Uma festa de atiradores em Santa Cruz do Sul/RS

29/04/2017

por Cleber Eduardo Karls
cleber_hist@yahoo.com.br

A colônia de Santa Cruz, distante 150 km de Porto Alegre, foi fundada em 1849 e elevada a município em 1877. Ela foi um dos principais destinos de milhares de imigrantes de origem germânica que tinham o Brasil como objetivo. Esta especificidade marcou fortemente a cidade que rapidamente se desenvolveu e se tornou um dos principais municípios do Rio Grande do Sul. Em Santa Cruz do Sul as características culturais alemãs se mantiveram vivas, se fundindo e se miscigenando às demais etnias que formaram o povo gaúcho. Nesta região de forte influência germânica os sul-rio-grandenses adquiriram hábitos peculiares que traduzem este marcado hibridismo.

Uma das peculiaridades dos imigrantes germânicos que desembarcavam no Rio Grande do Sul nos séculos XIX e XX era a sua organização em associações culturais e esportivas nos locais onde se reuniam. Em Santa Cruz do Sul não foi diferente. Aliás, foi o município precursor com a primeira associação esportiva destinada ao tiro ao alvo do Rio Grande do Sul, fundada em 1863 e denominada Schützengilde, que significa “corporação de atiradores”.

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Praticamente em todos os centros de imigração alemã existiam clubes de tiro. No entanto, o município se tornou uma referência desta prática. Em 1924, havia pelo menos 81 sociedades de atiradores nas áreas de colonização germânica no Rio Grande do Sul, dentre as quais 30 sediadas no município de Santa Cruz do Sul. Estas associações tinham como objetivo a diversão e a educação. Os clubes de tiro (Schiessklub) ou sociedade de atiradores (Schützverein) eram locais privilegiados e palcos de integração entre os moradores dos municípios.

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Atiradores da Deutscher Schützenverein (Sociedade Alemã de Atiradores) Sinimbu, 1887,
(antigo distrito de Santa Cruz do Sul).

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Nas associações de tiro (Schützenverein) se praticava, assim como nos clubes de caça europeus, o tiro ao alvo, que buscava identificar o melhor atirador entre todos os participantes. As competições de tiro são, portanto, derivadas da prática da caça, necessária a sobrevivência em remotas épocas, assim como são derivadas dos treinamentos militares, responsáveis por preparar os homens para o combate. Com o fim das guerras e da necessidade das caçadas, o tiro ao alvo se transformou em esporte e diversão.

Estas associações cultivavam uma data em especial. Esta festividade era a comemoração mais esperada do ano e se denominava a “festa do tiro” ou Schützenfest. Realizada, normalmente, em um domingo, era marcada pelas provas de tiro, escolha do melhor atirador, através de disputas e grandes festejos com dança, música e cerveja. Tiro ao Rei (Konigschiess) era como se denominava o torneio onde quem tivesse o maior número de pontos era considerado Rei e os seguintes colocados, os cavalheiros. Este grande evento social e cultural era muito comum na região de Santa Cruz do Sul e nas áreas onde esses clubes atuavam.

Ao Rei do Tiro se impunha uma faixa, geralmente de couro com placa de prata e a data da competição. A colocação da fita simbólica no campeão era comemorada com um baile no dia da conquista ou no seguinte, muitas vezes na data de aniversário da sociedade. Na festa a primeira valsa era do Rei com sua acompanhante. Um segundo bailado era dançada pelos Reis e seus pares de outras sociedades de atiradores presentes.

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Festa na Schutzenverein Rio Pardinho

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Diversão, disciplina, esporte, bebida, dança e festa, faziam parte dos clubes de tiro do interior do Rio Grande do Sul. Em Santa Cruz do Sul esta era uma das mais tradicionais festividades. Para além dos grandes centros do país ou até mesmo do Rio Grande do Sul, o desenvolvimento esportivo é o resultado de um conjunto imenso de variáveis que faz dessas pequenas regiões interioranas significativos casos de análise que valem o olhar atento do pesquisador. É, justamente, a diversidade cultural e histórica brasileira e todas as suas peculiaridades que legitimam a sua riqueza.

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Origen de las actividades físicas, recreativas y deportivas en Montevideo

13/02/2017

por Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)

Época colonial

Luego de la llegada de los europeos a territorio americano, en el año 1494 portugueses y castellanos se dividieron el mundo conocido. En consecuencia, el territorio que actualmente corresponde a la República Oriental del Uruguay, quedó bajo dominio de Castilla. A inicios del siglo XVI, comenzaron a llegar navegantes españoles y portugueses al Río de la Plata, en búsqueda del canal interoceánico que conectara el Atlántico con el Pacífico. Los historiadores consideran que uno de los primeros en llegar a estas tierras del Río de la Plata fueron los portugueses con Américo Vespucio (1501-1502). El primer español en llegar fue Juan Díaz de Solís. Como los españoles no encontraron metales preciosos, llamaron al territorio de la Banda Oriental “tierras sin ningún provecho”.

Luego de la introducción del ganado en la Banda Oriental, por parte del gobernador de Asunción Hernandarias (Hernando Arias de Saavedra), el territorio pasó a tener otra importancia para los españoles: banda vaquería, por sus “minas de carne y cuero”.

Las primeras poblaciones estables de la Banda Oriental, fueron en Santo Domingo de Soriano, pero una de las más importantes fue Colonia del Sacramento, ubicada en el actual departamento de Colonia, fundada en 1680. Los portugueses siempre habían aspirado a ocupar estos territorios debido a sus riquezas naturales, argumentaba que les correspondería esas tierras porque la frontera debería ser natural, es decir, el Río de la Plata.

En respuesta a tal acontecimiento, los españoles fundan Montevideo. El gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, tuvo noticias de que los portugueses intentaban ocupar la bahía de Montevideo y envió un grupo armado para desalojarlos. De esta manera, desde fines de 1723 a 1730 comenzó el proceso fundacional de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.

Desde el punto de vista de las actividades físicas y recreativas, en el Montevideo colonial solo existieron juegos o diversión pública. Por ejemplo, en el año que nació José Gervasio Artigas (1764), se realizaron corridas de Toros en la plaza Mayor (hoy plaza Zabala).

También se realizaban carreras de sortijas, carreras de embolsados, de antorchas, de velocidad dentro de alguna efeméride religiosa y como expresión colectiva: la cinchada. En el centro de la Ciudadela había canchas de bolos y un frontón, como expresión de un antiguo juego español.

Por otra parte, desde la fundación de Montevideo, los españoles residentes concurrían en el verano a las costas a bañarse. Luego del proceso independentista (1825-1830), los baños se institucionalizaron y pasaron a llamarse “Baños de los Padres”, existiendo, por un lado, zonas de baño exclusivo para mujeres y por otro lado para hombres.

Consolidación del Estado Oriental del Uruguay   

Entre 1825 y 1830 se generaron acontecimientos que dieron como resultado la formación del Estado Oriental independiente. Los sucesos transcurren desde la formación de un Gobierno Provisorio en Florida y que tendrá como episodio relevante la Convención Preliminar de Paz, celebrada en 1828 entre delegados del Imperio del Brasil, de las Provincias Unidas y de Inglaterra, bajo la mediación del Lord John Ponsonby. Los resultados de esta Convención fueron ratificados el 4 de octubre de 1828.

Uno de los puntos de la Convención Preliminar de Paz, estableció que se debía instalar un Gobierno Provisorio y una Asamblea Legislativa Constituyente que tendría como tarea elaborar la primera Constitución del Uruguay, jurada el 18 de julio de 1830. Así, se inició el Estado Oriental del Uruguay como libre e independiente.

