Corridas de toros en Montevideo durante la dominación portuguesa (1823)

09/05/2022

por Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)

Sociedad y animales en el siglo XIX: espectáculos sangrientos

Durante el siglo XIX, Montevideo tuvo diversas actividades recreativas y algunas de ellas incluían el empleo de animales. Las prácticas de entretenimiento de una sociedad permiten la comprensión de la dinámica social de una población y puede ser muy útil para la comprensión histórica de la estructura socio-cultural de una época.

En el caso montevideano, eran espectáculos muy recurrentes que aglomeraban a muchas personas. Varios de ellos se caracterizaban por el castigo físico tanto con hombres como con animales. De alguna manera era el reflejo de una sociedad marcada por el espectáculo de la sangre y la muerte, que estaban en todos lados. El historiador José Pedro Barrán (2021) describió la sensibilidad del 1800 a 1860  como la “cultura bárbara” y enfatizó en la cuestión del castigo del cuerpo. En este sentido, afirma que “el castigo también incluyó el cuerpo de los animales, sirviendo con frecuencia el hecho mismo de espectáculo y diversión pública” (Barrán, J. P.; 2021, p. 79).

Parte de la diversión de la época colonial, se daba a partir de actividades como las corridas de toros. La primera plaza de toros de Montevideo se construyó en el año 1776. Los españoles eran muy aficionados a los toros y se quiso utilizar ese divertimiento en beneficio de la compostura de las calles que carecían completamente de empedrado. Este citado escenario, construido totalmente en madera y de forma octogonal, subsistió hasta 1780. En 1789 se levantó otro recinto en la Plaza Matriz que duró hasta 1790. Más tarde en un circo levantado en la calle mercado se llegaron a celebrar hasta 122 espectáculos.

Pasaron algunos años sin que volviera a repetirse esa clase de espectáculos, pero en la primera mitad del siglo XIX aparecieron dos plazas de toros: una de ellas en la Plaza Matriz en 1823 (en aquel momento centro de la ciudad), durante la dominación portuguesa. La otra, construida luego de la independencia del territorio Oriental en 1835 en la zona del Cordón. 

La dominación portuguesa y las festividades

Hacia agosto de 1816 comenzaron a cristalizarse los deseos portugueses de instalarse en Montevideo, cuando Carlos Frederico Lecor comandó la invasión con un ejército de unos 5.000 hombres, logrando ingresar a Montevideo en enero de 1817. Luego de tres años de lucha contra el ejército artiguista, los portugueses lograron controlar el territorio Oriental con Lecor a la cabeza. El proceso revolucionario iniciado en 1811 y comandado por José Gervasio Artigas, culminó en 1820 con la derrota del proyecto artiguista. Ya sin recursos y sin hombres, Artigas se retiró al Paraguay en setiembre de 1820 y desapareció de la vida política de la región.

En julio de 1821 se convocó a un Congreso en Montevideo, que votó la incorporación de la provincia al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, con el nombre de Provincia Cisplatina. Esta opción fue apoyada por personas de gran peso económico y político, es decir, aquellas que ocupaban importantes cargos en el gobierno, la administración, la justicia, el ejército y las fuerzas militares. “Formaban parte del Club del Barón, nombrado así por el título de Barón de la Laguna concedido a Lecor en 1818, y habían recibido en ese tiempo títulos y distinciones, estancias, ganados y privilegios mercantiles” (Frega, A.; 2016, p. 55-56).  

Durante la dominación portuguesa se reanudaron los espectáculos taurinos en Montevideo en el año 1823. En este caso se celebró la proclamación de la Constitución Portuguesa aprobada en Oporto el 23 de setiembre de 1822. Si bien Brasil proclamó su independencia el 7 de setiembre de 1822, la guarnición portuguesa de Montevideo continuó siendo fiel a Portugal y recién entregó la ciudad a los brasileños en febrero de 1824, comandados por el mismo Lecor.

Tres días duraron los festejos, para los cuales se construyó un tablado en el centro de la Plaza y algunos palcos a los lados para los espectadores de más distinción. (De María, I., 1957, p. 42).

Los toros entraron en el programa de las fiestas públicas de 1823 y la propia Plaza Matriz fue acondicionada a tales efectos. Esta plaza ubicada entre las actuales calles Sarandí, Ituzaingó, Juan Carlos Gómez y Rincón, sirvió de ámbito físico, instalándose las autoridades en el piso superior del Cabildo y Reales Cárceles a fin de presenciar apropiadamente la acción.

Por de contado, la plaza estaba llena de espectadores. Las azoteas, los tejados y los balcones cubiertos de gente. Los del Cabildo los ocupaba el Gobernador, jefes de alta graduación, los cabildantes y otras personas distinguidas. (De María, I., 1957, p. 43).

Los festejos incluían diversas actividades, tal como narra el escritor, historiador, periodista, político y pedagogo uruguayo, Isidoro de María (1815-1906), quien en sus crónicas recogidas en Montevideo Antiguo nos pinta parte de esa realidad:

Hubo comparsas que danzaron en el tablado. Recordamos una en traje de indios, con plumas rosadas ceñidas a la cintura y la cabeza, adheridas a un cinto de galón plateado. Otra de coraza, otra de viejos, con especie de miriñaque formado de arcos de barrica, y otra de oficiales dirigida por el renombrado actor Casacuberta. (De María, I., 1957, p. 42-43).

El tercer día fue el momento de los toros. Desde la noche anterior se arregló la plaza para lidiarlos. Todos los preparativos se hicieron bajo la dirección de Balbín y Vallejo, antiguo y respetable vecino de Montevideo.  

En la realización de estas fiestas públicas se percibe una herencia portuguesa de las festividades reales promovidas en el Brasil colonial. En este sentido, el historiador Victor Andrade de Melo (2013) analizó esas actividades en el caso de Río de Janeiro, tratándose de las más comunes y de mayor popularidad durante el período 1763-1822. Para el caso de Brasil, las festividades taurinas coloniales eran

Organizadas para celebrar datas importantes da Coroa portuguesa, evidenciavam a centralidade do monarca, tendo por intuito acirrar os vínculos de fidelidade com a metrópole. Tratava-se claramente de uma estratégia de controle, de exercício da soberania, a partir de uma exposição simbólica do poder monárquico, que incorporava e unifi cava o religioso e o político. (Melo; 2013, p. 366).

En el caso de las festividades por la Constitución Portuguesa había una clara intención de reivindicar a Portugal, mientras que Brasil ya había comenzado su vida independiente en setiembre de 1822.

El espectáculo taurino de 1823 presentaba estas características:

Se formó de tablazón un gran cuadro en la plaza. En el costado del sud se construyó el toril. Los toros eran embolados. A la voz popular de salga el toro, le daban salida y empezaba la cuadrilla la fiesta. Se componía únicamente de banderilleros y capeadores. No había picador, ni espada. Cada tumbo que llevaban los capeadores era una algazara. (De María, I., 1957, p. 43).

Para hacer la diversión más entretenida, se colocaba un muñeco en medio de la plaza, para que el toro lo embistiese. Dentro de una pipa vacía, se metía un hombre y el toro lo llevaba rodando a topadas con el viviente dentro. A la voz de ¡a la uña!; ¡a la uña! dada por los portugueses, cargaban todos sobre el toro y lo despachaban.

Como para fin de fiesta, un criollo, de apellido Trujillo, apareció en el circuito cabalgando en otro, con sus grandes espuelas redomonas, resistiendo los corcovos del alazán, como jinete famoso. (De María, I., 1957, p. 43).

Después de las festividades de 1823 y por tratarse de años convulsionados en el tramo final de las guerras de independencia, hubo que esperar hasta 1835, cuando comenzó la vida institucional del Estado Oriental del Uruguay, para volver a presenciar corridas de toros. Fueron de gran difusión antes y después de la independencia. 

Posiblemente esta interrupción está relacionada a la resistencia que presentaron los orientales a la anexión del territorio como parte de Portugal. Una manifestación de ello fue el intento de revolución que protagonizó en 1823 la asociación secreta de patriotas denominada “Los Caballeros Orientales”. Muchos debieron exiliarse en Buenos Aires, desde donde prosiguieron los trabajos revolucionarios que lograron concretar en 1825.

