O`Neill y Lawry, Ruding y Fuller); a la francomasonería (Lumb, Towers, Fortes, Crane); al Templo Inglés (Hocquart y Adam); quien fuera el primer presidente del “English Club” en 1868 (Krabble); quienes fundarían posteriormente el Montevideo Rowing Club (Gigson, Miles, Stirling, Onslow); comerciantes británicos (Gowland y Oldman), quien construyera el Teatro Solís (Thomas Harver); entre otras personalidades británicas.

El club tuvo entre sus socios representantes de todos los sectores de la colectividad británica. En 1863 se instala en Montevideo la sucursal del Banco de Londres, y sus funcionarios se asociaron al Montevideo Cricket Club. Como señala J. C. Luzuriaga (2009), dentro de sus miembros asociados, habían tres categorías: a- los de nacionalidad británica y sus hijos, agrupados por sus ocupaciones; b- los oficiales de las naves británicas de estación en el puerto de Montevideo; y c- los alumnos de los centros educativos británicos.

El objetivo deportivo inicial del club se encontraba en la práctica del cricket, basado en los reglamentos de 1774 y las posteriores modificaciones establecidas por el Marylebone Cricket Club de 1787 (fundando en Londres, uno de los clubes de cricket más antiguos y prestigiosos del mundo). El cricket como deporte, tiene sus antecedentes en juegos del siglo XVI, ya en el siglo XVIII gozaba de gran popularidad en las villas y ciudades inglesas.

El campo de juego fue adquirido en los años 80 del siglo XIX, al que sus propietarios denominaron The English Ground. Estaba ubicado en la Blanqueada, en la avenida 8 de Octubre (donde hoy está ubicado el Hospital Militar), en el camino a la Unión entre las calles Jaime Cibils y Larrañaga, rodeado de quintas y chacras. Aquí fue donde se vieron por primera vez en Uruguay las distintas manifestaciones de esa nueva actividad, desconocida para los criollos. El terreno del campo de juego ocupaba aproximadamente una hectárea rodeada de cercos de pitas y algunas instalaciones, un pequeño refugio que oficiaba de palco, un rancho que era vestuario y una carpa blanca donde se servía el té de las 5 p.m.

El nombre de Montevideo asignado al club, fue decisión de la Asamblea ya que era una directiva que gobernaba al deporte inglés en general y que se percibe en toda América; puesto que ciudades como Buenos Aires, Montevideo, Rosario, Río de Janeiro, eran importantes centros comerciales y de capitales de los británicos. Se adoptaba el nombre de la ciudad donde se establecía, y aunque cada club era independiente, su acción colectiva estaba concertada, existiendo simultáneamente el Montevideo C. C., el Buenos Aires C. C., el Rosario C. C. Incluso existieron asociaciones regionales como la River Plate Athletic Association, que regía el deporte de los juegos atléticos en la cuenca del Plata. Esos clubes tenían en común las mismas reglas de juego, igual organización atlética y además mostraban una comunidad de ideales deportivos y lazos de nacionalidad.

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En 1862 se registra la primera importación desde Inglaterra de material deportivo que conoce el Uruguay: bates y pelotas para la práctica del Cricket, directamente realizada por el Montevideo Cricket Club, estableciendo contactos con el Buenos Aires C. C. De acuerdo a J. Buzzetti y E. Gutierrez Cortinas (1965), citan una nota del diario “El Siglo” del año 1863, que señalaba: “los ingleses se divierten jugando al cricket en una quinta cercana a la Unión y los alemanes haciendo rodar el bolo, en el establecimiento titulado Au Cabanon Chez Pascal”. Para algunos autores, esta sería la primera crónica deportiva criolla.

En 1864 decidieron hacer la primera participación internacional en Buenos Aires, pero una revolución en ese país lo impidió. Recién el 9 y 10 de Abril de 1868 se produce el postergado enfrentamiento entre Buenos Aires Cricket Club y el Montevideo Cricket Club. El equipo de Buenos Aires viajó a Montevideo y ganó el encuentro por 33 corridas. Al año siguiente, el equipo de Montevideo le devolvió la visita y por muchos años se alza con victorias.

Se puede señalar tres líneas o ramas deportivas en el Montevideo Cricket Club: la primera relativa al desarrollo del cricket; la segunda, la introducción del rugby en 1875; la tercera, desde 1878 con la primera práctica de fútbol. El Montevideo C. C. asumió la función de introducir y practicar las primeras manifestaciones de deporte organizado en el país, pero mantenidas en el estrecho margen cerrado de la colectividad británica. Los colores seleccionados fueron el amarillo y azul a franjas horizontales en cricket, fútbol y rugby; con la variante de camisa amarilla con mangas azules.

El Montevideo Cricket Club fue nuestro primer club organizado, el más querido y apreciado por la colectividad británica y tuvo un papel clave en el desarrollo de los deportes en el país: primero el cricket, luego rugby, fútbol, atletismo, velocipedismo, hockey y tenis. Se encuentra dentro de los clubes más antiguos de la región y del mundo. A la fundación del Montevideo C. C. le siguieron otros clubes: en 1872 en Nueva Helvecia fue formado el Club de Tiro Suizo, segundo en permanencia en Uruguay, luego el Montevideo Rowing Club en 1874, y así una larga lista.

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Referencias:

ARIAS, Carlos y REISCH, Matilde (2004). Movimiento clubista y desarrollo deportivo en el Uruguay. En: Nexo Sport, Montevideo.

BROHM, Jean-Marie (1993). 20 Tesis sobre el deporte. En: aavv. Materiales de sociología del deporte. Madrid: Ediciones de La Piqueta. (pp. 39-46).

BUZZETTI, José y GUTIÉRREZ CORTINAS, Eduardo (1965). Historia del deporte en el Uruguay (1830-1900). Montevideo: Ed. De los autores.

GOMENSORO, Arnaldo (2015). Historia del Deporte, la Recreación y la Educación Física en Uruguay. Crónicas y relatos. Montevideo: IUACJ.

LUZURIAGA, Juan Carlos (2009). El football del novecientos. Orígenes y desarrollo del fútbol en el Uruguay (1875-1915). Montevideo: Santillana.

VELÁZQUEZ BUENDÍA, Roberto (2001). El deporte moderno. Consideraciones acerca de su génesis y de la evolución de su significado y funciones sociales. En: Lecturas: Educación Física y Deportes, Revista Digital, Buenos Aires, año 7, nº 36, mayo. Disponible en: http://www.efdeportes.com/efd36/deporte.htm

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Quando música e Educação Física se cruzam

24/06/2017

por Victor Andrade de Melo
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Recentemente, fui ao Teatro Municipal do Rio de Janeiro assistir a uma montagem de Carmina Burana (http://www.theatromunicipal.rj.gov.br/programacao/carmina-burana/), a magnífica cantata cujo um dos temas se tornou um dos mais executados e conhecidos do século XX. Para quem não lembrou de pronto do que se trata, basta ver uma das execuções aqui.

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Uma curiosa informação me chamou a atenção no programa do belíssimo espetáculo, montado como peça de resistência e agradecimento dos funcionários do Teatro ao apoio que tem recebido do público para minimizar as dificuldades que enfrentam em função dessa lamentável administração governamental (a propósito, Fora Pezão! Fora Temer!). Já sabia que o compositor Carl Orff se notabilizou pelo desenvolvimento de um método de ensino da música, mas não que em algumas dessas iniciativas isso esteve articulado com a ginástica.