La situación del naciente Estado Oriental era crítica, luego de varios años de revolución y lucha por la independencia (1810-1830). Presentaba un atraso económico caracterizado por la monoproducción ganadera con un sistema de explotación arcaica. A esto, le sucedió la Guerra Grande (1839-1852), que involucró las tendencias políticas del Uruguay y la Confederación Argentina (blancos y colorados: federales y unitarios), el Imperio del Brasil y las potencias industriales en expansión como Inglaterra y Francia. Luego de la Guerra Grande, es que se roturaron tierras. En cuanto al sistema de propiedad, en el medio rural predominó, hasta el día de hoy, el latifundio. En consecuencia, surge un antagonismo entre el campo y la ciudad como núcleos opuestos.

En cuanto a las actividades físicas y recreativas, siguieron vinculadas a juegos y diversión pública que se realizaban desde la época colonial. Aquellas actividades que estaban motivadas por fiestas religiosas, luego de la independencia serán motivadas por las efemérides patrias. A modo de ejemplo, en los festejos por la Jura de la Constitución en 1830 y en los aniversarios de esa fecha, se realizaban corridas de sortijas en calles y plazas, además de carrera de embolsados, levantamiento de pesas, palo enjabonado, carrera de sortijas a pie, carrera de antorchas y de velocidad de mucha resonancia popular. En cuanto a las fiestas religiosas que se siguieron practicando, se vinculaban a San Juan y San Pedro, con hogueras en las calles.

Por otro lado, tuvo importante difusión las corridas de toros, que comenzaron antes de la Independencia, con varias “plazas” en la Ciudad Vieja. Luego pasaron al Cordón y finalmente se construyó la llamada “Plaza de Toros de la Unión” en 1855. Como señala A. Gomensoro, congregaban gran cantidad de público, también realizaban otros espectáculos (peleas de box, carreras a pie, desfile de bandas, orquestas y bailes, etc.), hasta que el Gobierno las prohibió en 1890 por la muerte de un torero en plena faena.

También tuvo mucha importancia las carreras de caballos, que fueron aumentando en importancia a lo largo del siglo XIX.

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Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

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Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

Plaza de Toros de la Unión (Foto 597b FMH.CMDF.IMM.UY) Tomada de: http://municipiod.montevideo.gub.uy/node/1562

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En los primeros años de vida independiente, la población del país era escasa, los historiadores estiman que en 1830 había 74.000 habitantes, de los cuales 14.000 estaban en Montevideo. Uno de los acontecimientos más importantes que se suceden a partir de 1830, lo constituye la afluencia creciente de emigrantes europeos como vascofranceses o españoles, los italianos (genoveses), canarios, gallegos, ingleses, suizos, que llegaron a 42.000 entre 1836 y 1842.

La llegada de inmigrantes europeos entre 1830 y 1840, implicó crecimiento del tráfico marítimo en el Puerto de Montevideo; por otra parte, el comercio exterior se acentúa. El aporte de los inmigrantes europeos fue fundamental para el desarrollo económico del país y para el desarrollo del deporte en el Uruguay, aunque aquellas primeras manifestaciones se caracterizaban por su vaguedad e imprecisión.

Las primeras manifestaciones deportivas en el Uruguay

El deporte en los primeros años de vida independiente del Uruguay, tiene que ver con dos circunstancias claves: por un lado, se redujo al interior de las colonias de extranjeros residentes en Montevideo; por otro lado, contribuyó en su difusión en algunas localidades del interior el ferrocarril, en tanto fue llegando y se radicaron empresas de estos forasteros. Los historiadores señalan que este proceso consistió esencialmente en la fundación de clubes deportivos.

Las colectividades extranjeras fueron muy importantes en Uruguay, ya que trajeron sus deportes tradiciones, conservando su modalidad deportiva sin mezclarse entre ellos y sin participación de los criollos.

Los italianos jugaban a las bochas, esgrima y el pallone. El pallone era un juego o deporte romano, era como un juego de pelota ante un frontón y después fue en un campo abierto. Se practicó con equipos de 4 jugadores portando un bate (similar al cricket).

Los vascos jugaban a la pelota de mano. Algunos consideran que los partidos de pelota vasca, fueron una de las primeras manifestaciones deportivas en el país y en América, que movilizó a mucha gente. En el Uruguay, la primera modalidad de juego de pelota fue sin pared, hacia 1830; más tarde adoptó la pala y cesta.

Los franceses introdujeron la gimnasia, los suizos el tiro federal, los ingleses el cricket, rugby y fútbol.

Por otra parte, la presencia de extranjeros determinó también la enseñanza de deportes. Los italianos y franceses practicaban y competían en esgrima y gimnasia. En consecuencia, aparecieron los “maestros de gimnasia, tiro y esgrima”.

El primer club deportivo: Victoria Cricket Club

Entre 1830 y 1855 se produce el comienzo del desarrollo deportivo en el Uruguay. Lo más importante en este período, fue la fundación del primer club: el Victoria Cricket Club, fundando por los ingleses, que llevaban el espíritu del deporte, en octubre de 1842. La institución tuvo entre sus concurrentes asociados a la zona de su creación, Pueblo Victoria (próximo al Paso Molino), próximo al saladero del inglés Samuel Lafone, quien fue uno de los impulsores del club. El nombre fue en honor a la reina de Inglaterra, aunque algunas versiones plantean que se debe a la localidad donde realizaban la actividad.

Los concurrentes realizaban todos los jueves los “Días de Sport” a través de prácticas y partidos de Cricket, deporte más popular en Inglaterra en esa época. Allí estuvo el primer campo de deportes del Uruguay, por esto es que se considera que fueron los ingleses quienes introdujeron el deporte en el Uruguay. Mientras tanto, en Argentina, comienza un proceso similar al Uruguay, caracterizado por la fundación inglesa de clubes a lo largo del siglo XIX.

El club tuvo una breve historia, ya que desapareció como consecuencia del sitio a Montevideo establecido por las fuerzas del Partido Blanco (con apoyo argentino) encabezadas por el Brigadier Oribe y que se prolongó durante toda la Guerra Grande, hasta 1851. Esto implicó, que los ingleses no pudieran salir más de los muros de la ciudad.

Referencias:

BUZZETI, José y GUTIÉRREZ CORTINAS, Eduardo (1965). Historia del deporte en el Uruguay (1830-1900). Montevideo: Ed. De los autores.

GOMENSORO, Arnaldo (2015). Historia del Deporte, la Recreación y la Educación Física en Uruguay. Crónicas y relatos. Montevideo: IUACJ.

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O Jogo da Bola no Rio de Janeiro do século XVIII

30/01/2017

por Victor Andrade de Melo

Meu interesse pelo Jogo da Bola de Pau foi despertado por dois motivos. O primeiro foi encontrar várias referências esparsas a essa prática em periódicos do século XIX. O segundo é o fato de que até os dias de hoje existe no Rio de Janeiro um logradouro chamado Rua do Jogo da Bola, localizado num dos mais antigos e pitorescos sítios da cidade, o Morro da Conceição.

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Atual Rua do Jogo da Bola Morro da Conceição Rio de Janeiro

Atual Rua do Jogo da Bola
Morro da Conceição
Rio de Janeiro

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Posteriormente, descobri que o mesmo houve em outras cidades, em São Paulo (antigo nome da atual Rua Benjamin Constant), em Curitiba (antiga denominação da atual Alameda Doutor Muricy), em Porto Alegre (a atual Rua do Cotovelo), entre outras. Além disso, descobri que uma expressão oriunda do jogo, “deu no vinte”, foi usual desde o século XIX até os anos 1960, registrada inclusive em obras literárias com uma diferença de quase 100 anos, como Escrava Isaura, romance de Bernardo Guimarães, e Rasga Coração, peça de Oduvaldo Vianna Filho. Havia evidências de que essa prática teria alguma importância. Suspeitava que ela merecia uma investigação mais profunda.