Referencias:

  • ALONSO, Rosa; SALA, Lucía; DE LA TORRE, Nelson y RODRÍGUEZ, Julio Carlos (1970). La oligarquía oriental en la Cisplatina. Montevideo: Ediciones Pueblos Unidos.
  • BARRÁN, José Pedro (2021). Historia de la sensibilidad en el Uruguay. Montevideo: Banda Oriental.
  • BARRIOS PINTOS, Aníbal (1971). Montevideo. Los barrios (I). Montevideo: Nuestra Tierra. 
  • BRACCO, Diego (2006). Apuntes para la historia de la tauromaquia en Uruguay. En: Revista de Estudios taurinos; v. 1 (n° 22), Murcia (pp. 203-247). 
  • BUZZETTI, José y GUTIÉRREZ CORTINAS, Eduardo (1965). Historia del deporte en el Uruguay (1830-1900). Montevideo: Ed. De los autores.
  • DE MARÍA, Isidoro (1957). Montevideo Antiguo. Tomo I. Montevideo: Biblioteca Artigas.
  • FREGA, Ana (2016). La vida política. En: G. Caetano (Dir.) y A. Frega (Coord.), Uruguay. Revolución, Independencia y construcción del Estado (pp. 31-85). Montevideo: Planeta.
  • GOMENSORO, Arnaldo (2015). Historia del Deporte, la Recreación y la Educación Física en Uruguay. Crónicas y relatos. Montevideo: IUACJ.
  • MELO, Victor Andrade de (2013). As touradas nas festividades reais do Rio de Janeiro colonial. En: Horizontes Antropológicos; v. 19 (n° 40), Porto Alegre (pp. 365-392). 

Do remo à vela, de operário a burguês, de subúrbio a zona sul

17/04/2022

Por Victor Melo (victor.a.melo@uol.com.br)

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Salve, povo querido

No meu post de hoje, apresento um extrato da conclusão de meu último livro, “Quando a Lagoa era subúrbio: os clubes náuticos, a produção do espaço e o processo de gentrificação”, disponível em

https://historiadoesporte.wordpress.com/2022/02/23/quando-a-lagoa-era-suburbio-os-clubes-nauticos-a-producao-do-espaco-e-o-processo-de-gentrificacao-novo-titulo/

Um abraço grande, Victor.

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Nos anos finais da década de 1930, a nova estruturação do remo fluminense e as mudanças do perfil societário da Lagoa colocaram em xeque a existência da Federação Náutica. Em 1937, Lage e Piraquê anunciaram o desejo de se filiar à Liga Carioca. Ao final, ambos se ligaram à Federação Aquática, deixando, do Distrito da Gávea, somente o Jardinense na antiga entidade que, de toda forma, ainda tentou se manter ativa mobilizando outros associados. A essa altura, a União já estava extinta.

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Garagem do Piraquê. A sede se encontrava em terreno cedido pela prefeitura e era considerada bem instalada, ainda que modesta. Diário da Noite, 26 fev. 1937, p. 6.

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Vale considerar que o Lage deixara de possuir o barracão que mantinha na Lagoa por o proprietário do terreno não querer renovar o contrato de aluguel, interessado que estava no movimento de especulação imobiliária que havia na região. Na verdade, vários clubes foram atingidos nesse processo, no decorrer do tempo perdendo seu lugar para a guarda de material e embarcações.

A despeito disso, sob novo formato e com diferentes protagonistas, paulatinamente as iniciativas de remo se concentraram na Lagoa, não sem resistências, notadamente advindas dos clubes do Centro e de Niterói. De fato, boa parte das agremiações que não conseguiram se instalar na Gávea, no decorrer do tempo, deixaram de participar das regatas, tais como o Natação e Regatas, o Boqueirão do Passeio e o Internacional (sediados na Praia de Santa Luzia), bem como o Icaraí e o Gragoatá (da, na época, capital do Estado do Rio de Janeiro).

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Raia olímpica montada na Lagoa. O Globo Sportivo, 18 jan. 1940, p. 6

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Na Lagoa, é bem verdade, problemas estruturais interferiram no cotidiano dos clubes e na realização de eventos, tais como a mortandade de peixes e o assoreamento, ocorrências que feriam mesmo os desejos da prefeitura e do mercado imobiliário de valorizar e mudar o perfil da região. A propósito, as obras constantes promovidas pelo poder público, em diversos momentos, também criaram empecilhos para o pleno funcionamento das iniciativas náuticas.

Havia ainda a limitação de não haver um pavilhão como o que existiu por quase três décadas em Botafogo. Nesse aspecto, a construção do Estádio de Remo, realizada entre 1953 e 1954, aproximadamente onde antes fora a Praia do Pinto, mesmo sendo uma obra cercada de polêmicas e problemas, foi mais um contundente sinal de que para a Lagoa deslocara-se a prática da modalidade na cidade do Rio de Janeiro, da mesma forma que o foi a chegada de antigos e prestigiosos clubes no bairro – caso do Flamengo e depois do Botafogo e Vasco.

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Regata com público lotando o Estádio de Remo. Manchete Esportiva, 28 jul. 1956, p. 28.

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Houve, portanto, um duplo processo de gentrificação: do esporte e do bairro. Vale a pena lembrar que, a partir de meados da década de 1930, foram fechando suas portas as fábricas sediadas na Gávea. Em 1937, quando se definiu o zoneamento do Rio de Janeiro, excluiu-se a Zona Sul como área industrial. Nesse processo, a prática do remo na Lagoa foi adquirindo um novo sentido, não mais elogiada por ser expressão dos cuidados com os operários, mas sim de um estilo de vida burguês.

A Lagoa passara por muitas mudanças. Ainda que continuasse sendo por algum tempo uma região de baixa densidade populacional, já havia sinais do que seria seu futuro como área nobre da cidade. Logo deixaria de ser encarada como um subúrbio e seria considerada parte de uma Zona Sul valorizada.

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Treino de remo do Flamengo. A Noite, 30 mar. 1939, p. 7.

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No que tange à trajetória das agremiações náuticas pioneiras do Distrito da Gávea, o Piraquê e o Caiçaras se mantêm em funcionamento até os dias atuais, aquele com mais dificuldades, mas sempre permanecendo na Lagoa e Jardim Botânico. O Lagoense se extinguiu em meados dos anos 1930 e o Jardinense em 1939, por decisão dos associados remanescentes em assembleia. O Lage ainda seguiu ativo até a década de 1950, até ser despejado de sua sede na Praia de Botafogo (n. 440) e não ter mais como se manter. Nos seus anos finais, praticamente só acolhia bailes.

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Público acompanhando regata nas margens da Lagoa. O Globo Sportivo, 25 mar. 1939, p. 11.

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Perceba-se como as trajetórias dos clubes náuticos da Lagoa são boas expressões do processo de urbanização do Rio. A União, a princípio, reunia as agremiações do “subúrbio” da Gávea, um espaço que foi se integrando à cidade e passando por mudanças. Uma divergência de uma de suas filiadas deu origem à Liga Náutica, depois Federação Náutica, que atraiu sociedades de outros bairros. Como reação, a União se aproximou ainda mais da Federação Brasileira, majoritariamente formada por setores médios e altos, promotora de regatas na Baía de Guanabara. Com isso, associações prestigiosas também conheceram as águas lacustres da Zona Sul num momento em que a Enseada de Botafogo apresentava problemas para a manutenção dos treinos e organização dos eventos.

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Guarnição do Flamengo a caminho de páreo. O Globo Sportivo, 18 jan. 1940, p. 6.

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Os conflitos, portanto, acabaram por chamar ainda mais a atenção para o potencial náutico da Lagoa. No decorrer do tempo, algumas agremiações ligadas à Federação Brasileira se transfeririam para a Gávea, num momento em que as antigas sociedades náuticas locais enfrentavam dificuldades pari passu com o fim das fábricas que lhes deram apoio. Não surpreende saber que somente o Piraquê manteve as portas abertas, exatamente aquele clube que menos era dependente da experiência fabril, o primeiro a romper com a União.

Entre o público que acompanhava as regatas da Lagoa, a princípio, havia mesmo muita gente, de alguma forma, ligada às empresas fabris, moradores do Distrito da Gávea que possuíam várias opções de lazer, entre os quais os esportes náuticos. A composição societária das agremiações lagoenses era diversa, mas muitos dirigentes, remadores e associados eram funcionários das fábricas. Não me parece equivocado dizer que se tratava de um remo operário num bairro operário.

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Largada de páreo realizado na Lagoa. O Cruzeiro, 30 set. 1939, p. 27.

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Com as mudanças no perfil do Distrito, os clubes deixaram de ser liderados por operários, não sem que houvesse tensões e conflitos. Mais gente de estratos médio e alto começou a protagonizar os caminhos das antigas sociedades náuticas. Surgiu ainda uma agremiação que era plena expressão do processo de gentrificação da Lagoa, o Caiçaras, responsável por dinamizar outra modalidade na região, a vela.