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Foto de Theatro Municipal do Rio de Janeiro por Cibelle Bertoni

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Interessado já há alguns anos nas interfaces entre esporte e arte (tema sobre o qual já escrevi algumas coisas, especialmente tocando nas relações com o cinema, dança, artes plásticas e artes cênicas, fui dar uma vasculhada na internet para saber um pouco mais. Pareceu-me interessante dividir algumas dessas leituras com os leitores de nosso blog.

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Portrait Carl Orff Radierung und geschabte Aquatinta
Jens Rusch

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Rosangela Lambert, no blog Terra da Música, lembra que Orff sempre pensou a ideia de educação musical a partir de uma visão global dos alunos. Talvez isso ajude a entender a atenção que dava para o corpo. De tal forma que, em 1924, em conjunto com Dorothee Gunther, fundou, em Munique, uma escola dedicada ao ensino de música, ginástica e dança, a Guntherschule. Partindo do Método de Dalcroze, desenvolveram uma proposta original aplicada com crianças e jovens, mas também com professores de educação física, para que aperfeiçoassem sua forma de atuação e difundissem a ideia.

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Günther School Munich

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Nesse escola, Carl Orff desenvolveu e aplicou uma de suas ideias mais originais e potentes: “the concept of an elemental music which was a synthesis of music, language and movement. The objective was the regeneration of music through movement, with the aid of dance” (disponível em http://www.orff.de/en/life/educational-works/guenther-school.html).

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A despeito de suas relações pouco claras com o regime nazista (Orff foi um dos responsáveis por organizar os espetáculos dos Jogos Olímpicos de 1936), sua escola foi fechada em 1944 e posteriormente destruída num bombardeio.

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Jogos Bolivarianos: uma breve análise de seus primórdios na Colômbia (1938)

19/06/2017

Eduardo de Souza Gomes
eduardogomes.historia@gmail.com

No post de hoje, pretendemos abordar alguns fatores relativos ao surgimento de um evento esportivo pouco conhecido pelo público mais amplo no Brasil. Trata-se dos Jogos Bolivarianos, que ocorrem a cada quatro anos entre países da região da América Latina e do Caribe que possuem, em comum, o fato de terem tido Simón Bolívar como líder de suas respectivas independências.

Desde a realização dos primeiros Jogos Olímpicos de verão da Era Moderna, ocorridos em 1896 na cidade grega de Atenas, várias novas experiências similares foram idealizadas e concretizadas, sejam essas de caráter global, continental, nacional ou regional. Tratando-se da realização de um megaevento de uma única modalidade, podemos destacar também a Copa do Mundo de futebol, iniciada em 1930, sendo esse o evento esportivo de maior alcance global até os dias atuais.

No cenário americano, o principal evento esportivo continental são os Jogos Pan-Americanos, organizados pela Organização Desportiva Pan-Americana (ODEPA). O evento conta com a participação de nações de todo o continente americano e, desde 1951, é realizado de quatro em quatro anos, sempre tendo como sede algum país dessa região.

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Medalhas dos Jogos Pan-Americanos de 2015 em Toronto, Canadá.

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Apesar do início oficial dos Jogos Pan-Americanos ter se dado somente em 1951, a tentativa de idealizar um evento poliesportivo que pudesse abarcar diferentes nações do continente americano remete a décadas anteriores. Como exemplo, podemos citar os pioneiros Jogos Olímpicos Latino-Americanos de 1922, ocorridos no Rio de Janeiro como parte dos festejos do centenário da independência do Brasil. Nesse evento, que contou com a participação de países das partes Sul e Norte da América, se faz possível identificarmos algumas características similares aos Pan-Americanos que, a partir da década de 1950, se consolidariam como os maiores jogos do continente.

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Vencedores dos 5.000 metros nos Jogos Olímpicos Latino-Americanos de 1922.
Fonte: O Malho, 23 de setembro de 1922.

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Além dos “Jogos do Centenário de 1922” no Brasil, antes e depois da criação dos Jogos Pan-Americanos, diversos outros eventos esportivos foram criados no âmbito do continente americano, em sua grande maioria com conotações e especificidades mais regionais. Citando apenas alguns, podemos por exemplo destacar: Jogos Centro-Americanos e do Caribe, com início em 1926 no México; Jogos Bolivarianos, iniciados em 1938 na Colômbia; Jogos Desportivos Centro-Americanos, tendo como pontapé inicial o ano de 1973, na Guatemala; Jogos Sul-Americanos, com início em 1978 na Bolívia; entre outros.

Entre esses, abordaremos a seguir algumas peculiaridades acerca dos Jogos Bolivarianos. Nesta oportunidade, sem adentrar com profundidade em outras particularidades do evento e que merecem um olhar mais aguçado em futuras análises, buscaremos levantar algumas questões e hipóteses que levaram a idealização desse evento, tendo como espaço de problematização o cenário social e político do primeiro país sede da história da competição, a Colômbia.

Os primeiros Jogos Bolivarianos ocorreram na cidade de Bogotá, capital colombiana, no ano de 1938. Participaram dessa primeira edição os seguintes países, além do país sede: Bolívia, Equador, Panamá, Peru e Venezuela. A escolha dos países se deu pelo fato de que essas são as nações que, em suas lutas pela independência, tiveram a liderança de Simón Bolívar, sendo esse o referencial para a criação dos jogos em questão.

Nessa primeira edição, o Peru foi o país que ficou no topo do quadro de medalhas[i]. Até 1970, foram realizadas seis edições dos jogos, sem uma sequência exata de intervalo de um evento para o outro. Desde então, os Jogos Bolivarianos passaram a ocorrer de quatro em quatro anos, sempre tendo como sede um dos seis países citados.

Desde 1938 até o presente momento, foram realizadas dezessete edições dos jogos, tendo sido mantidos os seis países participantes desde seus primórdios. Essas nações, inclusive, fazem parte da Organização Desportiva Bolivariana (ODEBO), que é filiada à ODEPA e que foi criada na cidade de Bogotá em 16 de agosto de 1938, ou seja, no âmbito dos primeiros Jogos Bolivarianos da história. Como fica explicito em texto sobre esse fato exposto no próprio site da instituição,

El 16 de agosto de 1938, en un acto celebrado en el Palacio de Gobierno de Cundinamarca, Bogotá, se fundó oficialmente la Organización Deportiva Bolivariana, cuya sigla es ODEBO, el ente que une deportivamente a los países bolivarianos.

El documento fue rubricado por los dirigentes Jorge Rodríguez, de Bolivia; Alberto Nariño, de Colombia; Galo Plaza, de Ecuador; Luis Saavedra, de Panamá; Alfredo Hohagen, de Perú; y Julio Bustamante, de Venezuela.

Desde su creación ODEBO fue constituida por los Comités Olímpicos Nacionales de los países bolivarianos, con sede oficial en Caracas, pero tras cambios en sus estatutos se estableció que la sede y domicilio permanente de la ODEBO será la ciudad donde resida el Presidente. Además, en mayo del 2010, la Asamblea de la Organización aprobó la inclusión de Chile como su miembro[ii].