Um primeiro passo foi identificar quem já tinham escrito sobre o assunto. O tema mereceu algumas linhas de importantes historiadores do Rio de Janeiro. Adolfo Morales de los Rios Filho sugere que, junto com as brigas de galos, era das mais populares diversões de seu tempo. Para Vieira Fazenda, a prática era a única que competia com a Ópera, com a diferença de que eram “os jogos da bola frequentados pela arraia miúda”. Luiz Gonçalves dos Santos, o conhecido padre perereca, também referenciou a modalidade.

Como eu tinha uma indicação de que a prática se sistematizara no Rio de Janeiro no século XVIII, o próximo passo seria entender melhor esse contexto, para melhor compreender as condições concretas que teriam permitido a conformação do jogo.

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Vista da Lagoa do Boqueirão e do Aqueduto de Santa Teresa (Arcos da Lapa). Leandro Joaquim. Óleo sobre tela, 86 x 105 cm, ca. 1790. Acervo Museu Histórico Nacional.

Vista da Lagoa do Boqueirão e do Aqueduto de Santa Teresa (Arcos da Lapa).
Leandro Joaquim.
Óleo sobre tela, 86 x 105 cm, ca. 1790.
Acervo Museu Histórico Nacional.

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Desde o século XVII, em função do forjar de uma nova vocação econômica, o Rio de Janeiro foi assumindo uma condição de centralidade no império português. Dado o aumento de sua importância, devido tanto à descoberta de metais preciosos nas Minas Gerais quanto à necessidade de melhorar a segurança da região sul da colônia, a cidade se tornou a capital do Estado do Brasil, em 1763, e do Vice-Reinado, em 1775.

Impactos desse processo são sentidos na malha urbana, especialmente na administração de Luís de Vasconcelos e Sousa (1779-1790), que deu sequência a importantes iniciativas de seu antecessor, Luís de Almeida Mascarenhas, Marquês do Lavradio (1769-1778). Deve-se considerar que os Vice-Reis possuíam forte ligação com as ideias ilustradas que, em Portugal, se difundiram no reinado de D. José I (1750-1777), processo notável nas ações de seu secretário de Estado, o Marquês de Pombal.

Nas décadas finais do século XVIII, ainda que houvesse limitações impostas pela condição colonial, o Rio de Janeiro já apresentava uma vida pública mais dinâmica, inclusive no que tange aos entretenimentos. Era notável um maior trânsito de manifestações artísticas, no âmbito da literatura, música, artes plásticas, artes cênicas em geral. Já se delineava o costume de divertir-se na natureza. Festas e botequins eram opções mais vulgarizadas. Além disso, havia uma série de diversões domésticas que animavam o cotidiano da população.

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Ópera Nova Largo do Paço, atual Praça XV Debret

Ópera Nova
Largo do Paço, atual Praça XV
Debret

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Estamos, portanto, mais alinhados com os que discordam da ideia de que era apática a vida citadina no Rio de Janeiro do século XVIII. Esse dinamismo tinha relação com o fortalecimento e diversificação da economia – ainda que houvesse restrições por parte da metrópole no que tange aos gastos com luxos, e com as novas configurações do espaço urbano, mesmo que persistissem severas deficiências, inclusive no que tange à segurança pública.

Nessa expansão da cidade, tanto seguindo a linha do litoral quanto em direção ao interior, processo possível em função de uma série de intervenções urbanas, uma parte tendo em vista inclusive a melhoria das condições de higiene e salubridade, se delinearam novas áreas vocacionadas para o entretenimento, entre as quais a atual Praça Tiradentes e o atual Campo de Santana.

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Atual Praça Tiradentes Debret

Atual Praça Tiradentes
Debret

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Teriam os jogos da bola integrado essa nova dinâmica social? Para seguir, era necessário, ainda, saber, afinal, o que era o jogo da bola de pau.

Práticas com pelotas existem há séculos. A modalidade que no Rio de Janeiro chegou, vinda de Portugal, guardava semelhanças com o boliche. Uma pelota de madeira era atirada, por uma pista de terra ou tábua, para derrubar pinos que tinham diferentes pontuações.

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Jogo da Bola do Pau

Jogo da Bola do Pau

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Feito esse percurso, finalmente estabeleci os objetivos:

a) mapear a presença do jogo da bola no cenário urbano do Rio de Janeiro dos séculos XVIII e XIX;

b) entender sua dinâmica de funcionamento;

c) analisar suas representações, ou melhor, o trânsito de representações em função das mudanças contextuais.

Faltava ainda definir as fontes que iria utilizar para a realização da investigação. Isso era, de fato, um elemento dificultador por alguns motivos. Para o século XIX, podia contar com periódicos e farta documentação, mas no que tange ao século XVIII:

a) não há periódicos;

b) a documentação é restrita já que a Câmara do Rio de Janeiro pegou fogo em 1790;

c) essa documentação existente é pouco explícita no que tange ao cotidiano da cidade;

d) a documentação não é de fácil acesso e está manuscrita num português distinto do atual na forma e conteúdo.

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Documento do século XVIII

Documento do século XVIII

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A saída que encontrei foi:

a) no que tange ao mapeamento, utilizar a documentação fundiária, cruzando escrituras e mapas do período;

b) no que tange à dinâmica e representações, utilizar dois tipos de documentação – testamentos ou inventário e documentos policiais.

Foi possível identificar que a prática era mais antiga do que sugeriram os historiadores.

Já em 1674, encontramos referência a um estabelecimento de jogo da bola. Cruzando vários documentos, descobrimos que se encontrava nas redondezas da atual Rua Miguel Couto, próximo do Morro da Conceição. Ao invés de três espaços, encontramos oito estabelecimentos espalhados pela região central. Na Rua do Hospício e no Beco dos Cachorros, havia mesmo mais de um estabelecimento. O primeiro logradouro se conformou como um dos primeiros da cidade vocacionados ao entretenimento. No segundo, o jogo tinha relação com a igreja católica, com o Mosteiro de São Bento. Os estabelecimentos pertenciam a comerciantes que precocemente se envolveram com a gestação de um mercado ao redor dos entretenimentos.

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No mapa de 1858, vemos circundados os locais aproximados de estabelecimentos que ofereciam o jogo da bola. Em vermelho, a Rua do Jogo da Bola. Em azul, o Beco dos Cachorros. Em marrom, a Rua de Bragança. Em lilás, a Rua dos Ourives com São Pedro. Em verde, a Rua do Hospício. Em laranja, a Praia de Santa Luzia. A linha azul indica uma possibilidade de localização do estabelecimento da Chácara de Nossa Senhora da Ajuda. A estrela vermelha indica o Campo de Santana, a lilás a atual Praça Tiradentes, a verde o Morro do Castelo, a rosa o Morro de Santo Antônio e a laranja o Passeio Público.

No mapa de 1858, vemos circundados os locais aproximados de estabelecimentos que ofereciam o jogo da bola. Em vermelho, a Rua do Jogo da Bola. Em azul, o Beco dos Cachorros. Em marrom, a Rua de Bragança. Em lilás, a Rua dos Ourives com São Pedro. Em verde, a Rua do Hospício. Em laranja, a Praia de Santa Luzia. A linha azul indica uma possibilidade de localização do estabelecimento da Chácara de Nossa Senhora da Ajuda. A estrela vermelha indica o Campo de Santana, a lilás a atual Praça Tiradentes, a verde o Morro do Castelo, a rosa o Morro de Santo Antônio e a laranja o Passeio Público.

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Os estabelecimentos sempre tinham alguma estrutura de bebidas e alimentação, sendo em muitos casos, na verdade, mais uma atração oferecida por botequins, tabernas e armazéns. Eram espaços frequentados por gente dos setores médios e populares, interessados nas performances, no clima de festa, mas também nas apostas que existiam entre os jogadores. Eram espaços muito turbulentos, marcados pela agitação e barulho. Foi mesmo um dos principais divertimentos do século XVIII.