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Regata promovida pelo Caiçaras. O Cruzeiro, 17 jul. 1937, p. 16.

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O processo de gentrificação, contudo, teve que lidar com o surgimento das favelas. Durante algum tempo, até que essas comunidades fossem brutalmente removidas, conviveram resquícios do passado e expectativas de futuro, algo que deixou alguns registros, como a imagem a seguir.

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Na imagem se vê a convivência entre novos clubes (nesse caso, o Monte Líbano), as novas construções habitacionais e os barracos e favelas. O Mundo Ilustrado, 3 set. 1960, p. 7.

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Essa convivência também se registrou no que se refere às iniciativas náuticas. O Caiçaras conviveu durante anos com a favela da Ilha das Dragas, cuja remoção foi marcada por forte resistência.

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À frente, o Clube dos Caiçaras; à direita e à frente, a Favela da Ilha das Dragas. Entre as duas, o Jardim de Alá. Disponível em: http://saudadesdoriodoluizd.blogspot.com/2017/12/ilha-das-dragas.html

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Seria uma questão de tempo para que o processo de “saneamento social” fosse completo. A matéria de um jornal explicita uma das justificativas utilizadas para a remoção da comunidade da Ilha das Dragas: “A miséria dos favelados causa má impressão aos estrangeiros que frequentam o Clube Caiçaras”. O cronista foi direto ao ponto:

A miséria refletida no amontoado de barracões que se estende por toda ilha é a principal razão porque a diretoria do clube vem forçando o despejo dos favelados. Dizem que o espetáculo é deprimente e que dá má impressão.

Obviamente, havia a questão do saneamento, mas vejamos o que se anunciou em outro periódico: “Os clubes próximos, Caiçaras, Pira-quê e Paissandu, não têm canalização de rede sanitária. Toda matéria é desembocada na Lagoa. Isto é um verdadeiro atentado contra aquele bairro”. Essas críticas, por certo, não tinham a repercussão das condenações que havia às favelas.

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Páreo realizado na Lagoa tendo ao fundo uma das favelas que havia na região. Manchete Esportiva, 28 jul. 1956, p. 9.

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Enfim, o antigo bairro operário, depois marcado pela existência de favelas, se tornou uma região de moradia de gente privilegiada economicamente, um cartão postal de uma cidade que adora exultar suas belezas naturais e a integração harmoniosa dessa com uma cultura exuberante, sempre, contudo, escondendo suas mazelas embaixo do tapete. O que procuramos argumentar é que os clubes náuticos foram indícios e agentes desse processo de transformação.

Inegavelmente, foram produtos e produtores do espaço.

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“Travaram um grande rolo, a pau”: carreiras, jogo do osso e a Porto Alegre que deveria se civilizar

11/04/2022

por Cleber Eduardo Karls (cleber_hist@yahoo.com.br)

E um jogo brabo, pois não é? Pois há gente que se amarra o dia inteiro nessa cachaça, e parada a parada envida tudo: os bolivianos, os arreios, o cavalo, o poncho, as esporas. O facão nem a pistola, isso, sim, nenhum aficionado joga.

(João Simões Lopes Neto – Jogo do Osso)

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João Simões Lopes Neto, possivelmente o maior literato regionalista do Rio Grande do Sul, inicia o seu conto Jogo do Osso (1912) enfatizando: “eu já vi jogar-se uma mulher num tira de taba (sic). Foi uma parada que custou vida… mas foi jogada!” Mesmo considerando-se a licença poética do autor, não é impensável que jogatinas como essa relatada pelo pelotense tenham, realmente, acontecido nos mais distintos rincões do sul do Brasil entre os oitocentos e o início do século passado. No conto de Lopes Neto um pouco do gaúcho rural, arredio, violento, criado no lombo do cavalo é exposto. Personagens literários, mas que em Porto Alegre se materializavam e faziam parte do cotidiano da cidade, dividindo espaço com refinados comerciantes ingleses ou letrados alemães.

https://g1.globo.com/rs/rio-grande-do-sul/video/jogos-farroupilhas-veja-as-regras-do-jogo-do-osso-4434717.ghtml

A Porto Alegre do final do século XIX e início do XX era uma cidade de contrastes, um tanto dicotômica. Por um lado, a capital mais meridional do Brasil era um exemplo de modernidade e integração com seus vizinhos platinos. Local de amplo desenvolvimento comercial e cultural. De acordo com os viajantes do Velho Mundo que pelo sul do Brasil aportavam, este destaque era especialmente promovido pela grande quantidade de imigrantes europeus que na capital do Rio Grande do Sul fixavam moradia e desenvolviam suas atividades.

O francês Saint-Hilaire, que esteve no Brasil em parte do primeiro quartel do século XIX, anotou que “aqui (Porto Alegre) lembramos o sul da Europa e tudo quanto ele tem de mais encantador”. Outro ponto destacado é a capacidade associativista, lembrada pelo germânico Reinhold Hensel, que desembarcou no sul do Brasil em 1865 e relatou que os clubes de Porto Alegre reúnem “todos aqueles que tem a educação como exigência e ao mesmo tempo sentem necessidade de entretenimento e sociabilidade”.

Se Porto Alegre era reconhecida como um modelo de desenvolvimento e civilização, levando-se em consideração os aspectos eurocêntricos que balizavam esses conceitos, outras características relacionadas às origens históricas do local apontavam traços de “atraso”, “selvageria”, retratados por viajantes e pela própria imprensa. Esses atributos deveriam ser eliminados, substituídos. Dois exemplos de atividades que são marcantes nessa jornada em busca da “civilização” são as carreiras e o jogo do osso, também conhecido como tava. De uma forma bem simplificada, as “carreiras” eram corridas de cavalo, geralmente realizadas em cancha reta, sem regras muito definidas ou elaboradas. Já a tava é jogada com uma peça homônima. É um osso retirado do calcanhar do boi cujo nome é astrágalo. Basicamente, é um jogo de arremesso, onde a pontuação varia de acordo com a posição da tava após o lançamento.

A exemplo de muitas vozes que buscavam contribuir para que a capital do Rio Grande do Sul se modernizasse, a imprensa da época se posicionava militando por novos hábitos, preferencialmente europeus. A Gazeta de Porto Alegre, em 15 de maio de 1880, destacava que “as carreiras entre nós são em geral por sistema muito primitivo, isto é, corredores em manga de camisa, com o lenço amarrado na cabeça e em cavalos não encilhados”. Era necessária a modernização, a adequação da prática tão comum entre os sul-rio-grandenses ao modo europeu. Conciliar a habilidade do cavaleiro gaúcho, que foi comparado a um centauro, às técnicas e aos cavalos europeus puro sangue seria um fator fundamental para o sucesso do hipismo em Porto Alegre, esse sim, um hábito civilizado. Seguindo a sua campanha, o periódico se colocava destacando que “a civilização tem suas exigências; os usos do século passado não servem para o nosso século; uma populosa cidade, como a nossa, deve possuir um clube de corridas, em que o estrangeiro possa reconhecer o sistema usual em todos os países”.

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Já com relação ao jogo do osso, os registros indicam uma forte perseguição a prática. Em 31 de maio de 1895 a Gazeta da Tarde relatou uma busca numa “tavolagem” no Café e Bilhar situado a Praça da Alfândega. Ainda o artigo denunciou outros locais de jogatina na Rua do Rosário e Ladeira, onde, de acordo com o jornal, “o jogo continua com grande perigo para a tranquilidade doméstica de muita família”. A opinião do periódico fica clara quando ele destaca que “as consequências desse vício são terríveis” ou, ainda, quando aponta que o jogo é o “inimigo da sociedade”.

Relatos de confusões por conta de impasses no jogo do osso não eram raros. O Le Petit Journal de 28 de junho de 1905 relatou que “em uma cancha do jogo da tava (osso) dentro de um cercado, no Arraial da Baroneza, alguns indivíduos que ali se achavam e por questão de paradas, travaram um grande rolo, a pau”. O mesmo jornal, mas agora em 14 de outubro do mesmo ano, destacou que “no pátio existente ao lado da Igreja das Dores, vários vagabundos costumavam jogar o osso, cartas, etc”. O periódico ainda apontou que a polícia compareceu ao local mas conseguiu prender apenas um dos indivíduos envolvidos.