 Outros países, em diferentes edições, participaram dos Jogos Bolivarianos como convidados. A décima oitava edição ocorrerá em novembro desse ano, na cidade de Santa Marta, na Colômbia, e contará com a participação de doze nações. Além dos seis membros originais da ODEBO, e do Chile (incorporado à ODEBO em 2010, como descrito na citação anterior), também estarão presentes com suas respectivas delegações: El Salvador, Guatemala, Paraguai, Porto Rico e República Dominicana.

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Logo dos Jogos Bolivarianos 2017, que ocorrerão em Santa Marta, Colômbia.

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O interesse em realizar os primeiros Jogos Bolivarianos em 1938, na cidade de Bogotá, se deu como parte dos preparativos para os festejos do aniversário de 400 anos da capital colombiana. Dentro de um contexto em que o esporte se inseria entre as possibilidades reais de comemorações e de exaltação da nação, pensar a formação de um evento com os países da região “bolivariana” se transformou em um caminho fértil para reforçar ou construir identidades.

Essa idealização em realizar os Jogos Bolivarianos se deu início em 1936, ano em que ocorreram os Jogos Olímpicos de verão em Berlim, na então Alemanha nazista. A exaltação de símbolos nacionais a partir de eventos esportivos, tendo o caso alemão como exemplo, passou a ser entendido como algo positivo pelo então governo colombiano.

Nesse mesmo ano, Alberto Nariño Chayne, dirigente esportivo colombiano e então Diretor Nacional de Educação Física do país, conseguiu junto ao Comitê Olímpico Internacional (COI) a aprovação para realizar no país os primeiros Jogos Bolivarianos (ACOSTA, 2013). O exemplo dos Jogos Centro-Americanos e do Caribe, que já ocorriam desde 1926, se tornou um fator positivo para efetivar essa aprovação. Para colocar a ideia em prática, foram realizadas várias obras públicas na capital colombiana, além de terem sido construídos os estádios Nemesio Camacho (El Campín) e Alfonso López Pumarejo (Estádio Olímpico da Universidad Nacional de Colombia) (ACOSTA, 2013, p. 44), sendo o primeiro o principal estádio de futebol da Colômbia até os dias atuais. A exaltação dos Jogos Bolivarianos pôde ser percebida na época pelas palavras de um de seus idealizadores, o próprio Alberto Nariño Chayne:

De los juegos regionales del mundo, los Bolivarianos son los únicos creados bajo una idea profundamente filosófica e histórica y forman el grupo más equilibrado deportivamente de todos los que integran las demás organizaciones similares.[iii]

Em 1938, a Colômbia passava por um momento importante no que diz respeito ao fortalecimento da ideia de nação, assim como na construção de símbolos identitários. Historicamente marcada pelas disputas entre liberais e conservadores, desde 1930 o país possuía presidentes liberais, depois de ter passado por um longo período de aproximadamente quarenta e cinco anos de hegemonia conservadora (BUSHNELL, 2012).

Com a chegada do liberal Alfonso López Pumarejo ao executivo nacional em 1934, foram consolidadas diferentes formas de se idealizar símbolos nacionais no país, sendo os primeiros Jogos Bolivarianos uma dessas iniciativas. Apesar do evento em si ter ocorrido em grande parte nos primórdios do mandato de seu sucessor na presidência, o também liberal Eduardo Santos (Pumarejo deixou a presidência em 07 de agosto de 1938, enquanto os Jogos ocorreram entre 06 e 22 de agosto desse mesmo ano), esse e outros feitos de Pumarejo, que ainda voltaria a ser presidente entre 1942-1945, ficaram conhecidos no país como la Revolución en Marcha. Como o Partido Conservador havia governado a Colômbia durante muitos anos, existiu por parte dos governos liberais nos anos 1930 uma necessidade de construção uma “nova nação colombiana”, sendo o esporte e as atividades físicas partes dessa nova idealização.

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Abertura dos Jogos Bolivarianos de 1938, no Estádio El Campín em Bogotá.
Fonte: Universidad EAFIT

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O campo esportivo colombiano já se desenvolvia desde a transição do século XIX para o XX. Em 1925, foi decretada a “Lei 80”, a primeira a ser implantada no país que abordasse o assunto, tratando explicitamente da Educação Física e dos esportes. Como sugere Patiño (2011), essa iniciativa indica um projeto político nacional em torno da cultura física. Com isso, a população se inseria nas propostas nacionalistas que entendiam as noções de higiene e eugenia como importantes, sendo as práticas de atividades físicas vistas como fundamentais nos discursos de formação da “nação” colombiana.

Nos anos 1930, as mudanças iniciadas pelo primeiro governo de López Pumarejo, entre 1934 e 1938, foram importantes para que fossem realizadas políticas sociais diretas na república colombiana, ligadas a um intenso processo de modernização (BUSHNELL, 2012, p. 267-269). Entre outras ações, em seu governo ocorreu a separação entre Estado e religião, onde sem negar o catolicismo, fez questão de definir a soberania do Estado e de explicitar os rumos desejados para a “nação colombiana” (BUSHNEL, 2012, p. 269).

Nesse cenário, investir em novas práticas culturais como forma de idealizar a identidade nacional colombiana, foi um dos caminhos seguidos pelo governo Pumarejo. No aniversário de 400 anos de Bogotá, o esporte surgiu como uma alternativa para se pensar o nacionalismo. Para isso, ocorreu a recuperação de símbolos da libertação do país, tendo sido Simón Bolívar eleito para dar nome aos jogos com os outros países da região que possuíam essa identidade em comum.

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Logo dos Jogos Bolivarianos de 1938.

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Assim, podemos inferir que o evento pôde representar uma forma de difusão do nacionalismo colombiano no contexto latino-americano e no Caribe, assim como um fortalecimento do sentimento de identidade pelo qual possuíam os países da região. Marcados pela liderança histórica da imagem de Simón Bolívar, levantamos a hipótese, que ainda carece de maiores investigações, de que os Jogos Bolivarianos teriam sido não só um evento pensado para a construção de um sentimento nacionalista colombiano, como também um marco na construção identitária dos países que habitam essa região da América Latina e do Caribe e que possuem esse laço em comum. Por fim, sendo essa identidade um fato que permanece até os dias atuais, destacamos ser esse objeto um fértil caminho para realizarmos diálogos e comparações, partindo do campo da História Nacional/Regional para a História Global.

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[i] De acordo com o site oficial da ODEBO, os peruanos alcançaram o total de 65 medalhas nessa primeira edição dos jogos. Maiores informações, ver www.odebolivariana.org. Acesso em 17 de julho de 2017.

[ii] www.odebolivariana.org. Acesso em 17 de julho de 2017.

[iii] www.odebolivariana.org. Acesso em 17 de julho de 2017.

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Referências Bibliográficas

 ACOSTA, Andrés. Elementos sociohistóricos intervinientes en la construcción de los estadios Alfonso López e El Campín para los primeros Juegos Bolivarianos: Bogotá, 1938. Revista Colombiana de Sociologia, Bogotá, v. 36, n. 01, p. 43-62, jan-jun 2013.

BUSHNELL, David. Colombia: una nación a pesar de si misma – nuestra historia desde los tempos pré-colombianos hasta hoy. Bogotá: Planeta, 2012.

PATIÑO, Jorge. La política del sport: elites y deporte en la construcción de la nación colombiana, 1903-1925. 2009. 139 f. Dissertação (Mestrado em Estudos Políticos) – Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2009.