Com isso atraíram a atenção de autoridades governamentais. Nos anos 1790, passou a se exigir licença da Câmara. Os estabelecimentos foram constantemente fiscalizados pela polícia, em função dos distúrbios que ocorriam nas partidas, boa parte ocasionados por polêmicas com as apostas. Além disso, a comum oferta de bebidas alcoólicas contribuía para que os Jogos da Bola se tornassem suspeitos.

Esses conflitos incomodavam uma parte da população, e ainda mais os dirigentes da cidade, não só porque transtornavam a ordem pública como também porque maculavam a ideia de valorização de práticas civilizadas que começou a melhor se delinear na transição de séculos. O crescimento dos entretenimentos, notadamente os mais populares, desencadeou esse tipo de apreensões e o aumento de iniciativas de controle, também manifestas em espaços de dança e casas de jogos.

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Para ler o trabalho completo:

MELO, Victor Andrade de. MUDANÇAS NOS PADRÕES DE SOCIABILIDADE E DIVERSÃO: O jogo da bola no Rio de Janeiro (séculos XVIII e XIX). História [online]. 2016, vol.35, e105.  Epub Dec 19, 2016. ISSN 1980-4369.  http://dx.doi.org/10.1590/1980-436920160000000105.

http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S0101-90742016000100514&lng=en&nrm=iso&tlng=pt

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Futebol e narcotráfico II: uma breve análise da influência do cartel de Cali no futebol do América

23/01/2017

por Eduardo de Souza Gomes
eduardogomes.historia@gmail.com

No último post por mim escrito neste blog, em 22 de agosto de 2016, abordei algumas questões que relacionam o futebol com o narcotráfico dos anos 1980 e 90 na Colômbia. De forma mais específica, lancei alguns olhares sobre as possíveis influências e a participação de Pablo Escobar, então principal líder do cartel de Medellín, no mundo futebolístico.

Como explicitado naquela oportunidade, assumo que não sou um especialista em pesquisas sobre as relações do futebol com o narcotráfico na Colômbia (o que, obviamente, não me exime de possíveis críticas sobre esse e qualquer outro texto que venha a desenvolver sobre o tema). Todavia, a partir de uma percepção tida com as leituras já realizadas, jornalísticas ou acadêmicas, sobre a influência de Pablo Escobar no futebol, busquei no primeiro texto problematizar essa relação. Tendo em vista a falta de evidências empíricas em algumas das afirmações escritas sobre a presença desse narcotraficante no esporte, o que obviamente não quer dizer que ele não tenha tido influências nesse campo, busquei relativizar algumas das teorias já construídas, mais pela falta de fontes e pelas suposições criadas do que para afirmar se são ou não verdadeiras tais hipóteses.

Todavia, como também demonstrado nesse primeiro texto, essas relações entre narcotráfico e futebol, notadamente na década de 1980, não se concentraram apenas em Medellín. Em outras importantes cidades do país, como a capital Bogotá e Cali (que será o objeto central desse atual texto), também ocorreram possíveis ligações entre narcotraficantes e seus principais clubes. E, diferentemente do caso de Escobar, em algumas dessas cidades podemos apontar com maiores evidências como se deu a participação desses narcotraficantes no futebol.

Em Bogotá, por exemplo, temos como destaque a influência do famoso narcotraficante José Gonzalo Rodríguez Gacha, mais conhecido como El Mexicano, que possuiu influências diretas no Millonarios, um dos principais clubes de futebol do país. De acordo com algumas pesquisas (que também precisam ser mais problematizadas e aprofundadas), Gacha teria, junto com outros narcotraficantes, utilizado o clube para lavar parte do dinheiro ganho com o tráfico de drogas, tendo para isso investido na formação do elenco de jogadores que se tornou bicampeão nacional em 1987-1988. Em 2012 o clube lançou, inclusive, a hipótese de abrir mão desses títulos, ato até hoje não efetivado, mas que explicita a repercussão negativa que a possível influência do narcotráfico teve no clube da capital colombiana (ou pelo menos a tentativa, no contexto atual, de se apagar essa memória entendida como negativa para a imagem da agremiação). Todavia, parte da torcida se demonstrou contrária a devolução das conquistas, explicitando o debate que ocorre até os dias atuais no âmbito do Millonarios.

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José Gonzalo Rodríguez Gacha vestindo a camisa do Millonarios: narcotraficante chegou a ter uma bandeira com seu rosto estampado levada aos estádios pelos torcedores do clube. Fonte: http://www.las2orillas.co/los-bandis-del-futbol-colombiano/

José Gonzalo Rodríguez Gacha vestindo a camisa do Millonarios: narcotraficante chegou a ter uma bandeira com seu rosto estampado levada aos estádios pelos torcedores do clube.
Fonte: http://www.las2orillas.co/los-bandis-del-futbol-colombiano/

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De fato, influências como essas ocorridas no clube Millonarios, não foram incomuns na Colômbia. Poderemos, em outra oportunidade, aprofundar esse caso. Nesse post, especificamente, buscaremos entender um pouco mais de como se deu a relação existente entre o cartel de Cali, liderado pelos irmãos Gilberto e Miguel Rodríguez Orejuela, e o clube América de Cali.

Atualmente o América de Cali, um dos maiores clubes de futebol da Colômbia, está retornando para a elite desse esporte no país, após passar cinco anos na segunda divisão do futebol. Esses anos turbulentos não condizem com o grande América que venceu treze campeonatos colombianos em trinta anos (entre 1979 e 2008), conquistas que o colocam como a terceira equipe com mais títulos nacionais no país. Além disso, o clube chegou por quatro vezes na final da Copa Libertadores da América, principal competição continental da América do Sul, tendo alcançado um incrível tri vice-campeonato nos anos de 1985-86-87, além de ser novamente segundo colocado em 1996.

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Equipe do América de Cali que conquistou o pentacampeonato nacional em 1986. Fonte: RUIZ BONILLA, Guillermo. La gran historia del fútbol profesional colombiano. Bogotá: Ediciones Dayscript, 2008, p. 211.

Equipe do América de Cali que conquistou o pentacampeonato nacional em 1986.
Fonte: RUIZ BONILLA, Guillermo. La gran historia del fútbol profesional colombiano. Bogotá: Ediciones Dayscript, 2008, p. 211.

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Porém, da mesma maneira que passou por anos difíceis nesses primórdios da década de 2010, antes de 1979, o América nem de longe era a grande equipe que se tornou. Apenas como efeitos de comparação, até 1978, a equipe nunca havia sido campeã colombiana, enquanto seu rival local, o Deportivo Cali, já havia alcançado o título por cinco vezes. Equipes de outros departamentos, como Millonarios e Santa Fé, ambos da capital Bogotá, já haviam ganho a competição por dez e seis vezes, respectivamente.

O “boom” do América de Cali se inicia exatamente no final dos anos 1970, quando o clube se tornou campeão nacional pela primeira vez em 1979. Depois, veio o incrível pentacampeonato nacional de 1982 a 1986, anos em que a equipe também passou a disputar a Libertadores e alcançar as finais onde, por pouco, não se consagrou como a primeira equipe colombiana campeã continental. Coincidência ou não, é nesse período que a influência do cartel de Cali, notadamente representado pelos irmãos Miguel e Gilberto Rodríguez Orejuela, se fez presente no clube. Entretanto, as causas que levaram esses narcotraficantes a chegarem no América se iniciam, na verdade, no rival Deportivo, como nos demonstrar Galvis Ramírez:

Los llamados “dineros calientes” se infiltraron en muchas instituciones del fútbol. Una excepción que vale la pena resaltar es la del Deportivo Cali, que alcanzó a tener entre sus accionistas a uno de los grandes capos del narcotráfico en el mundo, pero que fue liberado gracias a un hombre honesto y con valor civil que dijo “alto” en el momento oportuno. Su nombre: Álex Gorayeb.