Como fica claro, essas práticas, apesar de comuns, eram marginalizadas e colocadas em um status de inferioridade perante uma Porto Alegre que estava se desenvolvendo. Diversões tradicionais do Rio Grande do Sul como as carreiras e o jogo do osso estavam perdendo espaço para outras atividades estrangeiras, vistas como civilizadas/civilizadoras. É o caso do turfe, das regatas e do ciclismo, por exemplo, que representavam o avanço, a tecnologia e colocavam a capital dos gaúchos em consonância com as grandes metrópoles mundiais.

Cabe destacar que essas práticas não desapareceram por completo. Ainda é comum no interior do Rio Grande do Sul a realização das tão afamadas carreiras, assim como de partidas do jogo do osso. É importante ressaltar que esse último, assim como outros divertimentos tidos como tradicionais como o truco cego, truco de amostra, a bocha campeira, entre outros, foram regulamentados pelo Movimento Tradicionalista Gaúcho (MTG) como forma de “preservar e divulgar os hábitos, os costumes, as tradições e o folclore rio-grandense”. Ganharam status de “Esportes Tradicionalistas do Estado do Rio Grande do Sul” e possuem competição de caráter nacional. No entanto, uma série de normas enquadraram os contemporâneos participantes. De acordo com o regulamento do MTG, está proibida a premiação em bebida alcoólica, apostas diretas envolvendo dinheiro ou outros quaisquer valores. Até mesmo esses jogos foram afetados pela moralizante modernidade…

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“Quando a Lagoa era subúrbio: os clubes náuticos, a produção do espaço e o processo de gentrificação”: novo título

23/02/2022

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“Quando a Lagoa era subúrbio: os clubes náuticos, a produção do espaço e o processo de gentrificação” é o quarto título da coleção “História do Esporte: olhares e experiências”. Dessa vez, nos debruçamos sobre um dos bairros do Rio de Janeiro que mais passou por mudanças: a Lagoa.

O antigo bairro operário, depois marcado pela existência de favelas, se tornou uma região de moradia de gente privilegiada economicamente, um cartão postal de uma cidade que adora exultar suas belezas naturais e cultura exuberante, sempre, contudo, escondendo suas mazelas e a enorme desigualdade que marca sua história.

Neste livro, procuramos argumentar que alguns clubes náuticos que surgiram na Lagoa nas décadas iniciais do século XX são indícios e agentes desse processo de transformação. Inegavelmente, foram produtos e produtores do espaço.

O livro pode ser acessado gratuitamente aqui:

Clubes.Nautico.Lagoa.EBOOK

Para acessar os outros três títulos da coleção:

“Um bairro, um esporte, uma agremiação: o Tijuca Tênis Clube (1915-1931)”: novo título


Actividades taurinas en Montevideo: la primera plaza de toros (1776)

18/01/2022

por Gastón Laborido (gaston_laborido1@hotmail.com)

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El espacio geográfico y la fundación de Montevideo

El territorio denominado “Banda Oriental” o “de los charrúas”, si bien no estaba claramente delimitado, ocupaba una extensión mucho mayor de lo que hoy llamamos Uruguay. La Banda Oriental comprendía también territorios que pertenecen hoy a Brasil (en los actuales estados de Rio Grande del Sur y parte de Santa Catarina y Paraná). Geográficamente se trata de un territorio caracterizado por ser una llanura levemente ondulada. Su clima es templado y posee abundancia de recursos de agua y pasto.  En ese ecosistema, el ganado se multiplicó en progresión geométrica. La introducción del ganado vacuno en el territorio de la Banda Oriental en 1611 y 1617, creó el incentivo económico que motivó la colonización y población del territorio.

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Banda Oriental. Imagen tomada de: http://www.josegervasioartigas.com/ban.html

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En el siglo XVII, los portugueses lograron establecerse en el territorio de la Banda Oriental. El gobernador de Rio de Janeiro, Manuel Lobo, realizó expediciones al Rio de la Plata y fundó en 1680 una población en su margen izquierda, denominada Colonia del Sacramento. Los portugueses siempre habían aspirado a ocupar estos territorios, debido a que eran ricos en pasturas y ganado, poseían buenos puertos naturales y ríos navegables que les permitían penetrar al centro de América donde se encontraban enormes riquezas.

La presencia de los portugueses en la Banda Oriental alarmó a las autoridades españolas en Buenos Aires. La única forma de impedir el avance portugués era fundando un fuerte que defendiera el territorio en nombre de España. Por otro lado, el gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, tuvo noticias de que los portugueses intentaban ocupar la bahía de Montevideo en noviembre de 1723, a raíz del desembarco de soldados y civiles portugueses. En enero de 1724, retirados los portugueses, comienza el proceso fundacional de la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo. Bruno Mauricio de Zabala acampó en Montevideo y aprovechando la obra de los portugueses, dio cumplimiento a las reiteradas órdenes de su Rey para fortificar y poblar Montevideo.

Con familias procedentes de Buenos Aires y las Islas Canarias se construyó el núcleo de población de la ciudad. El proceso fundacional terminó en 1730 cuando se estableció el Cabildo de Montevideo. En 1749 fue declarada plaza fuerte a cargo de un gobernador militar. De esta manera se afianzó la dominación española en el territorio, pero todavía no se había podido desalojar a los portugueses de la Colonia, ganada varias veces por las armas de los españoles y perdida otras tantas por tratados diplomáticos que obtenía la habilidad portuguesa. La continuación de ese problema fue uno de los motivos que llevaron a la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, con el objetivo de frenar el expansionismo lusitano.

El Montevideo colonial y las actividades físicas y recreativas

La época colonial fue breve en comparación con la de otros territorios americanos como México y Perú. En esos territorios se implantó fuertes tradiciones políticas, económicas y religiosas en la naciente sociedad. En Montevideo el proceso no tuvo esas características, aunque la vida colonial dejó su legado en ciertos aspectos.

Los primeros fundadores de Montevideo fueron seis familias compuestas por treinta y cuatro personas traídas de Buenos Aires. Zabala trató de atraer por medio de franquicias, nuevos elementos a Montevideo, declarando a los pobladores y de sus legítimos descendientes “hijosdalgos de solar conocido”; asegurándoles el pasaje gratuito de sus personas y bienes, prometiendo a la repartición de privilegios y beneficios. Como obligación para obtener privilegios y donaciones de tierras, Zabala exigía una vecindad de cinco años consecutivos en Montevideo, al cabo de los cuales cada poblador sería propietario.

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Instaladas las primeras seis familias pobladoras en agosto de 1726, en noviembre del mismo año el Rey de España envió veinte familias canarias que sumaban noventa y seis personas, para aumentar la escasa población. A inicios de 1727 Montevideo contaba con algo más de cien personas. En marzo de 1729 arribó al puerto de Montevideo desde España Francisco de Alzáibar con tres barcos y treinta familias más. El 20 de diciembre de 1729 Zabala declara que “esta nueva población sea ciudad”.

Montevideo tuvo un escaso crecimiento poblacional, de acuerdo al padrón de 1805 levantado por Nicolás de Vedia, arrojaba un total de 9.359 habitantes para el casco de la ciudad.

Las casas montevideanas estaban en la época construidas de ladrillo con recubrimiento exterior de mortero, y blanqueadas; gruesos enrejados de hierro cubrían enteramente las ventanas, y prácticamente en cada calle había una pulpería. Los suburbios de extramuros estaban ya salpicados de numerosas viviendas. (Barrios Pintos, A., 1971, p. 6).

Como señala Gerardo Pérez (2020), “Montevideo nace como una ciudad para proteger la zona y, por tanto, va a ser parte de un circuito defensivo de las posesiones españolas” (p. 43). Por este motivo muchas de sus construcciones principales fueron pensadas y ejecutadas con el ese objetivo: defender. Esto explica también porque Montevideo fue una ciudad fortificada.

La vida cotidiana del Montevideo colonial se caracterizó por ser “una sociedad naciente en la que se convivía con la esclavitud, la amenaza permanente de ser invadidos o una coyuntura política que daba incertidumbre constante, así como varias oportunidades de ser algo distinto que una simple colonia” (Pérez, G., 2020, p. 47).

En el rubro del entretenimiento, podemos mencionar a los bailes del Recinto, en donde los domingos, los esclavos realizaban bailes que entretenían al resto de la sociedad. Ahí estará el origen del candombe y el término tango.

Otra de las actividades de entretenimiento se relaciona al nacimiento y actividad de la Casa de Comedias (1793), tratándose del primer teatro de la ciudad y que a cada tanto traía alguna obra de Buenos Aires.

Por otra parte, desde la fundación de Montevideo, los españoles residentes concurrían en el verano a las costas a bañarse. Luego del proceso independentista (1825-1830), los baños se institucionalizaron y pasaron a llamarse “Baños de los Padres”, existiendo, por un lado, zonas de baño exclusivo para mujeres y por otro lado para hombres (Gomensoro, A., 2015).