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Deporte y raza en la historia de Puerto Rico

11/06/2017

por Antonio Sotomayor

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Javier Culson (en rojo y azul), semifinales 400m con vallas, Juegos Olímpicos de Londres, 2012. (Foto extraída de Wikimedia Commons, https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Semi2Finale_1_400hurdlesLondon2012_2.JPG)

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Dios mío, ¿qué pensarán de nosotros, que somos todos negros? Así me respondió una amiga blanca cuando charlamos sobre la medalla de bronce que Javier Culson, un puertorriqueño negro, ganó durante las olimpiadas de verano de Londres en 2012. Mi amiga, muy tierna por naturaleza, decía esto entre risas, pero declarando cierta preocupación. Lamentablemente, este comentario refleja un sentimiento de corte racista muy común entre la sociedad puertorriqueña. Refleja también las complejas dinámicas raciales en la región caribeña y latinoamericana. En sociedades que han tenido profundas historias de diversidad racial y mestizaje, y donde se han desarrollado fuertes ideas de armonía racial, aún perdura un fuerte, si bien enmascarado, racismo. O sea, en América Latina y el Caribe se ha desarrollado la idea de que el “encuentro” de razas, principalmente (pero no exclusivamente) blancas, negras e indígenas, las cuales viniendo de contextos de conquista y esclavitud se han complementado de manera tal que hoy en día viven sin ningún problema aparente. La evaluación racista de Culson, la cual lamentablemente también se ha repetido con otro olímpico puertorriqueño, Jaime Espinal, nos ayuda a visualizar las tonalidades sutiles del racismo caribeño dentro de la celebración de la identidad puertorriqueña. El deporte latinoamericano es un buena ventana para observar esta sutilezas por la alta incidencia de atletas/héroes negros y/o mulatos incluyendo Roberto Clemente, Eugenio Guerra, Javier Sotomayor, Sammy Sosa y Pele entre muchos más. Para atletas femeninas el camino ha sido aún más arduo, dadas las normativas patriarcales de estas sociedades y de los deportes. Este corto ensayo discute principalmente a hombres, y espero en otra ocasión atender el asunto sobre deporte y mujer en Puerto Rico. A continuación presento algunas ideas de cómo el deporte y raza se pueden entender mutuamente.

Aunque algunas sociedades pre-colombinas practicaron juegos, los deportes modernos fueron introducidos en América Latina y el Caribe en la segunda mitad del siglo XIX. Fútbol, o balompié, entró en países como Argentina, Brasil y Uruguay en el último cuarto del siglo XIX, al mismo tiempo que el beisbol, o pelota, entraba en países como Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. El último cuarto del siglo XIX también fue una época donde se abolió finalmente el sistema esclavista en Puerto Rico, Cuba y Brasil. A la misma vez, fue el comienzo de nuevas formas de subyugar las poblaciones negras bajo conceptos científicos positivistas como el darwinismo social. El darwinismo social era una teoría científica que argumentaba que tal y como los animales, los humanos están atados a las mimas leyes de selección natural. La teoría expone que algunas razas están predispuestas a sobrevivir mejor que otras, lo que ayudó a explicar el por qué la raza blanca dominaba a las demás. Esta teoría llevó a desarrollar el “racismo científico” a lo largo del mundo, lo cual ayudó a justificar el imperialismo europeo y estadounidense. Por lo tanto, los países europeos y Estados Unidos se percibían como mejores, más fuertes, más inteligentes y destinados a dominar. El historiador Mark Dyerson demostró cómo las llamadas “Olimpiadas Salvajes” o “Días Antropológicos” durante las Olimpiadas de 1904 en St. Louis sirvieron a los organizadores para mostrar la superioridad blanca al poner a competir un grupo de aborígenes en deportes europeos.[1] Los aborígenes, quienes nunca habían practicado estos juegos, más que nada tropezaron en el campo de juego, “evidenciando” superioridad blanca. En realidad, esto fue sencillamente un espectáculo predeterminado a fracasar para legitimar presupuestos seudocientíficos y racistas.

El darwinismo social estuvo muy presente tanto en el olimpismo como en los deportes como el fútbol y el beisbol. Ambos deportes se practicaron en América Latina y el Caribe desde los años 1860 y siempre atados a las clases altas y blancas en conexión con esferas elites estadounidenses o inglesas, intercambios educativos y/o visitas de marinos de guerra. Una institución imprescindible en el desarrollo de los deportes en Puerto Rico y en otros países de la región fue la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA por sus siglas en inglés). La YMCA ya tenía Secretarías en Argentina, Brasil, Uruguay y México, cuando entró en Puerto Rico y Cuba durante la Guerra Hispanoamericana de 1898. Entrando con las tropas del ejército invasor americano, los líderes de la YMCA siempre buscaron asociarse con las altas esferas de la administración colonial en Puerto Rico.[2] Esta institución religiosa-recreativa se organizaba bajo las políticas segregacionistas y racistas de la época y solo admitía jóvenes blancos. En Puerto Rico, la YMCA tuvo que lidiar con una población caribeña mulata y dejó un importante legado, no solamente al introducir deportes como el baloncesto y el volibol, sino al asociar estos deportes con ideologías racistas. En uno de sus primeros informes, el Director Atlético de la YMCA, Alfred F. Grimm, describió al puertorriqueño común en términos racistas de darwinismo social usando el siguiente lenguaje:

“Será interesante primeramente saber algo sobre el tipo de jóvenes y chicos que buscamos. El puertorriqueño promedio físicamente es unas dos pulgadas más bajo y pesa unas trece libras menos que el joven americano promedio. Él tiene manos y pies pequeños, hombros más bien estrechos y una cabida pectoral mucho más pequeña.”[3]

Mientras estas características colocaban al joven puertorriqueño en un grado inferior al estadounidense, al menos los puertorriqueños blancos eran considerados blancos. Grimm añadió, “los que son miembros de nuestra asociación son blancos, de origen español o español-indio.” Nótese que para justificar aquellos puertorriqueños blancos que se veían no tan blancos, la mezcla era con indios, no negros, a pesar de que la presencia taína en el siglo XX en Puerto Rico era mínima en comparación con la negra y la mulata. Con una grande, visible y activa población afro-puertorriqueña, la YMCA, una de las instituciones deportivas más influyentes en la historia de Puerto Rico, colocó a esta población al fondo de la escala social, en efecto ignorándola. Aunque esto no nos debe sorprender, dado el carácter segregacionista de la institución, nos deja ver los comienzos racistas del deporte institucionalizado en Puerto Rico.

Muchos líderes deportivos puertorriqueños pertenecieron o se beneficiaron de los programas deportivos de la YMCA. Algunos de ellos fueron Facundo Bueso, Hiram Bithorn, Emilio y Enrique Huyke, Frank Campos, y Rafael Pont Flores, todos blancos. Muchos de estos hombres también estaban envueltos en deportes internacionales, incluyendo el Movimiento Olímpico. De hecho, muchos de los primeros atletas olímpicos puertorriqueños pertenecieron a la YMCA o cursaron estudios en la Universidad de Puerto Rico, cuyos programas atléticos también estaban muy influenciados por la YMCA. Estos atletas olímpicos eran de diferentes razas, pero estaban informalmente divididos por deportes. Durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe del 1930, la delegación de pista y campo tenía atletas blancos como Manuel Luciano y Juan Juarbe Juarbe junto a atletas negros como Eugenio Guerra y Andres Rosado. Pero el tenis estaba compuesto por atletas blancos (Manuel Ángel Rodríguez y Jorge Julia) mientras el equipo de tiro estaba compuesto casi completamente por atletas blancos. En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1935 los equipos de tiro, baloncesto y voleibol (los últimos dos deportes traídos por la YMCA) estaban compuestos por jugadores blancos o de tez clara.