Como el Cali (Deportivo) era el único club del fútbol colombiano debidamente organizado con centenares de accionistas, era imposible que prosperara la invasión de uno de los nuevos ricos del fútbol, Gilberto Rodríguez Orejuela, quien apareció en 1972 en el nutrido grupo de ciudadanos que poseían acciones del club verde, pero con intenciones de hacer crecer su dominio a toda la institución. Detrás de él se encontraba su hermano Miguel, quien era el verdadero hincha del fútbol y deseaba hacer una carrera como dirigente.

La actitud valerosa de Gorayeb, confesaron los mismos hermanos Rodríguez Orejuela, los hizo desistir de entrar al Deportivo Cali. Por esta razón, y con bastante resentimiento, decidieron trasladar su inversión al América, rival de plaza de su equipo amado (GALVIS RAMÍREZ, 2008, p. 99).

Como demonstrado acima, tendo em vista a impossibilidade de assumirem um maior protagonismo enquanto acionistas do Deportivo Cali, os irmãos Gilberto e Miguel Rodríguez Orejuela optaram por migrar para o rival América, que até então era menos vitorioso que seu maior adversário citadino. Esse interesse dos irmãos Rodríguez Orejuela para com o futebol, era apenas mais um dos grandes e numerosos negócios que realizaram durante suas trajetórias enquanto narcotraficantes, tendo em muitos momentos utilizado outros ramos comerciais e empresariais para “lavarem dinheiro” ou camuflarem a atuação de ambos no mundo do crime.

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Entre as décadas de 1970 e 1990, Gilberto e Miguel Rodríguez Orejuela ficaram conhecidos, além do narcotráfico e de se tornarem acionistas do América de Cali, por terem sido proprietários ou acionistas de vários outros empreendimentos, como os laboratórios Kressford, a rede de drogarias La Rebaja, o Banco dos Trabalhadores, o grupo de emissoras de rádio Radial Colombiano, um banco no Panamá, entre outros.

Podemos afirmar o quanto longe foi a participação dos irmãos Rodriguez Orejuela no futebol do América de Cali, diferente da situação vivida por Pablo Escobar com o Atlético Nacional, pela participação ativa que esses tiveram na vida do clube. Ao se tornarem acionistas do América, clube que até os anos 1970 possuía como principais donos alguns empresários do ramo industrial, Miguel e Gilberto Orejuela passaram a ter vida ativa no clube, tendo o primeiro feito parte, a partir de 1980, de uma junta diretiva formada durante o mandato de Giusseppe “Pepino” Sangiovanni, então presidente da agremiação.

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Miguel Rodríguez Orejuela chegou a ser considerado um dos melhores dirigentes de futebol no América de Cali. Fonte: http://www.wikiwand.com/es/Miguel_Rodr%C3%ADguez_Orejuela

Miguel Rodríguez Orejuela chegou a ser considerado um dos melhores dirigentes de futebol no América de Cali.
Fonte: http://www.wikiwand.com/es/Miguel_Rodr%C3%ADguez_Orejuela

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Como principal nome escolhido para a divulgação da imagem do América para o restante do continente e do mundo, a junta diretiva, que já contava com Miguel Rodríguez Orejuela como um de seus líderes, contou com a figura de Manuel Francisco Becerra. Becerra, advogado que construiu uma carreira política no país, era o nome perfeito e um exemplo de “integridade” que se esperava para a divulgação da imagem do clube. Escreve Galvis Ramírez:

Durante esa época la figura para exhibir en el América era Manuel Francisco Becerra, quien comenzó como asesor jurídico del club y luego fue concejal de Cali, gobernador del Valle del Cauca, representante a la Câmara, senador, ministro de Educación en el gobierno de Virgilio Barco y contralor general de la República (GALVIS RAMÍREZ, 2008, p. 100).

Tendo em vista esse perfil, não foi acidentalmente que optaram pela escolha de Becerra para exercer a função de divulgar a imagem do América nos anos 1980. E, como é possível analisar na ata do clube de 11 de fevereiro de 1987 (apesar de Becerra já participar da junta diretiva do mesmo desde 1982), a escolha do nome de Becerra foi feita diretamente por “Don” Miguel Rodríguez Orejuela, como era conhecido o narcotraficante na agremiação, fato que explicita sua posição atuante e o respeito que possuía no clube:

Don Miguel Rodríguez (Orejuela) le plantea al doctor Manuel Francisco Becerra la forma como a través de su investidura en la Asamblea (departamental) se pronuncie contra los impuestos del espectáculo, pues se consideran elevados. El doctor Bicerra se compromete a que a partir del próximo 10 de marzo puede trabajar “por lo menos dos horas” con la Corporación Deportiva América, en relación con su solicitud (Ata Nº 3 – Corporación Deportiva América, 11 de fevereiro de 1987).

Coincidência ou não, o período em que os irmãos Rodríguez Orejuela se fizeram presentes no clube, o América de Cali alcançou grandes conquistas, como já demonstrado, e movimentou bastante dinheiro, notadamente no investimento em contratações de atletas. Essa era uma das principais formas de se lavar dinheiro oriundo do tráfico de drogas, tal como ocorreu em outros clubes. Nomes como os de Roberto Cabañas, Julio Uribe, Ricardo Gareca, entre outros, foram atuar no clube nos anos 1980 e colaboraram para a conquista do pentacampeonato nacional entre 1982 e 1986, assim como o tri vice-campeonato da Copa Libertadores da América, entre 1985 e 1987. Até mesmo o argentino Diego Armando Maradona, um dos maiores nomes da história do esporte, esteve perto de acertar com o América, não fosse uma proposta recebida do Barcelona da Espanha no mesmo período.

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Miguel Rodríguez Orejuela, à direita, tentou sem sucesso contratar o argentino Diego Armando Maradona, à esquerda, para atuar no América de Cali. Fonte: http://www.las2orillas.co/maradona-en-el-america-de-cali-el-milagro-que-casi-logran-los-rodriguez-orejuela/

Miguel Rodríguez Orejuela, à direita, tentou sem sucesso contratar o argentino Diego Armando Maradona, à esquerda, para atuar no América de Cali.
Fonte: http://www.las2orillas.co/maradona-en-el-america-de-cali-el-milagro-que-casi-logran-los-rodriguez-orejuela/

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De fato, os anos 1980 marcou o futebol colombiano pela forte presença do narcotráfico. O caso do América de Cali aqui demonstrado, assim como o Millonarios que também citamos ou os clubes de Medellín, Nacional e Independente, tendo ou não a influência direta de Pablo Escobar, são apenas alguns entre os mais famosos. Há indícios que outras equipes grandes, como o Independente Santa Fe, ou menores como Unión Magdalena, onde foi revelado o ídolo nacional Valderrama, também sofreram essa influência “negra” do narcotráfico em seus percursos.

Todavia, é importante também enfatizar que, para muitos dos torcedores, mais importante que saber a procedência do dinheiro investido, tendo em vista que já entendiam o narcotráfico como algo “natural” e interlaçado à realidade do país, o mais importante era festejar as conquistas, independente de como essas foram alcançadas, sendo esse um caminho também seguido por torcedores de clubes em outros países onde ocorreram situações semelhantes, com conquistas ganhas por meios “irregulares” ou “duvidosos”.

O auge dos problemas com a violência no futebol, que podiam ou não serem oriundos do narcotráfico, foi o assassinato do árbitro Álvaro Ortega em 1989. Após um empate sem gols entre o América de Cali e o Atlético Nacional, a equipe da casa, o juiz foi assassinado na cidade de Medellín. Muitas suposições foram criadas sobre essa morte. Devido a não marcação de um pênalti na primeira partida entre as equipes na competição, vencida pelo América por 3×2 em Cali, a hipótese de ter sido o assassinato uma retaliação do cartel de Medellín liderado por Escobar, foi muito difundida. Outros acreditam que o juiz foi assassinado por apostadores. O fato é que, mesmo não havendo uma comprovação exata das causas até os dias atuais, sua morte explicitou como nunca a relação que o futebol possuía nesse período com a violência no país. E, nesse contexto de violência, se encontrava o narcotráfico.