Desde el punto de vista de las actividades físicas y recreativas, en el Montevideo colonial existieron juegos o diversión pública. En el centro de la Ciudadela había canchas de bolos y un frontón, como expresión de un antiguo juego español. De acuerdo a Buzzetti y Gutiérrez Cortinas (1965), en el padrón de Montevideo de 1835, se señala la presencia de dos canchas de pelota con frontón en Montevideo, cuya presencia se registraba en el interior, junto a las pulperías y boliches, con sus clásicas canchas de bochas, que ya se conocían por 1780 o del juego de bolos, que se practicaba en baldíos, calles y plazas, donde entretenían sus ocios los jóvenes y los desocupados.

También se realizaban carreras de sortijas, carreras de embolsados, de antorchas, de velocidad dentro de alguna efeméride religiosa y como expresión colectiva la cinchada.

Por otro lado, parte de la diversión de la época colonial, se daba a partir de actividades como las corridas de toros. Por ejemplo, en el año que nació José Gervasio Artigas (1764), en celebración de Carlos III se realizaron corridas de Toros en la plaza Mayor (hoy plaza Zabala), adecuadamente envallada. Antes de la independencia del Uruguay se crearon plazas de toros en la Ciudad Vieja. Luego pasaron al Cordón y finalmente se construyó la llamada “Plaza de Toros de la Unión” en 1855.

La plaza de toros de 1776

Para reconstruir el cuadro de la ciudad y el diario vivir de sus habitantes, tomaremos como referencia al escritor, historiador, periodista, político y pedagogo uruguayo, Isidoro de María (1815-1906), quien en sus crónicas recogidas en Montevideo Antiguo nos pinta parte de esa realidad y notables descripciones de las corridas de toros.

La primera plaza de toros en Montevideo se construyó en el año 1776. Los españoles eran muy aficionados a los toros y se quiso utilizar ese divertimiento en beneficio de la compostura de las calles que carecían completamente de empedrado.

Con ese fin, en el año 1776 se construyó una Plaza de Toros en el gran despoblado que existía al oeste de la Ciudad entre el cuartel de Dragones y las casas conocidas por de Juan Soldado, a espaldas del que, 12 años después, fue el primitivo hospital de Caridad. (De María, I., 1957, p. 41).

Se dieron dos corridas, destinando su producto a la compostura de las calles intransitables. Los toros se introducían a la ciudad por el Portón del sur y el despoblado de esa parte. (De María, I., 1957, p. 41).

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Esa primera plaza de toros estaba ubicada en las actuales calles: Maciel (ex Santo Tomás), Sarandí (ex San Carlos), Guaraní (ex San José) y Washington, a la altura de la escollera Sarandí. El constructor fue un don Sancho, español, que hizo de picador en la cuadrilla de aficionados, y un Cosme de banderillero.

Los toros se lidiaban embolados, como para salvar el bulto de las astas. Cuatro capeadores, dos banderilleros y el picador componían la cuadrilla. Nada de primer y segundo espada. Era artículo que no había en plaza. El circo se llenaba de espectadores. Hombres y señoras concurrían con gran contento a la lidia. Las señoras usaban entonces vestido corto y medias de seda azul con cuchillas de plata a los lados, las pudientes, que por lo regular gustaban lucir, y allá iban con ellas a tomar asiento en las gradas de la Plaza de Toros. (De María, I., 1957, p. 41-42).

En su detallada crónica, Isidoro de María agrega que

Los banderilleros brindaban a los principales, y les llovían onzas de oro, o pesos fuertes, en cada suerte, de que participaban los compañeros. Una vez, uno de los banderilleros, que era un pardo, brindóle la suerte a una de las damas, pero como esta se hallase desprovista de dinero para corresponderle, se sacó una sortija y se la arrojó con gracia al picaruelo, lo que le valió un palmoteo, y que un galante que se hallaba a su inmediación la secundase en desprendimiento arrojando al afortunado lidiador algunas onzas de oro. (De María, I., 1957, p. 42).

En esta primera plaza de toros de 1776 se realizaron corridas durante cuatro años. También se dieron otras dos corridas de toros, a beneficio del Hospital de San José y la Caridad, destinando el dinero para el pago del terreno comprado. Las obras para la construcción del hospital se iniciaron en el año 1781 y finalizaron en 1788. La iniciativa del hospital fue de Mateo Vidal y la obra fue financiada en parte por Francisco Maciel, quienes pertenecían a la Hermandad de San José y la Caridad, que había sido fundada en 1775 por Vidal y por el rector de la Iglesia Matriz, Felipe Ortega y Esquivel, junto con otros vecinos. Según Isidoro de María, la función de toros alcanzó el monto de 236 pesos (p. 128).

Este citado escenario, construido totalmente en madera y de forma octogonal, subsistió hasta 1780. En 1789 se levantó otro recinto en la Plaza Matriz que duró hasta 1790. Más tarde en un circo levantado en la calle mercado se llegaron a celebrar hasta 122 espectáculos.

Referencias:

  • BARRIOS PINTOS, Aníbal (1971). Los barrios (I). Montevideo: Nuestra Tierra.
  • BRACCO, Diego (2006). Apuntes para la historia de la tauromaquia en Uruguay. En: Revista de Estudios taurinos; v. 1 (n° 22), Murcia (pp. 203-247).
  • BUZZETTI, José y GUTIÉRREZ CORTINAS, Eduardo (1965). Historia del deporte en el Uruguay (1830-1900). Montevideo: Ed. De los autores.
  • DE MARÍA, Isidoro (1957). Montevideo Antiguo. Tomo I. Montevideo: Biblioteca Artigas.
  • GOMENSORO, Arnaldo (2015). Historia del Deporte, la Recreación y la Educación Física en Uruguay. Crónicas y relatos. Montevideo: IUACJ.
  • PÉREZ, Gerardo (2020). Un barrio, mil historias. Montevideo en el pasado, presente y futuro. Montevideo: Aguilar.

A busca incessante por uma história social do esporte

27/12/2021

Por Victor Andrade de Melo (victor.a.melo@uol.com.br)

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Chegamos a mais um fim de ano. Tenho a felicidade e honra de escrever o último post de 2021 de nosso blog História(s) do Sport. Estamos no ar desde meados de 2012, há quase 10 anos, portanto. Nesse tempo, foram mais de 680 publicações, tratando dos assuntos mais diversos, escritas por mais de 35 autores, colegas que merecem toda gratidão, sem os quais não teríamos alcançado esse belo resultado. Já recebemos mais de 580.000 acessos, oriundos de 155 países. Uma alegria!

Em geral, meus posts são oriundos dos projetos de pesquisa que estou desenvolvendo. Neste, contudo, sem me descolar totalmente desse procedimento, preferi fazer uma reflexão sobre um assunto que me encanta: a constituição de uma história social do esporte. Não tem a pretensão de ser um artigo ou algo muito aprofundado. Trata-se de um breve olhar.

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João Havelange, Maria Lenk e Abrahão Saliture – duas gerações de nadadores brasileiros. Gênero, etarismo e imigração (os três eram oriundos de famílias de estrangeiros) são assuntos possíveis de serem abordados a partir da História Social. Imagens disponíveis em O Jornal, 3 abr. 1936, p. 15 e A Noite, 6 abr. 1936, p. 16.

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A História do Esporte – um campo de investigação, uma subdisciplina da História – é filha da História Cultural. Foi a ênfase nas práticas e representações que estimulou e em certa medida legitimou uma atenção mais denotada dedicada ás diversas práticas corporais institucionalizadas que se conformaram no decorrer do tempo.

São inegáveis as contribuições dessa proposta metodológica para a História do Esporte. Nunca me pareceu, contudo, prudente ficarmos apenas nesse terreno, algo que, ainda que não exclusivamente, no meu ponto de vista, tem levado a uma repetição de olhares e conclusões, mesmo que os temas variem.

Os olhares da História Social podem ser alvissareiros para pensarmos a sequência do processo de consolidação da História do Esporte. Do que se trataria tal método? Para resumir um debate profícuo no âmbito da Historiografia, vou ter em conta um artigo que gosto muito, escrito por meu estimado colega José Assunção (“A História Social: seus significados e seus caminhos”, acesse ele aqui), que lembra as notáveis influências tanto das Escola dos Annales quanto dos marxistas na definição dos rumos e delineamento das propostas da História Social.