El standard de excelencia deportiva residiendo en tonalidades blancas perdura tercamente en el imaginario deportivo y en la celebración del deporte puertorriqueño. No cabe la menor duda que uno de los atletas puertorriqueños más celebrados, un verdadero héroe y mártir puertorriqueño, lo fue Roberto Clemente. Roberto Clemente figura como el portaestandarte de los héroes deportivos puertorriqueños y es reconocido como tal. Sin embargo, cuando miramos a otras grandes figuras negras del deporte puertorriqueño notamos menor glorificación. Por ejemplo, aunque se le conoce como el Padre del Olimpismo Puertorriqueño, el mulato ponceño Julio Enrique Monagas no es tan reconocido como otras figuras. Monagas, aunque ciertamente una figura controvertible,[4] fue la segunda persona de las Américas en ganar la medalla olímpica del Comité Olímpico Internacional en 1984. Para Monagas no hay ningún monumento o ningún parque de alto reconocimiento que lleve su nombre. Hay parques de menor reconocimiento que llevan su nombre en Ponce, Bayamón y Caguas, pero ninguno en San Juan o de alta envergadura. Lo mismo se puede decir de Eugenio “El Trinitario” Guerra, uno de los más prolíficos atletas del deporte puertorriqueño, promotor deportivo y editor. No hay ningún parque que lleve su nombre, aunque sí está la Escuela de la Comunidad Especializada en Deportes Eugenio Guerra Cruz en el Albergue Olímpico de Puerto Rico. Cuando vemos los espacios deportivos más importantes en Puerto Rico lo que nos viene a la mente son los nombres de hombres blancos o de tez clara, Estadio Hiram Bithorn, Parque Luis Muñoz Rivera, Estadio Paquito Montaner, Parque Sixto Escobar, Estadio Juan Pachín Vicéns, Coliseo Arquelio Torres Ramírez, entre otros. Ausentes de estas celebraciones son atletas/líderes deportivos negros o mulatos como Monagas y Guerra, pero también Juan Evangelista Venegas (primer medallista olímpico de Puerto Rico [bronce] en boxeo en Londres 1948), Teófilo Cruz (primer baloncelista en el mundo en competir en cinco olimpiadas), y más recientemente Félix “Tito” Trinidad.

El hecho de que los héroes del deporte puertorriqueño incluyan tantos atletas blancos o claros, a pesar de ser un país caribeño con una fuerte e importante población negra y mulata, se puede explicar por el tradicional acceso privilegiado de la población blanca a las instituciones elites urbanas como la YMCA y las tradicionales conexiones del deporte en general a las elites blancas. A medida de que los deportes se expandieron a través de toda la población, negros y mulatos también comenzaron a tener éxitos deportivos y a tomar puestos de liderato. Sin embargo, como sugiere la memoria colectiva deportiva, y como he mostrado en estos breves ejemplos, la celebración de los atletas blancos y el rechazo o ignorancia de los atletas negros o mulatos ha sido constante. La base racista de los deportes modernos aún siga viva y continúa complicando cómo un país y una cultura se mira y se celebra a sí misma.

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[1] Dyreson, Marc. “Prolegomena to Jesse Owens: American Ideas About Race and Olympic Races from the 1890s to the 1920s. The International Journal of the History of Sport 25, 2 (February 2008): 229-232.

[2] Para un análisis profundo de la YMCA en Puerto Rico ver Sotomayor, Antonio. “The Triangle of Empire: Sport, Religion, and Imperialism in Puerto Rico’s YMCA, 1898-1926.” The Americas: A Quarterly Review of Latin American History (a publicarse en 2017/18).

[3] Grimm, Alfred F. “Report of the Physical Director of the San Juan YMCA, 1915-1916,” 1. Y.USA.9-2-26. YMCA International Work in Puerto Rico. Box #1. Correspondence and Report Letters, 1908-1915. Kautz Family YMCA Archives, University of Minnesota Libraries.

[4] Ver Sotomayor, Antonio, “Un parque para cada pueblo: Julio Enrique Monagas and the Politics of Sport and Recreation in Puerto Rico during the 1940s.” Caribbean Studies 42, 2 (July-December 2014): 3-40.

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Uma festa de atiradores em Santa Cruz do Sul/RS

29/04/2017

por Cleber Eduardo Karls
cleber_hist@yahoo.com.br

A colônia de Santa Cruz, distante 150 km de Porto Alegre, foi fundada em 1849 e elevada a município em 1877. Ela foi um dos principais destinos de milhares de imigrantes de origem germânica que tinham o Brasil como objetivo. Esta especificidade marcou fortemente a cidade que rapidamente se desenvolveu e se tornou um dos principais municípios do Rio Grande do Sul. Em Santa Cruz do Sul as características culturais alemãs se mantiveram vivas, se fundindo e se miscigenando às demais etnias que formaram o povo gaúcho. Nesta região de forte influência germânica os sul-rio-grandenses adquiriram hábitos peculiares que traduzem este marcado hibridismo.

Uma das peculiaridades dos imigrantes germânicos que desembarcavam no Rio Grande do Sul nos séculos XIX e XX era a sua organização em associações culturais e esportivas nos locais onde se reuniam. Em Santa Cruz do Sul não foi diferente. Aliás, foi o município precursor com a primeira associação esportiva destinada ao tiro ao alvo do Rio Grande do Sul, fundada em 1863 e denominada Schützengilde, que significa “corporação de atiradores”.

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Praticamente em todos os centros de imigração alemã existiam clubes de tiro. No entanto, o município se tornou uma referência desta prática. Em 1924, havia pelo menos 81 sociedades de atiradores nas áreas de colonização germânica no Rio Grande do Sul, dentre as quais 30 sediadas no município de Santa Cruz do Sul. Estas associações tinham como objetivo a diversão e a educação. Os clubes de tiro (Schiessklub) ou sociedade de atiradores (Schützverein) eram locais privilegiados e palcos de integração entre os moradores dos municípios.

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Atiradores da Deutscher Schützenverein (Sociedade Alemã de Atiradores) Sinimbu, 1887,
(antigo distrito de Santa Cruz do Sul).

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Nas associações de tiro (Schützenverein) se praticava, assim como nos clubes de caça europeus, o tiro ao alvo, que buscava identificar o melhor atirador entre todos os participantes. As competições de tiro são, portanto, derivadas da prática da caça, necessária a sobrevivência em remotas épocas, assim como são derivadas dos treinamentos militares, responsáveis por preparar os homens para o combate. Com o fim das guerras e da necessidade das caçadas, o tiro ao alvo se transformou em esporte e diversão.