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O árbitro Álvaro Ortega, assassinado em 1989 na cidade de Medellín, após apitar uma partida entre o Atlético Nacional e o América de Cali. Fonte: http://www.eltiempo.com/colombia/barranquilla/asesinato-del-arbitro-de-futbol-lvaro-ortega/14835436

O árbitro Álvaro Ortega, assassinado em 1989 na cidade de Medellín, após apitar uma partida entre o Atlético Nacional e o América de Cali.
Fonte: http://www.eltiempo.com/colombia/barranquilla/asesinato-del-arbitro-de-futbol-lvaro-ortega/14835436

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Devido a morte de Álvaro Ortega, o campeonato colombiano de 1989 foi cancelado e terminou sem campeão. Nesse mesmo ano, o Nacional ganhava a primeira Copa Libertadores conquistada na história por um clube do país. E, de maneira geral, a geração de atletas colombianos, nos mais variados clubes, era considerada por muitos da crítica no período como a melhor da história do país no futebol, o que levaria a seleção nacional a disputar três Copas do Mundo seguidas (1990, 1994 e 1998), fato até então inédito e até hoje único para a Colômbia. Mas mesmo com os triunfos, em uma sociedade onde a violência era entendida como algo naturalizado em diversas situações, no futebol não foi diferente, tendo o narcotráfico se instalado em seu seio com força total.

Nesse período, na virada das décadas de 1980 e 1990, o cartel de Cali passava a ser o maior do país, superando o de Medellín, que se enfraqueceria de vez com a morte de Pablo Escobar em 1993. Até 1995, ano em que são capturados, os irmãos Gilberto e Miguel Rodríguez Orejuela continuariam dominando o cenário do narcotráfico internacional na Colômbia. Enquanto isso, o América continuaria como um clube vencedor, tendo desde 1986 (ano do pentacampeonato nacional) ganho mais sete vezes o campeonato nacional e alcançado uma nova final da Copa Libertadores da América, em 1996, quando foi derrotado pelo brasileiro Grêmio.

O técnico do grande time do América nos anos 1980, Gabriel Ochoa Uribe, que para muitos é considerado o maior da história do clube, relativiza a atuação dos narcotraficantes no efetivo sucesso que a equipe alcançou no período. Destaca o técnico que a imprensa sempre quis diminuir a “honra” do clube e de suas conquistas e que quando venciam eram taxados como “mafiosos”, enquanto nas derrotas eram tidos como “ruins” (GALVIS RAMÍREZ, 2008, p. 101). Completa afirmando que esses estereótipos ofuscavam, em muitas das vezes, o trabalho árduo que ele e os atletas realizavam a favor do América de Cali e do futebol colombiano.

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Gabriel Ochoa Uribe: treinador do América de Cali pentacampeão nacional nos anos 1980.   Fonte: https://twitter.com/americadecali/status/403354985045299200

Gabriel Ochoa Uribe: treinador do América de Cali pentacampeão nacional nos anos 1980.
Fonte: https://twitter.com/americadecali/status/403354985045299200

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Muito ainda deve ser investigado sobre essa temática. Nesse pequeno texto, busquei problematizar alguns dos fatores que apontam o porquê do América de Cali ser “acusado” de ter recebido influência de narcotraficantes. A participação de Miguel e Gilberto Rodríguez Orejuela como acionistas do clube, tendo o primeiro se tornado também dirigente da agremiação, explicitam o maior espaço que esses narcotraficantes ocuparam em uma agremiação esportiva, se comparado, por exemplo, com o caso de Pablo Escobar com o Atlético Nacional.

Ao mesmo tempo, declarações como as do treinador Gabriel Ochoa Uribe, sendo essas enviesadas ou não, devem ser problematizadas e investigadas com maior rigor por parte de pesquisadores das Ciências Humanas e Sociais que se debruçam sobre o objeto. E se esse pequeno post não for profundo o suficiente para efetivar hipóteses concretas sobre os ocorridos, que pelo menos sirva de incentivo para que novos olhares sejam lançados sobre o tema.

 

REFERÊNCIAS

GALVIS RAMÍREZ, Alberto. 100 años de fútbol en Colombia. Bogotá: Planeta, 2008.

RUIZ BONILLA, Guillermo. La gran historia del fútbol profesional colombiano. Bogotá: Ediciones Dayscript, 2008.

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Puerto Rico Olímpico: Soberanía, identidad y colonialismo.

16/01/2017

por Antonio Sotomayor
University of Illinois

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El año 2016 para Puerto Rico fue trascendental y servirá como un año clave en su historia política y cultural. Políticamente, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declaró en dos importantes casos que el Estado Libre Asociado de Puerto Rico carece de autonomía y que es el Congreso de los EEUU el que retiene total soberanía sobre el territorio. También, el Congreso de los EEUU (liderado por el Partido Republicano) y el Presidente Barak Obama (Partido Demócrata) aprobaron el establecimiento de una Junta de Control Fiscal (llamada PROMESA por sus siglas en inglés). Esta Junta, cuyos miembros no fueron electos democráticamente por el pueblo de Puerto Rico, tiene estatutos y provisiones que muchos los consideran como poderes dictatoriales.  En el ámbito cultural me refiero a los deportes. Deportivamente, el año 2016 fue también inolvidable para Puerto Rico, particularmente dentro del Movimiento Olímpico. El 13 de agosto marca el día en que Puerto Rico obtuvo su primera medalla de oro en los Juegos Olímpicos desde que comenzó a participar en 1948. Esta medalla llegó en manos de la tenista Mónica Puig, quien a pesar de estar clasificada #34 en el mundo, derrotó a la clasificada #2 Angelique Kerber (Alemania), después de también derrotar a la doble-campeona de Wimbeldon Petra Kvitová (República Checa) y la campeona del Abierto de Francia Garbiñe Muguruza (España). En declaraciones luego de la victoria, y teniendo en mente la crisis por la cual atraviesa Puerto Rico, Puig dijo “creo que he unido una nación.” Atletas puertorriqueños también se destacaron en el tenis de mesa. Con tan solo 16 años, Adriana Diaz ganó el Abierto de Estados Unidos y está clasificada como la mejor tenimesista de Latinoamérica. Su primo, Brian Afanador, también conquistó suficientes victorias para también colocarse como el mejor tenimesista de Latinoamérica. Ambos fueron miembros de la delegación a los Juegos de Rio 2016.

Estas victorias Olímpicas y deportivas puertorriqueñas contrastan con la crisis económica, social y política que atraviesa Puerto Rico en el presente. Como muy bien señaló Puig, el deporte Olímpico puertorriqueño une a una nación. Esta aseveración podría ser similar en otras naciones latinoamericanas y caribeñas. Pero las de Puerto Rico adquieren un valor diferente, pues ocurren dentro de un estatus político colonial. Oficialmente, Puerto Rico no es parte, pero le pertenece, a los Estados Unidos y sus habitantes adquieren ciudadanía estadounidense al nacer en el territorio. Mientras que el Congreso mantiene poderes plenarios sobre el territorio, los puertorriqueños no pueden enviar representación adecuada al Congreso y no pueden votar por el Presidente de los EEUU. En otras palabras, las victorias le la nación puertorriqueña a nivel internacional se dan bajo una relación oficial y directamente colonial, y por atletas portando la ciudadanía de otro país olímpico. Aunque esta situación olímpica/política no es singular, y se ha dado y ocurre con otros países/naciones (Jamaica entre 1930 y 1966, Taiwán/China Taipéi, Palestina), es única en América Latina. Para una nación olímpica relativamente exitosa como Puerto Rico (de las 41 naciones olímpicas en América Latina y el Caribe, Puerto Rico ocupa la posición número 12), esta situación merece atención y entendimiento. Es decir, Puerto Rico es la única nación de América Latina que tiene soberanía olímpica, sin tener soberanía política.