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À esquerda, imagem de 1914, Clube de Regatas Jardinense, formado por operários ligados à Fábrica Corcovado. À direita, imagem de 1896, Clube de Regatas do Flamengo, formado por gente de estratos médios e altos. Classe social e industrialização são também assuntos que podem ser abordados a partir da História Social do Esporte. Imagens disponíveis em Careta, 24 já. 1914, p. 35 e https://pt.wikipedia.org/wiki/Hist%C3%B3ria_do_Clube_de_Regatas_do_Flamengo

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Podemos usar o termo para fazer referência a uma abordagem específica que procura dar conta da materialidade das mais distintas relações sociais. Assim, há que se atentar ao que tange tanto às tensões e alianças entre grupos quanto à articulação dessa movimentação com os aspectos econômicos. Obviamente que, como estamos tratando de conflitos e disputas, as questões políticas também merecem atenção. Até mesmo por essa amplitude, uma segunda acepção do termo é a que considera a História Social como uma abordagem que engloba e articula todas as outras, uma espécie de projeto de história total.

Para o colega Assunção, se tivermos em conta a ideia de que a História Social é uma abordagem específica, os objetos mais evidentes são: “os modos e mecanismos de organização social, as classes sociais e outros tipos de argumentos, as relações sociais (entre esses grupos e entre indivíduos no seu interior) e por fim os processos de transformação da sociedade”. Perceba-se como isso nos aproxima ainda mais do tema “esporte”, especialmente em função do associativismo ser uma marca central na estruturação do campo.

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À esquerda, Luiz Simões Villas-Boas, presidente do Ciclo Suburbano Clube, agremiação ciclística de Madureira que nos jornais, entre outras coisas, era reconhecida por ter atletas “coloureds”. À direita, imagem da equipe em 1938. As questões raciais são outro tema de grande importância que pode ser abordado a partir da História Social. Imagens disponíveis em Jornal do Brasil, 16 jun. 1934, p. 22 e Sport Ilustrado, 5 out. 1938, p. 28.

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Além disso, aproximaria o tema da História Social sua articulação com os mais diversos processos, como infere o colega Assunção uma noção que se refere à industrialização, modernização, urbanização, colonização, entre outras. Poder-se-ia argumentar que muitos são os assuntos que se articulam com essas ocorrências. É verdade. Mas também o é a importância desempenhada nesses cenários pelo esporte, por ser tão relevante e presente na construção do ideário, imaginário e experiências da modernidade, no forjar desse mundo que começa a se delinear no século XVIII e segue em constituição até os dias atuais.

Tenho sempre argumentado que o esporte é um excelente fenômeno para discutirmos os mais diversos temas num certo tempo e espaço. Ao seu redor, podemos ver os mais diversos grupos sociais em movimento – desvendando as dinâmicas inter e intra grupos, acessando-os em seu cotidiano, percebendo como no dia a dia se manifestam as questões econômicas, políticas e culturais. Percebamos a peculiaridade – enquanto abordagem específica o que desejamos com a História Social é discutir como esses aspectos incidem na vida concreta e materializada dos mais diversos coletivos, interferem na sua composição, nos seus conflitos, nas suas alianças.

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Selos portugueses representando o cricket e o golfe, duas modalidades esportivas importantes em uma de suas colônias/províncias ultramarinas, Cabo Verde. A História Social também pode nos permitir lançar olhares para os processos de colonização. Série Postal “Modalidades Desportivas” (1962).

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Ao mesmo tempo em que deveríamos seguir na busca por uma história social do esporte a partir dessa ideia de abordagem específica, por que abrir mão de pensar uma história social do esporte que busque de forma mais ambiciosa uma visão mais total, mais sintética de todas as abordagens? Aqui gostaria de chamar a atenção para as potencialidades de estabelecimento de diálogos disciplinares.

Trata-se de algo que particularmente aprecio e que tem me permitido lançar olhares distintos para o tema. Recentemente, tem me parecido muito produtivo dialogar com a Arqueologia, ressaltando a importância da cultura material, e notadamente com a Geografia, com a qual tenho transitado mais amiúde, atento à relevância nem sempre suficientemente abordada da espacialidade na conformação do fenômeno e do campo esportivo.

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Time de voleibol que disputou torneio promovido pelo Atlàntico Club (de Copacabana). Recentemente, o mundo do voleibol brasileiro foi sacudido por diversos conflitos e debates relacionados à orientação sexual de atletas, outro tema relevante que pode ser abordado a partir da História Social. Imagem disponível em Beira-Mar, 22 jan. 1927, p. 2.

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Por fim, recupero mais um debate entabulado pelo colega Assunção, a ideia de que nem toda história é necessariamente social. Como ele escreveu: “Se é possível elaborar uma História Social das Ideias ou uma História Social da Arte, é também possível elaborar uma História das Ideias ou uma História da Arte que se restrinjam a discutir obras do pensamento ou da criação artística sem reestruturá-las dentro de seu ambiente social mais amplo”.

Aqui recupero um debate que já entabulei algumas vezes, o que chamo de “duplo compromisso da história do esporte”: aquele que tem em conta suas potenciais contribuições para o entendimento da prática em si e aquele que encara o fenômeno como indicador de determinados temas a serem discutidos no tempo e no espaço. As duas abordagens são relevantes e merecem nossos esforços de investigação, inclusive porque podem ser mais ou menos úteis para os interesses distintos dos envolvidos com o campo.

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À esquerda, sede do Fluminense Yacht Club, atual Iate Clube do Rio de Janeiro, início dos anos 1940. À direita, sede do Carioca Iate Clube, 1946. Um dos clubes se encontra numa praia da Zona Sul que foi aterrada e pela agremiação ocupada e fechada para o acesso do grande público. O outro se instalou na Praia de Ramos, subúrbio do Rio de Janeiro, quando ainda era um lugar bucólico. A urbanização é um dos assuntos mais importantes que podemos tratar a partir da abordagem da História Social.

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Para além disso, obviamente que não foi intuito desta breve reflexão desautorizar ou desestimular esforços ligados à História Cultural, Política ou Econômica do Esporte (notadamente dessa última que ainda parece nossa maior deficiência). Trata-se apenas de chamar a atenção para as possibilidades de aprofundamento dos diálogos e utilização da História Social nas suas duas acepções.

A meu ver, deve continuar sendo incessante a busca por uma história social do esporte.

Um 2022 muito supimpa para todos nós! Mais do que nunca, que seja um ano marcado pela retomada do sonho, da esperança, da utopia.

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A primeira edição do maior clássico do mundo e, também, do Rio Grande do Sul: o Grenal!

18/12/2021

Cleber Eduardo Karls (cleber_hist@yahoo.com.br)

Quem nasce nos pagos do sul do Brasil já vem ao mundo com uma marca vitalícia, perpétua, tatuada na alma! Azul ou vermelho, tricolor ou colorado, Grêmio ou Inter. Gaúcho que se preze não tem meio termo. E se algum desgarrado, por acaso, acabar torcendo para algum time de fora do estado é excomungado para sempre e sua entrada na fronteira entre o Rio Grande do Sul e o Brasil fica impedida para sempre. Algumas exceções são possíveis. É permitido ter um segundo time, desde que seja do próprio Rio Grande do Sul. Avenida, Juventude e Brasil de Pelotas são os preferidos. Brincadeiras a parte (ou nem tanto), o Grenal é um clássico conhecido mundialmente. Há quem diga que mais importante que levantar taças, é ganhar do rival no Grenal. Essa tradição vem de longe, do início do século XX.

O futebol em Porto Alegre tem sua história marcada pela exibição do Sport-Club Rio Grande, o primeiro clube dedicado ao futebol no Brasil. Fundado em 1900, a “apresentação” promovida pela agremiação aconteceu em um campo improvisado no Parque da Redenção (Farroupilha), palco de tantos espetáculos da capital do Rio Grande do Sul. Todos os dirigentes de clubes esportivos da capital foram convidados a fim de presenciarem a novidade. A admiração frente ao novo esporte rendeu, dias após, a fundação dos dois primeiros clubes de futebol de Porto Alegre, realizados no dia quinze de setembro de 1903: o Fuss-Ball Club Porto Alegre e o Grêmio Foot-Ball Porto-Alegrense. O primeiro, fundado por sócios do clube de ciclismo Blitz, de origem reconhecidamente germânica, tendo na sede do referido clube seu primeiro local de jogos. Já o Grêmio empossou sua primeira diretoria no dia sete de outubro de 1903, composta pelo presidente: Carlos L. Bohrer; vice-presidente: Joaquim F. Ribeiro; primeiro secretário: Alberto L. Siebel; segundo secretário: Guilherme Kaelfels; tesoureiro: Pedro Schuck. Estas duas equipes polarizariam por alguns anos as principais disputas de futebol da cidade. Se o campo do Fuss-Ball Club Porto Alegre funcionava junto a Blitz, na Rua Voluntários da Pátria, o Grêmio fazia seus matchs no bairro Moinhos de Vento, na sede da Sociedade de Atiradores.