Estas associações cultivavam uma data em especial. Esta festividade era a comemoração mais esperada do ano e se denominava a “festa do tiro” ou Schützenfest. Realizada, normalmente, em um domingo, era marcada pelas provas de tiro, escolha do melhor atirador, através de disputas e grandes festejos com dança, música e cerveja. Tiro ao Rei (Konigschiess) era como se denominava o torneio onde quem tivesse o maior número de pontos era considerado Rei e os seguintes colocados, os cavalheiros. Este grande evento social e cultural era muito comum na região de Santa Cruz do Sul e nas áreas onde esses clubes atuavam.

Ao Rei do Tiro se impunha uma faixa, geralmente de couro com placa de prata e a data da competição. A colocação da fita simbólica no campeão era comemorada com um baile no dia da conquista ou no seguinte, muitas vezes na data de aniversário da sociedade. Na festa a primeira valsa era do Rei com sua acompanhante. Um segundo bailado era dançada pelos Reis e seus pares de outras sociedades de atiradores presentes.

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Festa na Schutzenverein Rio Pardinho

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Diversão, disciplina, esporte, bebida, dança e festa, faziam parte dos clubes de tiro do interior do Rio Grande do Sul. Em Santa Cruz do Sul esta era uma das mais tradicionais festividades. Para além dos grandes centros do país ou até mesmo do Rio Grande do Sul, o desenvolvimento esportivo é o resultado de um conjunto imenso de variáveis que faz dessas pequenas regiões interioranas significativos casos de análise que valem o olhar atento do pesquisador. É, justamente, a diversidade cultural e histórica brasileira e todas as suas peculiaridades que legitimam a sua riqueza.

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Origen de las actividades físicas, recreativas y deportivas en Montevideo

13/02/2017

por Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)

Época colonial

Luego de la llegada de los europeos a territorio americano, en el año 1494 portugueses y castellanos se dividieron el mundo conocido. En consecuencia, el territorio que actualmente corresponde a la República Oriental del Uruguay, quedó bajo dominio de Castilla. A inicios del siglo XVI, comenzaron a llegar navegantes españoles y portugueses al Río de la Plata, en búsqueda del canal interoceánico que conectara el Atlántico con el Pacífico. Los historiadores consideran que uno de los primeros en llegar a estas tierras del Río de la Plata fueron los portugueses con Américo Vespucio (1501-1502). El primer español en llegar fue Juan Díaz de Solís. Como los españoles no encontraron metales preciosos, llamaron al territorio de la Banda Oriental “tierras sin ningún provecho”.

Luego de la introducción del ganado en la Banda Oriental, por parte del gobernador de Asunción Hernandarias (Hernando Arias de Saavedra), el territorio pasó a tener otra importancia para los españoles: banda vaquería, por sus “minas de carne y cuero”.

Las primeras poblaciones estables de la Banda Oriental, fueron en Santo Domingo de Soriano, pero una de las más importantes fue Colonia del Sacramento, ubicada en el actual departamento de Colonia, fundada en 1680. Los portugueses siempre habían aspirado a ocupar estos territorios debido a sus riquezas naturales, argumentaba que les correspondería esas tierras porque la frontera debería ser natural, es decir, el Río de la Plata.

En respuesta a tal acontecimiento, los españoles fundan Montevideo. El gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, tuvo noticias de que los portugueses intentaban ocupar la bahía de Montevideo y envió un grupo armado para desalojarlos. De esta manera, desde fines de 1723 a 1730 comenzó el proceso fundacional de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.

Desde el punto de vista de las actividades físicas y recreativas, en el Montevideo colonial solo existieron juegos o diversión pública. Por ejemplo, en el año que nació José Gervasio Artigas (1764), se realizaron corridas de Toros en la plaza Mayor (hoy plaza Zabala).

También se realizaban carreras de sortijas, carreras de embolsados, de antorchas, de velocidad dentro de alguna efeméride religiosa y como expresión colectiva: la cinchada. En el centro de la Ciudadela había canchas de bolos y un frontón, como expresión de un antiguo juego español.

Por otra parte, desde la fundación de Montevideo, los españoles residentes concurrían en el verano a las costas a bañarse. Luego del proceso independentista (1825-1830), los baños se institucionalizaron y pasaron a llamarse “Baños de los Padres”, existiendo, por un lado, zonas de baño exclusivo para mujeres y por otro lado para hombres.

Consolidación del Estado Oriental del Uruguay   

Entre 1825 y 1830 se generaron acontecimientos que dieron como resultado la formación del Estado Oriental independiente. Los sucesos transcurren desde la formación de un Gobierno Provisorio en Florida y que tendrá como episodio relevante la Convención Preliminar de Paz, celebrada en 1828 entre delegados del Imperio del Brasil, de las Provincias Unidas y de Inglaterra, bajo la mediación del Lord John Ponsonby. Los resultados de esta Convención fueron ratificados el 4 de octubre de 1828.

Uno de los puntos de la Convención Preliminar de Paz, estableció que se debía instalar un Gobierno Provisorio y una Asamblea Legislativa Constituyente que tendría como tarea elaborar la primera Constitución del Uruguay, jurada el 18 de julio de 1830. Así, se inició el Estado Oriental del Uruguay como libre e independiente.

La situación del naciente Estado Oriental era crítica, luego de varios años de revolución y lucha por la independencia (1810-1830). Presentaba un atraso económico caracterizado por la monoproducción ganadera con un sistema de explotación arcaica. A esto, le sucedió la Guerra Grande (1839-1852), que involucró las tendencias políticas del Uruguay y la Confederación Argentina (blancos y colorados: federales y unitarios), el Imperio del Brasil y las potencias industriales en expansión como Inglaterra y Francia. Luego de la Guerra Grande, es que se roturaron tierras. En cuanto al sistema de propiedad, en el medio rural predominó, hasta el día de hoy, el latifundio. En consecuencia, surge un antagonismo entre el campo y la ciudad como núcleos opuestos.

En cuanto a las actividades físicas y recreativas, siguieron vinculadas a juegos y diversión pública que se realizaban desde la época colonial. Aquellas actividades que estaban motivadas por fiestas religiosas, luego de la independencia serán motivadas por las efemérides patrias. A modo de ejemplo, en los festejos por la Jura de la Constitución en 1830 y en los aniversarios de esa fecha, se realizaban corridas de sortijas en calles y plazas, además de carrera de embolsados, levantamiento de pesas, palo enjabonado, carrera de sortijas a pie, carrera de antorchas y de velocidad de mucha resonancia popular. En cuanto a las fiestas religiosas que se siguieron practicando, se vinculaban a San Juan y San Pedro, con hogueras en las calles.

Por otro lado, tuvo importante difusión las corridas de toros, que comenzaron antes de la Independencia, con varias “plazas” en la Ciudad Vieja. Luego pasaron al Cordón y finalmente se construyó la llamada “Plaza de Toros de la Unión” en 1855. Como señala A. Gomensoro, congregaban gran cantidad de público, también realizaban otros espectáculos (peleas de box, carreras a pie, desfile de bandas, orquestas y bailes, etc.), hasta que el Gobierno las prohibió en 1890 por la muerte de un torero en plena faena.

También tuvo mucha importancia las carreras de caballos, que fueron aumentando en importancia a lo largo del siglo XIX.

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Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

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Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

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En los primeros años de vida independiente, la población del país era escasa, los historiadores estiman que en 1830 había 74.000 habitantes, de los cuales 14.000 estaban en Montevideo. Uno de los acontecimientos más importantes que se suceden a partir de 1830, lo constituye la afluencia creciente de emigrantes europeos como vascofranceses o españoles, los italianos (genoveses), canarios, gallegos, ingleses, suizos, que llegaron a 42.000 entre 1836 y 1842.