El tema de las soberanías, tanto olímpica como política, en Puerto Rico es el tema de mi reciente libro titulado “The Sovereign Colony: Olympic Sport, National Identity, and International Politics in Puerto Rico” (Lincoln: University of Nebraska Press, 2016). La historia de cómo los puertorriqueños lograron obtener soberanía olímpica, a pesar de no tener soberanía política es compleja y se debe entender en sus contextos deportivos, culturales, y políticos tanto en Puerto Rico, como en América Latina, Estados Unidos y países en desarrollo. Cuando Estados Unidos invade a Puerto Rico durante la Guerra Hispano-Americana de 1898, los puertorriqueños habían alcanzado una anhelada autonomía de España que protegía los intereses hegemónicos locales de una clase burguesa que se identificaba tan puertorriqueña como española, pero que percibía a los Estados Unidos como el epicentro de modernidad y progreso. No dispuestos a perder el grado de hegemonía local ante el nuevo régimen estadounidense, los puertorriqueños negocian un proceso de Americanización impuesto por el creciente imperio donde aceptan, por ejemplo, un modelo de educación proveniente del norte, incluyendo los deportes, pero rechazan la sustitución del idioma español por el inglés. Béisbol, baloncesto, voleibol, atletismo y muchos otros deportes son adoptados con mucho entusiasmo tanto en las escuelas públicas y recién establecidas universidades, como por el pueblo en general.

Durante los años 1930, un grupo de intelectuales embarcan en un proceso de definición nacional, conocido como la Generación del 30, similar a otros en la región. También, el radical Partido Nacionalista logra ejercer suficiente presión para desestabilizar la colonia desatando violentos enfrentamientos.  En este contexto Puerto Rico entra oficialmente en el Movimiento Olímpico al ser invitado a los Segundos Juegos Centroamericanos y del Caribe en la Habana, Cuba de 1930. Se puede decir que el entusiasmo del deporte olímpico sirvió como una herramienta de estabilización ya que fue apoyado y celebrado por diversos grupos de diferentes ideologías. Pero también desde este comienzo se pueden observar intereses diplomáticos y coloniales de esta participación ya que Puerto Rico representaba a los Estados Unidos dada su condición como territorio no-incorporado y ser ciudadanos estadounidenses. En otras palabras, a los diplomáticos y políticos estadounidenses y puertorriqueños les interesaba la participación de Puerto Rico en eventos mega-deportivos para adelantar una imagen positiva de la influencia estadounidense durante tiempos como los de la política del Buen Vecino. Las mismas razones se pueden observar más adelante en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, movimientos descolonizadores de medio-siglo y la Guerra Fría. También se discutían las posibilidades del turismo y los beneficios económicos que las delegaciones de Puerto Rico podían traer a la isla. Estas razones diplomáticas y económicas protagonizaron las discusiones entre los círculos políticos en Washington y San Juan en torno a si los puertorriqueños podían participar en eventos olímpicos o si debieran tratar de entrar en la delegación estadounidense. Las discusiones aplicaban a todos los eventos olímpicos donde Puerto Rico participó, entiéndase Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCAC) desde 1930, Juegos Panamericanos (JPA) desde 1951 (la discusión comienza en 1941) y Juegos Olímpicos (JO) de verano desde 1948.

Las razones diplomáticas y económicas eran ponderadas dentro de una especial alianza tanto del liderato político en el Departamento de Estado de los EEUU, como por los gobernadores, Secretarios de Estado y líderes olímpicos en Puerto Rico (p.ej. Julio Enrique Monagas) y Estados Unidos (p.ej. Avery Brundage). Sin embargo, fueron muchos atletas puertorriqueños que utilizaron el podio olímpico para rechazar colonialismo y dejar evidenciado la existencia inequívoca de la nación. La segunda ocasión donde Puerto Rico participó en los JCAC en El Salvador en 1935, el nacionalista Juan Juarbe Juarbe usó la bandera puertorriqueña (entonces prohibida y símbolo nacionalista) en el desfile inaugural causando la furia del Consulado estadounidense. En su mayoría, estos atletas, a pesar de tener ciudadanía estadounidense, confraternizaron con atletas de otros países latinoamericanos como latinoamericanos, y no necesariamente como estadounidenses. La bandera puertorriqueña que usa hoy en día la delegación se izó por primera vez en los JO en Helsinki en 1952 ante un pequeño, pero emocionado grupo de puertorriqueños que disfrutaron de un sueño hecho realidad. Y es que las razones diplomáticas y/o políticas no explican completamente la existencia olímpica puertorriqueña. El fervor de un pueblo amante de los deportes, a modo cultural, que ve en la delegación olímpica una sagaz fuente de identidad nacional, hace que sea difícil negarle un espacio a Puerto Rico en el umbral de las naciones olímpicas. Desde el 1930, atletas puertorriqueños han sido recibidos como héroes y heroínas nacionales, nutriendo un robusto orgullo nacional.

Por lo tanto, no es de extrañarnos que el recibimiento de Monica Puig en Puerto Rico fue todo un evento de envergadura. Puig fue recibida en el Salón de los Gobernadores del aeropuerto por el gobernador Alejando García Padilla quien dijo orgullosamente que “La Borinqueña sonó en las olimpiadas y nuestra bandera subió a la más alta de las astas.” Dos meses después de la victoria de Puig, los puertorriqueños en sus elecciones generales votaron a favor de un gobernador que aspira a que Puerto Rico se convierta en un estado federado de los EEUU mientras observaron, sin poder participar, en las elecciones en los EEUU. Gran parte de este sector “estadista” afirma que de Puerto Rico ser admitido como estado federado a los EEUU puede mantener su comité olímpico por éste ser una entidad privada y no gubernamental. El debate es complicado, pero la historia es clara. Los comités olímpicos nacionales han estado envueltos tanto en políticas identitarias como estatales, y el caso de Puerto Rico no es diferente. Mientras la discusión casi ya perene de la descolonización de Puerto Rico continúa, la soberanía olímpica de Puerto Rico continúa existiendo en las precarias, pero consistentes, aguas del colonialismo.

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“Os espetos se embandeiraram com costelas e matambres que plugavam lágrimas de sangue e gordura sobre as brasas do fogão”: um clube à gaúcha

05/12/2016

Cleber Eduardo Karls
cleber_hist@yahoo.com.br

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Porto Alegre, final do século XIX. Tempos de evolução tecnológica, intensa imigração europeia, desenvolvimento de práticas esportivas e de entretenimento. A principal urbe do Rio Grande do Sul estava perfeitamente inserida em um contexto de modernização e adoção de hábitos ditos civilizados, provenientes, em sua maioria, dos países do Velho Continente. Da mesma forma como as demais importantes cidades do Brasil o antigo Porto dos Casais almejava civilizar-se.

No entanto, antagonicamente a toda esta tendência surgiu no meio urbano da capital sulina uma sociedade voltada ao culto dos antepassados sul-rio-grandenses. Como os próprios identificavam, tratava de “reviver os costumes simples, francos e sãos”. Esta foi denominada Grêmio Gaúcho e foi fundada em 22 de maio de 1898. Entre suas ações corriqueiras estavam atividades culturais e de divertimento, sempre inspiradas no passado do Rio Grande do Sul.

Esta sociedade, no entanto, não era constituída por migrantes ou retirantes rurais na sua maioria, mas, principalmente, por militares e intelectuais. Além destes, “muitos bons doutores e moços da primeira sociedade que passeiam na Rua da Praia”, como pudemos ler no periódico A República de 25 de junho de 1898. O mesmo descreveu uma das festividades promovidas pela entidade, da qual trataremos a seguir.