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Grêmio tricampeão do Wanderpreis (1904, 1905, 1906)

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É correto afirmar que o Grêmio Foot-Ball Porto-Alegrense já se destacava frente as demais equipes da cidade em relação ao desempenho. Até mesmo na disputa do clássico da cidade, contra a equipe do Fuss-Ball, a superioridade técnica da equipe do Moinhos de Vento era visível. Ao Grêmio era creditado a prosperidade e o gosto generalizado pelo sport, assim como a introdução do nobre ideal da educação física, que era descrita como “único e principal fator na conquista da atividade humana”. No entanto, foi no final da primeira década do século XX que surgiria o seu eterno rival, o Sport Club Internacional, fundado em 4 de abril de 1909 e que abriria caminho para o surgimento e engrandecimento da maior rivalidade do Rio Grande do Sul e uma das maiores do Brasil, o clássico Grenal.

Importante destacar que a palavra “internacional” era um termo recorrente e já bastante utilizado entre associações esportivas porto-alegrenses daquela época. Acontece que em muitas agremiações eram aceitas somente pessoas de determinadas procedências étnicas. Porto Alegre, no caso, tinha os seus dois principais clubes de futebol ligados à comunidade teuto-brasileira, o que limitava o acesso de muitos foot-ballers ao esporte nestes clubes. Esta seria a proposta, portanto. Este clube nasceria com a missão de atender as mais diversas nacionalidades e descendências, ele seria “internacional”.

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Fundadores do S.C. Internacional. Da esquerda para a direita:Valdemar Fachel, Antenor Lemos, Luiz Madeira Poppe, Helderberto Mendonça, Adroaldo Fachel, Bejamim Vignoles, Rodolfo Vignoles, Horácio Carvalho, Joaquim Carvalho, José Poppe, Henrique Poppe Leão e João Leopoldo Seferin (presidente)

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A dedicação e a empolgação do internacional era tamanha, talvez até por necessidade de afirmação enquanto clube de futebol, que no mês de junho de 1909 já estava combinado o primeiro de centenas de matchs que aconteceriam entre o S.C. Internacional e o Grêmio F.B.P.A. Os jornais apontaram o desafio como uma consagração brilhante e digna do futebol, num match importante e renhidíssimo. O primeiro Grenal da história foi disputado no campo do Grêmio, no bairro Moinhos de Vento no dia 18 de julho de 1909 e anotou a maior goleada de todos os tempos, com 10 tentos a 0 para o Grêmio.

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Programa do primeiro Gre-nal.

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A crônica jornalística registrou o evento como de proporções de um verdadeiro acontecimento no mundo esportivo da capital. Desde cedo a cidade se movimentou, com seus carros e bondes em direção ao Moinhos de Vento para prestigiar o desafio. O Grêmio era colocado como um poderoso team, composto de jogadores experimentados e que tantos aplausos tem colhido, tanto nos seus jogos quanto nos seus treinos. O Internacional era uma promissora nova equipe de amantes do esporte bretão.

E o que aconteceu foi justamente a supremacia de uma equipe experiente sobre uma novata, em um largo placar de 10 a 0 na primeira disputa de centenas que viriam a acontecer até hoje. No entanto, o clima de cordialidade prevaleceu. Um baile foi promovido para celebrar o acontecimento, com brindes, danças, discursos e agradecimentos de ambos os lados.

A prática do futebol em Porto Alegre com o desenvolvimento do século XX ganhou cada vez mais adeptos e era comum verificar a existência de muitas disputas concomitantes na cidade. Eram matchs internos (jogos envolvendo somente os jogadores do próprio clube), matchs externos (desafios entre clubes) sendo realizados em muitos locais da cidade em um mesmo dia. Enfim, se Porto Alegre já era uma cidade adepta das diversões e dos esportes em geral, se rendeu ao enorme sucesso que galgou o jogo bretão.

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Time do S.C. Internacional de 1912.

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O futebol era um sucesso. Os seus clubes e campos eram cada vez mais numerosos. Neste mesmo sentido, acompanhando as outras atividades corporais, os outros esportes, para além das razões pessoais havia ainda a sua legitimação através de um discurso científico. Era considerado útil e saudável, além de emocionante.

Todavia, o maior de todos os clássicos, que continuou mobilizando milhões de torcedores durante décadas, continuou sendo o Grenal. Esse match continua sendo atemporal e impulsona os sentimentos dos aficionados pelos dois mais importantes clubes do Rio Grande do Sul. Sem exagerar, faz parte da identidade gaúcha, extravasa as mais distintas emoções, amor, ódio… Só quem conhece o Rio Grande do Sul pode testemunhar o que envolve o maior clássico do mundo e, certamente, do estado!


“Um bairro, um esporte, uma agremiação: o Tijuca Tênis Clube (1915-1931)”: novo título

27/09/2021

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“Um bairro, um esporte, uma agremiação: o Tijuca Tênis Clube (1915-1931)” é o terceiro título da coleção “História do Esporte: olhares e experiências”. Dessa vez, nosso interesse se deslocou para um dos bairros mais peculiares e importantes do Rio de Janeiro: a Tijuca.

A agremiação investigada, assim, foi tratada como uma porta de entrada para nos debruçarmos sobre a história e os processos de urbanização do Rio de Janeiro. Para abordar o tema, adotamos uma postura de diálogo disciplinar entre as contribuições da História e da Geografia.

O clube é nosso interesse central, mas procuramos entende-lo na imbricação de outros percursos: a estruturação do tênis, a pregressa vida esportiva da Tijuca, a história do bairro. Da mesma forma, ao abordarmos a trajetória da agremiação, tentamos compreender suas estratégias de organização, ações esportivas e atividades sociais.

Esperamos que o(a) leitor(a) aprecie a leitura e que este livro possa ser mais uma contribuição para desvendarmos outra faceta da história do Rio de Janeiro.

O livro pode ser acessado gratuitamente aqui:

Tijuca.Tenis.Club.2021.EBOOK

Para acessar os outros dois títulos da coleção:

Um olhar sobre as revistas, Abrahão Saliture, Barra da Tijuca: coleção “História do Esporte: Olhares e Experiências”

 


Um olhar sobre as revistas, Abrahão Saliture, Barra da Tijuca: coleção “História do Esporte: Olhares e Experiências”

08/08/2021

Por Victor Andrade de Melo

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Periódicos são das mais importantes agências do campo científico. Cumprem uma função fundamental. Merecem ser respeitados e valorizados, ainda mais em momentos tão obscuros, marcados pelo ataque à ciência. Isso não significa, todavia, que não possam ser criticados.

Não é nosso intuito produzir um tratado sobre o tema. Antes de qualquer grande reflexão sobre o assunto, o que nos move é nossa experiência concreta de autores, pareceristas e editores. Alguns dissabores que temos enfrentado não nos parecem ocorrências individuais, mas manifestações de problemas generalizados que talvez mereçam maior atenção.

Podemos resumir nossas impressões, de forma pontual, em três itens:

a) revistas cada vez mais burocráticas, com cada vez mais exigências formais, cada vez mais limites e menos espaço para a inovação;

b) pareceristas cada vez menos atentos a uma visão global do conhecimento, presos a minúcias, sem disposição de estabelecer debates a partir de seus pontos de vista (nem sempre suficientemente embasados);

c) editores cada vez menos editores, cada vez mais organizadores, cada vez menos dispostos a efetivamente intervir no delineamento de um perfil que aponte para um periódico que realmente possa oxigenar o campo e não só cumprir determinados requisitos.

Obviamente, não se trata de culpar revistas, pareceristas e editores. O problema é complexo e requereria análises e respostas mais profundas. O centro da questão é a própria forma como a ciência em geral tem sido concebida no mundo, em especial no Brasil.

Como dito, nosso intuito não é estabelecer esse debate, mas procurar alternativas. Uma que encontramos para seguir investigando à busca de abordagens e temas inovadores, considerando inclusive outros formatos de difusão das pesquisas, bem como tendo em conta a falta de recursos, foi lançar uma coleção de e-books na qual poderíamos fazer circular mais livremente o conhecimento produzido.