La llegada de inmigrantes europeos entre 1830 y 1840, implicó crecimiento del tráfico marítimo en el Puerto de Montevideo; por otra parte, el comercio exterior se acentúa. El aporte de los inmigrantes europeos fue fundamental para el desarrollo económico del país y para el desarrollo del deporte en el Uruguay, aunque aquellas primeras manifestaciones se caracterizaban por su vaguedad e imprecisión.

Las primeras manifestaciones deportivas en el Uruguay

El deporte en los primeros años de vida independiente del Uruguay, tiene que ver con dos circunstancias claves: por un lado, se redujo al interior de las colonias de extranjeros residentes en Montevideo; por otro lado, contribuyó en su difusión en algunas localidades del interior el ferrocarril, en tanto fue llegando y se radicaron empresas de estos forasteros. Los historiadores señalan que este proceso consistió esencialmente en la fundación de clubes deportivos.

Las colectividades extranjeras fueron muy importantes en Uruguay, ya que trajeron sus deportes tradiciones, conservando su modalidad deportiva sin mezclarse entre ellos y sin participación de los criollos.

Los italianos jugaban a las bochas, esgrima y el pallone. El pallone era un juego o deporte romano, era como un juego de pelota ante un frontón y después fue en un campo abierto. Se practicó con equipos de 4 jugadores portando un bate (similar al cricket).

Los vascos jugaban a la pelota de mano. Algunos consideran que los partidos de pelota vasca, fueron una de las primeras manifestaciones deportivas en el país y en América, que movilizó a mucha gente. En el Uruguay, la primera modalidad de juego de pelota fue sin pared, hacia 1830; más tarde adoptó la pala y cesta.

Los franceses introdujeron la gimnasia, los suizos el tiro federal, los ingleses el cricket, rugby y fútbol.

Por otra parte, la presencia de extranjeros determinó también la enseñanza de deportes. Los italianos y franceses practicaban y competían en esgrima y gimnasia. En consecuencia, aparecieron los “maestros de gimnasia, tiro y esgrima”.

El primer club deportivo: Victoria Cricket Club

Entre 1830 y 1855 se produce el comienzo del desarrollo deportivo en el Uruguay. Lo más importante en este período, fue la fundación del primer club: el Victoria Cricket Club, fundando por los ingleses, que llevaban el espíritu del deporte, en octubre de 1842. La institución tuvo entre sus concurrentes asociados a la zona de su creación, Pueblo Victoria (próximo al Paso Molino), próximo al saladero del inglés Samuel Lafone, quien fue uno de los impulsores del club. El nombre fue en honor a la reina de Inglaterra, aunque algunas versiones plantean que se debe a la localidad donde realizaban la actividad.

Los concurrentes realizaban todos los jueves los “Días de Sport” a través de prácticas y partidos de Cricket, deporte más popular en Inglaterra en esa época. Allí estuvo el primer campo de deportes del Uruguay, por esto es que se considera que fueron los ingleses quienes introdujeron el deporte en el Uruguay. Mientras tanto, en Argentina, comienza un proceso similar al Uruguay, caracterizado por la fundación inglesa de clubes a lo largo del siglo XIX.

El club tuvo una breve historia, ya que desapareció como consecuencia del sitio a Montevideo establecido por las fuerzas del Partido Blanco (con apoyo argentino) encabezadas por el Brigadier Oribe y que se prolongó durante toda la Guerra Grande, hasta 1851. Esto implicó, que los ingleses no pudieran salir más de los muros de la ciudad.

Referencias:

BUZZETI, José y GUTIÉRREZ CORTINAS, Eduardo (1965). Historia del deporte en el Uruguay (1830-1900). Montevideo: Ed. De los autores.

GOMENSORO, Arnaldo (2015). Historia del Deporte, la Recreación y la Educación Física en Uruguay. Crónicas y relatos. Montevideo: IUACJ.

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O Jogo da Bola no Rio de Janeiro do século XVIII

30/01/2017

por Victor Andrade de Melo

Meu interesse pelo Jogo da Bola de Pau foi despertado por dois motivos. O primeiro foi encontrar várias referências esparsas a essa prática em periódicos do século XIX. O segundo é o fato de que até os dias de hoje existe no Rio de Janeiro um logradouro chamado Rua do Jogo da Bola, localizado num dos mais antigos e pitorescos sítios da cidade, o Morro da Conceição.

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Atual Rua do Jogo da Bola Morro da Conceição Rio de Janeiro

Atual Rua do Jogo da Bola
Morro da Conceição
Rio de Janeiro

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Posteriormente, descobri que o mesmo houve em outras cidades, em São Paulo (antigo nome da atual Rua Benjamin Constant), em Curitiba (antiga denominação da atual Alameda Doutor Muricy), em Porto Alegre (a atual Rua do Cotovelo), entre outras. Além disso, descobri que uma expressão oriunda do jogo, “deu no vinte”, foi usual desde o século XIX até os anos 1960, registrada inclusive em obras literárias com uma diferença de quase 100 anos, como Escrava Isaura, romance de Bernardo Guimarães, e Rasga Coração, peça de Oduvaldo Vianna Filho. Havia evidências de que essa prática teria alguma importância. Suspeitava que ela merecia uma investigação mais profunda.

Um primeiro passo foi identificar quem já tinham escrito sobre o assunto. O tema mereceu algumas linhas de importantes historiadores do Rio de Janeiro. Adolfo Morales de los Rios Filho sugere que, junto com as brigas de galos, era das mais populares diversões de seu tempo. Para Vieira Fazenda, a prática era a única que competia com a Ópera, com a diferença de que eram “os jogos da bola frequentados pela arraia miúda”. Luiz Gonçalves dos Santos, o conhecido padre perereca, também referenciou a modalidade.

Como eu tinha uma indicação de que a prática se sistematizara no Rio de Janeiro no século XVIII, o próximo passo seria entender melhor esse contexto, para melhor compreender as condições concretas que teriam permitido a conformação do jogo.

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Vista da Lagoa do Boqueirão e do Aqueduto de Santa Teresa (Arcos da Lapa). Leandro Joaquim. Óleo sobre tela, 86 x 105 cm, ca. 1790. Acervo Museu Histórico Nacional.

Vista da Lagoa do Boqueirão e do Aqueduto de Santa Teresa (Arcos da Lapa).
Leandro Joaquim.
Óleo sobre tela, 86 x 105 cm, ca. 1790.
Acervo Museu Histórico Nacional.

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Desde o século XVII, em função do forjar de uma nova vocação econômica, o Rio de Janeiro foi assumindo uma condição de centralidade no império português. Dado o aumento de sua importância, devido tanto à descoberta de metais preciosos nas Minas Gerais quanto à necessidade de melhorar a segurança da região sul da colônia, a cidade se tornou a capital do Estado do Brasil, em 1763, e do Vice-Reinado, em 1775.

Impactos desse processo são sentidos na malha urbana, especialmente na administração de Luís de Vasconcelos e Sousa (1779-1790), que deu sequência a importantes iniciativas de seu antecessor, Luís de Almeida Mascarenhas, Marquês do Lavradio (1769-1778). Deve-se considerar que os Vice-Reis possuíam forte ligação com as ideias ilustradas que, em Portugal, se difundiram no reinado de D. José I (1750-1777), processo notável nas ações de seu secretário de Estado, o Marquês de Pombal.