Os seus festejos pareciam reinterpretar um ambiente rural e pecuarista, característico da região fronteiriça e pampeana do estado, exótica e, de certa forma,  anacrônica aqueles impetuosos nativistas sócios do Grêmio. Inclusive os trajes “do antigo gaúcho”, que já não eram mais os seus do cotidiano passaram a ser evocados e exaltados como a essência da sua existência.

Nesta comemoração realizada em junho de 1898, canções e danças do folclore sulista passaram a ser interpretadas na empolgação do encontro que acontecia na região do bairro Glória: “chegaram mais gaúchos e muitas famílias e desde então começou o baile, ora com danças de categoria polka, ora bailados gaúchos como o anú e a chimarrita”.

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A dança do “anu” interpretada pelo Centro de Tradições Gaúchas Lanceiros de Santa Cruz

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Além do interesse na valorização dos costumes do passado, o Grêmio Gaúcho também procurava exaltar aqueles que considerava grandes personagens do tempo remoto sulino. Expunham paredes ornadas com as armas e os feitos dos farrapos rodeadas pelos retratos de Bento Gonçalves, Netto e Canabarro, líderes da Revolução Farroupilha, além de armas antigas, objetos de uso campeiro, quadros de costumes e poesias populares manuscritas.

Em meio a churrasco, chimarrão e danças, havia uma área específica onde os participantes montados a cavalo pousavam para fotografias, comprovando, definitivamente, que aquele ambiente artificial não era o deles. Conforme o próprio periódico alertou: “não se pensem que eram gaúchos de fora”. Esta estranheza foi ratificada pelo próprio jornalista que depôs e aspirava, de fato, visualizar um gaúcho típico do campo e não aqueles seres urbanos fantasiosos que ali se apresentavam como arquétipo de um tipo ideal que almejavam:

– Acho que aqui falta uma pessoa.

– Quem é? Me perguntaram, a autoridade?

– Não, é aquele gauchito que há pouco tempo desbancou os touros lá no circo; porque esse mocito ao meu ver é a mais viva representação do gaúcho cavalariano, aqui nos redores da capital. Por que não lembram que ele foi fazer de improviso aquilo que os toureiros diziam que era uma grande arte?

– Eu não havia fechado a boca, que me disseram: lá vem ele.

E de fato, chegou o mocito, entrou, pediu para inscrever-se sócio e assinou: Ernesto Weirauch.

De fato, Porto Alegre que estava inserida em um contexto de franco desenvolvimento da indústria do entretenimento apresentava especificidades que a colocavam como caso singular no Brasil. Era uma importante cidade que tinha uma destacada ligação com europeus, principalmente alemães, que foram os propulsores da fundação de uma série de clubes e associações esportivas e de divertimento. Além disso, era um local estratégico de trânsito de companhias itinerantes como as circenses e tauromaquicas que circulavam por todo o Brasil e América, especialmente pelos países platinos dos quais é fronteiriço.

Ao mesmo tempo era uma cidade provinciana, muito ligada ao interior e aos costumes do campo. Estes estavam presentes na lembrança mas já não eram mais os praticados no cotidiano, pelo menos por uma parcela significativa da população. Definitivamente, a capital do Rio Grande do Sul era tudo isso, um local entre o rural e o urbano onde confluíam valores modernos, progressistas e se hibridizavam aos tradicionais. A diversão se fazia tanto através de artistas europeus, clubes alemães, companhias circenses estrangeiras, mas, também, através da exaltação de um passado que se transformou em glorioso pelo olhar dos seus provedores. Estas questões estão latentes tanto na formação social dos gaúchos quanto nos divertimentos e nos esportes.

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Uma breve homenagem a Bert J. Barickman (1958-2016)

18/11/2016

por Rafael Fortes

Republicado com autorização do blog “A Lenda” (https://rafaelfortes.wordpress.com/).

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A maré está mesmo ruim. Pingou na caixa postal uma notícia muito triste. Partiu o professor Bert J. Barickman, da Universidade do Arizona (EUA), especialista em História do Brasil.

Por volta de 2002, 2003, eu era um estudante de graduação em História na Universidade Federal Fluminense (UFF), quando, não lembro em que contexto, comentei com a professora de História do Brasil II que estava pensando num projeto de doutorado para pesquisar revistas de surfe (eu também fazia mestrado em Comunicação). Ela prontamente sugeriu que eu entrasse em contato com um professor americano, que falava fluentemente português e vinha sempre ao Brasil, e que estava iniciando uma pesquisa sobre a praia no Rio de Janeiro. “Pode escrever para ele em português”, ela me disse.

Bert respondeu meu email com um português e uma simpatia que me surpreenderam. Ao nos encontrarmos para tomar umas cervejas no Arco do Teles (numa época em que a entrada do arco ainda se enchia de mesas e cadeiras), deu várias dicas para o meu projeto e me estimulou a prosseguir com o tema. Mantivemos contato, e, ao longo dos anos, trocamos ideias e referências, e nos encontramos nas ocasiões em que ele veio ao Rio de Janeiro. Bert preferia o português de Portugal, ainda que um pouco desbotado pelas muitas visitas ao Rio. Escrevia em português praticamente com a mesma fluência de seu inglês nativo. Adorava Copacabana.

Bert pesquisou apaixonadamente o Brasil durante décadas. Deixou amigos sobretudo nos departamentos de História da Universidade Federal Fluminense (UFF), onde cursou mestrado nos anos 1980, e da Universidade Estadual de Campinas (Unicamp).

Publicou trabalhos em português e em inglês, entre os quais se destaca Um contraponto baiano: açúcar, fumo, mandioca e escravidão no Recôncavo, 1780-1860 (Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2003). Em português, veiculou seus artigos particularmente na revista Afro-Ásia.

De sua pesquisa sobre a praia do Rio de Janeiro, o trabalho publicado mais recentemente, que eu saiba, é o excelente “Medindo maiôs e correndo atrás de homens sem camisa: a polícia e as praias cariocas, 1920-1950“, que saiu na edição de junho de 2016 de Recorde: Revista de História do Esporte. Sobre a mesma pesquisa, em português, há outro excepcional artigo a respeito da cor da pele e do bronzeamento entre os anos 1920 e 1950. Espero que o livro venha a ser publicado um dia. Será uma contribuição imensa aos estudos históricos do lazer e da cidade do Rio de Janeiro.

Além de um pesquisador de mão cheia e um intelectual notável, Bert mostrou-se, a cada vinda ao Rio (e nos contatos por email) um colaborador generoso, sempre disposto a trocar ideias e indicar fontes, assim como a fazer perguntas, trazer dúvidas, pedir contatos de amigos. A intensa curiosidade e a busca do conhecimento o faziam avançar; a cautela e o compromisso com a cientificidade o faziam parar e contemplar, desconfiar, ponderar, problematizar. As conversas com cariocas às vezes eram demandadas por dúvidas sobre uma palavra, uma referência, um vídeo. Sua pesquisa sobre os usos da praia na cidade era complexa e difícil, sobretudo à medida que se aproximava do tempo presente, com os diferentes contextos, a dispersão e quantidade de fontes, a intensa midiatização das representações da praia e de seus frequentadores.

Perdemos um pesquisador sério, talentoso, progressista, generoso e que tinha um amor imenso pelo Brasil – amor que estimulou em muitos de seus alunos e orientandos, usando os mais variados métodos, incluindo apresentações de fim de curso heterodoxas com música, vestimentas e arte brasileiras no meio de bares de Tucson, Arizona.

Bert era um tremendo sangue-bom.
 Rafael Fortes
Professor do Departamento de Ciências Sociais
Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro (Unirio)
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