A coleção “História do Esporte: olhares e experiências” tem por objetivo apresentar estudos inovadores sobre as práticas corporais institucionalizadas e práticas de entretenimento. São e-books disponibilizados de forma gratuita. Trata-se de uma produção de baixo custo que tem por intuito central divulgar investigações que por seu formato encontram menor possibilidade de veiculação nos meios científicos tradicionais. É permitido o livre uso desde que citada a fonte.

Estamos lançando os dois primeiros títulos

* A Barra da Tijuca, os Clubes Recreativos e o Processo de Urbanização

Victor Andrade de Melo e João M. C. Malaia dos Santos

Capa.Ebook.Barra

O intuito do livro é – a partir de diálogos entre olhares advindos da História, da Geografia e dos Estudos Culturais – debater a ocupação recente de uma das áreas da cidade do Rio de Janeiro, a Barra da Tijuca, tendo a nos guiar a estruturação de clubes recreativos, um indicador de processos de urbanização.

Livro disponível aqui: suburbio.barra.clubes.geral.2021.EBOOK

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* “Braço é Braço”: o Sportsman Abrahão Saliture

Victor Andrade de Melo

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O livro aborda a carreira de um dos mais notáveis atletas brasileiros, lamentavelmente hoje pouco lembrado. Traça um panorama do Rio de Janeiro das décadas iniciais do século XX, especialmente da região na qual desempenhou parte significativa de sua carreira atlética – foi filiado ao Clube de Regatas São Cristóvão.

Livro disponível aqui: Abrahao.Saliture.EBOOK.2021


“Hemerotecando” a esgrima em São Paulo

05/07/2021

Flávia Cruz/flacruz.santos@gmail.com

Em 1854 já há notícia da existência de uma sala de esgrima em São Paulo. Mas a presença sistemática de tal prática na capital paulista se dá mesmo a partir de 1862, quando começam a chegar na cidade mestres de armas vindos da Europa. Mestres de armas é como são denominados os professores de esgrima.

A despeito da inexistência de ferrovias que ligassem a capital ao litoral, e das dificuldades desse trajeto, que se dava pela serra do mar, a presença de europeus na cidade foi mesmo uma constante, desde seus primórdios. Os mestres de armas que chegavam eram alemães, italianos, franceses.  

Eles ministravam aulas e cursos em suas próprias residências, em instituições de ensino, como o Liceu Alemão, e em associações, como o Clube Ginástico Português. Algumas vezes, além de europeus esses professores eram também militares, como era o caso do capitão do exército prussiano, Theodoro Maximilio de Krans, que dava lições de esgrima.

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Jornal da Tarde, 3 de abril de 1879

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A esgrima se desenvolveu na capital paulista atrelada a esses dois elementos: os europeus e os militares. Foi com professores europeus que os paulistanos aprenderam a esgrima, e foi por influência inglesa que eles desejaram aprendê-la. A esgrima compunha a formação de militares, e estes também eram mestres de armas, não apenas nas escolas militares, mas também em cursos para civis.

Os militares possuem, no entanto, uma especificidade em sua relação com a esgrima, que pode ser notada principalmente a partir da primeira década do século 20. Enquanto no meio civil as armas estudadas eram o sabre, a espada e o florete, os militares se dedicavam também à esgrima de baioneta. Baioneta é uma espécie de punhal, que é acoplado ao cano da arma de fogo, geralmente um fuzil. 

As utilidades da esgrima eram apregoadas pelos jornais: eficaz para o desenvolvimento da força física e da coragem, distração agradável e elegante. Prescrita desde forma de tratamento da melancolia a componente da educação das elites, a esgrima era apresentada como uma prática apreciada pelos ingleses.

Inglaterra e França eram países referência para a construção de gostos e hábitos, também na capital paulista. Se uma prática era apreciada nesses países, era sinal de que deveria ser apreciada também pela população paulistana. Senão por toda ela, pelo menos por suas elites. Afinal, esses países eram símbolos de civilidade e de modernidade.

Apesar de chegarem de Londres e também de Buenos Aires, desde o último quartel do século 19, notícias de assaltos de esgrima entre mulheres, e entre mulheres e homens, o mesmo não aconteceu em São Paulo. Não há notícia de sequer um assalto entre mulheres na capital, ou de sua participação em cursos e associações de esgrima até 1920.

É somente em 1879 que começamos a ter notícias de assaltos públicos de esgrima. Em um primeiro momento, eles aconteciam como parte de festividades de instituições que a tinham como objeto de ensino, ou como uma estratégia de propaganda utilizada pelos professores, para demonstrar sua perícia com a esgrima e, assim, conquistar alunos. Posteriormente os assaltos passaram a acontecer também entre os alunos dos cursos existentes na cidade.

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O Estado de São Paulo, 13 de julho de 1899

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A partir da década de 1880 um maior número de associações que tem como um de seus objetivos, ou o único objetivo, desenvolver a esgrima são fundadas na cidade: Real Sociedade Clube Ginástico Português, Clube de Esgrima, Congresso Brasileiro, Cercle de Esgrima Franco Brasileiro, Clube Brasileiro de Esgrima e Tiro, Grêmio do Comércio de São Paulo, Academia de Esgrima, Clube Internacional de Ginástica e Esgrima, Grêmio Recreativo Filhos do Trabalho, Clube de Esgrima Kosmos.

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A Província de São Paulo, 5 de julho de 1881

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Competições de esgrima só começam a acontecer a partir de 1896. Nesse ano houve a realização de torneio pelo Clube Ginástico Português, e em 1897 pela Escola Normal. Em 1899 há notícia da realização de um torneio internacional de esgrima. Internacional porque seus participantes e as escolas de esgrima participantes, eram de diferentes nacionalidades.

Não havia qualquer organização das associações e escolas de esgrima em instituições que as normatizasse, e organizasse torneios. As competições se davam por iniciativa dos mestres de armas dos cursos.  Apesar de associada à ginástica e à educação física, a esgrima não era tida ainda como um esporte. Sequer estava presente nas colunas esportivas dos jornais. Suas notícias estavam nas colunas de Notícias Diversas ou no Noticiário.

Não se falava ainda em esgrimistas, esse termo não era empregado. Os participantes dos torneios eram os professores e seus alunos de esgrima. Mas apesar disso, sem que os sujeitos desse tempo soubessem ou tivessem consciência, o campo esportivo já estava em gestação na capital paulista. E a esgrima ajudava a compor esse campo.

Tanto é que em 1905 a esgrima já figurava nas colunas esportivas dos jornais, e seus praticantes já eram chamados de esgrimistas. A esgrima participou, assim, do mesmo movimento de institucionalização vivido pelas demais práticas esportivas em São Paulo, a partir da segunda metade do oitocentos.

Com a especificidade de ter se desenvolvido nos momentos iniciais, como objeto de ensino em instituições instrutivas e cursos, como parte da educação formal e não formal, a esgrima passou a figurar, pouco a pouco, no quadro das atividades das associações recreativas e esportivas, e a possuir competições.

As comemorações cívicas também passaram a contar com a esgrima em suas programações. Em 1913, por exemplo, houve assaltos de esgrima nas comemorações pelo aniversário da proclamação da república e pelo dia da bandeira.

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O Estado de São Paulo, 20 de novembro de 1913

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No entanto, a esgrima não gozou de grande sucesso na capital paulista. O número de praticantes e de espectadores da esgrima não alcançou números muito alvissareiros. A revista Vida Sportiva, de agosto de 1904, apresenta estatísticas que o comprovam. Das 118 associações esportivas existentes na capital, apenas 4 eram de esgrima, enquanto 8 eram de atletismo, 9 de ginástica e 72 de futebol!

 

* Fontes

Correio Paulistano – 1854, 1855, 1856, 1857, 1858, 1859, 1862, 1863, 1864, 1865, 1866, 1867, 1868, 1869, 1870, 1871, 1872, 1873, 1874, 1875, 1876, 1877, 1878, 1879, 1880, 1881, 1882, 1883, 1884, 1885, 1886, 1887, 1888.

A Província de São Paulo / O Estado de São Paulo – 1875, 1876, 1877, 1878, 1879, 1880, 1881, 1882, 1883, 1884, 1885, 1886, 1887, 1888, 1889, 1890, 1891, 1892, 1893, 1894, 1895, 1896, 1897, 1898, 1899, 1900, 1901, 1902, 1903, 1904, 1905, 1906, 1907, 1908, 1909, 1910, 1911, 1912, 1913, 1914, 1915, 1916.

Jornal da Tarde – 1870, 1871, 1872, 1873, 1874, 1875, 1876, 1877, 1878, 1879.

Vida Sportiva – 1904.

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