Nas décadas finais do século XVIII, ainda que houvesse limitações impostas pela condição colonial, o Rio de Janeiro já apresentava uma vida pública mais dinâmica, inclusive no que tange aos entretenimentos. Era notável um maior trânsito de manifestações artísticas, no âmbito da literatura, música, artes plásticas, artes cênicas em geral. Já se delineava o costume de divertir-se na natureza. Festas e botequins eram opções mais vulgarizadas. Além disso, havia uma série de diversões domésticas que animavam o cotidiano da população.

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Ópera Nova Largo do Paço, atual Praça XV Debret

Ópera Nova
Largo do Paço, atual Praça XV
Debret

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Estamos, portanto, mais alinhados com os que discordam da ideia de que era apática a vida citadina no Rio de Janeiro do século XVIII. Esse dinamismo tinha relação com o fortalecimento e diversificação da economia – ainda que houvesse restrições por parte da metrópole no que tange aos gastos com luxos, e com as novas configurações do espaço urbano, mesmo que persistissem severas deficiências, inclusive no que tange à segurança pública.

Nessa expansão da cidade, tanto seguindo a linha do litoral quanto em direção ao interior, processo possível em função de uma série de intervenções urbanas, uma parte tendo em vista inclusive a melhoria das condições de higiene e salubridade, se delinearam novas áreas vocacionadas para o entretenimento, entre as quais a atual Praça Tiradentes e o atual Campo de Santana.

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Atual Praça Tiradentes Debret

Atual Praça Tiradentes
Debret

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Teriam os jogos da bola integrado essa nova dinâmica social? Para seguir, era necessário, ainda, saber, afinal, o que era o jogo da bola de pau.

Práticas com pelotas existem há séculos. A modalidade que no Rio de Janeiro chegou, vinda de Portugal, guardava semelhanças com o boliche. Uma pelota de madeira era atirada, por uma pista de terra ou tábua, para derrubar pinos que tinham diferentes pontuações.

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Jogo da Bola do Pau

Jogo da Bola do Pau

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Feito esse percurso, finalmente estabeleci os objetivos:

a) mapear a presença do jogo da bola no cenário urbano do Rio de Janeiro dos séculos XVIII e XIX;

b) entender sua dinâmica de funcionamento;

c) analisar suas representações, ou melhor, o trânsito de representações em função das mudanças contextuais.

Faltava ainda definir as fontes que iria utilizar para a realização da investigação. Isso era, de fato, um elemento dificultador por alguns motivos. Para o século XIX, podia contar com periódicos e farta documentação, mas no que tange ao século XVIII:

a) não há periódicos;

b) a documentação é restrita já que a Câmara do Rio de Janeiro pegou fogo em 1790;

c) essa documentação existente é pouco explícita no que tange ao cotidiano da cidade;

d) a documentação não é de fácil acesso e está manuscrita num português distinto do atual na forma e conteúdo.

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Documento do século XVIII

Documento do século XVIII

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A saída que encontrei foi:

a) no que tange ao mapeamento, utilizar a documentação fundiária, cruzando escrituras e mapas do período;

b) no que tange à dinâmica e representações, utilizar dois tipos de documentação – testamentos ou inventário e documentos policiais.

Foi possível identificar que a prática era mais antiga do que sugeriram os historiadores.

Já em 1674, encontramos referência a um estabelecimento de jogo da bola. Cruzando vários documentos, descobrimos que se encontrava nas redondezas da atual Rua Miguel Couto, próximo do Morro da Conceição. Ao invés de três espaços, encontramos oito estabelecimentos espalhados pela região central. Na Rua do Hospício e no Beco dos Cachorros, havia mesmo mais de um estabelecimento. O primeiro logradouro se conformou como um dos primeiros da cidade vocacionados ao entretenimento. No segundo, o jogo tinha relação com a igreja católica, com o Mosteiro de São Bento. Os estabelecimentos pertenciam a comerciantes que precocemente se envolveram com a gestação de um mercado ao redor dos entretenimentos.

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No mapa de 1858, vemos circundados os locais aproximados de estabelecimentos que ofereciam o jogo da bola. Em vermelho, a Rua do Jogo da Bola. Em azul, o Beco dos Cachorros. Em marrom, a Rua de Bragança. Em lilás, a Rua dos Ourives com São Pedro. Em verde, a Rua do Hospício. Em laranja, a Praia de Santa Luzia. A linha azul indica uma possibilidade de localização do estabelecimento da Chácara de Nossa Senhora da Ajuda. A estrela vermelha indica o Campo de Santana, a lilás a atual Praça Tiradentes, a verde o Morro do Castelo, a rosa o Morro de Santo Antônio e a laranja o Passeio Público.

No mapa de 1858, vemos circundados os locais aproximados de estabelecimentos que ofereciam o jogo da bola. Em vermelho, a Rua do Jogo da Bola. Em azul, o Beco dos Cachorros. Em marrom, a Rua de Bragança. Em lilás, a Rua dos Ourives com São Pedro. Em verde, a Rua do Hospício. Em laranja, a Praia de Santa Luzia. A linha azul indica uma possibilidade de localização do estabelecimento da Chácara de Nossa Senhora da Ajuda. A estrela vermelha indica o Campo de Santana, a lilás a atual Praça Tiradentes, a verde o Morro do Castelo, a rosa o Morro de Santo Antônio e a laranja o Passeio Público.

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Os estabelecimentos sempre tinham alguma estrutura de bebidas e alimentação, sendo em muitos casos, na verdade, mais uma atração oferecida por botequins, tabernas e armazéns. Eram espaços frequentados por gente dos setores médios e populares, interessados nas performances, no clima de festa, mas também nas apostas que existiam entre os jogadores. Eram espaços muito turbulentos, marcados pela agitação e barulho. Foi mesmo um dos principais divertimentos do século XVIII.

Com isso atraíram a atenção de autoridades governamentais. Nos anos 1790, passou a se exigir licença da Câmara. Os estabelecimentos foram constantemente fiscalizados pela polícia, em função dos distúrbios que ocorriam nas partidas, boa parte ocasionados por polêmicas com as apostas. Além disso, a comum oferta de bebidas alcoólicas contribuía para que os Jogos da Bola se tornassem suspeitos.

Esses conflitos incomodavam uma parte da população, e ainda mais os dirigentes da cidade, não só porque transtornavam a ordem pública como também porque maculavam a ideia de valorização de práticas civilizadas que começou a melhor se delinear na transição de séculos. O crescimento dos entretenimentos, notadamente os mais populares, desencadeou esse tipo de apreensões e o aumento de iniciativas de controle, também manifestas em espaços de dança e casas de jogos.

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Para ler o trabalho completo:

MELO, Victor Andrade de. MUDANÇAS NOS PADRÕES DE SOCIABILIDADE E DIVERSÃO: O jogo da bola no Rio de Janeiro (séculos XVIII e XIX). História [online]. 2016, vol.35, e105.  Epub Dec 19, 2016. ISSN 1980-4369.  http://dx.doi.org/10.1590/1980-436920160000000105.

http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S0101-90742016000100514&lng=en&nrm=iso&tlng=pt

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